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¿La tragedia en Bangladesh nos debería hacer reflexionar sobre el origen de la ropa que compramos?

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/12/2013

El pasado 24 de abril se derrumbaron las instalaciones de una fábrica de ropa ubicada en Savar, en el centro de Bangladesh, con la consecuente muerte de más de 900 personas y casi 2500 heridos, cifras que todavía podrían modificarse en tanto los trabajos de rescate continúan entre los escombros.

Además del evidente pesar por la enorme cantidad de fallecimientos, la tragedia puso de manifiesto las condiciones laborales deleznables que privaban en la fábrica, particularmente en cuestiones de seguridad, las cuales, de haber sido mejores, probablemente los decesos y en general las afectaciones hubieran sido menores.

Apenas se supo del incidente, se dieron a conocer también las marcas de ropa que ocupan dichos talleres para confeccionar sus prendas, destacando Mango, El Corte Inglés, Benetton y Primark, todas ellas rodeadas de un glamour que contrasta dolorosamente con las condiciones en que se encontraban estos obreros.

En efecto: ¿cuánto cuesta una de estas prendas cuando se lleva a boutiques y almacenes exclusivos de las grandes capitales occidentales? ¿Cuánto se distancia este precio de lo que recibe un trabajador como salario diario por las jornadas excesivas que tiene que cumplir para sobrellevar a medias su vida? ¿Cuál es el verdadero costo de la codicia? ¿Quién termina pagándolo?

Como respuesta a las acusaciones las marcas acusadas aceptaron indemnizar a las víctimas, pero es evidente que esto no es más un paliativo, un gesto mínimo y casi insignificante en comparación con la certeza de que esta dinámica persistirá, una dinámica en la que la muerte parece el destino menos lamentable en la vida de un obrero tercermundista.

Y no se trata, en modo alguno, de satanizar a estas marcas en particular. Tampoco de enfocar nuestra posible indignación a la industria textil. Lo cierto es que, en nuestra época, la explotación campea por doquier, es la moneda de cambio que se utiliza para sobrevivir apenas en un mundo despiadado y cada vez menos humano.

En todo caso, la situación, las imágenes, nos pueden servir para pensar que en el consumo se encuentra uno de los ámbitos más inmediatos y efectivos de acción. Si modificamos nuestros hábitos de consumo, si consumimos conscientemente y no solo porque somos títeres de una programación ideológica, conveniente a otros intereses que muy probablemente no sean los nuestros ni los del bien común, quizá hayamos dado el primer paso para que tragedias como esta no se repitan.

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Imágenes vía Huffington Post

Tesis doctoral presentada en Harvard asegura que hispanos tienen un coeficiente intelectual más bajo que blancos o asiáticos

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/12/2013

En medio del debate sobre la posibilidad de un reforma migratoria por parte del gobierno de Barack Obama se da a conocer la tesis de doctorado presentada en Harvard "IQ and Immigration Policy", en la cual su autor Jason Richwine recomienda limitar el acceso a inmigrantes a Estados Unidos bajo el cuestionable criterio del coeficiente intelectual.

Passport immigration stamp

Incluso en nuestros días la academia todavía se considera un ámbito de vanguardia intelectual, una zona donde se discuten las ideas y los descubrimientos que buscan transformar al mundo y, desde una perspectiva humanista, cambiarlo para bien.

Sin embargo, es posible que esta sea ahora una idea falsa o solo parcialmente real. Desde hace varios años la academia se ha inclinado hacia cierta quietud, cierta mansedumbre que incluso la hace bordear el conservadurismo. Como ha señalado el filósofo Michel Onfray (entre otros), la universidad contemporánea es en esencia un semillero de normalidad, donde se forma a personas funcionales y útiles para el sistema, incluso para esos mecanismos de este que requieren de cierta regresión intelectual para mantener su existencia.

Recientemente se suscitó un escándalo académico estadounidense por la difusión de una tesis doctoral en la que su autor, Jason Richwine, relaciona el coeficiente intelectual con el origen étnico de una persona, sosteniendo que los hispanos son menos inteligentes que los asiáticos o los caucásicos.

Richwine presentó su tesis en 2009 en la prestigiosa Universidad de Harvard, con el título de IQ and Immigration Policy (CI y políticas de inmigración) pero solo hasta hace pocos días esta generó mayor impacto al ser citada en un estudio de la Fundación Heritage, institución de corte conservador con sede en Washington que elaboró un dictamente sobre el costo económico de una posible reforma migratoria por parte del gobierno de Obama. En la Fundación Heritage Richwine se desempeñaba como analista de políticas públicas, posición a la que tuvo que renunciar por esta polémica.

En términos generales el académico aseguró en su trabajo que “la selección de los inmigrantes de alto coeficiente intelectual [CI] podría mejorar los problemas de falta de asimilación socioeconómica de los inmigrantes de menor CI y beneficiaría a los potenciales inmigrantes más inteligentes”, una sugerencia segregacionista con respecto a las políticas de inmigración que toma el coeficiente intelectual como criterio de admisión a un país, un concepto que, además, en años reciente ha sido refutado por diversos estudios.

Desde que se dio a conocer periodísticamente el asunto de su tesis, Richwine ha evitado hacer declaraciones a la prensa, salvo por una entrevista al Washington Examiner en la que descartó que su estudio fuera racista y, en todo caso, solo se arrepintió de no haber previsto cómo recibiría sus conclusiones el público no especializado.

[BBC]