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"Hombre muere por fornicar con panal de avispas": sobre la naturaleza de la información

Por: Javier Raya - 05/18/2013

Los titulares escandalosos están a la orden del día. ¿Seguimos siendo lectores o somos solamente domésticos consumidores de historias? Nuestra posición frente a la información que recibimos podría contestar esta pregunta.

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El International Business Times publicó hace unos días una historia sobre un hombre que había muerto a causa de más de 140 picaduras de avispa, incluyendo 54 en la zona genital. Sin embargo, días después publicaron una nueva nota donde reconocían simplemente que la historia se trataba de una broma "perdida en la traducción" y pidieron una disculpa a los lectores que, como ellos, cayeron en una broma. 

El malentendido ocurrió cuando el IBT usó como fuente al periódico satírico Nyheterna Sverige de Suecia; el problema resulta de que para los lectores suecos era muy claro que el apellido de la supuesta víctima evidenciaba la broma. El nombre Bertil Ståhfrääs se traduce como "erección", y el nombre del psicólogo que comentaba la historia era Siv During Livh, que se traduce como "fetiche". 

En la historia original, Ståhfrääs trató de simular una relación sexual con el panal de abejas pero habría sido picado hasta morir. Las declaraciones de los vecinos afirmaban que su cuerpo parecía "un cadáver de ballena", pues estaba hinchado de picaduras. Luego de que la publicación levantara la alarma de asociaciones protectoras de animales (preocupadas, cabe suponer, por el efecto del semen en las avispas), un periódico en Londres ató cabos y descubrió la farsa.

¿Pero qué si no hubiera sido una broma? La información en nuestros días, por su misma circulación, tiene capital de verdad. El hecho de que esté en una página de Internet o un periódico o en el noticiero nocturno le da la legitimidad necesaria para suponer que es verdad. A través de notas como la del hombre que fornicaba con avispas, nuestra capacidad crítica aprende a aceptar lo bizarro y lo irracional como parte de la vida.

Hay algo de morbo y asombro, incluso de entretenimiento en estas notas; pero también algo profundamente perturbador: el sistema nos dice que si un hombre puede morir por miles de picaduras de abejas, en este mundo loco también puede pasar que la bolsa de valors deje a miles en la ruina. La relación es que en uno y otro caso no podemos sino confiar en las opiniones de "expertos" que avalan lo que leemos y que conforman lentamente la opinión pública: "pública" no porque sea generada naturalmente a través de las mentes de todos, sino porque es colocada en las mentes a través de los medios de comunicación, como el jingle de un comercial de televisión. La figura emblemática de nuestro tiempo es el experto en ser experto, el conformador de opiniones: el especialista.

En el libro Sentido común, simulación y paranoia, Fernando Lobo afirma:

Desde la antigüedad hasta ayer por la noche, con el mismo sincero sentimiento de autoridad moral, esos especialistas desafían a la lógica y asumen los riesgos de que su argumentación caiga en rápidas contradicciones o conclusiones absurdas. La diferencia es que ahora los maquillan antes de salir a cuadro, como en el teatro.

 La nota sobre el hombre que fornicaba con avispas pudo haber sido un hoax, pero detrás de ello están tanto la evidencia como el recordatorio de preguntarnos sobre la naturaleza de la información que recibimos de los medios. Hay información divertida o datos interesantes que están ahí para ser consumidos, pero el desfase entre lectores procesadores de información es radical y amplia la brecha del entendimiento crítico de la realidad.

No se trata de dudar completamente de toda la información que recibimos, sino de sopesarla con nuestras fuentes, ejercitar la memoria y dar seguimiento, interesarnos verdaderamente por lo que leemos. La diferencia es que un lector elige ahí donde un procesador de información acepta ciegamente.

[IBT]

Twitter del autor: @javier_raya

¿Las modelos son las personas más inseguras de su cuerpo? (Sobre la construcción social de la belleza)

Por: pijamasurf - 05/18/2013

¿Qué se siente ser una persona físicamente bella, que puede aprovechar los beneficios de la lotería genética y dedicarse al modelaje profesional? Para Cameron Russell, la respuesta no es precisamente agradable.

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Los filósofos y poetas han agotado por siglos los márgenes de la belleza, ya sea tratando de definirla o de producirla. En lo que toca a la belleza física, los criterios son étnicos, culturales e históricos: las modelos de anchas caderas del Renacimiento han sido reemplazadas por un modelo ideal de cintura breve y más cercana a la inanición que a la plenitud carnal de sus predecesoras del siglo XVI.

La lotería genética juega un importante papel en la percepción de la belleza. Asociamos un fenotipo, una edad y una imagen con ciertos estereotipos deseables. Asociamos, por ejemplo, la piel blanca con la abundancia económica, y la piel negra con la criminalidad. Es algo que todos sabemos, pero que en el interior del mundo de la belleza profesional es mucho más patente, según la modelo de Victoria's Secret y Chanel, Cameron Russell.

A través de una charla en TED, la modelo cuestiona la construcción social de la belleza en nuestra sociedad a través de pequeños performances en escena. Por ejemplo, se cambia de ropa de un atuendo negro a una falda floreada y un suéter, que la hacen lucir más apta para la escena en que se encuentra, aunque la gente no sepa decir por qué. Del mismo modo, Russell pasa lista a una serie de preguntas que las modelos siempre deben contestar (y donde al parecer siempre mienten, u omiten en gran medida.)

Valiéndose de varias fotografías de pasarela y portadas de revista, la modelo demuestra que la imagen que aparece en los medios no es la imagen de ella misma: de un lado de la pantalla, una glamurosa portada de Vogue, traje de baño de una pieza y gafas oscuras; del otro lado, una fotografía de ella a los 18 años o menos, despeinada y sin maquillaje, como una joven adolescente en domingo.

La imagen de las revistas y pasarelas, afirma la modelo, precisamente está modelada por un equipo de profesionales de la imagen. Russell dice esto sin ningún resentimiento: admira de sus compañeros la pasión y creatividad, al tiempo que advierte que la imagen que vemos en las revistas es más cercana a los planos de un edificio o al boceto de un guión de cine que a una persona "de carne y hueso".

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Y mientras nos preguntamos si podría existir tal cosa como "personas de carne y hueso", en el universo de las personas las hay "bellas" y no bellas. Pero la belleza es precisamente esa ingeniería de la imagen, la luz precisa, la ropa, el star system --el Photoshop es apenas un detalle dentro de una galaxia de circunstancias que mantienen a las estrellas en órbita.

La belleza, pues, es una construcción profesional. Russell no habla de "la belleza interior" como la verdadera belleza innata de las personas ni nada de eso; se va a la yugular:

Aquello que nunca decimos frente a las cámaras [cuando nos preguntan por qué somos modelos] ... es "yo soy insegura". Y lo soy porque tengo que pensar todos los días en cómo luzco. Y si ustedes se preguntan, "oh, si tuviera los muslos más delgados o el cabello más brillante", bueno, deberían juntarse con un grupo de modelos. Ellas tienen los muslos más delgados y el cabello más brillante y la ropa más cool pero probablemente sean las mujeres físicamente más inseguras del planeta.

El argumento no es superficial cuando pensamos que más de la mitad de las chicas de 17 años en Estados Unidos no están seguras de su cuerpo y su apariencia; y a la vez, que la belleza es una cualidad que debe manifestarse de un modo u otro a todas horas, pues de eso depende la apariencia del sistema mismo, así como su vigencia: revistas de espectáculos, escenografía teatral, ropa que debe usarse no en relación a su funcionalidad sino al periódico relevo de las estaciones, cuyos desfiles alimentan la industria. 

A pesar de que la modelo no se muestra apologética respecto al mundo de la moda (de hecho afirma que la gente como ella --es decir, las modelos, se aprovechan de la lotería genética para su propio beneficio incluso en la vida real, como siendo amables con la policía para evitar multas de tránsito), tampoco la demoniza como tal. De lo que se trata es no creer que todo lo que vemos en los medios es real, y que la belleza es el espejismo más brutal de todos.

Aquí la charla completa:

[TED]