*

X
El Síndrome de Estocolmo, uno de los trastornos mentales más populares, puede entenderse como una expresión patológica de la empatía, un exceso que recuerda el aforismo de Nietzsche: “Si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti.”

síndrome_de_Estocolmo

Las películas de John Waters son perversamente entretenidas.  Tienden a llevar las cosas a sus últimas consecuencias; son escatológicas hasta lo absurdo. En tales cintas resulta fascinante ver lo lógico que es lo absurdo: lo consecuente que resulta. Pensemos, por ejemplo, en A Dirty Shame (2004), donde toda la población de un pueblo –que bien puede ser cualquiera— se va volviendo adicta al sexo. A tono con el torcido humor de Waters, la gota que derrama el vaso, haciendo del último habitante también un sexo-adicto, es ni más ni menos que una heces congelada de David Hasselhoff que cae desde un avión golpeando su cabeza.

John Waters tiene múltiples fetiches en sus cintas, con las cuales hace una crítica al surrealismo del sentido común. Una de sus tantas fijaciones pop, es Patty Hearst, quién ha aparecido en cinco de sus películas.  Hearst no protagoniza las cintas, sino que sale en papeles pequeños, como un ícono de los límites de la cultura americana. A Patty se le recuerda por los sucesos del 4 de febrero de 1974, cuando fue secuestrada por el SLA (Simbionese Liberation Army). El grupo pedía, a la acaudalada familia Hearst, donaciones millonarias para combatir el hambre y la pobreza en los EEUU, a cambio de la liberación de Patricia. Llegan grabaciones de Patty leyendo discursos del SLA, y meses más tarde llega un retrato de ella portando un rifle de asalto en un atraco bancario. No se veía a nadie sujetando o amenazando a la señorita Hearst, quien además ostentaba una gabardina y boina muy ad hoc para la ocasión. Por esta razón fue arrestada en septiembre de 1975, en un ataque policiaco que dejó muertos a la mayor parte del SLA.

Todo lo anterior fue un escándalo en su época. Pero dejó una estela aún mayor el juicio de Patty. Durante el juicio ella declaró haber sido abusada física y sexualmente por miembros del SLA, por lo cual no podía hacerse responsable por sus acciones. Su defensa luchó por la inocencia de Patricia Hearst, bajo el argumento de que ella actuaba como cautiva y por su supervivencia—sin malicia—. Comoquiera, Patty estuvo en la cárcel hasta febrero de 1979, y esto debido a una sentencia reducida por el entonces presidente Jimmy Carter. Años más tarde, el mero Bill Clinton ofreció un indulto a Patty, bajo la siguiente premisa: ella actuó bajo los efectos del Síndrome de Estocolmo (quizás él pudo haber argumentado lo mismo ante las acusaciones de Mónica Lewinski).

Este síndrome clasificado como un Síndrome de Estrés Post-Traumático, debe su nombre (conferido por el criminólogo sueco Nils Bejerot) a otro asalto bancario. En 1973, en Estocolmo, Suecia, un grupo tomó rehenes a cuatro empleados de un banco durante seis días. Lo peculiar fue lo siguiente: tras la captura de los asaltantes, los rehenes se portaron renuentes a declarar en su contra; declarando, incluso, que sentían más miedo de la policía que de sus captores. Los rehenes se habían terminado por identificar con sus captores. Una de las rehenes hasta se casó con uno de sus captores—eso sí es digno de un guión de John Waters—.

A primera vista tal síntoma (defender o hasta enamorarse de tus captores) parece mera demencia.  Y sí, lo es, pero también hace mucho sentido. Este síntoma se desarrolla sin querer, como un mecanismo de supervivencia. Si tu supervivencia depende de tu victimario, inadvertidamente cultivas un interés pos sus estados de ánimo o su percepción del mundo. Es para poder predecir sus reacciones y encontrar el modo de maniobrar las circunstancias a tu favor—para seguir con vida—. La víctima se ve obligada a leer los gestos, buscar evidencia en su postura, en la entonación de la voz, aprendería a reconocer la estabilidad o volatilidad de su captor. Pero bien lo sugería Nietzsche, en este aforismo que aquí saco de contexto: “Si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti.”

Salvo que en el caso del Síndrome de Estocolmo quien lo padece no se convierte en abismo per se, sino que introyecta a su victimario por medio de una empatía obligada. Existe, claro está, un vínculo entre la empatía y la manipulación. Tanto por quien manipula la empatía ajena, como quien empatiza para poder así mejor manipular a alguien. La mayoría de nosotros (salvo quizás los autistas y los sociópatas) hemos desarrollado esto, en cierta medida, para sobrevivir. La infancia es evidencia de ello: de bebés, en estado pre-verbal, nuestra supervivencia dependía completamente de nuestro padres. Dependíamos del beneplácito y las muestras de afecto de unos gigantes extraños para continuar con vida. Y sin escoger quiénes son o importar sus defectos, hemos empatizado con ellos con nuestra vida de por medio.

De ahí, el salto a las esposas golpeadas o los miembros de sectas abusivas es un mero tiro de dados. Sobre-identificarse —o hasta perderse— en los estados de ánimo de otro pasa todo el tiempo, la patología, en este caso, es cuestión de grados. Lo fundamental parece ser no perder el sentir propio como punto de referencia —como ancla—. Con estas cuestiones, lo fundamental es dejar de creerse exento de sus posibles síntomas; solo así es posible desenredar, o acaso solo comprender, las tantas reacciones inconscientes que nos rigen. Pero mientras, pueden seguir por ahí creyendo que se gestaron ex-nihilo y que no tienen una líbido enmarañada con la infancia y la impotencia y los tantos grados de la empatía inadvertida. Claro, hasta que les caiga una caca congelada de David Hasselhoff en la cabeza.

Twitter y blog del autor: @FaustoAF y Al servicio del quizás

¿Es el universo la broma cósmica de un demiurgo con enorme capacidad de programación?

13th

"El universo está hecho de historias, no de átomos", Muriel Rukeyser.

"Nada es verdad; todo está permitido", Hassan-i Sabbah.

 

Algunas de las más brillantes filosofías en la historia de la humanidad han sugerido que el mundo es una ilusión--el budismo, el gnosticismo o el idealismo, por mencionar sólo algunas. Se ha utilizado fundamentalmente la metáfora de un sueño para describir este existir en la irrealidad y actualmente se ha evolucionado esta sospecha cosmológica formulando una nueva metáfora: la simulación o el constructo informático. Reconocer la ilusión, como saber que uno sueña entrando en un estado de lucidez, es la marca del iniciado, la conciencia que se ve a sí misma ya no como un ego sino como la ilusión misma, el universo entero en un espejo infinito.

Siguiendo esta línea de investigación es plausible pensar que aquellos que perciben la ilusión consustancial del universo son parte de una conspiración --aquella que mantiene la ilusión o aquellos que tienen  acceso al código de la programación. Estos iniciados podrían ser vistos como una especie de agentes de la Matrix, algunos de los cuales quizás podrían participar en el diseño del programa, proyectando sobre la nada las imágenes del mundo. (Sostiene el budismo a través del concepto de sunyata, que la realidad de las cosas es la no-realidad, todas las cosas están vacías y son solamente construcciones mentales de nuestra percepción). Atisbar esto es quizás el paso fundamental de la iluminación: el estado búdico que es equivalente al despertar de un sueño.

Hace algunos días el sitio de divulgación científica de la Universidad de Cornell publicó un paper de cosmología en el que se dice comprobar la inexistencia del universo --o algo como una conspiración que muestra que el universo ha sido diseñado por una sociedad secreta cósmica. La teoría se sustenta en los resultados de la Misión Planck, que muestran que "todos los parámetros describiendo el Universo dentro del modelo ACDM pueden ser construidos a partir de un pequeño conjunto de números conocidos de la teoría conspiratoria. Nuestros descubrimiento son confirmados por datos recientes en la física de partículas de alta energía. Esto claramente demuestra que el universo es un plan iniciado por un grupo o logia desconocida. Analizamos posibles escenarios para esta conspiración, y concluimos que la creencia en la existencia de nuestro universo es una ilusión, como ha sido previamente asumido por antiguos filósofos, autores de ciencia ficción del siglo XX y cineastas contemporáneos".

Alice-matrixLos autores Jörg P. Rachen, un astrofísico que ha publicado investigaciones sobre los resultados  de la misión Planck estudiando la luz más vieja del universo, y Ute G. Gahlings, desarrollan su teoría luego de descubrir que el número primo más pequeño que es la suma de tres números primos consecutivos es  23 = 5 + 7 + 11. Mismo número que mantiene relaciones insólitas con π y que además es el número más importante en la moderna teoría de la conspiración, luego de que se la apareciera en una serie de sincronicidades a William Burroughs y más tarde a Robert Anton Wilson, autor de Illuminatus! Trilogy, quien lo conectara a una serie de comunicaciones telepáticas emitidas desde el sistema estelar de Sirio. Sirio es el origen también de la proyección holográfica del Logos que simula la realidad en la novela VALIS de Philip K. Dick, inspirada en un episodio de comunicación telepática con inteligencias astrales.

"Consideramos que es posible que las fechas de los eventos del fin del mundo están encriptadas en nuestra conciencia. Como la fecha del día predicho, diciembre 21 del 2012, ha pasado sin efectos notables, y el error es inconcebible, debemos de concluir que nuestro universo concluyó esa fecha, pero mientras Ellos reciben una extensión de fondos y la simulación es reiniciada con todas las experiencias de lo temporal borradas de nuestra memoria", dicen los autores 

Evidentemente este paper se trata de una broma de April Fools' Day, publicada en una prestigiosa institución con un estupendo humor. Pero más allá de que la teoría es intencionalmente desaforada, parodiando las teorías de conspiración, pensar que el universo es una ilusión no es algo tan disparatado. El filósofo Nick Bostrom ha planteado un caso relativamente sólido argumentando que nuestro universo podría ser una simulación informática holográfica, en cada punto yace la totalidad del código. ¿Por qué no pensar también que el universo es una broma? Acaso de un demiurgo trickster, enamorado del poder de las copias.

"Sólo alguien dormido lo considera real. Luego llega la muerte como el amanecer y te despiertas riendo de lo que pensabas era tu sufrimiento", Rumi.