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Las predicciones de Nikola Tesla para el siglo XXI: el punto ciego de la ciencia ante el poder

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/25/2013

Pese a todo su genio y los conflictos que mantuvo en vida con empresarios como J. P. Morgan, Nikola Tesla creyó fervientemente que en la ciencia se encontraba la clave para un estado civilizatorio casi utópico en que nuestra especie cosecharía los frutos placenteros del desarrollo tecnológico.

tesla

El nombre de Nikola Tesla es legendario. Legendario su genio científico y su capacidad de invención. Su rivalidad con Thomas Alva Edison (sobre quien siempre pesará la sombra del plagio con respecto al trabajo de Tesla) y también su enfrentamiento directo con J. P. Morgan, el empresario que le negó el apoyo financiero cuando supo del proyecto del físico para llevar los beneficios de la energía eléctrica al mayor número posible de personas, pero gratuitamente (lo cual, según algunos, sí consiguió pero sus descubrimientos fueron incuatados por no beneficiar intereses económicos de una élite). Legendario también su estilo de vida: célibe, vegetariano, casi asceta. Legendaria, en fin, su capacidad para entender algunos de los problemas del género humano más allá de la coyuntura y hacer ver que cuando estos se quieren resolver de verdad, la solución se encuentra en la raíz, no en la superficie.

En la década de 1930 Tesla vivía en el Hotel Governor Clinton de Manhattan, en el 20° piso, adonde con cierta frecuencia acudían periodistas del New York Times y de la revista Time a entrevistarlo.

De una de estas ocasiones resultó un artículo presentado como “de Nikola Tesla según lo dictó a George Sylvester Viereck”, publicado el 9 de febrero de 1935 en la revista Liberty. Además de un amigo personal de Tesla, Viereck fue un periodista notable que consiguió entrevistas con personalidades tan opuestas como Einstein y Hitler, un propagandista nazi que negó esta filiación cuando llegó a vivir a Estados Unidos (era de origen alemán) y por este motivo fue encarcelado. Sin duda un hombre a quien parece difícil asociar con Tesla pero que, por esto mismo, nos recuerda ciertas opiniones sombrías del científico de padres serbios, quien hacia el final de su vida defendió abiertamente la eugenesia como método de “purificación” de la “raza” humana.

Según se sospecha, es posible que la plática entre Viereck y Tesla no haya ocurrido en el Governor Clinton, sino en la casa del periodista en Riverside Drive, frecuentada por el científico a la hora dela cena. Ahí Tesla intentó dar muestra de su talento visionario, realizando un ejercicio futurista y de augur que en algunos casos se mostró más acertado que en otros, dejándose llevar en ciertos momentos por la esperanza en la capacidad civilizatoria de nuestra especie.

 

Agencias gubernamentales de protección al medio ambiente

Aunque ya inserto en una dinámica irreversiblemente industrial, el mundo en la época de Tesla no conocía los niveles de contaminación que padecemos actualmente. Con todo, el hombre vislumbró que esta sería intolerable, y que, desgraciadamente, tendrían que crearse dependencias de gobierno que velaran por la conservación del medio ambiente. “Solo un lunático beberá agua que no esté esterilizada”, dijo a Viereck. “El Secretario de Higiene o Cultura Física será de lejos mucho más importante en el gabinete del presidente de los Estados Unidos en 2035 que el Secretario de Guerra”.

 

Educación, guerra y medios

Hoy los países más civilizados del mundo gastan un máximo de su ingreso en la guerra y un mínimo en educación. En el siglo XXI se invertirá este orden. Será más glorioso luchar contra la ignorancia que morir en el campo de batalla. El descubrimiento de una nueva verdad científica será más importante que las querellas diplomáticas. […] Los periódicos del siglo XXI harán más que plantar en las últimas páginas los recuentos del crimen o las controversias políticas pero la proclamación de nuevas hipótesis científicas protagonizará las primeras planas.

Acaso más un deseo que un pronóstico objetivo. Un tanto cercano a la sociedad imaginada por Bertrand Russell en su Elogio de la ociosidad (1932):

En un mundo donde nadie sea obligado a trabajar más de cuatro horas al día, toda persona con curiosidad científica podrá satisfacerla, y todo pintor podrá pintar sin morirse de hambre, no importa lo maravillosos que puedan ser sus cuadros. Los escritores jóvenes no se verán forzados a llamar la atención por medio de sensacionales chapucerías, hechas con miras a obtener la independencia económica que se necesita para las obras monumentales, y para las cuales, cuando por fin llega la oportunidad, habrán perdido el gusto y la capacidad.

 

Salud y alimentación

La manía de Tesla por la alimentación alcanzó en sus últimos años un extremo verdaderamente eremita. Casi como el San Antonio de la leyenda, hacia el final Tesla se alimentaba solo de leche y miel, asegurando que esta era la dieta más pura posible. En la conversación con Viereck aseguró que retiró de su vida todos los estimulantes ―café, té, tabaco―, así como la carne (aunque no el alcohol). Según él, estos alimentos y bebidas solo contaminaban el cuerpo, acelerando el arribo a la muerte. Al alcohol, sin embargo, lo consideró un “elixir de vida”. La miel, la leche y el trigo, dijo entonces, “serán la base de comidas epicúreas en los banquetes más inteligentes del siglo XXI”.

 

Robots

La promesa de los autómatas que, casi desde el siglo XVIII, terminarían por abolir la condena divina del trabajo como única posibilidad de existencia en este mundo, sería por fin una realidad en este siglo en el que nos encontramos, según Tesla. “Los robots tomarán el lugar que los esclavos tenían en las civilizaciones antiguas. No hay razón para que esto no suceda en menos de un siglo, dejando a la humanidad libre para aspiraciones más elevadas”. “La solución de nuestros problemas no descansa en destruir las máquinas, sino en dominarlas”

¿Pero acertó Tesla? ¿No es este el siglo en el que hay más esclavos que nunca ―todos ellos humanos?

 

Energía menos costosa, recursos naturales administrados “científicamente”

Positivistamente, Tesla creía en la preeminencia del conocimiento científico como base de regulación social. La ciencia tendría la última palabra incluso para en lo referente al gobierno y la administración colectiva, particularmente en el caso de los recursos naturales. No sin optimismo, Tesla confiaba en que la “reforestación sistemática” y el “manejo científico” de los recursos naturales sería usual en el siglo XXI, con lo cual jamás volvería a presentarse una sola sequía, un incendio forestal, una inundación. Asimismo, la generación de energía por medio del agua haría esta fuera más barata para todos y también que dejaran de necesitarse los combustibles fósiles.

 

Sin duda los presagios de Tesla oscilan entre el acierto y el anhelo. En algunos el científico confió de más en personas que, como él, otorgan mayor importancia a la cualidad progresista del pensamiento racional, científico. Solo que, como bien lo demostrara Foucault (y el propio Tesla es un ejemplo inmejorable de esto), la ciencia no es ajena a esos mecanismos de poder que generan sus horizontes de posibilidad, en cierto modo los horizontes de posibilidad de todos. La ciencia en sí misma no posee las respuestas, acaso porque “la ciencia en sí misma” no existe. Existe un quehacer imbricado en una red de intereses que llega hasta el laboratorio del científico.

La utopía humanista y tecnológica de Tesla es posible, claro, pero quizá no sin antes deshacer dicha red.

[Smithsonian]

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Tesis doctoral presentada en Harvard asegura que hispanos tienen un coeficiente intelectual más bajo que blancos o asiáticos

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/25/2013

En medio del debate sobre la posibilidad de un reforma migratoria por parte del gobierno de Barack Obama se da a conocer la tesis de doctorado presentada en Harvard "IQ and Immigration Policy", en la cual su autor Jason Richwine recomienda limitar el acceso a inmigrantes a Estados Unidos bajo el cuestionable criterio del coeficiente intelectual.

Passport immigration stamp

Incluso en nuestros días la academia todavía se considera un ámbito de vanguardia intelectual, una zona donde se discuten las ideas y los descubrimientos que buscan transformar al mundo y, desde una perspectiva humanista, cambiarlo para bien.

Sin embargo, es posible que esta sea ahora una idea falsa o solo parcialmente real. Desde hace varios años la academia se ha inclinado hacia cierta quietud, cierta mansedumbre que incluso la hace bordear el conservadurismo. Como ha señalado el filósofo Michel Onfray (entre otros), la universidad contemporánea es en esencia un semillero de normalidad, donde se forma a personas funcionales y útiles para el sistema, incluso para esos mecanismos de este que requieren de cierta regresión intelectual para mantener su existencia.

Recientemente se suscitó un escándalo académico estadounidense por la difusión de una tesis doctoral en la que su autor, Jason Richwine, relaciona el coeficiente intelectual con el origen étnico de una persona, sosteniendo que los hispanos son menos inteligentes que los asiáticos o los caucásicos.

Richwine presentó su tesis en 2009 en la prestigiosa Universidad de Harvard, con el título de IQ and Immigration Policy (CI y políticas de inmigración) pero solo hasta hace pocos días esta generó mayor impacto al ser citada en un estudio de la Fundación Heritage, institución de corte conservador con sede en Washington que elaboró un dictamente sobre el costo económico de una posible reforma migratoria por parte del gobierno de Obama. En la Fundación Heritage Richwine se desempeñaba como analista de políticas públicas, posición a la que tuvo que renunciar por esta polémica.

En términos generales el académico aseguró en su trabajo que “la selección de los inmigrantes de alto coeficiente intelectual [CI] podría mejorar los problemas de falta de asimilación socioeconómica de los inmigrantes de menor CI y beneficiaría a los potenciales inmigrantes más inteligentes”, una sugerencia segregacionista con respecto a las políticas de inmigración que toma el coeficiente intelectual como criterio de admisión a un país, un concepto que, además, en años reciente ha sido refutado por diversos estudios.

Desde que se dio a conocer periodísticamente el asunto de su tesis, Richwine ha evitado hacer declaraciones a la prensa, salvo por una entrevista al Washington Examiner en la que descartó que su estudio fuera racista y, en todo caso, solo se arrepintió de no haber previsto cómo recibiría sus conclusiones el público no especializado.

[BBC]