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Extraterrestres podrían haber almacenado un código en nuestro ADN y un programador cósmico o demiurgo podría haber embebido un código en la supersimetría del universo. Aunque esto sugiere la trama de las películas de ciencia ficción más populares de nuestra era, es también materia de la más relevante investigación científica, el punto de encuentro entre una estructura matemática subyacente en el universo y la existencia de Dios (o el Programador).

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Once I grew lucid in a dark dream by analyzing the chunky pixels in the sky. Poor bit rate! Shot me right outta there.

Erik Davis.

There is a crack in everything. That's how the light gets in. We asked for signs ... signs for all to see.

Leonard Cohen. 

Aprendí que las criaturas de forma de dragón estaban estaban dentro de todos los seres vivos, incluyendo el hombre. Eran los verdaderos maestros de la humanidad y de todo el planeta, me dijeron. Nosotros humanos eramos los meros receptáculos y sirvientes de estas criaturas. Por esta razón me podían hablar, porque estaban dentro de mí. En retrospectiva uno diría que son casi como el ADN.

Michael Harner, The Way of the Shaman.


Al leer el título de este artículo algunos lectores seguramente pensarán que se trata de basura New Age (y al acabar de leerlo lo habrán confirmado). O quizá no. Personalmente la pregunta de si existe un trazo de diseño inteligente en nuestro ADN y sobre todo en el universo, me parece no sólo una pregunta fascinante sino también ineludible en la investigación de aquello que podemos llamar en términos escuetos "la naturaleza de lo real". Sin tener las herramientas para argumentar científicamente a favor (ni en contra), y más allá de intuiciones o experiencias personales que mejor entrarían en un confesionario o en una bitácora de poemas metafísicos dirigida a apenas una decena de lectores, considero que el tema merece la discusión más seria --y si tenemos una visión amplia entonces debemos también admitir cierta veta especulativa, de lanzar hipótesis al espacio (naves extrasolares) intentando sustentarlas, pero no limitando la imaginación, una forma también de acceder al conocimiento.

En una nota anterior entretuvimos la idea de Alan Watts, tomada directamente de los Vedas pero simplificada para discurrir como un cuento de cuna, de que el universo es el juego de escondidillas del creador: "Dios también gusta de jugar a las escondidillas, pero como no hay nada fuera de Dios, no tiene nadie con quién jugar más que él mismo".  Ahora bien, si esta metáfora del juego prístino que es el ocultarse (seduciendo) es elevada a una concepción cosmológica del mismo jugar, podemos suponer que Dios no se escondería en las nubes, cubriendo su rostro relampagueante con una gran cumulonimbus, o tampoco se ocultaría vacacionando en un planeta distante. Siguiendo la idea de que no hay nada fuera de Dios, como no hay nada en el universo que no sea el universo (todo es la explosión-expansión de una única cosa), entonces es plausible que se ocultara en todas partes, siendo este el lugar más apropiado para una entidad de su tamaño. Quizás como la carta robada de aquel cuento de Edgar Allan Poe: el cosmos es su escritorio. Pero también como ese divino ocultamiento que es la seducción entre las polaridad positiva y negativa, masculina y femenina. Y más aún, jugando con tradiciones místicas como la Cábala, se escondería en la escritura misma, en la creación, en el código --un panteísmo intertexutal: la cifra entre líneas. (Recordemos que el entendimiento de los físicos de la Interpretación de Copenhague, y después de John Wheeler, hace pensar que los átomos más que partículas de energía son bits de información. Erik Davis actualizó el Génesis: “In the beginning was the Info, and the Info was with God, and the Info was God." Borges atinadamente llamó la experiencia holográgfica de la teofanía: el Aleph, la primera letra del alfabeto del "pueblo de Dios"). ¿Dios como la in-formación del universo? En nuestro caso esa in-formación es el ADN. Un código que despliega nuestro cuerpo y quizás nuestra conciencia de la misma forma que un código informático despliega una página de Internet o una imagen digital. Roberto Calasso, en su formidable texto Ka, describe la creación de Prajapati:

[...] detrás de las siluetas de las rocas, un número, una palabra, una equivalencia: un estado de la mente que se adhería, se mezclaba con otro estado. Como si cada estado fuese un número. Esta era la equivalencia primera.

La gnosis, el conocimiento superior, tiene como presupuesto conocer aquello más allá de lo evidente. Como aquel que observa el cable transparente sobre el cual el ilusionista levita, entre el azoro de la crédula audiencia.  La ciencia moderna en su concepción más elevada no tiene como fin extraer recursos de la naturaleza --tiene como medio extraer recursos de la naturaleza para permitir descubrir sus secretos. Observar el código detrás de la zarza ardiente que emite los comandos... los transistores, interflujos y microresistores detrás de la pantalla azul. El algoritmo, arquetipo y patrón que nos repite.

kylemcdonald_rgbd_detail_emLa idea de que nuestro ADN, ese libro biogenerador, no es el resultado de la aleatoria combinación de proteínas y aminoácidos (o letras), comúnmente ha sido del dominio del new age y de esa rama ígnara del creacionismo que germina particularmente entre los fundamentalistas religiosos. Pero no es del todo disparatada, como no lo es tampoco el principio antrópico, que sostiene que el fino equilibrio entre las constantes cosmológicas indica que el universo está diseñado específicamente para albergar la evolución de la vida y el surgimiento de la conciencia. Habría que aclarar que entre la serie de posibilidades de un multiverso es igualmente probable que la inteligencia humana sea un subproducto de la entropía, el caos, el azar, sin mayor teleología que el choque de meteoros en el espacio.

En la actualidad aquel fervor religioso teísta se ha desdoblado en la ufología y en la exobiología: las pruebas de la existencia de Dios de los grandes doctores de la Iglesia, son hoy los estudios, aunque fatuos, del SETI (Search For Extraterrestial Intelligence), como primer acercamiento al misterio de lo inconmensurable. Evidentemente las pruebas de que la vida inteligente existe fuera del planeta Tierra no serían las pruebas de la existencia de una inteligencia creadora del universo, ni mucho menos. Pero dicha realización abriría la puerta a nuevas variables en el programa.

Aunque difícilmente respetados dentro del mainstream de la ciencia, algunos científicos rusos o de países ex soviéticos han investigado campos anatema para lo que se conoce como el establishment. La paraspicología, la bioenergía (¿los fotones que emite el cuerpo humano?) y la exobiología son algunos de ellos.  Recientemente Vladimir I. shCherbak de la  Universidad al-Farabi  de Kazajistán y Maxim A. Makukov del Instituto Astrofísico de Fesenkov han colocado en los medios masivos de comunicación la hipótesis de que existe una señal inteligente embebida en nuestro código genético, un mensaje semántico que pone en entredicho la evolución darwiniana clásica. Lo que llaman un "SETI biológico" significaría un cambio de paradigma en la búsqueda de inteligencia exoplanetaria, más allá de una transitoria emisión radioestelar, ya que esta señal tendría una mucho mayor probabilidad de ser detectada debido a la longevidad, con la cual podría permanecer en nuestro código genético. Escribiendo en el jornal Icarus, quizá volando demasiado cerca del sol, los científicos kazajos escriben:

Una vez fijado, el código podría permanecer inmutable a través de escalas cosmológicas; de hecho, es el constructo de mayor duración conocido. Así representa un mecanismo de almacenamiento excepcionalmente confiable para una firma inteligente. Una vez que el genoma es reescrito apropiadamente, el nuevo código con la forma podrá permanecer congelado en la célula y su progenie, la cual podrá luego ser emitida a través del tiempo y el espacio. 

Algunos aquí seguramente reconocerán la trama de la película Prometheus, o aquella tenencia epistemológica del new age obstinada en otorgar al "ADN basura" un estado inerte en espera de una especie de activación galáctica --encendiendo los codones restantes de la espiral ribonucleíca, hacia una nave dodecaédrica, sublimación del Logos (la serpiente que cobra alas). Esto, según el nuevo fólclor, a partir de pensamientos positivos, interacciones angelicales, transmisiones galácticas, crop circles y demás radiaciones secretas. Como si se volviera a probar, libremente, de la fruta del Árbol del Conocimiento. No es mi interés aquí desechar a manera de burla los preceptos del andamiaje de la filosofía de la nueva era, que no soporta argumento racional pero sí, acaso, argumenta con una fe radical en el sentir, en la polisemántica de la energía --con sus sutilezas inaprehensibles.  El placebo. Un placebo que sin embargo se mueve, y hace movernos hacia regiones insospechadas de interacción mente cuerpo.

Los zahoríes Makukov y shCherbak consideran que una manera de comprobar esta hipotésis sería descubrir patrones estadísticamente significativos que poseen sellos inteligentes, inconsistentes con un proceso natural aleatorio. Según ellos, un análisis del genoma humano despliega un orden de proporciones cósmicas entre el mapeo de los nucleótidos del ADN y los aminoácidos. "Simples arreglos en el código revelan un ensamble aritmético y patrones ideográficos del lenguaje simbólico". Esto incluiría notación decimal, transformaciones lógicas y el uso abstracto del símbolo del cero. Tal que los patrones subyacentes parecen ser el producto de una "precisa lógica y una computación no-trivial".

La hermenéutica, ya no de las letras humanas, sino de las letras genéticas, quizás letras de las estrellas , podría ser la siguiente rama dorada de la ciencia.  Recordemos que nosotros ya somos capaces de grabar frases de James Joyce en las células o de programar vida sintética. ¿Qué no sería capaz de embeber en su sistema aquel que John Lilly llamara el Programador de la Computadora Cósmica? Algo por el momento ininteligible, pero que empezamos a vislumbrar: "Soy hombre: duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea", dijo Octavio Paz. 

El físico Sylvester James Gates de la Universidad de Maryland, asesor también de Barack Obama en Ciencia y Tecnología, sugiere que se ha encontrado un código informático inscrito en la realidad --o al menos en las ecuaciones fundamentales que se tienen para describir la realidad.  Se han encontrado "códigos computacionales" en la ecuaciones de la supersimetría del universo descritas en la teoría de cuerdas "indistinguibles de las que operan en un motor de búsqueda". Este código es el código inventado --o descubierto-- por Claude Shannon, el padre de la informática. "No sé si estamos viviendo en la Matrix", dice Gates. Esto códigos han sido encontrados en lo que se conoce como Adinkras --objetos geométricos que codifican relaciones matemáticas entre partículas supersimétricas (el nombre proviene de las representaciones gráficas de aforismos usadas por algunas culturas africanas). 

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Adinkras supersimétricas

Existe un parangón entre este código hallado en la ecuaciones de la supersimetría y lo propuesto por los científicos kazajos: "Si estudias un animal, eventualmente te encuentras con el ADN. Esto es esencialmente lo que nos ocurrió a nosotros. Estos códigos que encontramos, son como el ADN que yace dentro de las ecuaciones que estudiamos [...].  Esta insospechada conexión sugiere que los códigos deben de ser ubicuos en la naturaleza, y podrían estar emebebidos en la esencia de la realidad".

Los códigos encontrados son lo que se conoce como  “doubly-even self-dual linear binary error-correcting block codes”, usados comúnmente para remover errores en transmisiones informáticas, por ejemplo, para corregir ecuaciones en una secuencia de bits representando texto que ha sido emitido a través de cables. Entrando en el terreno especulativo,  este código podría ser el código de autocorrección de la Gran Simulación Cósmica, por medio del cual el programa corre con un "efecto de realidad", manteniendo su ilusión, por así decirlo, al no mostrar ningún error o glitch. Como ejemplo podríamos recordar la película Truman Show, donde el protagonista vive en una realidad simulada específicamente para él. En ese caso, el protagonista podía descubrir que vivía en una simulación con sólo aventurarse más allá del foro de televisión que había substituido su ciudad, donde la producción ya no tenía control; pero en nuestro caso, no hay un más allá del "foro de televisión", en todo el espacio se reproduce automáticamente el código de la realidad diseñada --el código no sólo está embebido en el espacio, es el espacio mismo.

Para explicar cómo es que la realidad puede surgir de un programa informático, Gates retoma el concepto de "it from bit", de John Archibald Wheeler. "Él sugirió que cada "ente"--cada partícula, cada campo de fuerza, incluso el continuum tiempo-espacio --deriva su función, su significado, su misma existencia... de las respuestas a preguntas de sí o no suscitadas por el aparato, elecciones binarias, bits". Según Wheeler este principio "simboliza la idea de que cada ítem del mundo físico tiene una explicación y una fuente inmaterial en el fondo: aquello que llamamos realidad  surge en el último análisis de la formulación de preguntas de sí o no y el registro de las respuestas evocadas por el equipo [de medición]; en otras palabras, que todas las cosas físicas son de origen teórico-informático y este es un universo participatorio".

El universo que describe Wheeler, no sólo es un universo donde la realidad primaria es la información --es un universo donde la realidad emerge de la interacción: el mundo objetivo se ve trastocado por el mundo subjetivo, al punto de que no existe una división entre el observador y lo observado. Por alguna extraña razón el código del universo parece reflejar nuestro código --o viceversa.  Aquí hay dos variables posibles. Que el universo, como una entidad fija constreñida a leyes inmutables, no exista. Que sea una especie de creación perenne, in situ, que reproduce coherentemente los estados de nuestra mente: que se ajuste permanentemente a nuestra preguntas: una esfinge virtual sin un último secreto. O que nuestra mente reproduzca las leyes del universo, códices internos o tabernáculos que se van revelando en la inmantación de la conciencia en el tiempo. La primera variable admite un vértigo alucinatorio, una irrealidad sistémica; la segunda concede una revelación evolutiva, una eclosión de la palabra celeste, y sobre todo, la noción fundamental de que podemos acceder a ese código porque remotamente fuimos nosotros mismos los que lo diseñaron. El código cósmico: la auto-seducción de la divinidad.

Por último, me parece relevante compartir la que considero es una de las frase más memorable del escritor argentino Jorge Luis Borges (decía Terence Mckenna: "estamos atrapados en un software codificado por el fantasma de Jorge Luis Borges"):

«El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ese nuestro caso?» Yo conjeturo que es así. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.

Twitter del autor: @alepholo

¿Es la percepción de la falla en el sistema, la seña de una realidad más profunda? El Glitch Art y la Nueva Estética marcan la irrupción de la información digital al mundo físico y en ese proceso de borrar las fronteras nos hacen reflexionar sobre si de todas maneras la realidad ya era una constructo informático.

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Glitch basado en imágenes inválidas del explorador SOHO (NASA)

 Information wants to be alive!

Thomas Ray, Tierra.

 A la larga, la historia es la narrativa de la información volviéndose consciente de sí misma.

James Gleick

 

Una de las técnicas más utilizadas para cobrar lucidez dentro de un sueño --obtener conciencia para navegar sin regresar a la vigilia-- es buscar algún elemento discordante en el contenido o en la estructura de una narrativa "realista"--aquello que nos hace decir "esto debe de ser un sueño", puesto que en la realidad cotidiana sería inverosímil. Volar o morir y seguir vivo en el sueño, por ejemplo, suelen detonar estados de lucidez, generalmente acompañados de un gran surgimiento de energía --descubir que "sólo es un sueño" es inmensamente liberador. En cierta forma el glitch cumple una función similar, pero teóricamente sobre el tejido de la realidad consensual: es aquello que permite, al menos en la ciencia ficción, descubrir que habitamos en una realidad diseñada. Una señal distorsionada o una falla en el sistema que justamente nos hacen percibir que hay un sistema detrás y una transmisión de señales artificiales, las cuales generalmente creemos son parte de una realidad meramente aleatoria y sin trasfondo.

El término glitch es definido como una pequeña o transitoria falla en un sistema --tan pequeña que lo mismo podría ser una microalucinación que un guiño del programador, de naturaleza tal que no permite aseverar nada con cereteza sino que lo suyo es la duda que emite sobre lo real. El glitch es también el intervalo en el que una señal se asienta o un error del diseño se autocorrige, generalmente observado como un pulso eléctrico que evoca una especie de fantasma digital o un relámpago electrónico que se desvanece y que en su velocidad inaprehensible lo mismo nos hipnotiza que nos enceguece. En la luz una doble vertiente: la apertura de una grieta entre las dimensiones o la reprogramación del sujeto en un rayo amnésico... De este microestallido nace todo un movimiento estético --que es también una filosofía tecnoplatónica, en la que los pixeles constituyen el atisbo de que lo que observamos es una sombra del código fuente, de aquellas ideas molde con las que se creó el mundo.

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El glitch como movimiento o manifestación artística se desprende de lo que se conoce como la Nueva Estética, una corriente más amplia que superpone los espacios de los nuevos medios y de la tecnología digital a los espacios de interacción cotidiana. No es la fusión aún de la realidad virtual y la realidad, sino apenas el trazo de la fuga de lo virtual hacia lo real, esbozos de una realidad aumentada o mapas de la invasión de lo que es el primer destello del alma de las máquinas, en aras de habitar el mundo. Una nueva estética que no trata sobre la metafísica, es metafísica pura en tanto que significa la materialización de la información (o espíritu).

 

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Pixel Water (Benjamin Norman)

El primer crítico de The New Aesthetic, James Bridel, quien mantiene un blog donde documenta la infiltración ectoplásmica del software sobre la fábrica de la realidad, dice que esta corriente marca una nueva forma de ver el mundo "que reconoce las diferencias y las brechas en nuestras realidades traslapadas" (el énfasis nuestro). Bridel tituló una de sus pláticas: "The New Aesthetic: Waving at Machines", saludar a las máquinas implica al menos tácitamente el reconocimiento no sólo de la ubicuidad de la máquinas sino de su animosidad, de que crecemos jugando y relacionándonos con la tecnología y que ésta tiene una cualidad que, simulada o no, sugiere la vitalidad --o reemplaza nuestras relaciones íntimas. El "Hola, Robot", es también como un estado del espejo cuyo futuro psicológico aún no ha sido trazado por analistas, ya que es la característica de una nueva generación. 

 

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“Noósfera de Día/Noósfera de Noche” (Tatiana Plakhova)

Se puede considerar que la Nueva Estética es solamente un proceso accidental de reflexión que se vierte en arte contigentemente, más que un movimiento en sí, pero también se puede argumentar que su consolidación o validación estética es algo que está en ciernes --y que su adopción es incontenible. El uso de computadoras portátiles (no móviles, wearable), el incremento de la vigilancia y su generación de imágenes satelitales, térmicas, ultravioleta, rayos x y demás, la realidad virtual y la realidad aumentada, cada una de ellas con la tendencia a convertirse o amalgamarse a un ecosistema, sugieren claramente que el arte, la expresión creativa y la comunicación de nuestras vidas personales se generarán cada vez más a través de la irrupción de la tecnología digital sobre la pantalla orgánica de la realidad. Presenciaremos un flujo ya no sólo desde la "naturaleza" a lo digital sino de lo digital hacia la naturaleza (o al mundo físico), que podrá traslaparse y difuminar las fronteras entre aquello con lo que grabamos o registramos y aquello que grabamos y registramos, bajo la identidad ontológica de la información. La luz que captamos en nuestras cámaras está también compuesta de (q)bits, al igual que las imágenes que vemos en nuestras pantallas son la representación de bits. Esta es la gran revolución conceptual de estos movimientos estéticos cuya esencia es el caos: que la información se desborda y revela como la realidad primaria del mundo, jugando con la posibilidad de la autoconciencia. Los fantasmas digitales que creamos se convertirán en entidades autónomas, egregors que tomaremos como reales --porque en el fondo ya estaban vivos, tenían la chispa de ser: información.

Render ghosts, datanoise, datamoshs, morphs, estática interdimensional, visualización satelital, zozobra de códigos QR, GIF glyphs,  fractal art, pixel art (y buddha pixel dust)bit error rate mashes, 8-bit nostalgia, vigilancia ubicua, drone-eye vision, circuit bending, reality bending, infomation overload alchemy...

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Los loops, los deja-vus, las sincronicidades, los sueños telepáticos, las proyecciones holográficas, los avistamientos de OVNIs, las abducciones y otros fenómenos de percepción paranormal parecen estar comunicándonos algún tipo de anomalía o inconsistencia en el relato de la realidad. Podemos insertar y asimilar estás experiencias de tal forma que no atenten contra el edificio de la realidad, considerándolos como meros espejismos o distorsiones subjetivas que no amenazan la certidumbre científica de cómo funciona el mundo. O podemos pensar que son las piezas que se desencajan de un rompecabezas, haciéndonos ver que la realidad había sido urdida con un tipo de pegamento cósmico computacional. Y nos permiten entrever una realidad más profunda (VIEW SOURCE CODE). ¿La distorsión nace del sujeto que no alcanza a percibir correctamente, o está inscrita en el mundo como esa mítica rasgadura en el velo de Maia-Matrix? 

¿Qué es lo que nos quiere decir el glitch? El glitch en la última instancia de su dimensión metafórica sugiere que la realidad es generada por computadora --o que es fundamentalmente un programa informático--, pero también nos muestra que los diseñadores o son falibles o quieren que al menos algunos descubramos que existen --consienten errores en el diseño para sutilmente desnudar su cuerpo de data lumínica, seduciéndonos a hackear su código e invitándonos a convertirnos en ellos. De cualquier forma percibir ese glitch es un paso en la evolución de la conciencia: hacia la revuelta del programa que se vuelve consciente de la intención de su programador --y la cumple o la sabotea. 

Twitter del autor: @alepholo