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Alfabeto de siluetas desnudas de Anastasia Mastrakouli: el lenguaje vuelto carne y expresión (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 04/05/2013

Oír
           los pensamientos,
ver
           lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.

Octavio Paz, "Decir: Hacer"

El cuerpo humano es, sobre todo, un vehículo de comunicación, un medio que transmite y vincula por medio de un lenguaje que en cierta forma es y no es ese mismo al que estamos acostumbrados, pues aunque parte inevitablemente de este, en cierta forma se transmuta y se purifica, pero curiosamente al mismo tiempo cobra una dimensión totalmente real y física: se encarna.

En un ejemplo sumamente literal del lenguaje vuelto cuerpo, la artista de origen griego Anastasia Mastrakouli ideó un “Alfabeto de Siluetas Desnudas”, imágenes en las que de lejos se alcanza a distinguir el perfil de las letras del alfabeto latino, pero una mirada atenta nos las revela formadas con un cuerpo femenino, nada menos que el de la propia Mastrakouli.

Quizá ahora cabría preguntarse qué palabras, qué frases, qué líneas se escribiría con esta singular tipografía.

En Faena Sphere:

Abecedario intergaláctico: letras disfrazadas de cosmos

El universo excéntrico de Wes Anderson ya tiene su propio alfabeto

[Huffington Post]

Artista incendia su propia obra (y su propia nostalgia): la casa de muñecas más grande del mundo (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 04/05/2013

Las casas de muñecas son, en buena medida, monumentos mínimos a la imaginación pero también a la nostalgia. El aura que las rodea mucho tiene de melancolía en ese sentido que Susan Sontag encontró en el pensamiento de Walter Benjamin:

Miniaturizar significa hacer inútil. Pues lo que queda grotescamente reducido es, en cierto sentido, liberado de su significado: la parvedad es lo notable en él. Es al mismo tiempo un todo (es decir, completo) y un fragmento (tan diminuto, la escala errada). Se vuelve objeto de contemplación desinteresada o de ensueño. El amor a lo pequeño es una emoción de niño, colonizada por el surrealismo.

Hace poco más de un año, la artista de origen canadiense Heather Benning llevó este símbolo de la infancia a dimensiones mayores. Como si pusiera una lente de aumento sobre ese territorio ilusoriamente paradisíaco que son los años de juego e inocencia, encontró una casa abandonada y en ruinas y la rehabilitó para que tuviera todo el aspecto de una de muñecas. La luz, los enseres, los colores. Todo, al final, dio una impresión acabada de una estas artesanías habitadas por la fantasía pueril.

Ahora, sin embargo, se dio a conocer que la autora de este trabajo admirable redujo todo a llamas. Inició un incendio que acabó con su obra convirtiéndola en nada más que escombros y cenizas. Una vuelta de tuerca al mecanismo de la nostalgia: forzándolo hacia la insignificancia. Un ejercicio deconstructivo. Real en ese sentido que daba Lacan a las cosas ante las cuales el lenguaje parece no tener otro papel más que observar, atestiguar, balbucear para registrar lo sucedido.

“La Casa de Muñecas era una reflexión sobre el tiempo y las épocas pasadas. Ahora con la abolición completa del proyecto la obra ha completado su círculo”, declaró al respecto Benning —en cierto modo, irrefutablemente.

Más información e imágenes sobre el proceso de (re)construcción de la casa en la localidad canadiense de Redvers, en este enlace.

[enpundit]