*

X

¿Una canción pop se repite sin cesar en tu cabeza? Aquí algunas soluciones

Por: pijamasurf - 03/26/2013

Lady Gaga, Rihanna y los Beatles podrían aportar algunas claves para entender las asociaciones inconscientes que hacemos entre la música y la memoria a largo plazo.

Lady Gaga

La música pop es una intrusa indeseada: melodías pegajosas, estribillos que se repiten en loop y un DJ interno que interrumpe nuestras profundas meditaciones... La ubicuidad de la música pop en estaciones de radio, taxis, restaurantes y la via pública puede hacer que la gente repita inconscientemente fragmentos de canciones, aparentemente sin ninguna posibilidad de remediarlo. Para los psicólogos, este fenómeno tiene el nombre de earworm (de "ear", oreja y "worm", gusano, como un bicho musical alojado en tu cráneo.) Algunos estudios al respecto encuentran soluciones en lugares poco esperados: por ejemplo, el Sudoku, los anagramas y la literatura.

Y es que parece cosa de sentido común que un estimulo se reduzca cuando otro entra en nuestro campo de atención. Pero los acertijos matemáticos o verbales no obrarán el mágico efecto de hacernos olvidar la tonada de Lady Gaga si son demasiado difíciles: la doctora Ira Hyman, psicóloga musical de la Universidad de Western Washington, opina que la clave es encontrar el nivel de reto adecuado.

"Hacer algo automáticamente, como conducir o caminar, implica que no usamos todos nuestros recursos cognitivos, así que hay mucho espacio para que nuestra rocola interna comience a trabajar. Del mismo modo", afirma Hyman, "si tratas de hacer algo muy difícil, tu cerebro no se involucra satisfactoriamente, así que la música vuelve. Necesitas encontrar ese lugar en equilibrio donde no haya demasiado lugar vacante en el cerebro. Eso será diferente para cada individuo."

La doctora Hyman y su equipo aplicaron una serie de pruebas a voluntarios: haciendo sonar canciones populares, trataron de identificar de qué modo estas permanecen en nuestra memoria a largo plazo. Canciones de los Beatles, Lady Gaga y Beyoncé sonaban mientras los voluntarios hacían pruebas de dibujo a mano; el estudio halló que podían hacer que las canciones continuaran sonando en sus cabezas incluso hasta el siguiente día.

Para eliminar los desastrosos efectos de esa música y no volver locos a los sujetos (esta explicación es nuestra, no está en el estudio), los investigadores les dieron a resolver rompecabezas como Sudokus o anagramas. Encontraron que si los Sudoku eran demasiado difíciles de resolver, las canciones volvían; en el caso de los anagramas (formar distintas palabras con un número limitado de letras), se dieron cuenta que los mejores resultados se obtenían con cinco letras.

Las tareas verbales, como resolver anagramas o leer una buena novela, parecen tener un buen resultado para mantener alejados a los earworms. [...] El coro de las canciones tiende a quedarse en tu cabeza porque son los pedazos que conocemos mejor, y debido a que no nos sabemos el segundo o tercer verso, la canción permanece inacabada. Existen mayores posibilidades de que los pensamientos inacabados vuelvan.

Por su parte, la doctora Vicky Williamson, psicóloga musical de la Universidad de Londres cree que los earworms podrían ser la pista para entender la relación entre un estímulo sonoro y la memoria, y que este fenómeno tiene usos terapéuticos potenciales: "Podría ayudar a aliviar a la gente que sufre de pensamientos perturbadores." Del mismo modo podrían ayudar a pacientes con trastornos cognitivos, "así, si no pueden recordar los pasos para hacer una taza de té, si se los enseñas en una canción, podrían hacer su propia taza de té en vez de depender de otras personas."

Algunas de las canciones más socorridas en los estudios sobre earworms (es decir, las que se quedan más tiempo en la memoria) están en la siguiente lista. Escúchalas para comprobar empíricamente el experimento --o envíaselas a tus enemigos para atormentarlos: toda un arma velada de control mental.

Alejandro – Lady Gaga

Bad Romance – Lady Gaga

Call me Baby – Carly Rae Jepsen.

Single Ladies – Beyoncé

She Loves You – The Beatles

I Wanna Hold Your Hand – The Beatles

SOS – Rihanna

[Telegraph]

¿Qué tan fácil es escribir sobre sexo?

Por: pijamasurf - 03/26/2013

La pretendida apertura en torno al sexo, que ahora se encuentra por todos lados, no parece sin embargo facilitar su narrativa, su conversión metafórica en ese significado que trasciende la realidad para convertirse en literatura.

le

Actualmente el sexo puede parecer una de las narrativas más comunes en esa madeja un tanto caótica pero de lógica propia que es el flujo público de contenidos. Al sexo se le encuentra en la televisión y a veces también en el periódico matutino, en el cine, en Internet y en el bestseller del momento.

En cierta forma, esto no ha sido siempre así. En épocas anteriores, como sabemos, el sexo pasaba por un proceso retórico de ocultamiento y disimulo, era algo que se nombraba pero solo veladamente, entre metáforas y símiles, entre risas y sublimaciones, o, como en Sade, en medio de discusiones filosóficas y sobre los problemas de una sociedad, pero casi nunca expuesto abierta, crudamente, a la manera de, por ejemplo, Courbet.

Sin embargo, cabe preguntarse en qué medida esta supuesta apertura no es también, perversamente si se quiere, otra forma de la represión, otra de sus caras, esa que en apariencia concede libertad pero solo para ocultar mejor aquello sobre lo cual no debe hablarse.

Este puede ser un poco el caso de la literatura erótica, que en años recientes ha conocido una explosión notable de interés, masivo incluso como sucedió con la novela Fifty Shades of Grey, la cual abandonó las sombras de la clandestinidad en las que, por ejemplo, circularon los relatos sadianos o de Sacher-Masoch, para exponerse abiertamente en los estantes y las mesas de novedades de las librerías. Pero la pregunta se mantiene: ¿esta pretendida apertura significa verdaderamente eso? ¿Una coyuntura en la que es posible nombrar al sexo en toda su plenitud, sin tabúes ni limitaciones?

En el sitio The Millions, la escritora Julia Fierro ha publicado una reflexión interesante al respecto, elaborando una especie de disección dialéctica entre el interés genuino por el sexo y el mero morbo; también, en un nivel más bien creativo, entre la mención explícita o el uso de los recursos propios de la literatura para transmutar ese acto de nombrarlo y acercarlo más bien a la zona del erotismo.

Lo interesante del texto de Fierro es que estos dilemas, que podrían considerarse poco novedosos, moralistas quizá, pierden importancia frente a un fenómeno interesante que se da entre quienes escriben, por entretenimiento o por oficio. Para sorpresa de la autora, los primeros, los escritores aficionados o amateurs, encuentran mucho más fácil escribir sobre sexo que los “profesionales”, para quienes describir un acto sexual puede ser tormentoso y en última instancia imposible.

Para Fierro, que cuenta con la experiencia tanto de maestra como de escritora, esto podría explicarse por la prohibición más o menos extendida y observada por los escritores de oficio en torno al sentimentalismo, del que huyen como si se tratase de una plaga o una enfermedad, la oposición entre sentimiento y emoción con la consecuente preferencia de esta última, la idea de que la emoción es mejor que el sentimiento cuando se encuentra en la página.

¿Por qué? En buena medida porque el recurso del sentimentalismo se considera fácil e inmediato, aquello que provoca un efecto simplón y generalizado y que, por lo mismo, es potencialmente asequible por numerosas personas, todas aquellas que de algún modo se encuentran ciegas al lugar común y el cliché, categorías que no consideran un defecto al momento de juzgar una obra creativa.

En el caso de una escena sexual, la dificultad del escritor profesional estribaría en el reto de narrarla de una manera estéticamente novedosa, seductora, una forma narrativa profunda que trascienda la trivialidad del acto y de algún modo lo transforme en una materia distinta, sublime o sórdida, pero a fin de cuentas otra cosa. No la mera descripción del hecho, sino la conversión de este hacia lo que de literario (no de real) pueda tener.

Este es, en esencia, el dilema, pero curiosamente las posibles ejecuciones de su resolución son más bien innumerables:

Así como hay una variedad infinita de “buen sexo” —los factores depende de aquellos que participan—, también hay una cantidad infinita de escritores, cada uno con su lector o lectora ideal.

 

También en Pijama Surf: “porque hace una semana que no cojo”: la culta procacidad de cierta poesía amorosa