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Los hackers derrotarán a los carteles: Bitcoins en Silk Road, el eBay de las drogas

Por: pijamasurf - 03/27/2013

En Internet puede comprarse lo que sea, pero la verdadera revolución que está por venir no será la de la disponibilidad de productos (o drogas) al alcance de un click, sino la moneda virtual que revolucionará nuestras transacciones económicas.

Silk Road

Antes hemos hablado en Pijama Surf sobre Silk Road, un mercado online que funciona de manera semejante a eBay, pero con algunas diferencias importantes: se trata de una tienda virtual con más de 10 mil artículos enlistados, 7 mil de los cuales son drogas.

Ni los compradores ni los vendedores se conocen nunca, y es poco probable que alguna vez se vean. MDMA, cannabis, cocaína y medicamentos de prescripción se comercian diariamente en el "Camino de la Seda", otrora el nombre de la ruta de comercio destinada a traer los más exóticos productos de Oriente hacia Europa. Hoy en día, la ruta de la seda opera con cerca de $1.7 millones de dólares al mes.

Además de drogas, la tienda ofrece objetos eróticos, libros e identificaciones ilegales. Comerciar con todo tipo de armas está prohibidas (el año pasado cerró una tienda online dedicada a eso, por falta de clientes), así como con pornografía infantil. Pero aunque las autoridades han sabido de la existencia de Silk Road desde su fundación, en febrero de 2011, su propia estructura hace muy difícil que haya algún responsable legal.

El doctor Nicolas Christin ha investigado el funcionamiento del sitio desde hace tiempo. Hasta julio del 2012, Christin tenía conocimiento de que más de 600 vendedores de drogas operan cada mes. Los estándares de calidad también son mayores en cuanto a las sustancias, y un eficiente servicio de entregas promueven tanto la confiabilidad entre los consumidores como el anonimato de todos los involucrados. Algunos involucrados incluso afirman que los compradores no son propiamente "adictos" o junkies, pues el acceso a las sustancias no es inmediato, y el proceso tiene suficiente complejidad (muchas confirmaciones sucesivas se aseguran de que en verdad quieras comprar ese gotero de LSD) como para que los compradores tengan que hacerlo estando en sus cinco sentidos.

bitcoin

Acceder a Silk Road requiere saber navegar con Tor, un programa que permite mantener anónima la IP y la localización del usuario. Tor ha servido para que los usuarios de países bajo regímenes totalitarios (como China, Irán o Siria) pudieran pasar sobre las prohibiciones gubernamentales sobre acceso a Internet, por lo que criminalizar el acceso a Tor sería injusto. Además, debido a su uso político, Tor es financiado en parte por el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Como si esto no fuera suficiente, la moneda de cambio en Sulk Road no son simplemente dólares: es anónima, no está bajo la jurisdicción de ningún pais, de ninguna empresa, y se encuentra cifrada, lo que regula automáticamente su economía. Se llama Bitcoin y en el 2010 cada unidad valía menos que una goma de mascar --hoy, un bitcoin se cotiza en $70 dólares, haciéndola el tipo de cambio de más rápido crecimiento en el mundo.

Sitios como Wordpress, Reddit y Wikileaks aceptan ya el uso de bitcoins para transacciones o donaciones, y se cree que Silk Road es el sitio donde más se comercia con bitcoins, seguido del sitio de apuestas Satoshidice. El valor de todas las bitcoins del mundo se estima en uno $800 millones de dólares.

 Amir Taaki, uno de los desarrolladores de las bitcoins y activista, niega que el uso de esta moneda virtual sea necesariamente inmoral: "La gente quiere drogas. La guerra contra las drogas probablemente es una guerra fallida", explica. "Quiero deshacerme de los carteles. La manera de hacerlo es que la gente compre sus drogas directamente del productor. Es lo que es genial de cosas como Silk Road, que puedes evitar las pandillas [para comprar drogas]."

Taaki incluso iguala la libertad de consumo a la libertad de expresión: "¿Puedes imaginarte que no tuviéramos libertad de expresión, o un Estado de vigilancia, hace 400 años? No habríamos tenido la Reforma [protestante], o la Ilustración, o la Revolución Industrial. Nunca habrían ocurrido. Y hoy estamos teniendo otro tipo de revoluciones."

Bitcoin

Los bitcoins son más que una manera sencilla de comprar drogas: son un reto contra el mainstream financiero, contra los cargos por transferencias, aportando un control mayor al usuario de lo que hace con su dinero.

El valor de las bitcoins creció mucho en los últimos dos años probablemente a causa del pánico causado por las depresiones económicas en Chipre y España, con la gente buscando un tipo de cambio seguro para que su dinero no perdiera valor, o simplemente el resultado de gente que quiere comprar drogas, sea con monedas virtuales o normales.

Para Mihai Alisie, editor de la Bitcoin Magazine, ese no es el problema: "En este punto no importa que los políticos digan 'sí, vamos a prohibir las bitcoins, pueden comprar drogas en línea así que vamos a prohibirlas.' Si los políticos prohibieran las bitcoins por eso, sería el equivalente a quemar una aldea para cocinar un cerdo. Es como apagar el Internet porque la gente está posteando pornografía."

El entusiasmo de Alisie por las bitcoins no conoce límites: "Las bitcoins son mucho más grandes que una forma para volverse ricos. Creo que es la siguiente gran tecnología que revolucionará nuestra sociedad. Es tan grande como el Internet, o tal vez mayor."

[Guardian]

 

¿Qué tan fácil es escribir sobre sexo?

Por: pijamasurf - 03/27/2013

La pretendida apertura en torno al sexo, que ahora se encuentra por todos lados, no parece sin embargo facilitar su narrativa, su conversión metafórica en ese significado que trasciende la realidad para convertirse en literatura.

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Actualmente el sexo puede parecer una de las narrativas más comunes en esa madeja un tanto caótica pero de lógica propia que es el flujo público de contenidos. Al sexo se le encuentra en la televisión y a veces también en el periódico matutino, en el cine, en Internet y en el bestseller del momento.

En cierta forma, esto no ha sido siempre así. En épocas anteriores, como sabemos, el sexo pasaba por un proceso retórico de ocultamiento y disimulo, era algo que se nombraba pero solo veladamente, entre metáforas y símiles, entre risas y sublimaciones, o, como en Sade, en medio de discusiones filosóficas y sobre los problemas de una sociedad, pero casi nunca expuesto abierta, crudamente, a la manera de, por ejemplo, Courbet.

Sin embargo, cabe preguntarse en qué medida esta supuesta apertura no es también, perversamente si se quiere, otra forma de la represión, otra de sus caras, esa que en apariencia concede libertad pero solo para ocultar mejor aquello sobre lo cual no debe hablarse.

Este puede ser un poco el caso de la literatura erótica, que en años recientes ha conocido una explosión notable de interés, masivo incluso como sucedió con la novela Fifty Shades of Grey, la cual abandonó las sombras de la clandestinidad en las que, por ejemplo, circularon los relatos sadianos o de Sacher-Masoch, para exponerse abiertamente en los estantes y las mesas de novedades de las librerías. Pero la pregunta se mantiene: ¿esta pretendida apertura significa verdaderamente eso? ¿Una coyuntura en la que es posible nombrar al sexo en toda su plenitud, sin tabúes ni limitaciones?

En el sitio The Millions, la escritora Julia Fierro ha publicado una reflexión interesante al respecto, elaborando una especie de disección dialéctica entre el interés genuino por el sexo y el mero morbo; también, en un nivel más bien creativo, entre la mención explícita o el uso de los recursos propios de la literatura para transmutar ese acto de nombrarlo y acercarlo más bien a la zona del erotismo.

Lo interesante del texto de Fierro es que estos dilemas, que podrían considerarse poco novedosos, moralistas quizá, pierden importancia frente a un fenómeno interesante que se da entre quienes escriben, por entretenimiento o por oficio. Para sorpresa de la autora, los primeros, los escritores aficionados o amateurs, encuentran mucho más fácil escribir sobre sexo que los “profesionales”, para quienes describir un acto sexual puede ser tormentoso y en última instancia imposible.

Para Fierro, que cuenta con la experiencia tanto de maestra como de escritora, esto podría explicarse por la prohibición más o menos extendida y observada por los escritores de oficio en torno al sentimentalismo, del que huyen como si se tratase de una plaga o una enfermedad, la oposición entre sentimiento y emoción con la consecuente preferencia de esta última, la idea de que la emoción es mejor que el sentimiento cuando se encuentra en la página.

¿Por qué? En buena medida porque el recurso del sentimentalismo se considera fácil e inmediato, aquello que provoca un efecto simplón y generalizado y que, por lo mismo, es potencialmente asequible por numerosas personas, todas aquellas que de algún modo se encuentran ciegas al lugar común y el cliché, categorías que no consideran un defecto al momento de juzgar una obra creativa.

En el caso de una escena sexual, la dificultad del escritor profesional estribaría en el reto de narrarla de una manera estéticamente novedosa, seductora, una forma narrativa profunda que trascienda la trivialidad del acto y de algún modo lo transforme en una materia distinta, sublime o sórdida, pero a fin de cuentas otra cosa. No la mera descripción del hecho, sino la conversión de este hacia lo que de literario (no de real) pueda tener.

Este es, en esencia, el dilema, pero curiosamente las posibles ejecuciones de su resolución son más bien innumerables:

Así como hay una variedad infinita de “buen sexo” —los factores depende de aquellos que participan—, también hay una cantidad infinita de escritores, cada uno con su lector o lectora ideal.

 

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