*

X

La sabiduría zen de Alan Watts animada por los creadores de South Park

Por: pijamasurf - 03/17/2013

El filósofo británico Alan Watts es uno de los grandes referentes en la divulgación del misticismo oriental en Occidente; su visión alternativa de la realidad ha influido a numerosos artistas y científicos. Watts fue un gran crítico de los modelos educativos positivistas en los que se el mundo se revela como algo definitivo y eminentemente dualista, esto y no aquello,  y que suele implantar un estrecho programa mental en los niños.

Entre los seguidores de la obra de Watts, un poco sorprendentemente, se cuentan Trey Parker y Matt Stone, creadores de la serie animada South Park. Este dúo responsable del peculair humor crítico de la serie de MTV realizó una serie de videos animados basados en las lecturas de Watts, en el 2007.

En este caso el video se centra en la concepción que se introyecta en los niños de que las cosas deben de tener un fin y que sólo consiguiéndolo uno cosecha los beneficios. Es decir, el sentido de la escuela es terminarla, no disfrutarla, no vivirla en el presente y así la vida (el fin es llegar al fin de la cosas). Watts contrasta esto con la música, donde uno puede vivir infinitamente entre notas.

En Pijama Surf hemos escrito sobre la filosofía de Wats en El Juego de Escondidillas Cósmico y Alan Watts predice en 1966 el Internet, la Supervigilancia y el Transhumanismo.

El trazo contingente que da forma al mundo: dibujos que son neuronas y bosques y solo líneas de tinta

Arte

Por: pijamasurf - 03/17/2013

La historia de Greg Dunn podría citarse como un ejemplo acabado de epifanía existencial, ese momento de iluminación súbita en que, se dice, una persona descubre su verdadera esencia, su razón de ser en este mundo y, parafraseando a Camus, el motivo por el cual, incontrovertiblemente, la vida vale la pena ser vivida.

Un par de años atrás, en 2011, Dunn concluyó con su doctorado en neurociencia en la Universidad de Penn y, como regalo para su logro, decidió experimentar la privación sensorial en uno de esos tanques diseñados para tal efecto y que, dicho sea anecdóticamente, también fueron uno de los instrumentos predilectos de gran Tim Leary.

Así, un poco como si se tratase de unos de esos ríos mágicos que abundan en varias mitologías, aquellos que cambian y transforman a quien se baña en sus aguas, Dunn salió del tanque convertido en otro, ya no solamente un neurocientífico recién graduado sino algo más, algo distinto.

“Una de mis frustraciones con la escuela fue la adherencia absoluta a la verdad, los principios, los hechos. Me inspiro en la anatomía, pero no soy un esclavo de ella”, dice Dunn, quien ahora es un artista de tiempo completo que ha encontrado su manera de expresión en líneas de tinta en donde se cruza la belleza intrínseca de la anatomía cerebral, el quietismo de ciertas tradiciones gráficas (especialmente de Oriente) y cierta caótica contingencia propia del curso de la tinta.

Previsiblemente, la obra de Dunn es sumamente apreciada entre médicos y colegas de profesión, pero, sorpresivamente, también entre personas con algún tipo de trastorno neurodegenerativo, acaso porque “les ayuda a pactar o apreciar con esa cosa que tantas molestias les causó”, supone el artista. Y concluye, a propósito de los materiales que usa, que algo tiene de herméticos y de alquímicos:

“Me gusta la idea de dibujar sobre fuerzas similares a las que producen el arte”.

[Wired]