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¿Es posible trabajar menos, ganar más y de paso contribuir a salvar el planeta?

Trabajar menos, producir más y de paso no contribuir en el perjuicio del planeta parece posible, o al menos eso según cifras de un estudio reciente que relaciona estas tres variables.

Por: pijamasurf - 04/03/2013 a las 17:03:24

Aunque el trabajo significa, por definición e inevitablemente, la transformación del mundo, no es menos cierto que este no puede entenderse ahora de la misma manera en que se entendía en el siglo XIX o incluso en la primera mitad del siglo pasado. Los recursos —técnicos, naturales y otros— con que se cuenta actualmente no son los mismos que en épocas pasadas, circunstancia que por sí misma obliga a replantear la concepción contemporánea del trabajo.

Recientemente el Centro Investigación Política y Económica (CEPR, por sus siglas en inglés), con sede en Londres y enfocado en el desarrollo político y económico de Europa, dio a conocer un estudio en el que su autor, David Rosnick, relaciona las horas de trabajo y el cambio climático, concluyendo que reducir paulatinamente el tiempo dedicado a la actividad laboral contribuiría significativamente a reducir los efecto de dicho fenómeno natural, un intercambio en el que además los trabajadores pueden resultar beneficiados, pues según el análisis del CEPR, estas modificaciones también aumentarían la productividad y, por consiguiente, la riqueza generada.

En Europa, griegos y polacos  son, en promedio, quienes más trabajan en Europa (2038 horas al año y 2045 horas en 2012, respectivamente; contra, por ejemplo, 1709 horas anules por trabajador en Estados Unidos, o 1715 en Japón), según cifras de The Conference Board; paradójicamente, no son los países donde, al menos en el Viejo Continente, dicho trabajo se traduzca en bonanza económica. En el caso de América Latina, un trabajador mexicano dedicó en promedio 2075 horas del 2012 a laborar, un colombiano 1956 y un brasileño 1841.

Según este y otros estudios, actualmente en Estados Unidos se produce 3.2 veces lo que se producía en 1950, esto a pesar de que entonces el promedio anual de horas trabajadas era de 1909. En Francia, igualmente se trabajan 684 horas menos que hace 12 años y se produce 4.7 veces más.

Y si bien estas cifras son promedios —en los cuales la medición no siempre es la más precisa—, parece evidente que no puede sostenerse más la relación entre horas dedicadas al trabajo, productividad y generación de riqueza.

Asimismo, valdría la pena inevstigar si la reducción de horas laborales en los países desarrollados no equivale al aumento de estas en los subdesarrollados, si esta es posible solo gracias a la explotación de la mano de obra barata que tanto allende las fronteras como en el propio país (sobre todo con la población inmigrante) y que por fenómenos como la globalización termina beneficiando.a unos a costa del perjuicio de otros.

También en Pijama Surf: Por qué no deberíamos trabajar más de seis horas.

[Alternet]


Comentarios

  1. yo dice:

    Excelente reflexión. De verdad :)

  2. iSRAEL dice:

    Pues ahí solo dice que me vayan a vivir a Francia.

  3. Lexintor dice:

    hay vídeos que con 4 horas se hace hasta competencia con los de 8 o +

  4. anonimo dice:

    Si a ud no le gusta su trabajo es una tortura

  5. Isa dice:

    Es posible y real.

    Antes que nada debemos cambiar nuestra mente adquiriendo nueva información sobre vehículos económicos que nos permitan trabajar menos y ayudar al planeta. Es posible haciendo parte del sistema de Network Marketing que masifique productos y servicios amigables con el medio ambiente y que esté respaldado con normas de calidad y de protección al medio ambiente.

  6. Synchro dice:

    Todo es posible.
    El trabajo debiera ser como cualquier otra cosa, voluntario y deseado.
    Uno de los trasfondos del trabajo en exceso es la evasión de la “realidad”. Dicen que una de las cosas más difíciles de hacer es, no hacer nada.
    Lo más valioso del trabajo es el servicio, o sea, el servir unos a los otros… de esa manera se cubren las necesidades.
    Esperemos que el consumismo tenga su lado positivo, y es el de hastiar a las personas de frivolidad, causando que desarrollen el deseo de una vida en paz, así la productividad perderá toda razón de ser.
    Salud.

  7. Jesus dice:

    Del libro ‘Perros de paja’, de John Gray, editorial Paidós:

    EL PROGRESO DE SÍSIFO

    Nada hay más ajeno a la época actual que la ociosidad. Si nos concedemos una pausa en nuestro trabajo, siempre es a condición de retomarlo más adelante.
    La excelente consideración que el trabajo tiene entre nosotros es aberrante. Pocas culturas han llegado nunca a compartir semejante aprecio. De hecho, durante toda la prehistoria y la mayor parte de la historia, el trabajo ha sido algo indigno.
    Entre los cristianos, sólo los protestantes han llegado a creer que el trabajo esté ligado a la salvación. El trabajo y la oración de la cristiandad medieval se alternaban con las festividades. Los antiguos griegos buscaban la salvación en la filosofía; los indios, en la meditación; los chinos, en la poesía y en el amor a la naturaleza. Los pigmeos de las selvas tropicales africanas –actualmente, casi en extinción– sólo trabajan para satisfacer las necesidades del día y pasan inactivos la mayor parte de sus vidas.
    El progreso desprecia la ociosidad. El trabajo necesario para liberar a la humanidad es ingente. De hecho, es ilimitado, ya que en el momento mismo en que alcanza un determinado nivel de éxito, empieza a aflorar otro nuevo. Obviamente, no se trata más que de un espejismo. Pero lo peor del progreso no es que sea una mera ilusión: lo peor es que es interminable.
    En la mitología griega, Sísifo se esforzaba por empujar una piedra para que rodase hasta la cima de una colina, desde donde volvía a caer ladera abajo. Robert Graves, en su libro ‘Los mitos griegos’, nos cuenta así su historia:
    “Hasta ahora no ha logrado hacerlo. En cuanto está a punto de alcanzar la cumbre, se ve obligado a retroceder por el peso de la malvada piedra, que vuelve a caer, dando saltos, hasta abajo del todo; y allí, abatido por el cansancio, la recoge y tiene que empezar de nuevo, aunque el sudor baña sus brazos y sus piernas, y una nube de polvo se alza sobre su cabeza”.
    Para los antiguos, el trabajo sin fin era el sello distintivo de un esclavo. Los trabajos de Sísifo son un castigo. Trabajando en aras del progreso nos sometemos a una labor no menos servil.



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