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Francis Scott Fitzgerald travestido: los días drag del Gran Gatsby

Arte

Por: pijamasurf - 02/22/2013

Una rara imagen de un joven Francis Scott Fitzgerald que, en sus años de estudiante, se vistió de mujer para actuar en un musical en cuya autoría contribuyó.

Con cierta frecuencia los escritores, y los artistas en general, destacan por su irreverencia, por la poca o nula importancia que dan a determinadas normas sociales y por el escándalo que suscitan cuando quebrantan muchas de estas ―así sea con la subversión pasiva de no ser como la mayoría del mundo es.

Como posible prueba de esto último presentamos esta fotografía que, a primera vista, pareciera el retrato de una dama victoriana, una mujer decimonónica con alguno de sus vestidos más galantes, en disfrute pleno de su belleza y también de ese momento de narcisismo y amor propia que es posar frente a la lente de un fotógrafo.

Pero, para sorpresa de muchos, la realidad es muy distinta. Primero, no se trata de una mujer, sino de un hombre, nada menos que Francis Scott Fitzgerald, uno de los escritores estadounidenses del siglo XX más celebrados, miembro destacado de la llamada “Generación Perdida” (bautizada así por Gertrude Stein) a la que también pertenecieron, entre otros, Ernest Hemingway, T. S. Eliot y John Dos Passos.

La fotografía data de 1916, cuando Fitzgerald cursaba su tercer año en la Universidad de Princeton. En esta época, el futuro autor de El Gran Gatsby pertenecía a The Princeton Triangle Club, un grupo dramático para el que escribió guiones y letras de canciones, por ejemplo, para el musical The Evil Eye! en el que participó travestido, tal y como se ve en la imagen.

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Arte

Por: pijamasurf - 02/22/2013

El asombro es una parte esencial de la experiencia artística y estética, esa reacción que perturba y por un momento nos saca de nuestra realidad, nos disloca, nos hace dudar de nuestra percepción.

Esta cualidad, sin embargo, puede nacer de muy diversos motivos. Puede ser que el artista escandalice los valores morales de la época, que resuelva de manera imprevista y genial las contradicciones estéticas de una época, que innove los procedimientos con que se acostumbra hacer arte en determinado tiempo, etc.

En el caso de los fotógrafos de origen ruso Dennis Maitland y Tom Ryaboi, este asombro se debe la situación de riesgo en la cual se colocan para obtener sus imágenes, escalando edificios y otras estructuras sin ningún equipo más que sus propias habilidades corporales para después, en la cima, encontrar el ángulo más admirable, y quizá también el más peligroso.

Practicantes de esa disciplina entre acrobática y artística que se conoce como skywalking, particularmente popular en Rusia, Maitland y Ryaboi se han hecho acreedores de esa popularidad efímera, como todas, que es el aplauso del público en Internet, el vistazo de quien se detiene por unos pocos segundos para dedicar una mirada de sorpresa al trabajo de estos muchachos ―para después pasar a otra cosa.

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