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Gracias a la investigación de la Universidad de Hokkaido, científicos han podido confirmar que los calamares vuelan y han descifrado como estos animales marinos se mantiene en el aire.

Desde hace tiempo ha habido anécdotas de calamares voladores que salen del agua y logran permanecer momentáneamente en el aire, pero fue tan solo recientemente gracias a la investigación Jun Yammamoto de la Universidad de Hokkaido que se pudo confirmar el rumor y descifrar la manera en la cual estos animales marinos logran volar.

En julio del 2011, Yammamoto y su equipo estaban siguiendo un gran grupo de calamares (Todarodes Pacificus) cuando notaron que al acercárseles con el barco, los moluscos se disparaban al aire por una distancia de treinta metros a la impresionante velocidad de 11.2 metros por segundo.

Los investigadores explican que los calamares logran dicha hazaña al disparar un chorro de agua a través de su sistema con forma de embudo, al estar en el aire se deslizan abriendo sus aletas y brazos. La combinación del impulso y la extensión de sus cuerpos les da una forma aerodinámica que permite que los calamares sigan una ruta estable, lo que hace que los científicos confirmen que los calamares vuelan y no solo saltan.

Los científicos creen que el vuelo del calamar se puede explicar como parte de su mecanismo de defensa, para que puedan huir rápidamente de un predador.

El estudio completo de Jun Yammamoto será publicado en Marine Biology.

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Equinoccio de Primavera/Otoño 2013: la cíclica vuelta de la renovación y el cambio

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/15/2013

El equinoccio es un punto en el calendario que, como los límites míticos, marca la frontera entre los viejos y los nuevos hábitos, el mundo como era y el mundo como, quizá, puede ser.

Equinox, Scott Facon

Este 20 de marzo a las 11:02, Tiempo Universal, ocurrió el equinoccio, ese emblemático día del calendario en que el día y la noche duran lo mismo y que en el hemisferio norte marca el inicio de la Primavera y del Otoño en el sur.

 

(Aquí la información del Equinoccio de otoño y primavera de septiembre 22 del 2016)

Desde tiempos remotos, y en prácticamente todas las culturas, este día se ha señalado como un momento de renovación y de cambio. En la mitología griega, por ejemplo, se representó con la liberación de Perséfone, mantenida en cautiverio por Hades en el inframundo durante todo ese tiempo en que la tierra permanece estéril y triste para después, con la vuelta de la hija de Deméter, re-conocer la floración y el reverdecimiento.

Pero incluso en el caso del otoño en las regiones australes, se trata todavía de una última oportunidad de acción antes del invierno y sus limitaciones.

 

 

 

 

Asimismo, es innegable la relación de la Primavera con el Amor, acaso la potencia última que se encuentra en el fondo de dicho espíritu. Sacudirse el entumecimiento de los miembros, mirar el mundo con otros ojos y, por qué no decirlo, sentir de pronto que la vida vale la pena ser vivida y, lo que es mejor, amada.

 

Arde la juventud, y los arados

Peinan las tierras que surcaron antes,

Mal conducidos, cuando no arrastrados,

De tardos bueyes cual su dueño errantes;

Sin pastor que los silbe, los ganados

Los crujidos ignoran resonantes

De las hondas, si en vez del pastor pobre

El céfiro no silba, o cruje el robre.

 

Mudo la noche el can, el día dormido

De cerro en cerro y sombra en sombra yace.

Bala el ganado; al mísero balido,

Nocturno el lobo de las sombras nace.

Cébase —y fiero deja humedecido

En sangre de una lo que la otra pace.

¡Revoca, Amor, los silbos, o a su dueño,

El silencio del can siga y el sueño!

 

En efecto, como en estas octavas de Góngora (de su Polifemo), el hálito de la Primavera se extiende y se dispersa, embriagándonos con su pasión, haciendo que no nos importe dejar lo que estamos haciendo, lo que supuestamente parece necesario, para, mejor, inclinarnos la siempre impostergable urgencia de amar el mundo y renovarlo al tiempo que nos renovamos a nosotros mismos.