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Transformar información en conciencia, y esta a su vez en cotidianidad, es el proceso básico que define el reto de nuestra generación: ser congruentes.

*Imagen tomada de Instagram (paradoxeparadis)

"Walk the talk"

Generacionalmente somos un grupo  privilegiado. Disponemos hoy de una cantidad de información que apenas hace unas décadas era difícil de concebir, y los flujos de data circulan con inédita soltura y velocidad. Sin embargo, los retos que enfrentamos de manera colectiva se han complejizado, de manera proporcional,  a esta facilidad informativa. 

Si bien antes acceder a cierta información  calificaba como proeza, algo asequible solo para los más osados, los más afortunados o para unos cuantos "iniciados", ahora estamos ante un par de interrogantes cruciales: ¿cómo reforzar la transformación de información en conciencia? y sobretodo ¿cómo hacer que esa conciencia se proyecte tangiblemente en nuestra vida diaria?

Si intentáramos definir un modelo en el cual se basa nuestra evolución consciente, podríamos proponer una dinámica basada en lo siguiente: obtención de información, procesamiento de data, construcción de conciencia y, finalmente, materialización de esta conciencia. Y, por cierto, este último paso podría considerarse como el máximo reto de nuestra generación. 

Información en Conciencia

Acumular información selecta ya no implica un gran merito (esto a pesar de que distinguir en un maremágnum de data cuáles son las hebras más lúcidas o benéficas, sin duda requiere de una cierta dedicación). El procesar dicha información, para eventualmente traducirla en conocimiento y luego en conciencia, es una especie de obligación existencial, sobretodo si partimos de la premisa que la data por sí sola no implica beneficio alguno y, en cambio, si puede intoxicarte o inclusive alimentar tu ego, sugiriéndote que ‘sabes mucho’.

Desconozco si existen reglas o fórmulas para guiar este proceso, pero por lo pronto propondría dos acciones esenciales para alcanzar con éxito este objetivo. Por un lado tenemos el ‘ejercer’ la información, experimentándola para lograr así su “desconceptualización” y carearla con lo mundano –recordemos que a fin de cuentas este terreno será el receptor final, o semifinal, de toda esta alquimia informativa–. Como complemento a este ‘vivir’ la información que vas recolectando, creo que el segundo acto sería, en esencia, el compartir los frutos de esa experiencia, honrando así su naturaleza de flujo. 

Conciencia en Congruencia

Una vez sensibilizados los bits de información que vamos recolectando, proceso al cual podríamos atribuirle el carácter de ‘construcción de conciencia’, aún resta una fase fundamental para consumar la gran obra de data-alquimia: sumergirte genuinamente en esa conciencia y embalsamar con ella tu vida cotidiana. Para lo anterior existe un término que si bien es popularmente dimensionado, lo cierto es que pocas veces se aplica como una filosofía de vida: la congruencia.

La congruencia podríamos definirla como una pulcra sincronía entre lo que sabes, es decir aquello de lo que eres conciente, lo que predicas, y lo que haces. Esta sintonización de pensamientos, palabras y actos, ha sido enaltecida como fundamento en múltiples tradiciones místicas, modelos filosóficos, y postulados éticos. Incluso hay quienes afirman que esta virtud es la clave para la felicidad –Gandhi afirmaba que esta última “ocurre cuando lo que piensas, lo que dices, y lo que haces, se encuentran en completa armonía”. Sin embargo, créanme, se trata sin duda  del paso más complicado. ¿Cuántas veces hacemos algo que sabemos que no será benéfico para nosotros o nuestro entorno? Al menos yo, demasiadas.

El reto (¿estás listo?)

Resulta relativamente fácil, considerando la cantidad de data accesible, entretejer vistosos discursos evolutivos, teorizar sobre la posibilidad de alcanzar en un futuro próximo radiantes escenarios de vida, o trazar emocionantes panoramas. Pero también es claro que la pirotecnia retórica –aunque no niego que puede ser inspiradora, y en este sentido juega rol de cierta relevancia– está lejos de ser suficiente para poder completar nuestra ‘gran obra’ generacional (la cual consiste en gestar un nuevo programa de realidad que manifieste cabalmente principios como la justicia, la equidad, el bienestar compartido, etc).

Y a propósito de esto, creo que vale la pena retomar unas líneas incluidas en el texto “Revolución no, Renacimiento sí (sobre el aquí, el ahora, y la congruencia)”, publicado aquí mismo, en Pijama Surf, a mediados del año pasado:

Pero estos ecos propositivos ya no son suficientes. Si yo (que a la vez soy tú) no me hago responsable de mi vida, de cada instante que se trenza a lo largo de cada día de mi vida, si no tengo la voluntad para materializar esa conciencia en cada uno de mis actos, si no soy capaz de traducir mi discurso evolutivo en ese axis del momento presente, si no logro sintonizar mis pensamientos con mis acciones y mi discurso con mi corazón, entonces habremos perdido, una vez más, la oportunidad de compartir un dorado amanecer. […] El verdadero heroísmo descansa en micro-decisiones concertadas de manera permanente (la épica es una secuencia tan larga como microscópica). La conciencia está (afortunadamente) de moda. Pero la única ruta posible hacia un ‘algo’ mejor es la congruencia. Los tiempos de presumir nuestra disposición a participar en un futuro más luminoso han terminado.

* Zig Zag mantra

Congruencia no es transmitir el eco de los grandes maestros ni dibujar potenciales paraísos evolutivos. Congruencia no es predicar acciones inspiradoras o emitir tuits de misticismo pop. Congruencia no es hablar sobre el camino, ni presumir proyectos de vida. Congruencia no es acumular información opulentamente sofisticada, o estudiar el trayecto de personas ejemplares. Y ciertamente congruencia no es escribir un artículo en Pijama Surf sobre las mieles de ser congruente (lo cual admito que, desde cierta perspectiva, es francamente grotesco).

Poiesis

Para concluir, me gustaría aludir brevemente a la poiesis, antecedente etimológico del término poesía, que se refiere a “hacer, a consumar un acto continuo de transformación del mundo", a ejercer la poética de manera vivencial. Hagamos pues poesía. Culminemos la obra o disolvámonos en el intento, de cualquier forma no hay mucho más que alguna de estas dos opciones. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar 

 

Telepatía onírica, precognición y sueños compartidos: la mensajería del espíritu (II/II)

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 01/20/2013

Un breve recorrido por el fascinante mundo de la telepatía en los sueños, los sueños compartidos y hasta los sueños lúcidos mutuos (quizás el futuro del diseño de realidades), desde la investigación científica hasta el sentido filosófico y la dimensión poética que suscitan.

Louis Janmot: "El Poema del Alma"

"All human beings are also dream beings. Dreaming ties all mankind together," Jack Kerouac.

"Todos los objetos que creemos ver [en los sueños] indican un deseo del alma", Hipócrates.

En la primera parte de esta serie analizamos la creencia en que algunos sueños tienen un origen divino o espiritual y pueden transmitir información oracular y precognitiva --desde casos científicos hasta referencias históricas inscritas en una narrativa simbólica y mitopoética. En esta segunda y última parte nos concentraremos en la comunicación telepática que ha aparecido históricamente en los mitos y en la literatura y recientememente tema de investigación científica. Intentaremos  explicar o encontrar un sentido, si no científicamente, sí poética o metafísicamente, a la telepatía onírica  y a la ominosa cualidad que parecen tener ciertos sueños

Montague Ullman, el fundador del Dream Laboratory en el Maimonides Medical Center y una de las figuras claves en el estudio de la parapsicología de los sueños, ha recopilado una serie de anécdotas históricas sobre telepatía en los sueños, además de haber realizado numerosos experimentos científicos. Tenemos, por ejemplo, la historia del rey Nabucodonosor, quien  frustrado por no recordar un sueño que le había dejado una fuerte impresión --y que sus propios interpretes no lograran auscultarlo-- le pidió ayuda al profeta Daniel, quien rezándole a Dios vio el sueño de Nabucodonosor en una visión nocturna, en lo que parece ser uno de los primeros episodios registrados de telepatía onírica, aunque esta no fuera en el mismo momento.

El filósofo griego Demócrito, famoso por su teoría de que el mundo está compuesto de partículas indivisibles o átomos, desarrolló una de las primeras teorías físicas para explicar la telepatía en los sueños. Según Demócrito los átomos constantemente emiten imágenes de sí mismos, las cuales a su vez  están compuestas de otros átomos; las imágenes proyectadas por las cosas vivas, cuando cargadas emocionalmente, pueden transmitirse a un soñador (o a un sujeto perceptual). "La importancia que le asignaba al estado emocional  del emisor o agente es consistente con la evidencia y los relatos de la actualidad", dice Ullman. Una versión más sofisticada de la teoría de Demócrito ha sido propuesta por el biólogo Jeremy Narby, quien sugiere en su libro The Cosmic Serpent que una comunicación entre ciertas plantas y chamanes del Amazonas podría ocurrir a nivel molecular, quizás directamente a través de una radiación del ADN.

Otra antigua explicación de la información que puede obtenerse en los sueños tiene que ver con la concepción oriental de que el sueño es un estado intermedio o bardo y durante este intermedio de la conciencia el alma puede dejar el cuerpo "bajo la protección de la respiración" y vagar por el espacio e incluso por las dimensiones astrales.

EXPERIMENTOS DE TELEPATÍA ONÍRICA

La telepatía en los sueños ha sido investigada por la ciencia por lo menos desde hace 60 años. El experimento clásico que se ha diseñado es una dinámica en la que un emisor o agente intenta transmitir una imagen a un participante o perceptor dormido. En 1953 el psicoterapeuta Wilfred Daim transmitió un símbolo geométrico y un color en combinación aleatoria con un porcentaje de éxito del 75%. Por la misma época Ullman y Dale iniciaron experimentos de sincronicidad en los que exploraron la correspondencia entre sueños grabados y eventos que ocurrieron  en sus vidas diarias.

En junio de 1964 se iniciaron los experimentos en la clínica Maimonides usando monitoreo encefalográfico, probablemente los más citados en la literatura médica. A grandes rasgos el diseño del experimento es el siguiente: un grupo de 12 voluntarios  es conectado a unos electrodos para medir su entrada al sueño R.E.M; una vez que esto sucede un agente, que sólo ha tenido contacto con los voluntarios al momento de colocarles los electrodos, empieza a transmitir una imagen (una de 12 pinturas seleccionadas al azar) pensando en ella y dibujándola. Después los voluntarios comunican al agente el contenido de su sueño, narrando lo sucedido y haciendo asociación libre. Un grupo de tres jueces externos recibe las transcripciones de los reportes y copias de las 12 pinturas usadas en tarjetas postales. Los jueces realizan una evaluación siguiendo el método de análisis de Schaffé.

Los resultados de los experimentos Maimonides no siempre fueron significativos, pero en el caso de algunos sujetos se registró una extraordinaria correspondencia telepática entre la emisión y la recepción. Uno de estos casos fue el del también parapsicólogo Robert  L. Van de Castle, quien fuera apodado "El Prínicpe de los Perceptores". Van de Castle cuenta sobre su primera partipación en estos experimentos:

La imagen seleccionada aleatoriamente fue El Descubrimiento de América por Cristobal Colón, de Salvador Dalí. La pintura muestra a un joven Colón en una secuencia onírica sobre su futuro viaje a través del Atlántico. La Virgen María aparece en un estandarte llevado por Colón mientras que camina por una playa. Lleva una túnica blanca transparente en la que se pueden apreciar sus pezones. Detrás están los barcos, una iglesia, unos sacerdotes y varios monaguillos también con túnicas blancas.

Entre las imágenes descritas esa noche en mi reporte REM habían referencias a "jóvenes figuras masculinas", "una mujer de Atlantic City o Atlantic Beach", "el tema de la maternidad", "una gran misa", "personas vestidas con ropa blanca" y "pijamas semitransparentes a través de las cuales se podían ver sus pezones". La mañana siguiente, antes de ver una selección de 8 imágenes, dije: "las personas estaban usando el tipo de pequeños hábitos blancos que usan los monaguillos" e indique que la imagen tenía que ver con algo de "significado nacional o histórico".

Van de Castle protagonizó numerosos experimentos en los que se registró un efecto telepático estadísticamente significativo y él mismo diseñó sus propios experimentos. Uno de ellos a través de la publicación  Dream Network Bulletin Telepathy Project en el  que se notificó a los lectores que estaría concentrándose en un imagen la noche del 17 de noviembre de 1985. La imagen seleccionada fue la de una indígena Cuna de Panamá frente a una choza de madera. Aunque hubo algunos reportes que describieron algunos rasgos de la imagen, lo más interesante fue que varios de los sueños de los lectores resonaron con los sueños que tuvo de Van de Castle esa noche, particularmente los de una mujer llamada  Claudia, como si hubieran navegado en sintonía por las mismas frecuencias oníricas 

SUEÑOS COMPARTIDOS

"I'll let you be in my dream, if I can be in yours." -Bob Dylan

Aunque parte de la telepatía onírica, los sueños compartidos merecen una mención especial. Hart ( Towards a New Philosophical Basis for Parapsychological Phenomena, 1965)  los define como "aquellos en los que dos o más soñadores se sueñan  en una situación en común en el tiempo-espacio, e independientemente recuerdan sus alrededores, su conversación o sus interacciones dentro del sueño".

El psicólogo de la Universidad de Stanford, Stephen LaBerge, la máxima autoridad en el estudio de los sueños lúcidos, escribe:

Recuentos de "sueños mutuos" sugieren que el mundo de los sueños en algunos casos puede ser tan objetivamente real como el mundo físico. Esto es debido a que el principal criterio para la "objetividad" es que una experiencia sea compartida por más de una persona, lo cual supuestamente ocurre en los sueños mutuos. En ese caso, ¿qué le sucedería  a la tradicional dicotomía entre los sueños y la realidad?

Los estudios de LaBerge con soñadores lúcidos que emiten una señal cuando han despertado dentro del sueño sugieren que experiencias en los sueños, como tener sexo, reportan las mismas señas fisiológicas que se registran cuando las mismas experiencias ocurren en la vigilia (mismas alteraciones en el ritmo cardiaco, respiración, etc.). Esto parece indicar que para el cerebro lo que ocurre en los sueños es igualmente real que lo que ocurre cuando estamos despiertos  (y recordemos la fras de Tim Leary "el cerebro está diseñado para diseñar realidades", asi que, ¿cuál es la verdadera y tajante diferencia entre los sueños y la realidad?).

Se dice que los sueños, donde es común un desdoblamiento de la persona en dimensiones etéreas, son responsable de la creeencia en lo espiritual -- el alma como la ficción del sueño. "El hombre creyó que estaba descubriendo una segunda realidad en el mundo de los sueños, y este es el origen de toda metafísca. Sin los sueños, la humanidad no hubiera tenido la ocasión de inventar tal división en el mundo", escribe Nietzsche. LaBerge está de acuerdo con Nietzsche, pero a diferencia del filósofo alemán se pregunta sobre la naturaleza de lo real y si la división entre esta y los sueños no es también un vició de la razón (la misma que dividió al cuerpo y a la psique): "Supongamos que la idea del alma-cuerpo deriva de las experiencias subjetivas del mundo de los sueños. Que se le otorgue o no al alma el estátus de realidad objetiva dependerá del estátus de realidad que se le de al sueño". Es decir, aunque la idea del alma sea generada por los sueños, la investigación científica moderna considera relevante cuestionarse la supuesta potestad que tiene el mundo de la vigilia sobre lo real. "Esto finalmente nos hace preguntarnos si la realidad física no es una especie de sueño compartido. ¿Quizás lo que realmente sucede es el resultado balanceado de una miriáda de interacciones generadas por todos nosotros soñando el sueño de la realidad consensual?", concluye LaBerge.

Para probar el poder de los sueños compartidos, se puede participar en línea en los proyectos colectivos de Oneironauticum (una comunidad que se reúne ciertos días agendados para intentar saltar juntos a los sueños y coincider en el espacio onírico) y hasta intentar ganar el concurso anual de telepatía onírica. O para los más atrevidos se puede intenatr hacer el paso dimensional a través del Gran Crisantemo y coexperimentar los peculiares mundos de la dimetiltriptamina participando en los Eventos Sincronizados en el Hiperespacio.

MENSAJERÍA DEL ESPÍRITU: DECODIFICANDO LAS TRANSMISIONES ONÍRICAS

Para concluir con esta breve serie investigando la comunicación extrasensorial o paranormal de los sueños (definiciones que quizás sean erróneas, ya que la telepatía no parecer ser algo demasiado fuera de lo normal y los sentidos que se usan parecen ser los mismos o solamente una acepción más sutil), quisieramos reflexionar sobre los mecanismos que permiten conectar a las personas entre sí durante los sueños (o conectarlas con partes de sí mismas que generalmente yacen inaccesibles) y tal vez darle un sentido existencial y filosófico a estas transmisiones. En la primera parte ya analizamos el papel que juega el inconsciente como profundo almacén de memorias desconocidas, arquetípicas y transpersonales, al nivel de que podríamos confundir lo espiritual o lo paranormal con información que simplemente no somos conscientes que sabemos. Y es que si ponemos un lente magnificante sobre nuestro inconsciente quizás descubramos que tiene el mismo tamaño que el universo. Ahora veamos otras teorías más alternativas. Según Ullman:

Una de las características del soñar es que escanea el pasado hacia depósitos de memorias remotas en el intento de vincular el impacto de una situación presente en una experiencia pasada. El resultado de esta búsqueda de información está organizado bajo un esquema de contigüidad emocional y no tanto en categorías  espaciales o temporales. Los datos pertinentes de telepatía onírica y sueños precognitivos sugieren que el proceso de escaneo puede, en ocasiones, superar brechas emocionales y espaciales para proveer información independientemente de todo canal de comunicación conocido.

El psicólogo Sigmund Freud, quien, en oposición a Carl Jung, ha sido representado como dueño de una mente racional y escéptica, en realidad sostuvo la creencia en formas de comunicación telepáticas por algunos periodos de su vida. Freud llegó a creer que la telepatía constituía un proto-lenguaje, usado por sociedades primitivas.

Según Jon Tolaas la telepatía onírica podría haber surgido como parte del vínculo entre la madre y el hijo. El joven indefenso al localizar una amenaza la incorpora a la imaginaria de su sueño y puede en ocasiones transmitirla al adulto protector, de alguna forma borrando la barrera entre la vigilia y el sueño --una barrera que de todas maneras es borrosa en ciertas culturas.

Ullman considera que ya que el sueño REM es anetrior al sueño de ondas lentas, "la telepatía onírica puede concebirse como el medio original para mantener los lazos comunicacionales en los periodos simbióticos tempranos de todas las especies mamíferas, cuando los canales 'ordinarios' no logran cruzar la división temporal y espacial entre padres e hijos".

EL FUTURO DE LOS SUEÑOS (UTOPÍA, SANACIÓN Y SALTOS DIMENSIONALES)

Quizás el cúlmen, la graduación de arte del (en)sueño sea lograr tener sueños lúcidos compartidos. Según refieren anécdotas del yoga tibetano de los sueños, de los libros de Carlos Castaenda o como hemos visto anteriormente aquí, es posible viajar a espacios oníricos en los que se puede tener interacción consciente con diferentes personas o entidades. En la saga de Castaneda, el brujo yaqui Don Juan Matus lo instruye en el Arte de Ensoñar, una serie de técnicas aparentemente toltecas (aunque podrían contener elementos sincréticos) desarrolladas por los "naguales" para cruzar dimensiones y entablar una relación de poder e intercambio energético con seres inorgánicos (posiblemente dioses o entidades guardianas de mundos que parecen alimentarse del hombre). Estas dimensiones parecen tener una realidad independiente hasta cierto punto del soñador --o al menos consistente y resonante con la arquitectura de la mente colectiva. Uno podría pensar en que son niveles dentro de un videojuego que persisten y se repiten hasta que no se logren superar --hasta que no se mate al monstruo o hasta que no se logre burlar la vigilancia y encontrar una puerta. Asimismo parte de las enseñanzas implican desarrollar --en una especie de materialización eteréa-- un doble. Este doble es una proyección psíquica indistinguible de la persona que es capaz de estar en otra parte, en sueños (pero los sueños ya se han fundido con la realidad) y vivir experiencias conscientemente --por ejemplo tomar una copa en un bar con una mujer en la Ciudad de México y al mismo tiempo estar en una montaña en el estado de Morelos. Esto presenta una alternativa en casos extraordinarios, por ejemplo, una pareja que está separada por causas insuperables dentro de una realidad puede encontrar el sosiego en otra  realidad onírica y fundirse en el abrazo que le ha sido negado --pero solo en un orden de lo real.

Toda gran historia de amor empieza con un sueño o con una visión (un sueño despierto). Todo gran despertar espiritual empieza con un sueño. La imagen desnuda del alma. La máquina magnética que proyecta sus cintas desde las estrellas. El velo que se estremece en un destello que lo atraviesa.

La telepatía en sueños lúcidos representa quizás el esquema más brillante al cual puede aspirar el ser humano --a convertir el mundo que experimenta en un mundo diseñado mutuamente en sueños. Como los personajes de la película Inception, pero a una escala planetaria: en el sueño a todos se nos presenta la posibilidad de ser el demiurgo, el arquitecto. Y es que, según los Vedas, el mundo que vivimos fue creado en la mente de la divinidad --somos el sueño de alguien más. Pero si somos la imagen de la divinidad, en ese espejo de juego que se abre, tenemos la posibilidad de soñar nuestro propio mundo. 

De estos experimentos, los cuales sugieren que la telepatía onírica es posible, surgen nuevas posibilidades de interconexión y asistencia evolutiva. De la misma manera que millones de personas rezan creyendo que sus pensamientos y palabras pueden ayudar a alguien más, es posible quizasr dirigir sueños de manera colectiva e individual para lograr un efecto deseado. Inspirar una imagen de belleza, de seducción y sanación --un poderoso símbolo o la revelación de un enigma-- o quizás conectarse con una persona querida para intervenir en sus sueños como guía, acaso como Virgilio y Beatriz en el camino de Dante fuera del Infierno y hacia el Paraíso (y es que todos enfrentamos velados en la cotidianidad, que poco escucha lo simbólico, nuestros propios inframundos y nuestras propias dimensiones astrales).

Experimentos de este tipo podrían realizarse de manera similar a aquello en los que cientos de personas meditan con una intención -- logrando efectos como reducir el crimen en una ciudad. Somos lo que soñamos, pero este río secreto de gran riqueza (el río del eidolon) que quizás nos conecta con un mar cuyas olas rompen por encima de las estrellas y por debajo de la piel, pasa generalmente de noche, desapercibido, como una constante voz silenciosa que dice nuestro nombre y habla sobre nuestra vida más allá de nuestra memoria consciente,  en un punto, como un horizonte que conecta el cielo y la tierra, en el que nuestra mente y nuestro espíritu se funden. Escuchar esta voz silenciosa y observar las imágenes que emite nuestra alma, una vez que se depura la percepción y se abre el caudal hacia la indómita corriente del  inconsciente, es sin duda una de las claves para integrar  la multiplicidad psíquica que somos y que nos mantiene fragmentados (la sombra con sus ángeles y demonios)... Es probablemente una de las claves para encontrar un sentido en la vida --en una dimensión que nos presenta con un irresoluble misterio-- y no ser, como nos advirtiera Jung, esclavos de nuestro inconsciente (llamándolo destino). Y es que tal vez  la telepatía onírica ocurre diariamente: es la comunicación de nuestro espíritu. Un espíritu que busca no tener que ser ajeno ni distante, que busca hablar con una sola voz --mente, cuerpo y espíritu: la flor de luz en el crisol.

Twitter del autor: @alepholo

Con información de:  

Extrasensory Communication in Dreams

Our Dreaming Mind

Lucidity (Stepehn LaBerge)

Primera Parte: Telepatía y precognición en los sueños: la mensajería del espíritu (I/II)