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Joven ruso muere practicando zorbing, deporte extremo en el que controlas enormes esferas de plástico (VIDEO)

Por: pijamasurf - 01/09/2013

Los llamados “deportes extremos” no reciben esta denominación por casualidad: son verdaderas pruebas de riesgo para el temple y la voluntad de supervivencia de una persona. Si bien la mayoría de ellos se realizan bajo estrictas medidas de seguridad, la probabilidad de que suceda un accidente —fatal en el mejor de los casos— siempre es alta.

Esto fue lo que le ocurrió a un par de hombres en Rusia que probaron suerte en el zorbing, un “deporte” más o menos reciente que consiste en introducirse en un esfera de plástico transparente que a su vez está inserta en otra: la interior de casi 2 metros de diámetro y la exterior de poco más de 3m. El objetivo es liberar este singular transporte y controlarlo su desde dentro.

Sin embargo, para la mala fortuna de Denis Burakov y Vladimir Shcherbakov, de 27 y 33 años de edad, respectivamente, las cosas no terminaron como lo esperaban.

Denis  acudió a la montaña Musa Achitara, en el Cáucaso, para celebrar ahí la llegada del 2013 de una manera más bien tradicional: esquiando, pero al presentársele la oportunidad de practicar zorbing, no dudó en intentarlo, teniendo como acompañante circunstancial a Vladimir.

Filmados por personal del lugar, el video resultante es sumamente estremecedor, pues se observa la dolorosa transición entre el momento en que los hombres pierden el control de las esferas como consecuencia de su muerte, en el caso de Denis, y de una conmoción cerebral en el caso de Vladimir. Denis sufrió fracturas letales en su cuello y espalda antes de ser expulsado del zorb.

Al parecer la tragedia se debió a que la pendiente por la que descendieron los hombres fue de 70°, una inclinación a todas luces excesiva cuando el límite que habitualmente se fija para el zorbing es de 40°. De entrada esto provocó que la esfera alcanzara una velocidad y una aceleración prácticamente incontrolables que algunos comparan con la de un transporte espacial.

Las autoridades policiales ya han iniciado una búsqueda de los administradores de este entretenimiento por ofrecerlo sin las medidas de seguridad adecuadas.

[Huffington Post]

El alemán Pantha du Prince, en compañía de The Bell Laboratory, estrenan un sublime álbum, ideal para recordar lo afortunados que fuimos ese día en que la música nació.

Aún no completamos las primeras dos semanas del 2013 y ya empiezan a florecer notables delicadezas sonoras. Y por qué no respaldar la anterior afirmación presentando el nuevo álbum de Hendrik Weber (aka Pantha du Prince), el refinado músico alemán que en esta ocasión se unió con los noruegos de The Bell Laboratory, para crear una exquisita obra: Elements of Light

Además de la virtuosa dupla de proyectos musicales que se asociaron para dar vida a esta audio-odisea, el papel protagónico recae en un carillion, milenario instrumento chino que se compone de aproximadamente cincuenta grandes campanas de bronce y llega a pesar hasta tres toneladas. A lo largo del álbum, la totémica presencia de este instrumento asume el rol, como si se tratara de una especie de axis mundi, de un angelical soporte para el microcosmos sonoro a partir del cual emanan sublimes hebras de minimal techno (las cuales terminarán por desdoblarse en una experiencia paradisiaca–.

Vale la pena recalcar el idílico romance que Pantha du Prince ha entablado con el sonido de las campanas, fascinante intercambio que si bien comenzó en su primera producción, Diamond Daze (2004), lo cierto es que en Black Noise (2010) y sobretodo en Bliss (2007), alcanza tintes epifánicos –por cierto, este último bien podría incluirse entre los mejores discos de la pasada década–. En esta ocasión, reforzado por los chicos de The Bell Laboratory, el alemán vuelve a recurrir a esa metálica, y mística, resonancia que solo las campanas, en un acto de alquimia sonora, pueden canalizar. 

 El primer track de Elements of Light, 'Wave', pareciera que fue contemplado a manera de breve introducción entre el carillion y nosotros (como una cita a ciegas con un ancestral maestro). Ya en 'Particle', la segunda pieza del disco, nos reencontramos con esa elegante rebeldía que ha caracterizado sus anteriores producciones: nos envuelve en una suculenta base de techno minimalista, incluidos destellos de microhouse evanescente y alusiones al minimalismo clásico (aquel representado por 'los grandes', como Steve Reich). Este track, en  asociación con el siguiente, 'Photon', desatan oficialmente un onírico neuro-dancefloor. Continuamos con 'Spectral Split', sus 17 minutos de duración son suficientes para albergar por si misma una narrativa completa –de algún modo es un pantone auditivo que, recordando la estructura holográfica, representa la totalidad del álbum a pesar de ser 'solo' un fragmento del mismo–. Finalmente llegamos a 'Quantum', un cortés fade-out que nos regresa a nuestro entorno original después de haber presenciado coreográficas apariciones de seres lumínicos y, por qué no, incluso coqueteado con un par de auroras boreales.

Difícilmente Elements of Light dejará de ser tomado en cuenta dentro de unos 11 meses, cuando decenas de medios y 'especialistas' estén armando su recuento de la mejor música del 2013.   

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar