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Estudiante rechaza chip de geolocalización por considerarlo "la marca de la bestia"

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/20/2013

Por motivos religiosos y por la clara asociación con "la marca de la bestia", Ángela Hernandez, de 15 años, se negó a portar una credencial con chip que permite localizar a los alumnos de todo un distrito escolar en Texas; por su renuencia a acatar esta orden, la escuela la expulsó.

La simbiosis entre el ser humano y los dispositivos electrónicos se encuentra sumamente cerca de alcanzar un grado estrecho en el que ambas entidades convivan orgánicamente y nuestros cuerpos sean uno con las máquinas.

Prueba de ello son los sistemas de geolocalización que, reducidos a las dimensiones de un pequeño chip, pueden implantarse en el interior de una persona para saber en todo momento el lugar donde esta se encuentra. Su uso es común, por ejemplo, entre grandes empresarios y ejecutivos de importantes firmas trasnacionales cuya pérdida se considera lamentable en sus respectivos ámbitos.

Por desgracia este tipo de tecnología también puede trasladarse a otros contextos en un esfuerzo mucho más encaminado a la creación del estado de vigilancia y control vaticinado por tantos pensadores, escritores y filósofos en el siglo XX, un panóptico de estructuras invisibles apoyado únicamente en este tipo de recursos.

En Texas, escuelas del distrito de Northside, implementaron un programa para sus alumnos que consiste en la portación de una credencial que, además de sus datos, cuenta con un chip que permite conocer su posición exacta siempre que lleven el documento consigo, un método que se conocen como “identificación por radiofrecuencia”.

Y si bien la mayoría acató este nuevo requisito escolar, una estudiante de 15 años, Ángela Hernández, se negó a usar este dispositivo de rastreo, apoyando su renuencia en motivos religiosos.

Ángela proviene de una familia sumamente devota que vio en este sistema de control escolar y en el chip de identificación una manifestación clara de “la marca de la bestia” , el conocido símbolo que se menciona en el Apocalipsis de Juan:

Y hacía que a todos, a los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pusiese una marca en su mano derecha, o en sus frentes, y que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.

Ante esta conducta de desobediencia, las autoridades escolares determinaron expulsar a la joven, impidiéndole la reincorporación a ninguna de las instituciones del distrito para los cursos que comienzan este 22 de enero.

Instancias judiciales confirmaron la decisión de la escuela, alegando que la medida no viola las creencias religiosas de la familia Hernández y, simplemente, Ángela fue expulsada por no acatar las reglas de la escuela.

[RT]

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En México tener tatuajes todavía es motivo de discriminación laboral

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/20/2013

Los tatuajes, asociados durante mucho tiempo con valores negativos para la moralidad burguesa, son en México motivo de discriminación laboral y segregación entre las personas que los portan; al menos esa es la opinión de un grupo de encuestados por la firma OCC Mundial.

Por mucho tiempo los tatuajes se han asociado a valores negativos en el marco de una sociedad que privilegia la higiene —en cualquiera de sus expresiones— como reflejo de la “honorabilidad” de una persona. Prejuiciosamente, tener tatuajes se remite a un comportamiento propio de clases bajas y marginadas, de delincuentes y miembros de sectas secretas que poco o nada aportan al progreso de la humanidad, un pensamiento que sin duda suena anacrónico y caduco pero que, en países como México, tiene una sorprendente vigencia.

Al menos esa es la realidad que refleja una encuesta realizada recientemente por OCC Mundial, firma que por medio de Internet se aboca a contactar empleadores y posibles empleados.

Según OCC, 7 de cada 10 personas consideran que tener tatuajes es motivo de discriminación social, mientras que 6 de cada 10 piensan que esta encuentra una expresión particular en el ámbito laboral.

La muestra constó de 2500 personas asiduas a la página, de las cuales un 77% asegura que la marginación a la que aluden se relaciona, por ejemplo, con tener menos oportunidad de conseguir el mismo trabajo que una persona sin tatuajes. Como explicación a este comportamiento, solo 3 de cada 10 suponen que este se debe al vínculo —imaginario o real— que existe entre el tatuaje y ciertas enfermedades que se transmiten por una mala práctica.

Curiosamente, entre estos mismos encuestados pocos se definieron francamente a favor de las personas tatuadas, pues a pesar de aceptar la marginación o segregación, una vez que se les planteaba la posibilidad de encontrarse del otro lado y ser ellos quienes tuvieran la oportunidad de contratar a alguien con tatuajes, entonces tan solo el 29% aceptó que lo haría si los tatuajes estuvieran en un área visible del cuerpo, 32% si lo tatuajes se encontraban en áreas no visibles y 36% condicionó la hipotética contratación al tipo de trabajo que desempeñaría el individuo.

Relacionada con esta variable un apartado final exploró las razones por las cuales el encuestado no contraría a una persona tatuada: 68% no lo haría por cuestiones de imagen, 39% por asociar los tatuajes con falta de profesionalismo y 30% por considerarlo un signo de rebeldía.

[CNN]