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Esculturas anamórficas de Jonty Hurwitz: un desafío a nuestra percepción sensorial (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 01/22/2013

El anamorfismo es uno de los fenómenos ópticos más sorprendentes que existen, en el cual nuestra percepción se ve desafiada por la precisa manipulación de la perspectiva, célebre en las artes visuales tanto por el famoso cuadro Los embajadores, de Holbein, como por algunos de los dibujos y grabados del popular M. C. Escher.

Sirviéndose de esta técnica pero trasladándola a las tres dimensiones, el escultor Jonty Hurwitz, nacido en Johannesburgo pero residente en Londres, elaboró estas piezas que, a primera vista, no parecen nada más que objetos informes y carentes de significado visual o espacial, pero a las cuales basta poner frente a un cilindro metálico perfectamente pulido para que, en el reflejo, se revele el sentido de la escultura, o situarse en la perspectiva correcta para descubrir la cuidadosa labor del artista, que tiene como antecedente, como en todo trabajo anamórfico, exhaustivos cálculos matemáticos en los que el número irracional π tiene un papel protagonista.

Se trata, en suma, de un proceso que combina el desciframiento y la duda, el cuestionamiento de nuestra percepción sensorial como mecanismo de aprehensión del mundo y, al mismo tiempo, la pregunta por la realidad o la veracidad de eso que nuestro sentidos nos hacen percibir.

Las piezas de Hurwitz se exhibirán próximamente en Londres como parte de las actividades de la Kinetica Art Fair (28 de febrero a 3 de marzo; Ambika P3, 35 Marylebone Road, NW1 5LS).

[My Modern Met]

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Arte

Por: pijamasurf - 01/22/2013

Una de las razones por las cuales la guerra es uno de los motivos predilectos de las disciplinas artísticas, ya desde tiempos remotos, es que esta hace emerger algunas de las características más esenciales de la naturaleza humana, rasgos que en “tiempos de paz”, si es que esto es posible, permanecen ocultos e ignorados. En estos casos la función del arte casi siempre ha sido rescatar ese cariz trascendente del momento crítico, dejar constancia de lo que, sea por mínimo o por ominoso, por aparentemente insignificante o terrible hasta la ignominia, queda en las márgenes de los grandes relatos históricos. Un poco en el sentido del famoso poema de Bertolt Brecht, Preguntas de un hombre que lee: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo?”

En México, en años recientes ha ocurrido lo que no pocos analistas, activistas y otros voceros de la opinión pública denominan una “guerra”, en vista de que el conflicto armado nacido a la sombra del tráfico de drogas ilegales parece tener todos sus requisitos: decesos, un flujo incesante de armas de fuego, desplazados, refugiados, movilización del ejército nacional, etc.

Partiendo de esto, la fotógrafa estadounidense Katie Orlinsky realizó, entre 2007 y 2011, un estudio de las mujeres encarceladas como consecuencia de esta situación, en particular las que se encuentran en la prisión femenina de Ciudad Juárez, probablemente uno de los puntos más emblemáticos no solo de la circunstancia mexicana sino de las razones estructurales de las que esta localidad fronteriza es una expresión, un cruel reflejo.

Orlinsky, que vive en México desde 2006, ideó este proyecto al darse cuenta de que, contrario a lo que podría pensarse, esta es una guerra que ha convertido también a las mujeres en soldados y contrabandistas y cabecillas organizaciones criminales, elección de vida difícil de juzgar ―como se niega a hacerlo la propia fotógrafa― cuando se ponen en juego las condiciones del país, en donde la corrupción y la precariedad se combinan en una fuerza putrefacta que, en ciertas ocasiones, termina empujando al individuo a zonas cada vez más despiadadas de supervivencia.

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[The Atlantic]