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Cloud Machine: una caja mágica que te permite hacer nubes en el cielo

Arte

Por: pijamasurf - 01/16/2013

Una máquina para hacer nubes es la materialización de un notable proyecto de arte ambiental --y la materialización de un añejo sueño.

Uno de los oficios más mágicos de la historia es el de hacedor de nubes, chamanes, brujos y príncipes, históricamente han experimentado con técnicas para manipular la naturaleza. Hacer llover, empañar el ambiente o dibujar ominosos signos en el cielo es en sí mismo una labor de poder y poesía. Pero la magia en nuestra era es reemplazada por la tecnología --lo mejor que esperamos es que la tecnología tenga algo de arte. Y es el caso de la Cloud Machine.

Cloud Machine es un proyecto de arte ambiental desarrollado por Karolina Sobecka para la organización Amateur Human. Según su autora "un aparato de modificación del clima personal", capaz de sembrar nubes de unos cinco metros en el cielo. "Aunque, con la conjunción atmosférica adecuada, puede potencialmente empezar una reacción en cadena de lluvia". Así jugando al clima como demiurgos tirando los dados.

CLOUDMAKER from amateurhuman on Vimeo.

Esta máquina de nubes consiste de un par de globos aerostáticos equipados con una consola inteligente Arudino, GPS, cámaras, y un altímetro. Al llegar a una altura predeterminada desprende "núcleos de condensación nubosa" --semillas de nubes (en realidad, sal de mar-)- junto con vapor de agua. Si todo sale bien, la humedad se condensa y crea una nube: un ser etéreo.

Como sucede en otros ámbitos: hacer algo solo es únicamente un proyecto de arte --el individuo-- pero si se sembrarán muchas nubes, entonces se convertiría en un movimiento social, quizás uno que podría combatir el cambio climático, bloqueando los rayos del sol. Por ahora y quizás siempre, nos quedamos con la nube como arte.

[FastCoDesign]

 

Plantas en la oficina: una lamentable historia de descuido, decadencia y muerte (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 01/16/2013

El lugar de trabajo continuamente se ve adicionado de elementos que hagan más llevadera esta actividad que, en cierto sentido, parece imposible de evadir: tarde o temprano cualquier persona, salvo singulares excepciones, se verá obligada a pasar un promedio de 8 horas de su día entre cuatro paredes que disimulan su asepsia y su normalidad con los más anodinos aditamentos: afiches, juguetes, instrumentos de relajación, fotografías familiares, libros, etcétera.

Sin embargo, quienes se encuentran al interior de una oficina pocas veces se caracterizan por tener pensamiento y voluntad para otra cosa que no sea o su trabajo o la evasión de su trabajo, dialéctica negativa (con perdón de Adorno) cuyos efectos tristemente terminan pagando, como bien ha documentado el fotógrafo Kirk Crippens, las plantas que daban vida al lugar.

La crónica elaborada por Crippens es, de algún modo, lametable, pues toca directamente seres vivos, organismos que nacieron y una vez muertos pasan a desaparecer para siempre de este mundo, todo por una falta de cuidado que, de realizarse, es más bien mínima y para nada extraordinaria.

Y tú, ¿tienes ahí a tu lado una planta que también está muriendo?

Imágenes vía Faith is Torment