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Chivas, Dunhill, cocaína, ácidos: un día en la vida de Hunter S. Thompson

Arte

Por: pijamasurf - 01/17/2013

Hunter S. Thompson, el célebre creador del periodismo gonzo, llevaba una vida honrosa para ese ámbito de la literatura caracterizado por los excesos del cuerpo y la satisfacción de los sentidos.

Después de los llamados poetas malditos del XIX, esa expresión decadente del hedonismo romántico, la estafeta de los excesos carnales pasó en buena medida a los escritores estadounidenses de la segunda mitad del XX, a los beatniks y Bukowski y, con los mismos honores, Hunter S. Thompson, el célebre creador del “periodismo gonzo”.

Prueba de ello es esta crónica sucinta pero elocuente que documenta, con todo detalle, la rutina cotidiana del autor de Fear and Loathing in Las Vegas. Un artículo firmado por la agencia AP que, por desgracia, carece de fecha precisa, y según algunos incluso de total veracidad. Sobre esto último vale la pena rescatar el comentario de hotbox4u en reedit, quien asegura que la autora del recuento es E. Jean Carroll, quien a su vez publicó “la peor biografía de HST en toda la historia”, por lo cual parece que su testimonio no es muy confiable.

Sea como fuere, el documento no deja de ser llamativo, sin importar que alimente falsamente la leyenda en torno a Hunter S. Thompson.

La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar seguro y hermoso en un cuerpo bien conservado, sino más bien derrapando en una nube de humo, totalmente agotado y desgastado, proclamando fuerte: ¡Wow, qué viaje!

Life should not be a journey to the grave with the intention of arriving safely in a pretty and well preserved body, but rather to skid in broadside in a cloud of smoke, thoroughly used up, totally worn out, and loudly proclaiming “Wow! What a Ride!

[disinfo]

Plantas en la oficina: una lamentable historia de descuido, decadencia y muerte (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 01/17/2013

El lugar de trabajo continuamente se ve adicionado de elementos que hagan más llevadera esta actividad que, en cierto sentido, parece imposible de evadir: tarde o temprano cualquier persona, salvo singulares excepciones, se verá obligada a pasar un promedio de 8 horas de su día entre cuatro paredes que disimulan su asepsia y su normalidad con los más anodinos aditamentos: afiches, juguetes, instrumentos de relajación, fotografías familiares, libros, etcétera.

Sin embargo, quienes se encuentran al interior de una oficina pocas veces se caracterizan por tener pensamiento y voluntad para otra cosa que no sea o su trabajo o la evasión de su trabajo, dialéctica negativa (con perdón de Adorno) cuyos efectos tristemente terminan pagando, como bien ha documentado el fotógrafo Kirk Crippens, las plantas que daban vida al lugar.

La crónica elaborada por Crippens es, de algún modo, lametable, pues toca directamente seres vivos, organismos que nacieron y una vez muertos pasan a desaparecer para siempre de este mundo, todo por una falta de cuidado que, de realizarse, es más bien mínima y para nada extraordinaria.

Y tú, ¿tienes ahí a tu lado una planta que también está muriendo?

Imágenes vía Faith is Torment