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La hiperpenetración de las marcas corporativas en el espacio mediático -- vuelto íntimo espacio mental-- queda patente en el juego Logos Quiz

Las marcas están hambrientas por conseguir que las personas interactúen con su imagen y con sus productos. Pagan millones de dólares para obtener información sobre las respuestas que tienen los consumidores, sobre el nivel de penetración y recordación que tienen o sólo para que una persona vea su logo y se grabe en su inconsciente. Decirles que no tienen que pagar nada para llegar a los jóvenes y maleables consumidores y que además pueden hacerlo dentro de un ambiente lúdico, placentero para el usuario, donde pueden obtener información útil sobre cómo estos interactúan con sus logos --y posiblemente hasta probar versiones alternativas-- sería como un sueño hecho realidad, algo demasiado bueno para creerlo. Pero existe, se llama Logos Quiz.

Logos Quiz, una de las apps gratuitas más populares del Apple Store,  consiste básicamente en identificar los logos de grandes corporaciones para ir pasando de nivel --suponemos que hasta erigirse como un ser totalmente brandeado.

La app surge en tiempos en los que se crean programa de televisión enteros para promover y colocar productos, como "Hawaii 5-0" que básicamente es un vehículo para campañas de marketing de Victoria's Secret o de Microsoft Surface. Pero, como señala Andrew Leonard en Salon,"hacer que la habilidad de reconocer la marca sea el producto en sí --eso es genio puro", una de esas ideas win-win que las marcas cínicamente adoran.

La app incluso tiene la paradójica oferta de pagar unos cuantos dólares para que la app desactive los anuncios, ¿pero cómo se quitan los anuncios de un juego basado completamente en los logos registrados de marcas corporativas? Es una espece de irónico idilio para las marcas que hayan penetrado el espacio mediático de manera que ya su presencia conspicua ni siquiera sea considerada como publicidad. Escribe Leonard:

Aristóteles usaba la palabra "logos" para referirse al "discurso razonado". La misma palabra griega nos dio el logograma --un signo o caracter que representa una palabra. El Evangelio de Juan identificaba el logos con la personificación de la inteligencia de Dios, Cristo encarnado, la palabra vuelta carne. A primera vista, parecería que no hay nada "razonado" o divino sobre  nuestra habilidad para reconocer marcas, pero en su propia forma insidiosa y brillante, Logos Quiz logra encarnar la esencia de nuestra sociedad de consumo. ¿Qué tan bien reconoces las fuerzas corporativas que moldean tus entretenimiento y tus medios? ¿Qué tan bien nadas en un océano de símbolos que trasciende fronteras de lenguaje y nacionalidad?

A lo que habría que añadir ¿qué tanto se han introyectado estos símbolos, que son como sígilos mágicos, en tu mente sin que te hayas dado cuenta?

Logos Quiz fue creado por el desarrollador español Javier Perez Estarriaga, y aunque el juego por el momento parece ser una manifestación inocente, reflejo de nuestro mundo medularmente interpenetrado por la publicidad, como la misma revista Forbes ha notado, es una mina de oro en potencia para las llamadas compañías Fortune 500, quienes han de estar tomando nota de cómo llegar al fuero íntimo del público en un movimiento de judo digital.

 

Con una votación que en poco o nada representa a la vasta cantidad de usuarios, Facebook tiene la puerta abierta para decidir sin la opinión de estos lo que hará en el futuro con tus datos personales.

Es conocida la división que hizo Platón de las cuatro grandes formas de gobierno que podía desarrollar una sociedad, que a su vez, en cierta forma, podrían reducirse a dos grandes principios en relación con la manera en que se ejerce el poder: o se trata del gobierno de unos cuantos privilegiados sobre el resto, o las decisiones comunitarias son tomadas por la mayoría de la población: o se trata de una tiranía o de una democracia.

De algún modo estos modelos se repiten dondequiera que exista una pluralidad de personas coexistiendo en el mismo tiempo y lugar, y Facebook no es la excepción.

Hace unos días, esta que es la mayor de las redes sociales, la más utilizada en prácticamente todos los países del mundo, llamó la atención por someter a la consulta de sus usuarios los cambios que podrían realizarse en sus políticas de privacidad, polémicas en sí mismas. Y si bien el asunto fue relativamente difundido, al final solo votaron aproximadamente 650 mil personas, una fracción mínima comparada con los mil millones de usuarios que Facebook registró en octubre pasado.

¿El resultado? 88% a favor de que haya cambios en la política de privacidad, 12% en contra. Una apabullante votación que, por supuesto, Facebook pasará por alto.

Paradójicamente, hay quienes consideran que este era el fin perseguido por la compañía de Mark Zuckeberg: mostrar que el grueso de la población —incluso en Facebook, mecanismo de la normalidad que no tendría por qué ser la excepción— es suficientemente indiferente para dejarse de preocupar por algo tan importante como el uso que se le da a su información personal.

En el futuro —escribe Will Oremus en Slate— Facebook podrá señalar la supermayoría silenciosa que no fue capaz de molestarse 5 minutos para preservar el privilegio de opinar sobre cómo se utilizan sus propios datos.

Y quizá esto sea bien merecido, una justa recompensa a la sumisión que hemos vuelto costumbre.

A propósito, un par de frases del Discurso de la servidumbre voluntaria de Etienne de La Boétie:

Los hombres sólo desdeñan, al parecer, la libertad, porque, de lo contrario, si la desearan realmente, la tendrían. Actúan como si se negaran a conquistar tan precioso bien únicamente porque se trata de una empresa demasiado fácil.

Decidíos, pues, a dejar de servir, y seréis hombres libres. No pretendo que os enfrentéis a él, o que lo tambaleéis, sino simplemente que dejéis de sostenerlo.

[Slate]