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¿En qué profesiones se encuentra la mayor cantidad de psicópatas? Hagan sus apuestas

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/21/2012

Rasgos de personalidad pueden ser, paradójicamente, tanto una ventaja como una desventaja en el desempeño laboral de determinadas profesiones; aquí el top de los trabajos donde se encuentran más y menos psicópatas.

En la psiquiatría moderna, y quizá también en ciertas zonas de ese pensamiento colectivo no especializado, el psicópata es uno de los enfermos mentales más seductores, más atractivos, uno que echa a andar todos los mecanismos para conseguir justo este fin agradar como medio para alcanzar los propósitos que se ha fijado.

Usualmente al psicópata se le asocia con rasgos como la baja tolerancia al estrés, la falta de empatía, la frialdad sentimental, el egocentrismo, la superficialidad, la manipulación, irresponsabilidad, impulsividad y comportamientos antisociales como el parasitismo y la criminalidad.

Paradójicamente, las estructuras del mundo hacen posible que todas estas características no sean enteramente negativas e incluso se revelen provechosas en determinados contextos (lo cual, claro, no quiere decir que sean buenas en sí mismas, sino solo que pueden llegar a ser útiles).

Tal es el caso de profesiones en que, efectivamente, ser superficial y manipulador se traduce en un mejor desempeño laboral.

A continuación, extraídas del libro The Wisdom of Psychopaths: What Saints, Spies, and Serial Killers Can Teach Us About Success, de Kevin Dutton, ofrecemos el top de las profesiones con más y menos piscópatas entre sus agremiados, dos curiosas listas que dan indicios de la naturaleza laboral de los ámbitos a los que cada una pertenece.

 

Profesiones con más psicópatas:

1. CEO

2. Abogado

3. Presentador de radio o televisión

4. Agente de ventas

5. Cirujano

6. Periodista

7. Agente de policía

8. Sacerdote

9. Chef

10. Funcionario público

 

Profesiones con menos psicópatas:

1. Cuidador

2. Enfermera

3. Terapeuta

4. Artesano

5. Cosmetólogo/Estilista

6. Voluntario en la caridad

7. Maestro

8. Artista

9. Médico

10. Contador

 

Si bien hay quien rastrea el origen biológico y evolutivo de la psicopatía, identificándola con un mecanismo de defensa, valdría la pena preguntarse si esta no es consecuencia del modelo de convivencia despiadado que la humanidad ha construido y fomentado históricamente, ese “homo homini lupus” definido por Hobbes y en cierta forma vigente hasta nuestros días y que solo una corriente civilizatoria basada en la empatía, la bondad y la preocupación auténtica y desinteresada por los otros, ha intentado contrarrestar.

[Barking Up The Wrong Tree]

Investigación de 15 años en más de 1700 matrimonios muestra que, en promedio, el impulso de felicidad de la pareja recién casada dura apenas un par de años, después de lo cual ambos vuelven al estado de felicidad previo (algo que tampoco es tan drástico como parece).

A diferencia de épocas pasadas, actualmente las relaciones amorosas se caracterizan por una duración más bien abreviada. Impresión que un equipo multinacional de investigadores ha confirmado luego de estudiar por 15 años a 1761 matrimonios.

Este extensivo estudio evaluó la multitud de parámetros que determinan la existencia del amor entre dos personas, desde la pasión sexual hasta la “adaptación hedónica”, las razones por las cuales dos personas se unen en un compromiso que de inicio parece auténtico y duradero y, sin embargo, con el paso de los años, corre el riesgo de debilitarse y aun desaparecer.

¿La conclusión? El boost de la felicidad que usualmente se detona con el matrimonio, dura en promedio solo un par de años, después de lo cual cada miembro de la pareja vuelve a ser tan feliz como lo era antes de casarse (lo cual, bien mirado, tampoco es tan trágico ni tan funesto como parece).

El estudio también encontró que la excitación del periodo de luna de miel vuelve luego de entre 18 y 20 años, cuando los hijos comienzan a salir del hogar familiar: la libertad recuperada se convierte en un redescubrimiento del ser amado.

Pero lejos del engolosinamiento propio de estos temas, el fenómeno está determinado por un factor que los investigadores denominan “adaptación hedónica”, una suerte de racionalización de la novedad que también se aplica en otros ámbitos como el trabajo, las ropas recién adquiridas o el lugar desconocido adonde se llega a vivir.

La adaptación hedónica —escribe Sonja Lyubomirsky en la reseña del New York Times sobre el estudio— es más probable cuando experiencias positivas se encuentran involucradas. Es cruel pero cierto: estamos inclinados, fisiológica y psicológicamente, a tomar como un hecho dado las experiencias positivas. Nos movemos mucho hacia lo hermoso. Nos casamos con una pareja hermosa. Nos ganamos nuestro camino hacia la cima de nuestra profesión. ¡Qué emocionante! Por un tiempo. Después, como si estuvieran impulsadas por fuerzas autónomas, nuestras expectativas cambian, se multiplican o se expande y, conforme esto sucede, comenzamos a dar por sentadas las otrora nuevas, mejores circunstancias.

Asimismo, hay razones evolutivas y prácticas por las cuales el amor no puede mantenerse vehemente por tanto tiempo, pues la obsesión llegaría a niveles patológicos que nos impedirían realizar las otras tareas de nuestra cotidianeidad. Curiosamente, el estado del enamoramiento guarda una enorme semejanza, psicológicamente, con la adicción y el narcisismo, entre estas la circunstancia de que si no se detiene, termina por generar amplios daños.

Por otro lado, la diferencia entre la manera en que un hombre y una mujer conciben el sexo dentro de una relación, obedece a que la idea de sexo apasionado en las mujeres depende mucho más que en los hombre de la idea de novedad.

Tal vez los resultados y las conclusiones causarán polémica, lo mismo bajo el argumento de la imposibilidad de generalizar en temas de este tipo que la dificultad para medir lo relacionado con las emociones, pero al menos vale la pena conocer el estudio para reflexionar sobre nuestras propias relaciones (o falta de ellas).

[NYT]