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El tratamiento médico es la tercera causa de muerte en Estados Unidos

Por: pijamasurf - 11/14/2012

Ir al médico y consumir sin cuestionar los fármacos que recetan puede constituir un enorme peligro para la salud, según revelan las estadísticas en Estados Unidos

Generalmente consideramos que ir al doctor o recibir algún tipo de tratamiento médico son un bien universal y poco nos preocupamos de las consecuencias o efectos secundarios que estos tratamientos pueden tener. Pero según cifras publicadas en The Journal of American Medicine, el tratamiento constituye la tercerca causa más frecuente de muerte en Estados Unidos. Asimismo, según revela un reciente artículo publicado en el LA Times, las drogas preescritas por doctores cuasan más muertes por sobredosis que drogas ilegales como la heroína y la cocaína. Este envenenamiento de la industria médica ha sido denunciado por prestigiosos médicos, como el premio Nobel Thomas Steitz quien acusó a las farmaceúticas de retirar medicamentos que curan o el  también Premio Nobel Richard J. Roberts quien denunció que las farmacéuticas no desarrollan medicamentos que curan porque no son rentables y buscan, en cambio, la cronicidad de las enfermedades.

La investigación de Peter Glidden, médico y autor del libro The MD Emperor Has No Clothes,  ahonda en esta industria de la muerte en la que, en su reverso, se ha convertido la farmacéutica moderna --que innegablemente cura nuemrosas enfermedades pero al tiempo que genera otras tantas.

“La tercera causa de muerte en los Estados Unidos, según una publicación del Jornal de la Asociación Americana de Medicina, es causada por tratamientos médicos. Esto significa que usted visita a un doctor, él le provee un tratamiento y usted fallece a causa de ese tratamiento. De acuerdo con datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, 15,000 pacientes de Medicare mueren mensualmente por estos tratamientos médicos y nadie va a la cárcel. Un puñado de terroristas estrellan 2 aviones en las torres gemelas, mueren 3,500 personas y el país va a la guerra, pero 15,000 personas están muriendo por mes en estos momentos a causa de tratamientos médicos, y ni siquiera pestañeamos”, declaró Glidden en una entrevista.

Glidden añadió sobre el lobby de las farmacéuticas: “Los doctores están a la delantera por las coaliciones políticas y económicas que se hicieron a principio de siglo, algo que la población no sabe o reconoce. Y esto es un problema gigante”.

En esta entrevista en video Glidden traza la evolución del prestigio de los médicos alópatas, erigiéndose como una figura supuestamente omnisapiente a la que podemos entregar nuestra salud. Así como la industria de los seguros médicos: "una apuesta a que te enferemarás tanto que podrás pagar tu tratamiento médico".

 

5 maneras estúpidas de parecer inteligente

Por: pijamasurf - 11/14/2012

El temor de parecer estúpido es en algunos casi tan intenso como el deseo de parecer inteligente, lo cual les hace caer en prácticas que, irónicamente los llevan a eso que tanto querían evitar.

En el trato cotidiano la inteligencia es un concepto ambiguo cuya definición obedece a una cantidad incierta de circunstancias: la edad del juzgado, la compañía y la situación en las que nos encontramos, etc. Inteligente puede parecer lo mismo una persona memoriosa —que recuerda con precisión citas literarias, datos históricos, geográficos o estadísticos—, una ingeniosa —que reacciona con agudeza— o alguien que encuentra la solución más eficaz para un problema dado; en ciertos casos, incluso alguien con una capacidad verbal por encima del promedio, la elocuencia desmedida, se tiene por signo de gran capacidad intelectual.

Sea como fuere, para muchas personas el temor de pasar por estúpido es casi tan intenso como el deseo de parecer inteligente, comportamientos un tanto inexplicables y aun ridículos por los que puede incurrirse en eso que tanto se busca evitar.

A continuación, cortesía del sitio Cracked, presentamos 5 de las actitudes más estúpidas con que ciertas personas intentan parecer inteligentes.

 

5. Burlarse del concepto de Dios (y de los creyentes)

En la modernidad occidental, la idea de Dios ha sido una de las más atacadas por el racionalismo que, casi desde el siglo XV, se erigió en paradigma de pensamiento dominante, postura que alcanza su culmen en sentencias como la de Marx —“la religión es el opio del pueblo”—, Nietzsche —“Dios ha muerto”— o Lacan —“Dios es inconsciente”, en su Seminario 11—, que de algún modo revelan la naturaleza entre fantasiosa y netamente material del concepto.

Estos, sin embargo, son planteamientos teóricos enraizados en sistemas mucho más complejos, de implicaciones que superan en profundidad a la simple habladuría de quien desprecia hasta el más mínimo tufillo de divinidad y religión solo para parecer dueño de un pensamiento de vanguardia, arrasando en su desdén con toda la rica tradición que las creencias religiosas han acuñado a lo largo del tiempo.

 

4. Gusto por el jazz

El jazz es uno de los géneros musicales que, por algún azar caprichoso, está rodeado del aura de la intelectualidad, quizá porque en su edad dorada —la época de Charlie Parker o Thelonius Monk— muchos escritores y artistas contemporáneos, hicieron de estas figuras materia de sus creaciones.

Para algunos el jazz es música que debe “entenderse”, lo que sea que esto signifique, y si bien por sus estructuras se encuentra a medio camino entre la llamada música clásica, ciertas expresiones de la música popular y la pop, esas diferencia no tendrían por qué traducirse en una falsa superioridad.

 

3. Corregir los errores triviales de otros

La corrección es un hábito malsano que algunos exageran hasta lo absurdo y lo banal. La precisión ortográfica, histórica, textual o de cualquier otro tipo es en algunos voluntad compulsiva u obsesiva que solo queda contrarrestar con dos de los aforismos más certeros que G. C. Lichtenberg escribió a este respecto (ambos en traducción de Juan Villoro):

Desde siempre, descubrir pequeños errores es una actividad de cabezas mediocres. Las cabezas dotadas no hablan de pequeños errores y en todo caso hacen críticas generales. Los grandes espíritus crean sin criticar.

A lo más que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan.

 

2. Citar a Joyce

Presumir las lecturas con ánimo petulante es, quizá, uno de los recursos más frecuentes con que algunos listillos identifican la inteligencia. Y, entre estas, quizá tan pocas que vengan acompañadas de la apariencia de complejidad como James Joyce (aunque autores existencialistas, Kafka, Proust, el Quijote o escritores de latitudes exóticas conocidos por unos cuantos, pueden cumplir igual función).

 

1. Negarse a discutir

Pocas situaciones que templen tanto la inteligencia auténtica como la discusión. En cierta forma, quien es verdaderamente inteligente —incluso sin que importen circunstancias de personalidad como la introversión o la extroversión— pocas veces rehúye la oportunidad de poner a prueba sus capacidades argumentativas, el conocimiento que tiene sobre un tema o la agilidad de su pensamiento. De ahí que, con cierta probabilidad, quien se niega a confrontar lo que asegura, sepa en el fondo que solo es un farsante.

[Cracked]