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¿Internet ha cumplido con sus ideales originarios? Diagnóstico de Tim Berners-Lee, fundador de la Web

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 09/06/2012

La World Wide Web Foundation, dirigida por Tim Berners-Lee, uno de los artífices de Internet, da a conocer un análisis del impacto que la Red ha tenido en el mundo, preguntándose si ha cumplido con los ideales de universalidad y conectividad con que nació este proyecto.

Tim Berners-Lee, fundador de la World Wide Web, recién dio a conocer, a través de la World Wide Web Foundation que él dirige, un diagnóstico en el que confronta los ideales con que inició el proyecto de Internet, y la realidad que a la vuelta de los años expresan los números y las estadísticas de su uso real.

¿Se han concretado la universalidad y la conectividad planteadas en los inicios de la web?

Para saberlo, la institución tomó en cuenta criterios como la disponibilidad de Internet (la calidad del servicio, las políticas que regulan su acceso); su uso (incluyendo la proporción de personas que acceden a la Red), su impacto (en lo social, lo económico, lo político), el contenido disponible y otros, realizando la evaluación en 61 países distintos.

Suecia, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Finlandia, Suiza, Nueva Zelanda, Australia, Noruega e Irlanda ocupan los primeros 10 lugares del listado, es decir, son los 10 países en que Internet de algún modo está cumpliendo con la función que originalmente pensaron sus fundadores.

En la parte baja se encuentran Nepal, Camerún, Mali, Bangladesh, Namibia, Etiopía, Benín, Burkina Faso, Zimbabue y al final Yemen. De América Latina, los mejor ubicados son Chile, México, Brasil, Colombia y Argentina, en los lugares 19, 22, 24, 26 y 38, respectivamente.

En cuanto al futuro de la Web, Berners-Lee asegura que “el mayor de sus retos” radica en “la creciente supresión de la libertad de expresión, tanto online como offline”.

Sin duda un reporte que vale la pena revisar dada la importancia que Internet tiene en el mundo contemporáneo. 

Un resumen en PDF en este enlace.

[The Atlantic]

El famoso CAPTCHA, molesto para no pocos, podría haber sido rebasado ya por las computadoras y la inteligencia artificial como mecanismo de seguridad para distinguir entre máquinas y seres humanos.

Uno de los principales conflictos planteados por la ciencia ficción es cómo distinguir entre seres humanos y seres artificiales. Desde la Olimpia de Hoffmann hasta los Nexus-6 de Philip K. Dick, la posibilidad de construir modelos mecánicos cada vez más idénticos a una persona común ha venido acompañada del posible conflicto que supone la interacción con ellos, si quizá en algún momento estos serán tan perfectos como para no encontrar diferencias notables con un ser humano.

Y aunque quizá, en las relaciones cara a cara, este escenario todavía parece remoto (aunque no tanto), hay ámbitos de nuestra vida diaria en los que el trato con y entre entidades de inteligencia artificial es lo usual: Internet el mayor de ellos.

En Internet, uno de los mecanismos ideados para distinguir la operación realizada por un ser humano y por un robot es el famoso CAPTCHA, ese texto intencionalmente distorsionado que cumple la función de autentificar, por ejemplo, el posteo de un comentario o la descarga de un archivo, y prevenir así prácticas como el spam. CAPTCHA, de hecho, son las siglas de “Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart”, “Examen de Turing completamente automatizado para distinguir computadoras y humanos” (recordemos que el examen de Turing, propuesto por el matemático homónimo, es una prueba para medir la inteligencia de una máquina: si conversando con esta un ser humano no se da cuenta de que trata con un ser artificial, la máquina pasa la prueba).

Hasta ahora, el CAPTCHA ha cumplido su función con eficiencia aceptable. Incluso más que eso, pues su dificultad —pensada especialmente como obstáculo para los robots— ha originado la curiosa noción de “CAPTCHA rage”, esa furia que siente un usuario humano ante un texto tan deformado que ni él mismo lo comprende, o escrito en caracteres que simplemente no es capaz de reproducir inmediatamente y sin recurrir a recursos extraordinarios.

Sin embargo, parece ser que la garantía de seguridad de este mecanismo está caducando, pues la doble condición de identificar caracteres y efectuar la operación específica de reescribirlos, en teoría realizable solo por seres humanos, podría cumplirla ya una inteligencia artificial, haciendo del CAPTCHA algo inservible y obsoleto según su propósito original de existencia.

Actualmente hay hackers que, en pocas palabras, están enseñando a las computadoras a pensar como seres humanos, mostrándoles cómo burlar todas las variantes del CAPTCHA: el visual, el de movimiento e incluso algunos interactivos que hacen al usuario jugar un minijuego.

El principio de deconstrucción es sencillo y de alguna manera incluso obvio: es cierto que es un ser humano quien tiene que realizar operaciones específicas, pero a fin de cuentas estas operaciones pasan por el mismo dispositivo que, bajo ciertas condiciones, puede operar por sí mismo, sin necesidad del factor humano. Para resolver estas variantes de la prueba de Turing, lo único que tiene que hacerse es recorrer en sentido opuesto los pasos necesarios para plantearlas.

En un sentido casi filosófico, este problema con las computadoras, la inteligencia artificial y el CAPTCHA no parece sino un reflejo de nuestro entendimiento mismo y, en especial, de sus limitaciones, de la manera en que el pensamiento lógico se desarrolló en Occidente, esa caja amplia pero cerrada de la que parece imposible salir: «En algún apartado rincón del universo, desperdigado en innumerables sistemas solares centelleantes, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocer. Fue el minuto más soberbio y mentiroso de la "Historia Universal"; pero, a fin de cuentas, sólo un minuto».

También en Pijama Surf, cómo el proyecto reCAPTCHA se utiliza para digitalizar libros: cuando transcribes una de estas palabras, contribuyes a crear la mayor biblioteca de la humanidad jamás conocida.

Con información de Singularity Hub