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Top 20: bandas de música más hipsters

Arte

Por: pijamasurf - 08/30/2012

Seguramente muchas personas se sentirán atacadas al oír mencionar que su banda favorita es hipster y que, además, su atracción tiene que ver más con otras coas que con su calidad musical. Sin embargo, no se trata necesariamente de llegar una conclusión sobre el talento muscial sino de compartir ideas que revelen nuevas alternativas sonoras.

Millones de hispters se han regodeado en la siempre polémica pregunta “¿Qué es la “buena” música? Según los adeptos, la música es parte esencial del universo y de la vida misma. Algunos se jactan de poseer los conocimientos para determinar tal canon. Sin embargo, muchas veces éste  conocimiento (seudo honoris causa) termina por ser una delusión que refleja todo lo contrario: un nulo conocimiento sobre la música.

La siguiente lista de LA TIMES trata de difundir los aspectos más banales de la música hipster; sin embargo, podemos jugar con paradojas y pensar que tal vez los mismos realizadores de la lista sean hipsters e incluso este sitio donde lees una lista sobre bandas hipsters sea hipster  (en un loop ad infinitum).

Pero antes de perdernos en estos meandros discursivos, pensemos que esta lista como un ejercicio de retroalimentación mental. O como una terapia bloggera de psicología inversa, para que los insultos de los comentarios se conviertan en flores.

Aunque en esta vida todo está en entredicho, y todo puede ponerse en duda, las siguientes bandas son consideradas por el LA Times como el epítome de la música hipster --alimentándose de bandas que antes de ellos ya lo habían hecho mejor. ¿Altera el sonido de la música oír que la música que oyes es hipster, o tus oídos están exentos de dichas clasificaciones? 

 

 

The Black Keys

Para algunos, la mezcla de blues con rock ha sido una verdadera genialidad, pero los detractores de esta banda alegan que precisamente ahí es donde radica su desatino: una vil copia del verdadero y nostálgico blues.

Tv on the Radio

Si bien algunos la consideran una interesante y novedosa propuesta; otros también la consideran original pero no precisamente por sus cualidades sonoras, sino por sus pésimas composiciones que nunca antes a nadie se le habían ocurrido.

 

Fun

Esta banda ha sido comparada con Queen, y aunque muchos no le dan el mote de hipster, su sonido es tan cliché como la famosa locución “Carpe diem”, aun bajo este estigma, su éxito “We are Young” resulta cool para los oídos.

 

MGMT

Su primer disco fue un grato descubrimiento, pero posteriormente su música tornó en una especie de experimento psicodélico-synth pop con notas pop. Una orgía para el post-raver que quiere toma drogas r a través de los otros y tener esposas supermodelos que son las esposas de personas que nunca conocerá.

 

Beach House

Sus canciones de tono suave pueden llegar a deleitar a muchos, pero, argumenta, el LA TIMES,  su propuesta llega a ser aburrida y muy repetitiva.

 

Beirut

 

Al principio, el sonido de las trompetas y los instrumentos de cuerdas puede parecer fascinante, pero una vez que comienza el canturreo del cantante, la canción termina por ser una contradicción entre  lo meliodoso y lo poco patético. 

 

Arcade Fire

Su última producción, The Suburbs, fue un gran éxito en la carrera de esta banda canadiense, pero la mayoría de sus canciones de los anteriores discos están atiborradas de tantos sonidos que termina por ser  una mezcla muy barroca difícil de digerir.

 

Bon Iver

Este músico es el ejemplo ideal de un hipster que, por razones casi metafísicas, decidió emprender un viaje hacia su interior, montando su estudio en un bosque donde nada ni nadie lo pueda molestar, pero al parecer este aislamiento solo sirve para producir cancions melosas con las cuales esos chicos de skinny jeans visualizan su döppelganger con una ternura que para ellos es espiritual.

 

[Ve la lista de las top 20 bandas hipsters]

¿Por qué el 9/11 puede considerarse una "obra de arte"? Terrorismo y "estética negativa"

Arte

Por: pijamasurf - 08/30/2012

El filósofo Arnold Berleant analiza la noción de "estética negativa" en relación con la posibilidad de belleza y sublimidad que puede encontrarse en actos de terror y medio, los cuales comparten características fundamentales con las obras de arte.

AuburnEngineers

La estética es una categoría que comúnmente se asocia con valores positivos, localizable en un cuadrante en el que comparte espacio con obras artísticas, especímenes naturales, elementos diversos que de algún modo comparten la característica común de regocijar al espectador, de inspirarlo, de moverlo a la admiración y el asombro, pero siempre en un sentido casi edificante e incluso de algún modo moralmente bueno.

Sin embargo, en nuestro tiempo, caracterizado por la debilidad o incluso inexistencia de los llamaos “grandes referentes”, los que mantuvieron fija o clara la escala de valores en épocas pasadas, esta idea de estética también podría no ser ya del todo válida, sobre todo cuando advertimos que, al menos en el arte, la concepción del “mal” o de lo que podríamos asociar en su campo semántico, también se ha integrado como parte del discurso estético, el que tiene cabida en museos y galerías y prestigiadas exposiciones.

Recientemente Arnold Berleant, profesor de filosofía en la Long Island University y reconocido investigador de tanto de esta materia como de música, dio a conocer un ensayo en que examina los valores de la estética positiva y negativa en su relación con el terrorismo y su impacto como táctica política.

La justificación de Berleant para abordar este asunto radica en que la experiencia estética “ofrece una comprensión completa y directa del mundo humano” y, en tanto “la violencia y la depravación” forman parte de este mundo, parece lógico que estas formen parte también de sus exploraciones.

A partir de esta premisa, que parece sencilla en su inmediatez, puede no entenderse, sino comenzar a preguntarse por qué alguien como el compositor Karlheinz Stockhausen declaró que los ataques del 9/11 contra las Torres Gemelas de Nueva York fueron “la mayor obra de arte jamás relizada”:

Bueno, lo que pasó es, claro —y ahora todos ustedes deben ajustar sus cerebros— la mayor obra de arte jamás realizada. El hecho de que espíritus hayan alcanzado con un acto algo con lo cual nosotros, en música, nunca soñamos, que personas practicaran por diez años loca, frenéticamente, para un concierto. Y después morir. [Titubeando.] Y esa fue la mayor obra de arte que existió para el Cosmos entero. Solo imaginen lo que pasó ahí. Personas tan concentradas en una sola ejecución y cinco cientos conducidas a la Resurrección. En un momento. Yo no podría hacerlo. Comparado con eso, nosotros somos nada como compositores […]. Es un crimen, por supuesto lo saben, porque la gente no estuvo de acuerdo. Ellos no acudieron al “concierto”. Eso es obvio. Y nadie les dijo que serían muertos en el proceso.

¿Por qué, en términos generales, es posible decir esto y, más allá, ver un suceso tan catastrófico como el 9/11 en términos estéticos, como una “obra de arte”?

Berleant recupera uno de los conceptos más propios del arte que, no por casualidad, también está presente en los actos terroristas: la dramaticidad. Las obras de arte y los actos de terror comparten una cualidad dramática que al menos en cierto plano de sentido los equipara, los vuelve equivalentes. La capacidad del arte de conmover (justamente gracias a esta dramaticidad) también la tiene, aunque en otra dirección y con otros efectos, un acto terrorista. En el caso de este último, sin embargo, este efecto se lleva hasta el extremo y la radicalidad de poner a la “audiencia” en peligro, convirtiéndose así en una experiencia estética negativa.

El miedo como condición dinámica de lo sublime: así lo entendía Kant, así lo reafirmó el historiador Peter Burke. El miedo como circunstancia que suspende nuestra capacidad de razonas y, en contraste, aviva la de sentir. El miedo como otra zona común entre el arte y el terror.

Reconocer la estética en los actos de terrorismo —escribe Berleant—, incluso una estética positiva, no condona o justifica estas acciones, porque en el terrorismo la estética nunca viene sola. Reconocer su presencia tal vez nos ayude a entender la peculiar fascinación que el público tiene por eventos del teatro del mundo. Estos son, de hecho, actos de gran drama que nos fascinan por su marcada sublimidad. Pero el vigor teatral que nos impresiona con sus imágenes está indisolublemente ligado con su negatividad moral, e identificar estas con su sublime negativo es condenarla más allá de toda medida. Como un agente de la esfera social, el arte afecta al mundo entero. “Por atacar la realidad, el arte se vuelve realidad” (Emmanouil Aretoulakis).

En conclusión, el filósofo insiste sobre la “inseparabilidad” entre la moral y la estética. Una relación que solo utópicamente pueden mirarse desarticuladas entre sí, pues ambas, de algún modo, se inclinan sobre las obras de los hombres.

[Contemporary Aesthetics]