*

X
¿Existen entidades más evolucionadas que se alimentan de nosotros, de la misma forma que nosotros lo hacemos con los animales y las plantas, sin que éstos tengan plena conciencia de nuestra existencia? Tal vez sea este el gran misterio de la ciencia esotérica humana y allende.

 

La revolución de los brujos es que se rehúsan a honrar acuerdos en los que no participaron. Nadie me preguntó si consentiría en ser devorado por seres de otro tipo de conciencia.  Mis padres sólo me trajeron a este mundo para ser comida, como ellos, y ese es el fin de la historia.

Carlos Castaneda, El Lado Activo del Infinito

No puedo imaginar nada más aterrador que ser el alimento de un depredador invisible. Que incluso en este preciso momento, imposible de percibir para el estado actual de mi conciencia, esté siendo devorado lentamente por una entidad evolutivamente más elevada, que, de igual manera que nosotros nos alimentamos de seres que concebimos como evolutivamente inferiores, encuentre en mí el alimento necesario para sobrevivir y posiblemente seguir escalando en la pirámide de la conciencia universal.

Pienso en aquellas películas de terror que uno ve para sentir una sensación muy particular, un rush existencial, en las que generalmente había un asesino o entidad maligna que acechaba a los protagonistas (de los cuales nosotros éramos sucedáneo). Este rol antagónico era más efectivo, generaba más miedo, en la medida en la que era más indefinido, más abstracto y metafísico. Es el horror cósmico de Lovecraft o los poderes supernaturales de los personajes de Stephen King. Pienso que tal vez este ascenso del terror en proporción a lo incognoscible, al misterio de lo paranormal,  tiene una profunda ancla en la mente colectiva de la humanidad. Tal vez es un vestigio del mirífico atisbo de los dioses y demonios que habitan el mundo –o al menos habitan la psique que proyecta, sobre la cueva de lo real, una historia del mundo.

Nos gusta pensar que en las dimensiones superiores de la evolución – si es que no somos la cereza en el pastel , la obra maestra de la evolución (o de Dios)— el universo de alguna manera se acomoda a una armonía en la que los seres conscientes conviven pacíficamente, abriendo paso en la escala cósmica sin obstaculizar el impulso ascendente de los que vienen abajo. Dice el investigador esotérico Juán García Atienza:

La realidad para el ser humano, está compuesta como una pirámide escalonada en la que nosotros ocuparíamos la cúspide, abarcando todo cuanto sube hasta nuestros pies y con el convencimiento de que, por encima nuestro, todo el inmenso cielo pertenece a una sola divinidad protectora que nos abarca y nos integra en su infinitud única e indivisible.

Ya sea que imaginemos que somos un epifenómeno exclusivo de la evolución y que no existe vida o conciencia por encima de nosotros en el desierto del espacio; que creamos que arriba de nosotros solo existe más que la legión divina, el cielo en su desnudez rutilante de fusión absoluta; o que pensemos que existen seres más evolucionados –actualmente conjuramos extraterrestres en mundos distantes—nos cuesta trabajo contemplar, con seriedad, la posibilidad de que seamos el alimento, la energía, de una especie íntimamente ligada con nuestra matriz de existencia, si bien imperceptible.  Dejamos esto a la especulación exorbitada de las conspiraciones y de los freaks del new age, pero un análisis minucioso de nuestra experiencia, mirando hacia abajo en la escala evolutiva, al menos hace plausible teóricamente que existan entidades que no percibimos del todo y que se alimentan de nosotros. De no haberlas, algo que también es posible, sería, sin embargo, un caso completamente excepcional.

En este punto quisiera detenerme brevemente para aclarar que mi intención al explorar este tema no es crear una conciencia paranoica ni tampoco revelar una epifanía metafísica. Sinceramente, en lo personal, no tengo ningún tipo de evidencia de que existan estas hipotéticas entidades más evolucionadas que, bajo la elemental lógica de la pirámide alimenticia, podrían usarnos como comida. Mi inquietud nace solamente de una perspectiva teórica, de que dentro de un esquema racional basado en la observación y en la experiencia de lo que conocemos en este planeta es enteramente plausible concebir la existencia de seres por encima de nosotros en la escala evolutiva. Es posible que, de existir, estas entidades hayan evolucionado a un punto en el que no sea necesario alimentarse de aquellas entidades inmediatamente inferiores –de alguna manera como algunos seres humano se rehúsan a alimentarse de los animales. Podrían alimentarse de xenón,  luz ultravioleta, imprimir sus propios alimentos en 5D o algo equivalente a la nanotecnología, por todo lo que sabemos. Pero también es muy posible que, entre la multiplicidad de seres que podrían haber evolucionado en este planeta o en otros proyectos de vida, existan aquellos para los que los seres humanos somos apetecibles. Incluso podrían existir entidades para los que somos más que una delicatessen en el menú cósmico, somos una indispensable fuente de energía en su dieta, quizás como uno de esos pollos transgénicos de granja, especialmente crecidos para alimentar a poblaciones enteras. Y no necesariamente tendrían que alimentarse de nuestra carne, de la misma forma que nosotros extraemos sustancias de algunas plantas o usamos algunos minerales para alimentar nuestra tecnología, podrían sintetizar a través de nosotros algún tipo de molécula, utilizarnos (como ocurre en Matrix) como una batería o algo aún más arcano.

En una de las pocas entrevistas en las que quiso hablar acerca de la trama subyacente de su película 2001: Odisea en el Espacio, Stanley Kubrick dijo:

Tales inteligencias cósmicas, evolucionando en conocimiento por eones, estarían tan distantes del hombre como nosotros estamos de las hormigas. Podrían estar en comunicación telepática instantánea a lo largo del universo, podrían haber logrado la maestría total sobre la materia y de esta forma se podrían transportar instantáneamente a través de billones de años luz de espacio; en su última fase podrían abandonar la forma física y existir como una consciencia incorpórea inmortal en todo el universo.

Ciertamente estas inteligencias, dioses desde nuestra limitada conciencia, podrían haber trascendido la biología y no necesitar de alimento como lo conocemos. Pero entonces podría ser que se “alimenten”  de una comida mental, de la adoración, de la energía psíquica o de otras formas sutiles de energía que podrían encontrar en nosotros.  Y estas inteligencias cósmicas podrían estar en los lugares que menos esperamos. En su ensayo La Promesa de la Serpiente, Aeolus Kephas, advierte:

En un medio ambiente predatorio, todo es alimento para alguien más, entonces, ¿por qué asumir que esto no se aplica en el campo de la conciencia o a nuestra interacción con esos “espíritus” que residen en los enteógenos que consumimos, deseosos de ser poseídos por Dios? 

Según Juán García Atienza, un hombre que investigó a fondo temas de lo que llamó “la otra realidad” sin perder del todo la cordura, en los niveles de evolución consciente, ya no se trata solamente de “una dependencia irracional e instintiva” sino de la captación de una esencia que una especie consigue mediando su inteligencia y voluntad, para seguir subsistiendo y finalmente escalar la pirámide evolutiva hacia “los niveles superiores de conciencia universal”.

En este plano escalar de la evolución cósmica no existen las categorías morales del bien y el mal, existe un feroz intercambio de energía. En un universo predatorio donde la energía parece ser lo que define si una entidad puede continuar su existencia y posiblemente seguir ascendiendo hacia un “extraño atractor” (el término usado por Terence Mckenna para describir el magnetismo al final del tiempo que impulsa a la evolución) no es de esperarse que abunde la condescendencia moral. Si es que existen seres más evolucionados que nosotros que actúan de manera que favorece nuestra propia evolución, cual ángeles, seguramente lo hacen porque está conducta favorece su propia evolución al aumentar, bajo un mecanismo de feedback, su nivel energético.

Daniel Pinchbeck explica en su libro Breaking Open the Head las ideas del místico armenio George Gurdjieff:

Este proceso transformador ocurre en etapas, en el tiempo. Creía que todo, incluyendo los procesos psíquicos y los pensamientos, eran una forma material –y todo lo material, era en cierta forma, sensible. “Todo a su manera es inteligente y consciente”, dijo. “El grado de conciencia corresponde a un grado de densidad o de velocidad de vibraciones. Entre más densa la materia, menos consciente es”. En su perspectiva, el universo funcionaba como un sistema de “mantenimiento recíproco”, donde cada nivel de entidad se alimenta de las entidades inferiores. Los seres humanos, las entidades orgánicas más conscientes de la Tierra, eran alimento de los demiurgos por encima de ellos.

 La misma idea en La Gran Manipulación Cósmica de Atienza:

Toda la realidad cósmica es una constante acumulación de tensiones, de causas y efectos, un toma y daca en el que cada entidad recibe su esencia de otra y cede su energía para que, a su vez, sea utilizada por otra entidad más evolucionada, la cual procura cuidar y conservar, por su parte, la fuente de su propia supervivencia. Ese cuidado y esa conservación suponen precisamente [una] manipulación.

La pregunta de por qué no percibimos, al menos la mayoría de los humanos, a estas hipotéticas entidades podría explicarse por esta manipulación. En muchos casos es importante para el predador que la presa no sepa que está merodeando en el perímetro. O al menos que no perciba que es una amenaza para que siga haciendo lo que hace sin perturbarse. Un ejemplo de esta manipulación es imaginado por Aeolus Kephas: estas inteligencias, sugiere, pueden llegar incluso a utilizar a las plantas para coaccionar al ser humano:

Los espíritus son inteligencias inorgánicas (que podrían incluir a lo que llamamos las almas de los muertos). Siendo inorgánicos o muertos no tienen acceso a la forma física sensible.  Esta es un área en la cual no estoy seguro al cien por ciento, ya que los espíritus inorgánicos aparentemente pueden vivir en la materia orgánica, de la misma forma que los seres elementales o las hadas, se dice, pueden vivir en las rocas y en las plantas y demás. Puede ser que estos espíritus busquen específicamente experimentar la existencia humana —y hacer que seres humanos encarnados ingieran enteógenos sea una formar para lograr esto. Cualquiera que sea el caso, aparentan desear no solo congreso con sino ingreso a (y a través de) nuestra conciencia, lo cual consiguen no solo accediendo a nuestras neuronas (al tiempo que son “secuestradas” por los químicos psicoactivos) sino a toda la red a la que estas neuronas están vinculadas.

Una de las más detalladas descripciones de estos supuestas entidades que se alimentan del ser humano es la desarrollada por Carlos Castaneda, en un principio crípticamente, bajo el apelativo de los seres inorgánicos y luego, en El Lado Activo del Infinito, más explícitamente con el nombre del “depredador” y “los voladores” (que vinieron "desde las profundidades del cosmos" a gobernar nuestras vidas) . Algunos consideran que los libros de Castaneda son ficción o que en muchos casos utiliza metáforas cuando muchas personas lo toman literalmente. De cualquier forma es una referencia ineludible en este tema. Castaneda pone en boca de Don Juán Matus:

Ellos son los que establecieron nuestras esperanzas y expectativas y los sueños de éxito o fracaso. Nos han dado la codicia, la avaricia y la cobardía. Es el predador el que nos hace complacientes, rutinarios y ególatra […] los depredadores nos dieron su mente, que se convirtió en nuestra mente.

Esta última frase tiene ecos de la filosofía gnóstica, donde los seres inorgánicos, voladores o depredadores, son llamados Arcontes (los señores planetarios), que según textos cristianos como los del Nag Hammadi, son una especie de tricksters que crean realidad simuladas, duplicados en los que el ser humano cae ilusoriamente como un pez muerde la carnada de un anzuelo.  En The Three Stigmata of Palmer Eldritch, Phillip K. Dick da voz a un Arconte interplanetario que se infiltra en la mente individual y colectiva de la humanidad:

 Lo que quiero decir es que me convertiré en todas las personas del planeta…Seré todos los colonos mientras arriban y empiezan a vivir aquí. Guiare su civilización. Es más seré su civilización.

En reiteradas ocasiones, no sabemos si de manera metafórica, Gurdjieff mencionó que los seres humanos eran “comida de la Luna”, tal vez en una resonancia con el sistema gnóstico en el que los Arcontes son vistos como rectores planetarios, generalmente siete (los siete planetas).

El investigador francés Jacques Vallee, de forma similar, dice en su libro Messengers of Deception que los extraterrestres (o cyborgs) provienen del sistema planetario local y que "el fenómeno OVNI" es “un sistema de control espiritual” que se comporta como “un proceso de condicionamiento” y que estas supuestas entidades, más que utilizar máquinas (naves) estaría alterando nuestra percepción o jugando con las leyes de la física que conocemos.

Esta aparente manipulación de la que seríamos objeto, forjando un sistema de creencias propenso a mantenernos como “carne de cañón”,  podría explicar tal vez la función que ha tenido la religión organizada en la histora del hombre. Pensadores como Marx y Nietzsche advirtieron que la religión funcionaba como una operación de manipulación psicológica destinada a despojar al hombre de su poder personal, induciéndolo a un estado de sopor y sumisión. Pese a esta remoción de la fuerza individual se generaba una adoración de las entidades y mecanismos que propiciaban dicho despojo. Incluso, por mucho tiempo, en numerosas culturas, se sacrificaban animales y seres humanos para saciar el hambre de estas entidades superiores. Pero, de existir estas entidades predatorias, ¿acaso no es justamente lo que les convendría, que pensáramos en ellas como dioses? Y así nos estuviéramos sin sobresaltos en el “humanero” y marcháramos sin resistencia al matadero.

En la Biblia en diversas ocasiones se hace referencia a la divinidad (padre o hijo) como el pastor, y al ser humano como el rebaño o el ganado. Los dioses griegos también obtienen el epíteto, en las épicas homéricas, de “pastores de hombres”. El pastor puede desarrollar cierto afecto por sus ovejas, pero a fin de cuentas lo que hace siempre es manipular a su ganado para obtener un alimento. Esta es la esencia de un pastor y un rebaño.

Ahora bien si es que existen estas entidades, más allá de que presentan un aspecto en primera instancia terrorífico y en segunda, y más importante, representan un obstáculo insoslayable para la continuidad evolutiva del ser humano y la libertad del individuo, esto es de ninguna manera algo que deba tomarse a mal. En cierta forma, en el divino misterio del universo, aquello que está por encima de nosotros, ángel o vampiro, es lo que nos propulsa, nos jalonea hacia arriba, nos motiva a superar el estadio actual de víctimas de la realidad predatoria. Explica Castaneda en palabras de Don Juán:

Los voladores son una parte esencial del universo... y deben ser tomados como lo que realmente son - increíbles, monstruosos. Son el medio por el cual el universo nos pone a prueba.

 El maestro Gurdjieff hace la arenga:

Las posibilidades de evolucionar existen y se pueden desarrollar en individuos aislados…

Las fuerzas que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas también se oponen a la evolución de cada hombre. Toca a cada uno chasquearlas.

En cierta forma, si existen, estas entidades son como los guardianes del Castillo --o del Paraíso: tanto la espada del arcángel como la promesa de la serpiente... Como aquel irritante ujier que impide la entrada a la Ley (divina) a la transpersonalización de Kafka en El Proceso, son terribles, inmisericordes e insondables, pero también imprescindibles si queremos acceder a esa realidad superior, a ese misterio que nos llama desde la profundidad de nuestro espíritu, en la que se disuelve el universo y la totalidad de la existencia. Están ahí, al final del nivel, y definen si nos toca Game Over (y volver a empezar en la rueda de las vidas) o  alcanzamos el tálamo de la Princesa (el dote de Gaia-Sophia).

Twitter del autor: alepholo

Te podría interesar:
La masacre de Aurora parece ser una irrupción de la energía del caos --y de la ficción-- en la realidad colectiva: El Guasón vuelve a jugar con nosotros y de manera extraña las fuerzas del universo, la dualidad inherente, ejectuan su danza equilibrista.

Las películas nos han robado nuestros sueños. De todas las traiciones esta es la peor

F. Scott Fitzgerald

La premier de Batman en Aurora, Colorado, a unos kilómetros de la matanza de Columbine, será recordada como un evento trágico, en el que la ficción y la realidad se mezclaron de manera terrible y una oscura profundidad de la psique humana surgió a la superficie. Dark Knight Rises: el Caballero de la Oscuridad se Alza. Esto en cierta forma ocurrió y 12 personas murieron (incluyendo un niño de 12 años) y 58 fueron heridas cuando James Holmes disparó al público —algunos de ellos disfrazados de Batman— con un sofisticado arsenal (se calcula que en total las armas que obtuvo podrían llegar a un valor de 20 mil dólares). Estados Unidos entró en un estado de shock al ver cómo el nuevo templo, el cine, era violentado por un sociópata fanático, que dijo ser El Guasón.

La función había empezado, los habitantes de Aurora estaban presenciando un moderno ritual, proyecciones de la cueva platónica de los sueños, el héroe que hace suya la sombra para proteger a una ciudad de las fuerzas del caos (según algunos críticos una poderosa obra del director de Inception, Christopher Nolan).  James Holmes, de manera aún inexplicada, logró dejar su asiento para regresar con una panoplia de armamento a la sala. Poco antes había teñido su cabello de rojo, el color de las fuerzas indómitas, mimetizando el color del cabello de Heath Ledger, un actor que, absorto en su caracterización de El Guasón, murió poco después de este papel. Entre las drogas que encontraron en el cuerpo de Ledger estaba el Vicodin, una sustancia que Holmes también optó por consumir.

Se dice que lo sucedido durante un evento como este es ininteligible, como si los abismos de la mente humana (y los ambientes donde germinan) fueran totalmente ajenos a nosotros e incomprensibles. Sin embargo, aunque radicalmente sombríos, son parte también de nosotros, de nuestra psique y de nuestra cultura. La estrategia mediática es el escándalo: lamentarse ante lo insondable de la conducta humana e intentar descargar la tensión en un culpable. Un asesino solitario que de alguna manera es un accidente social, pero que le pone rostro a lo informe. Como dijera Marylin Manson sobre la masacre de Columbine, de la cual fue periféricamente culpado: "El mayor miedo del hombre es el caos. Era impensable que estos niños no tuvieran una razón en blanco y negro para sus acciones. Además, se necesitaba un chivo expiatorio". 

En la nueva película de Batman, uno de los diálogos dice "nada es casualidad", esto es un cliché, pero es parte de la fuerza de un lugar común que puede obtener una fuerza ominosa. Esta es la prrerogativa de este artículo: internarse en las causas ocultas que percibimos superficialmente como una coincidencia. 

James Holmes estudiaba medicina, especializado en neurociencia: el psicópata que se mira a sí mismo en el espejo fragmentado. Pero a diferencia de otros asesinos de la cultura pop, no tiene antecedentes que lo ubiquen como un "psicópata" en ciernes: su atrocidad fue su début. No tenía un blog  o una cuenta de YouTube de teorías de la conspiración; las personas, pocas, que lo conocían, no tenían ningún indicio que lo perfilara como un tipo disfuncional, violento o subversivo. Su acto parece haber brotado del vacío —que contiene todo en potencia. Como si fuera una manifestación —o posesión— del caos.

El único indicio que se tiene de una conducta anómala en este caso parece ser la experimentación por parte de Holmes con ciertos fármacos psicoactivos. El Telegraph reporta que existe un video del 2008 en el que Holmes, que por otra parte es descrito como un "all-american boy", explica lo que llama "ilusiones temporales", una "ilusión que te permite cambiar el pasado" y que estaba trabajando en "una experiencia subjetiva, que sucede dentro de la mente a diferencia de en el mundo exterior". Una especie de entrenamiento psicológico reminiscente del método que podría utilizar un actor o un chamán.

En un fascinante ensayo Jonathan Zap explora el tránsito de la ficción a la realidad en casos como el de la matanza de Aurora:

Las películas son una tecnología de transmisión de sueños colectivos. Algunas películas que tienen un alto acceso al contenido del inconsciente colectivo son lo que Charles Fort llamó "zonas ventana" o portales entre dimensiones, y cosas extrañas e insólitas suceden en su despertar. Particularmente películas sobre cosas ocultas y oscuras tiene un historial de estos efectos de cruce. Un ejemplo familiar es el de Brandon Lee, hijo de Bruce Lee, y su papel en la película The Crow [...]. Brandon encarna el papel de alguien que ha sido asesinado, pero que regresa de la muerte. Durante una escena, un arma que contenía supuestamente solo salvas de alguna manera fue cargada con una bala que lo acabo matando. Otras películas con un similar y tenebroso cruce:  The OmenThe ExorcistThe Twilight Zone y Poltergeist.

Una de las sincronicidades más extrañas en este caso es que la productora Warner Brothers había emparejado la exhibición de Dark Knight Rises con el tráiler de la película Gangster Squad, con una escena (aun en el tráiler) en la que unos gángsters salen de una pantalla de cine para dispararle a la audiencia.  Las personas que estaban por ver Batman (el tráiler ha sido eliminado de las exhibiciones de esta película) veían antes una prefiguración (¿mera casualidad?) de lo que estaba por ocurrir. La ficción escapa de la pantalla y se filtra a la realidad. De nuevo Jonathan Zap:

Como colectivo, debemos de darnos cuenta de que el velo entre el inconsciente colectivo y la realidad despierta siempre se está adelgazando e irrumpiendo. Mucho de lo que vemos en el mundo fenoménico es una erupción de la psique. Las películas son artefactos que transitan entre el plano imaginal, el tiempo del sueño y la realidad despierta. No nos debería de sorprender que muchas veces sean portales que cruzan estos planos, recordándonos que la válvula de seguridad entre la realidad en la que lees estas palabras y otras realidades es una membrana semi-permeable.

El sitio Vigilant Citizen rescata que la semana pasada también se estrenó el videoclip del rapero Lil Wayne,“My Homies Still", en el que este aparece en una sala de cine sentado alrededor de 12 calaveras (extrañamente son 12 las personas que murieron en Aurora).

 En el cómic de 1986 Batman: The Dark Knight Returns, se muestra a un hombre desquiciado que asesina a tres personas en una sala de cine —los medios, en el cómic, señalan que el asesino fue inspirado por Batman. Otra extraña prefiguración.

Los sitios de teorías de la conspiración en Internet inescrupulosamente hablan de un evento montado por una espectral elite que supuestamente mueve los hilos de nuestra cultura como si se tratara de un masivo ritual de control mental.  Este es el eterno dilema de encontrar un cuplable, de hacer una transferencia psicológica de lo que nos sucede a alguien más. Pero más aterrador y fascinante es, como dijera Terence Mckenna, que nadie tiene el control, nadie tiene potestad sobre el caos y la entropía. Solo hay algunos que lo sirven o surfean mejor. Como el Guasón. En este caso el Guasón Cósmico, el Cosmic Joker, el arquetipo macrocósmico  del trickster.

George Hansen, en su libro The Trickster and the Paranormal, lo describe de esta manera:

El trickster es un personaje que se encuentra en la mitología, en el folclor y en la literatura de todo el mundo; los tricksters aparecen como animales, humanos y dioses. Tienen una serie de características en común y algunas de sus cualidades más destacadas son la disrupción, el desorden, la sexualidad irrepresa y la inconformidad con lo establecido. Son típicamente masculinos. Los tricksters generalmente engañan a seres más grandes y poderosos que quieren contenerlos; pueden ser adorablemente astutos o desagradablemente estúpidos —tanto héroes culturales como búfones egoístas.

Los tricksters son los que cruzan las fronteras; desestabilizan las estructuras; gobiernan las transiciones. También encarnan las paradojas, la contradicción, la ambigüedad. El tema de la marginalidad puede incluirse aquí. Los tricksters son personajes marginales; viven en las fronteras, en un estatus incierto, indefinible.

Entre los emblemas del trickster se encuentran los brujos; un gran ejemplo es Don Genaro, la contraparte más lúdica de Don Juan Matus, en la saga de Carlos Castaneda. El mejor emblema de la cultura pop de un trickster es El Guasón, la fuerza opuesta y necesaria de Batman. Encarnación suprema de la dualidad: un hombre maligno que siempre sonríe. Es una continuación de deidades-arquetipos como el dios bifronte romano Jano, el eterno Hermes (ladrón de ganado), el dios feral Pan (que encarnara el siempre joven Peter Pan), Mitra, Seth y Tezcaltilpoca que engañan a su hermano (Osiris y Quetzalcoatl) de manera muy similar como el Guasón embauca a Batman y por supuesto de Shiva, el Destructor, que se representa con pintura de cenizas (la muerte) de igual manera que el Guasón tiene el rostro pintado de blanco.

El Guasón también tiene una alta conexión simbólica con la carta del Tarot del Ahorcado. Carta que encarna Heath Leadger en la película The Imaginarium of Dr. Parnassus. Antes de que el personaje de Ledger aparezca en esta película, el Dr. Parnassus obtiene esta carta en una lectura de Tarot, poco después vemos a Ledger colgando del puente Blackfriars Bridge, lugar donde (en la vida real) fue encontrado muerto el banquero Roberto Calvi, miebro de la sociedad secreta de los Caballeros de Malta, quien fuera parte del escándalo del Banco Ambrosiano del Vaticano.

Ledger no pudo terminar la película de Terry Gilliam ya que murió por una sobredosis de medicamentos, envuelto en una extraña despresión, ominosamente mezlcando la realidad con la ficción. Jack Nicholson, también El Guasón, le había advertido que  representar este personaje era sumamente desgastante. Como si su alma fuera transferida a él, cumpliendo una especie de rito o sacrificio en el teatro de los sueños.

Es posible que esta veta de James Holmes (el antihéroe) como El Guasón sea solamente una historia que los medios nos están vendiendo, pimienta metafísica para las narrativas colectivas. Pero también es posible que encarnara, a la manera de una posesión (liberación de una cauda inconsciente) el arquetipo del Guasón. Podría parecer algo despiadado asignar a una tragedia como la sucedida en Aurora una causa divina/demoniaca (DEMON EST DEUS INVERSUS, escribió Madam Blavatsky), una irrupción de lo numinoso en la realidad, pero es ridículo pensar que solo lo bueno y milagroso es obra de lo divino. Antes que los dioses del Olimpo están los titantes, los dioses del caos. 

No quiero con esto hacer una apología de la masacre —la cual es a todas luces condenable—, solo busco entender lo sucedido y seguir las pistas en el bosque pánico del Guasón Cósmico.  Lo que ocurrió es inexplicable pero solo en la medida en la que el caos lo es: una manifestación secreta y brutalmente energética del orden, el cosmos.  Por momentos la sombra del alma del universo se vuelve visible.

Con información de Vigilant Citizen

Twitter del autor: @alepholo