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La Promesa de la Serpiente (o la Perturbadora Verdad sobre los Psicodélicos I/II)

Psiconáutica

Por: Jasun Horsley - 10/12/2011

Si has ingerido sustancias como el LSD o el DMT —o piensas hacerlo en el futuro— no debes dejar de leer la nueva colaboración de Aeolus Kephas sobre el intercambio energético que ocurre entre los espíritus de las plantas, o químicos, y las personas que las consumen. El intercambio más viejo de todos.

 

"Los brujos dicen que la muerte es el único adversario digno que tenemos… la muerte es nuestro retador… La vida es un proceso a través del cual la muerte nos reta… La muerte es la fuerza activa en nosotros. La vida es el escenario. Y en ese escenario hay dos contendientes en todo momento: uno mismo y la muerte… Somos pasivos… Si nos movemos, es sólo cuando sentimos la presión de la muerte."

—Carlos Castaneda, The Power of Silence

 

Cualquiera que haya fumado DMT sabe por qué Terence Mckenna decía que pone los “nudillos blancos”. Con una bocanada de una pipa eres lanzado, en el tiempo que toma llenar los pulmones de humo, a otro mundo en el que ningún rasgo familiar permanece.  Es un mundo más extraño y desaforado que cualquiera de nuestros sueños o pesadillas más salvajes podrían jamás conjurar. Es también un mundo que está habitado, y lo que es más desconcertante todavía es que sus habitantes enfocan su atención sobre nosotros. El abismo también mira. Fumar DMT es como salirse de adentro hacia afuera: no solo se nos expone a la verdadera naturaleza de la realidad sino, en el mismo instante, también nosotros quedamos expuestos a ella. Literalmente no hay lugar en dónde esconderse en un viaje de DMT, ya que el universo está insondable y ferozmente vivo y está justo debajo de nuestra piel. Quien sea que haya fumado DMT una vez, y por lo tanto sabe qué esperar, deberá de recurrir a todo su coraje la próxima vez que se le ofrezca decirle “bye-bye a Kansas”. La consolación mayor del fumador de DMT de nudillos blancos es que sabe que hasta el viaje más intenso solo dura entre 5 y 15 minutos. ¿Que tipo de valentía se necesitaría para fumar DMT sabiendo que es un viaje sin retorno, que nuestra conciencia está a punto de ser catapultada a los reinos Imaginales por el resto de la eternidad? ¿Sabiendo eso podría alguien sostener la pipa sin temblar?

Lo que sigue en este artículo no está basado en la ciencia dura o en hechos aceptados sobre nuestra química cerebral o corporal y los enteógenos. Es una mezcla de experiencia personal, razonamiento deductivo y algo que solo puedo describir como “conocimiento recibido”, así que se le sugiere al lector que añada un “tal vez” o un “me parece a mí” al final de cada enunciado, para contrarrestar lo que de otra forma sería el tono autoritario del artículo, necesario para mantenerlo claro y sucinto. Habiendo hecho esta aclaración, esta es la premisa de mi argumento: Si el Don Juan de Castaneda está en lo correcto y la muerte es una fuerza activa en la vida, entonces las sustancias psicodélicas son una forma de muerte concentrada. Incluso la observación ordinaria indica que la muerte regenera la vida y mantiene las cosas moviéndose hacia delante, sin ella no hay avance, no hay evolución. Poéticamente hablando, la muerte provee la urgencia del Tiempo dentro del tapiz de la Eternidad. Esta es la razón por la cual a Cronos, Señor del Tiempo, se le representa con una guadaña. El Tiempo es el catalizador del Movimiento añadido a la “sustancia” del Espacio. Este concepto está claramente ilustrado en Atu 13 del tarot de Aleister Crowley y Frieda Harris.

 

 

Como “partículas condensadas de la muerte”, entonces, los enteógenos atacan el sistema nervioso, apuntando a neuronas específicas, no solo del cerebro sino del cuerpo entero, dentro del cual cada vez más sistemas neurológicos están siendo descubiertos (como el corazón y los intestinos). Este “ataque” de las moléculas psicotrópicas sobre nuestras neuronas no es sin una intención, sin embargo, y en lo que puedo intuir, esta intención es secuestrar las células de nuestro cuerpo y usarlas como vehículos para cruzar de la “muerte” a la “vida”. Con “muerte” me refiero a los reinos inorgánicos, donde los reinos orgánicos tienen la relación de ser lo que conocemos como “la vida”.

Chamánicamente hablando, fumar DMT o ingerir otro alucinógeno es ofrecer nuestras células como sacrificio a los espíritus. Con tal sacrificio estamos dejando que nuestra conciencia sea poseída por los misteriosos e invisibles agentes de la transformación. Cuando ingerimos una sustancia psicoactiva una cantidad de neuronas resultan “destruidas” o, por decirlo de otra forma, descompuestas a sus constituyentes básicos. En el momento de la destrucción se convierten en “comida” para inteligencias inorgánicas que las usan para ganar sustancia temporal en nuestra región orgánica de existencia, a través de nuestra conciencia. Hay un momento en el que se traslapan los mundos de la vida y la muerte, lo temporal y lo eterno. Una parte de nosotros “muere”, es absorbida por los espíritus que residen en la planta o en el químico, inteligencias que (solo podemos imaginar) están buscando una experiencia de existencia orgánica que de otra forma no está disponible para ellas. (Ya que las plantas son formas de vida orgánicas, sería más preciso decir que están buscando una experiencia distinta, una experiencia orgánica más sensorial). En esos breves momentos u horas, mientras nuestras neuronas son consumidas por el entéogeno, todavía están conectadas a nuestros seres conscientes, al sistema nervioso y a la red neuronal. Como resultado nos toca experimentar conscientemente la existencia “del otro lado”, a través de los ojos de los espíritus; al mismo tiempo los espíritus pueden experimentar la vida a través de nuestros ojos. Esta forma de sacrificio ritual es un intercambio ancestral, posiblemente el más viejo de todos. 

En Ketamine: Dreams and Realities, Karl Jansen escribe: «El LSD y el DMT se unen a los receptores de serotonina y esto, se cree, es lo que aprieta el botón que detona la cascada de eventos que resultan en un viaje psicodélico»[1]. En el punto en el que los psicodélicos se unen y por esto alteran las zonas de receptores en el cerebro, surge la pregunta: ¿qué nos permite recibir esta alteración del sistema nervioso?  El tipo de energía que es recibido a través de las zonas receptoras alteradas, así como la cantidad, sería probablemente determinada no solo por lo que se está ingiriendo (los químicos de la planta), sino por las circunstancias —y quizás lo más crítico de todo— la composición psicológica de la persona que las ingiere. Los indígenas nativos americanos tomando peyote o los chamanes peruanos (y su clientela) tomando ayahuasca estarían entonces en un asunto totalmente diferente a los occidentales aspirando a convertirse en magos o buscando congreso con lo divino, sin tener idea alguna de lo que están haciendo y poca o ninguna relación con la planta/químico (y espíritu residente) que se ingiere.

Los espíritus son inteligencias inorgánicas (que podrían incluir a lo que llamamos las almas de los muertos). Siendo inorgánicos o muertos no tienen acceso a la forma física sensible.  Esta es un área en la cual no estoy seguro al cien por ciento, ya que los espíritus inorgánicos aparentemente pueden vivir en la materia orgánica, de la misma forma que los seres elementales o las hadas, se dice, pueden vivir en las rocas y en las plantas y demás. Puede ser que estos espíritus busquen específicamente experimentar la existencia humana —y hacer que seres humanos encarnados ingieran enteógenos sea una formar para lograr esto. Cualquiera que sea el caso, aparentan desear no solo congreso con sino ingreso a (y a través de) nuestra conciencia, lo cual consiguen no solo accediendo a nuestras neuronas (al tiempo que son “secuestradas” por los químicos psicoactivos) sino a toda la red a la que estas neuronas están vinculadas. Estimo que existen tres capas de circuitos neurales en un ser humano. El más superficial es el del cerebro, el cual después está ligado a la red más grande del sistema nervioso, incluyendo los órganos en los que se almacena la memoria individual (siendo la función del cerebro acceder y “decodificar” esas memorias), memorias que constituyen la vida e identidad de un individuo, nuestro cuerpo total. Finalmente, debajo de esto, abarcando todos los átomos del cuerpo, existe una red subatómica de ADN que contiene nuestro código genético y por lo tanto la memoria de toda la especie.

Potencialmente los enteógenos pueden “encender” esa red neural de nuestro cerebro e incluso la red más amplia de nuestro sistema nervioso. En casos extremos, como los de una iniciación chamánica, incluso llegan a permitirnos acceder a un nivel genético de conciencia, donde se almacenan memorias ancestrales y “vidas pasadas”. Este proceso tal vez sea similar a la fisión del átomo para crear una explosión nuclear: si nuestros cuerpos (como el resto de la realidad física) son sistemas holográficos, cada neurona, cada molécula, debe de contener la información de  toda la red. (Una muestra de sangre te dirá algo de todo el organismo). Cuando las moléculas psicoactivas “invaden” a las moléculas de nuestros cuerpos, las resquebrajan para liberar la información almacenada en su interior, dándonos una conciencia momentánea de toda la red: visión “nuclear”. Hay un obvio efecto colateral a todo esto, sin embargo. Ya que acceder a la información de la red neural requiere hackear el sistema, los enteógenos causan daños inevitables en el proceso. Como resultado, los efectos a largo plazo de los enteógenos son generalmente los opuestos a sus efectos a corto plazo.  Creo que los enteógenos causan “rupturas” en las vías neurales del cerebro y en el cuerpo total (posiblemente incluso en el ADN), rupturas que impiden la activación espontánea del sistema más adelante. Nos dan una probada de la iluminación —que es nuestro estado natural— pero la posibilidad de una iluminación más duradera es drásticamente reducida. En este caso, los enteógenos, como los gurús, y tal vez como el conocimiento oculto en general, engendran adicción espiritual. Como todas las adicciones, necesitamos de dosis todavía más fuertes para “elevarnos”.

 

¿La Revancha Secreta de Gaia?

 “La realidad verdadera de la que nadie se atreve a hablar es que nadie está en control, absolutamente nadie. Las cosas están gobernadas por las ecuaciones de la dinámica y el caos. Pueden haber entidades buscando control, pero buscar control es un enorme agravante en contra de ti mismo. Es como intentar controlar un sueño”.

—Terence McKenna, “Dreaming Awake at the End of Time”

Debe de trazarse un paralelo muy claro aquí con el ecosistema, que es por supuesto la fuente de la mayoría, si no es que de todas las sustancias psicoactivas. Si los árboles y las plantas de la tierra son una suerte de red neural del planeta (un escenario hábilmente ilustrado en la serie de comics Swamp Thing de Alan Moore), el diezmo de los bosques tropicales y otras formas de daño ambiental  no solo estarían afectando nuestro suministro de oxígeno. Estaría rápidamente reduciendo la capacidad de la biósfera de la Tierra de funcionar según la intención original, como un sistema informático a través del cual el planeta (como el cuerpo humano) puede tomar conciencia de sí mismo: en dos palabras, conciencia planetaria. Irónicamente, puede ser que en parte es debido a este cortocircuito en el sistema que existe tanta atracción hacia una “solución psicodélica”. La ironía, si esta es una descripción precisa, es que la destrucción de la ecósfera no es solo un síntoma sino una causa de nuestra acrecentada desconexión de la Naturaleza y de nuestros cuerpos.  Al buscar experimentar nuestra naturaleza primal/cósmica vía los enteógenos que la Tierra (y la ciencia moderna) provee, la solución imaginada puede solo estar haciendo más complejo el problema. Sería la revancha secreta de Gaia, porque si el (ab)uso de enteógenos está diezmando nuestras “biósferas” individuales e impidiendo que tengamos acceso a todas nuestras facultades, esto se estaría reflejando exactamente en las mismas formas en las que nuestra desconexión con el medio ambiente ha afectado la biósfera de la Tierra.

 

Aunque esto es un punto de vista potencialmente controvertido dentro la comunidad de los enteógenos y la percepción alterna, existe evidencia para sustentarlo. Por un lado tenemos un blockbuster como Avatar, que aboga por el activismo ambiental y la expansión mental psicodélica, al mismo tiempo que alimenta a la industria militar y de entretenimiento que lentamente destruye el planeta y mantiene a la mente colectiva en estupor con contenido chatarra como Avatar.  ¡Hasta el momento la única explicación a esta contradicción es que la película es prueba del despertar planetario! Sin embargo, las incontables contradicciones dentro de la cinta —por no mencionar su porquería— desmienten esa “explicación”. Si una película hecha por el complejo militar y de entretenimiento conocido como Hollywood  parece envilecer las fuerzas militares de ala derecha retratándolas como anti-ambientalistas y glorifica los psicodélicos y el regreso a los valores y a las raíces tribales, puedes estar seguro de que las personas detrás de la película tienen sus razones para así hacerlo. Por  otro lado no necesitamos ir más lejos que a las dos fuerzas líderes de la revolución psicodélica —Carlos Castaneda y Terence Mckenna— para entrever el lado oscuro de la experiencia enteógena. Mckenna se murió de un tumor en el cerebro a los 53 años y Castaneda se murió de cáncer en el hígado a los 72. El cerebro y el hígado son los dos órganos que más obvia e innegablemente se ven afectados por las sustancias psicoactivas. La muerte de estos voceros visionarios ensombrece sus mensajes [2] y ha servido para contrarrestar, al menos hasta cierto punto, su influencia en lo que concierne al mensaje positivo de los enteógenos. Castaneda cita a Don Juan Matus en uno de sus  últimos libros, admitiendo que las plantas de poder “hacen un daño incalculable al cuerpo”, explicando que solo fueron necesarias debido a la extrema “estupidez” de Castaneda. Un tercer cuerpo de evidencia (probablemente el más persuasivo) en cuanto a los dudosos beneficios del uso de enteógenos serían los incontables voceros y exponentes que sostienen haber sido transformados por las plantas de poder, cuya retórica y comportamiento delata una distintiva falta de balance, coherencia o sobriedad. (Sería hasta cruel mencionar nombres a estas alturas)[3].

Será argumentado sin duda que, usados de forma apropiada (chamánicamente), los enteógenos, como la ayahuasca, la ibogaina y la psilocibina pueden servir para sanar, ¿así que cómo se puede decir que dañan el cuerpo? La respuesta está en lo que conlleva el uso “apropiado” o chamánico, así como en lo que entendemos como “sanación”.  El campo electromagnético o “aura” alrededor del cuerpo humano, que se corresponde grosso modo con las redes neurales que he estado describiendo, es donde se originan todas enfermedades físicas, así que es ahí donde la sanación chamánica presumiblemente ocurre —si es que en realidad ocurre. Tal “sanación del alma”, cuando efectiva, compensaría por mucho el daño hecho al cuerpo por los enteógenos, ya que al sellar las fracturas o depurar los bloqueos en el cuerpo energético (la psique total), el cuerpo se regeneraría con el tiempo.  Generalmente esto sí requiere de un chamán —un sanador energético experimentado— administrando los enteógenos y en algunos casos tomándolos en lugar del paciente. Realizar una cirugía energética sobre nuestra propia psique sería obviamente una tarea de alto riesgo, por no decir una locura. En el mejor de los casos es probable que usemos la experiencia de elevación en la conciencia inducida por los enteógenos para evitar las áreas del bloqueo —o para abrirnos paso a través de ellas sin la preparación necesaria— en vez de sanar e integrarlas. Esto puede que no resulte en una enfermedad física (al menos no en ese momento) pero seguramente llevará a inflar el ego, por un lado, y a la disociación y a la fragmentación (una esquizofrenia moderada) por el otro. Quizás lo más común es que lleve a una combinación de ambos.

La idea de que los psicodélicos son sustancias de “muerte concentrada” —una forma de veneno holístico— no contradice la idea de que pueden ser usadas para sanar, porque este hecho es común a todos los remedios homeopáticos. La dosis es la clave: incluso una pequeña parte más de lo adecuado y una medicina se convierte en veneno. Con los enteógenos esto se relaciona no tanto con la cantidad sino con la frecuencia de uso, al igual que, e incluso aún más importante, a las circunstancias en las que están siendo usados. Para dar mi propio ejemplo: en alrededor de unos 20 años experimentando (sin contar los siete años que evité completamente los enteógenos, si no cuentas el porro ocasional), probablemente he tenido cerca de 100 poderosas experiencias alucinógenas  (algunas de las cuales fueron inducidas por la marihuana). Estimaría, conservadoramente hablando, que menos de dos docenas fueron “necesarias” (apropiadas) y que quizás aún menos fueron verdaderamente chamánicas y por lo tanto sanadoras y transformadoras para mi ser. Esto significaría que alrededor de entre el 70% y el 95% de mis experiencias enteógenas fueron injustificadas y deletéreas para mi salud física y mental.  En total, me gusta pensar que se equilibra, que ese 10 a 25% de experiencias chamánicas fue suficientemente transformador para compensar los daños que le hice a mi sistema nervioso por sobre-indulgir. De cualquier forma, si esto es verdad, todavía tengo que reconocer la posibilidad de que estaría casi exactamente en el mismo lugar en el que estoy hoy si hubiera evitado las experiencias enteógenas completamente. También es posible que hubiera salido considerablemente mejor librado.

La ineludible comprensión para mí ha sido que estaba usando psicodélicos no simplemente para expandir mi conciencia, sino para escapar los confines de una conciencia contraída. ¿Cuál es la diferencia?, te podrás preguntar. Tal vez ninguna, salvo que esta última es una descripción honesta mientras que la primera no lo es. En otras palabras: si hubiera estado contento con los parámetros de mi conciencia limitada, no hubiera tenido tanto entusiasmo por experimentar con estados elevados de conciencia. La llamada “expansión de conciencia” se convierte meramente recreativa una vez que hemos adquirido cierto nivel de conciencia, un nivel en el que tenemos más que suficiente para integrar sin revolver aún más elementos de nuestro inconsciente. E integrar  conlleva poner los pies en la tierra de regreso para ver qué está pasando en nuestra atención mundana, algo que no sucede si seguimos apuntando a estados siempre más elevados de conciencia y a experiencias siempre más expansivas de la mente, vía enteógenos. ¿Cuánto aumenta expandir nuestra conciencia nuestra capacidad de funcionar cotidianamente en el mundo y relacionarnos con otras personas en un nivel ordinario? ¿Y cuánto solamente estamos aumentando nuestra habilidad de hablar horas de temas abstractos y volar a reinos imaginarios/imaginales, trayendo de regreso brillantes baratijas (canciones, poemas, pinturas, libros) para mostrar cuán “evolucionada” está nuestra conciencia para el mundo? Seamos honestos.

Lee la segunda parte de la Promesa de la Serpiente: ¿Qué es la iluminación?

* Aelous Kephas es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan: Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into OccultismUfology and Paranoid Awareness y Homo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon. En Pijama Surf publicó la serie de literatura chamánica, neuronas espejo e individuación Escritores del Cielo en Hades.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

           


[1] "Los receptores son transductores biológicos que convierten energía de ambientes externos e internos a impulsos eléctricos. Pueden estar amasados juntos para formar un órgano sensorial, como un ojo o una oreja, o pueden estar dispersos, como los de la piel y las vísceras. Los receptores están conectados al sistema nervioso central por fibras nerviosas aferentes. La área o región en la periferia de la cual una neurona dentro del sistema nervioso recibe una señal es llamada campo receptivo. Los campos receptivos son cambiantes y no entidades fijas”. http://www.britannica.com/EBchecked/topic/409709/human-nervous-system/75590/Receptors

[2]  Hay que admitir que Castaneda se quiso desmarcar de la cultura psicodélica desde temprano en su carrera.

[3] “Los críticos de Tim Leary eventualmente señalan sus conexiones cercanas a un cártel internacional de tráfico de LSD, la Hermandad del Amor Eterno [the Brotherhood of Eternal Love], rumorada fachada de la CIA. La Hermandad estaba controlada por Ronald Stark, de quien la corte italiana determinó que fue parte de la CIA desde 1960, y los fondos de la Hermandad son canalizados a través del Castle Bank en la Bahamas, una conocida “propiedad” de la CIA. Por dos años Leary vive en el cuartel general de la Hermandad en Laguna Beach, en donde la agrupación acapara el mercado estadounidense del LSD y distribuye la variedad única de la droga, “Orange Sunshine”. Stark supuestamente tiene altas conexiones tibetanas cercanas al Dalai Lama y quiere proveer suficiente LSD para dosificar a las tropas chinas en Tíbet. En Estados Unidos, mientras tanto, Stark provee suficiente Orange Sunshine para dosificar a toda la cultura hippie varias veces. Este es el 'ácido malo' que Charles Manson y su culto tomaron antes de matar a Sharon Tate y que los Hell’s Angels tomaron antes de apuñalar a un hombre negro en un concierto de los Rolling Stones en Altamin. Por esto William S. Burroughs, Ken Kesey y el líder de la Panteras Blancas, John Sinclair, eventualmente consideran la teoría de que Leary, Stark y el Orange Sunshine son todos parte de un complot de la CIA para desacreditar a la izquierda radical”. http://www.sunshine69.com/Sunshine__autumn.html

La Promesa de la Serpiente (o la Perturbadora Verdad sobre los Psicodélicos II/II)

Psiconáutica

Por: Jasun Horsley - 10/12/2011

Presentamos la segunda parte de este penetrante ensayo en el que Aeolus Kephas nos convida reflexiones en torno a los psicotrópicos, tocando asuntos como el de la iluminación, los diálogos neuronales, el intra-cosmos y la muerte.

 

 

*Leer primera parte

 La iluminación: ¿Qué es?

 “Las proteínas son seres inteligentes. Han evolucionado para operar en el torbellino metabólico de un turbulento entorno celular”.

—Christopher Miller, Nature magazine

 

Durante uno de mis más memorables encuentros con la salvia divinorum, me experimenté a mí mismo como conciencia interactuando con las moléculas de mis párpados. Cada una de estas moléculas era un ser individual y juntas formaban un colectivo (mis párpados) caracterizado por una combinación de fiera atención, una cierta picardía y una poderosa e inconfundible expresión de amor o afecto por mí o por lo que sea que me quedaba de auto-conciencia en ese momento, mientras era engullido en una eléctrica congregación de moléculas. Menciono esto como una contra-perspectiva de algo que describí anteriormente, en lo que, de la misma forma en que los enteógenos consumen nuestras neuronas, los espíritus (aquellos que residen en la planta o el humo de la planta) navegan al interior de nuestra conciencia en una ola de “destrucción”. Una manera alternativa de verlo —no necesariamente opuesta a lo primero— es que los “espíritus” (siendo seres cuánticos y no-locales) también residen en las células de nuestros cuerpos (en la experiencia anterior, mis párpados captaron mi atención porque estaba tratando de concentrarme en no abrir mis ojos una vez que hubiese fumado). Cuando los enteógenos llegan a nuestro sistema nervioso, estos “espíritus” son liberados (como la energía nuclear de un átomo) de esa fuerza que mantiene nuestros cuerpos y todo lo demás bajo una forma fija —el yugo de la materia. Tal vez, mientras mis moléculas "morían" bajo la influencia de la salvia, sus almas-de-moléculas estaban volando libres, danzando alegremente en dirección opuesta y llevando mi conciencia (temporalmente) con ellas.    

Los átomos (y moléculas, células, neuronas y proteínas) son entidades. Llevan una carga de información que es esencialmente indistinta a la manera en que nosotros, como átomos más grandes, llevamos la memoria de nuestras vidas, creando a la vez nuestro propio “giro” o carga de información. Y como nuestro sentido de identidad proviene primordialmente, incluso exclusivamente, de nuestro propio inventario de memorias, entonces a un átomo que lleva su carga de información también le podemos atribuir una identidad. Esto implica una nueva área de exploración más allá del enfoque de este artículo: ¿Hasta qué grado usar psicodélicos permite a nuestra conciencia ser poseída por entidades foráneas que no son “empáticas” (tanto en el sentido común como en el mágico de la palabra) con nuestros cuerpos y nuestras psiques? Puede asumirse que, ya que los enteógenos provienen de la Tierra, entonces deben ser benevolentes (compatibles con nuestra evolución). Pero asumir esto sería precipitado, pues hay múltiples especies terrestres que no están “de nuestro lado”. Los espíritus de las plantas promueven la dependencia y la forma en la que interactúan con nosotros puede depender de cómo nos relacionamos consciente y concienzudamente con ellos, tal como sucede con cualquier otra cosa en la vida. En un medio ambiente predatorio, todo es alimento para alguien más, entonces, ¿por qué asumir que esto no se aplica en el campo de la conciencia o a nuestra interacción con esos “espíritus” que residen en los enteógenos que consumimos, deseosos de ser poseídos por Dios? Incluso puede ser que cualquier forma de conciencia que radica en moléculas más allá de aquellas de nuestros propios cuerpos es ajena a nosotros y por lo tanto potencialmente dañina; en pocas palabras, la verdadera individuación o despertar depende el acceso a la conciencia divina que no se encuentra fuera de nosotros (en plantas o gurús) sino al interior [1].

Ahora me gustaría hablar sobre el tema de la vida después de la muerte. Despojado de todo ornamento religioso esta es simplemente una idea de la continuación de la identidad—conciencia individual— tras la muerte del cuerpo. Si tomamos el concepto fuera del reino del mito y la creencia religiosa y lo insertamos en el campo de la (casi) ciencia, qué tan grande es el salto de sugerir que nuestra existencia, al otro lado de la muerte, pudiese, factiblemente, depender de nuestras acciones y logros mientras estamos vivos. Esta no sería una cuestión moral —ya que la moralidad es meramente una invención humana— sino pragmática. Podría depender, por ejemplo, de un individuo que tenga completamente activado (conectado) el sistema neural en el momento de su muerte, un sistema que entonces podría servir como vehículo para la conciencia inorgánica una vez que la carne y el conducto sanguíneo ya no fuesen funcionales.

¿Probablemente la vida del cuerpo es un medio para que la conciencia indiferenciada (energía pura, antes que la forma) se experimente a sí misma como una entidad separada, al sumergirse (o tejiéndose para existir) en un “paquete” que la contenga? La conciencia entonces tendría la posibilidad de integrarse completamente en este paquete para que, como el barro dentro de un molde, cuando la forma haya destruido la energía que la in-formó —permitiéndose a sí misma también ser formada por ella— podría retener la forma única —la individualidad— que la experiencia física le otorgó. Esta idea es dramáticamente representada una vez más por Alan Moore, en el comic Watchmen, cuando Jon Osterman se evapora dentro de una bóveda nuclear y su conciencia milagrosamente logra tejerse a sí misma una nueva forma física hecha a partir de energía pura, utilizando las memorias de su antigua identidad como una matriz. Alan Moore también creó una historia completa de origen para Swamp Thing, la cual básicamente trata del mismo modelo: Alex Holland atraviesa una crisis existencial cuando se da cuenta que no es quien (o que) pensaba que era, sino la inteligencia de una planta que ha heredado las memorias de Holland.

 “Por un beso entonces serías tú capaz de darlo todo; pero quien cede una partícula de polvo lo perderá todo en ese momento”

—Aleister Crowley, The Book of the Law

En muchos de sus últimos libros, Castaneda describe algo que llama la Recapitulación. Esta es probablemente una interpretación demasiado literal del proceso de integración de la conciencia indiferenciada con su experiencia de encarnación física e individualidad. Como lo describe Castaneda, la tarea de un brujo es recapitular su vida entera —incluido cada pensamiento y cada sueño jamás soñado— creando un estado de alerta substituto que puede entonces ser ofrecido a “el Águila” (la fuerza rectora del Universo). En respuesta a este ofrecimiento, al brujo se le permite mantener su estado de alerta individual (el Don del Águila). Esta no es una metáfora que yo tome con demasiada literalidad, no más de lo que intento dolorosamente recapitular cada pensamiento que jamás haya tenido para conseguir la inmortalidad (aparentemente no funcionó muy bien para Castaneda, quien supuestamente se volvió loco antes de morir). Cito ahora esto solo por los paralelismos que presenta con nuestro actual modelo. También son relevantes las múltiples experiencias “cercanas a la muerte” que han sido detectadas (NDEs, ver El Universo Holográfico de Michael Talbot) en las que individuos atraviesan una revisión completa de vida y re-experimentan cada momento de su existencia hasta el punto en que estuvieron cerca de la muerte. En el modelo de Castaneda, en el momento de muerte —o incluso como una alternativa al morir— un brujo completamente recapitulado “se quema desde su propio fuego interno” y cada célula de su cuerpo se torna consciente de sí misma y de la totalidad del cuerpo. Bajo un estado de alerta celular completamente activado, el brujo “se desliza hacia la infinidad”, disolviéndose en el sinfín y reteniendo, simultáneamente, un misterioso remanente de su individualidad.    

Una descripción así de épica se lee mejor como un mito moderno que como un hecho fáctico; sin embargo, puede relacionarse a una ocurrencia verdaderamente práctica, el encendido de redes neuronales (en los tres niveles) dentro de nuestros cuerpos mientras aún seguimos vivos. Esto, hasta donde puedo afirmarlo, es lo que se conoce en los círculos espirituales como la “iluminación”, mientras que a la vez es simplemente nuestro estado natural como seres humanos. En términos existenciales, ello implicaría integrar nuestra conciencia individual, el ego o el ser personal, con nuestro inconsciente (la suma total de nuestras experiencias de vida, las memorias de nuestro cuerpo) para así poder acceder totalmente al “Ahora”, trayendo todos esos momentos pasados fuera del pasado hacia el presente. La iluminación conlleva vivir en un eterno presente en el que la conciencia divina o transpersonal también está presente, tanto a través de nosotros como siendo nosotros mismos. Cuando una persona muere en un estado completamente “activado” —con todas las células individuales unidas para formar un circuito— la red completa se puede transformar en un vehículo para ser poseído por el “Espíritu”, una “Merkaba” para que la conciencia divina se deslice hacia la eternidad —fundiéndose con el infinito y conservando a la vez con el remanentes de su auto-conciencia. Alternativamente, y tal vez más precisamente, si esta activación ocurre en la vida, entonces la muerte del cuerpo no seguirá portando un cambio significativo para la conciencia habitante, pues ya estaría enlazada y en comunión continua con los reinos más allá de la muerte.[2]

Por esto “cada momento es precioso”: porque cada momento de nuestras vidas es un enlace en el circuito de conciencia individuada. Sin la totalidad de esos enlaces funcionando (lo cual depende de que todos los momentos de nuestra vida sean integrados en la conciencia), el sistema no puede funcionar como un sistema sino solo como una colección de partes desconectadas. En la muerte, la totalidad del individuo o no logra encenderse o hace corto circuito y explota en el primer instante de la “iluminación”. Podríamos imaginar los momentos de nuestra vida como “moléculas temporales” que juntas forman nuestras almas “cuatridimensionales”, cuya construcción es necesaria si es que nos vamos a fundir con y fluir hacia el continuum del espacio-tiempo de la eternidad. En terminología oculta, esto es “atravesar el Abismo”.[3]   

El lector podrá haber notado cómo la recapitulación de los brujos, como forma de burlar al Águila y acceder a la libertad, es muy similar a la noción religiosa de entregar cuentas de todas nuestras vidas a San Pedro antes de colarse por las puertas perladas.  La diferencia es que, en el modelo no-religioso, el Universo no exige penitencia, solo exige cuentas. Dar un recuento total de nuestras vidas requiere conciencia total mientras todavía estamos viviendo (en términos religiosos, arrepentimiento y expiación). De otra forma, si entramos hacia la totalidad de nosotros mismos sin la necesaria preparación, la sobrecogedora presión de todos esos momentos no reconocidos, no integrados y sin registro provocarán que hagamos corto circuito como conciencia y nos desplomemos de regreso a “la matriz” para otra vuelta dentro del oscuro aserradero satánico de Blake.  En la famosa frase de Sócrates, “una vida no examinada no vale la pena vivirse” porque no lleva a ninguna parte. Tomado demasiado literalmente, un juicio tan implacable contiene sin embargo semillas de elitismo (como ocurre con la obra de Castaneda, en ese sentido y de cualquier otra doctrina espiritual, religiosa y ocultista que podamos mencionar). Tomada demasiado literalmente, la idea de que una vida sin examinarse no tiene valor es también fundamentalmente incorrecta. Al final del día no hay vidas individuales y todo pertenece a Dios. Pero Sócrates estaba refiriéndose a la posibilidad de que, sin el elemento esencial de conciencia dentro de cada uno de nuestros actos, no hay posibilidad de cohesión o unidad en los incontables momentos que constituyen nuestras vidas. En el momento de la muerte, esos momentos se disipan hacia el infinito y regresan a la energía indiferenciada para ser reciclados como materia en bruto en el movimiento perenne del Espíritu hacia la individuación. Esta es probablemente la fuente de la idea popular de la reencarnación, aunque la idea de la reencarnación ignora convenientemente el hecho de que, una vez que la energía ha regresado al estado indiferenciado, no retendría, por definición, ninguna identidad. En tal caso, la única cosa que “reencarna” es Dios/el Universo. Los momentos de una vida no examinada permanecen como parte de la tela de la eternidad, que es el cuerpo de Dios, y nada se pierde, mucho menos resulta “condenado”. Pero la historia de la que fueron parte se disuelve y se pierde, como si nunca hubiera existido –ya que como narrativa no fue a ningún lugar en particular (o a ningún lugar nuevo).

La digresión anterior, un tanto especulativa, hacia un nivel medio de metafísica, ha sido parte de mi intento de entender el verdadero propósito y los verdaderos daños de los enteógenos. Es mi opinión que en el fondo los psicodélicos, en el proceso de expandir la conciencia, perjudican la memoria y hacen “incontables daños al cuerpo” (especialmente al hígado, que es lo que somos hasta que morimos[4]). Creo que cuando “secuestran” y “hackean” los átomos, moléculas, células y neuronas, lo hacen para sus propios fines.  Las plantas no son solo sensitivas, también tienen volición, así que asumir que no tienen otro propósito que servirnos es probablemente una muestra más de la arrogancia humana. Es verdad que, cualquiera que sea la agenda de las plantas, ingerirlas nos proporciona acceso temporal a un espectro mayor de conciencia molecular que es nuestro derecho de nacimiento.  Sin embargo, como todo psiconauta sabe, esta visión aumentada solo es temporal, mientras que los cambios que producen en nuestras redes neurales, sistema nervioso e incluso nuestro ADN seguramente durarán más y posiblemente sean permanentes. Si Mckenna murió de un tumor cerebral, ¿tal vez estaba mutando demasiado rápido? Tal vez estaba creciendo un nuevo órgano, como en la película Videodromo, un órgano  cuyo sentido era percibir la naturaleza verdadera de las cosas, pero que acabó matándolo en vez de convertirlo en el übermensch [5].

En su libro Initiation, Elizabeth Haich relata sus supuestas memorias del antiguo Egipto. Haich describe cómo el iniciado era preparado físicamente por un largo periodo con ciertas hierbas medicinales que tenían el fin de fortalecer su sistema nervioso para la elevación de la conciencia que traería consigo el procedimiento de iniciación. En términos orientales, esto es equivalente al despertar del kundalini, que es generalmente considerado como dañino, fatal incluso, si ocurre prematuramente. Los psicodélicos inducen una conciencia elevada artificialmente, sin ninguna preparación para el sistema nervioso. Si, como dije antes, la iluminación es meramente nuestro estado natural como humanos, los psicodélicos nos llevan en la dirección opuesta, catapultándonos a un estado innatural que al mismo tiempo simula cercanamente el estado natural y  por lo tanto ofrece una sensación de obtener una “realidad superior”. También llevan al correspondiente bajón y, en términos generales, al deseo de recrear ese estado. Hablando personalmente, de nuevo, todavía estoy pagando impuestos retroactivos de mis viajes ilícitos, no solo en una salud vacilante, sino en mi lucha diaria por estar contento con la conciencia mundana ordinaria. Lo que causa el daño, estrictamente, no es el químico que se ingiere, sino la conciencia energética a la que se permite acceso a nuestro sistema nervioso o lo que se desprende de ella, a saber, la fuerza del kundalini. Probablemente sea una mezcla de ambas.

Cada esperma es sagrado y cada célula es vital para el funcionamiento del todo. Esas células secuestradas, receptores mutados o células fragmentadas —si no mutaron y simplemente fueron quemadas como sacrificios en el altar de “la conciencia expandida”— deben regenerarse.  Sin ellas nuestro campo electromagnético puede acabar como una serie de luces navideñas con focos faltantes: una falla, todas fallan. Todas las células de nuestro cuerpo almacenan información de nuestro pasado y cada momento de nuestras vidas va a ser llamado a la mesa en el día del ajuste de cuentas. En términos simples, las ganancias de los enteógenos son gravadas con severos impuestos. La mayoría de los experimentadores, sin conciencia de esto, continúan disfrutando de sus ganancias sin ninguna pista de cuántos impuestos están acumulando. Pero eventualmente se paga la estafa y solo hay una cosa más segura que los impuestos.

* Aelous Kephas es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into OccultismUfology and Paranoid Awareness y Homo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon. En Pijama Surf publicó la serie de literatura chamánica, neuronas espejo e individuación Escritores del Cielo en Hades.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

 


[1] Como Don Juan dijo alguna vez a Castaneda: “Todas las facultades, posibilidades y logros de la brujería, desde los más simples hasta los más increíbles, se encuentran en el propio cuerpo humano” (El Don del Águila).

[2] En una nota al pie Castaneda describe la utilización de plantas de poder por última vez como un detonante por el cual entrar hasta el fondo del camino “al nagual”, el cual uno de sus grupos equipara con el “reino de los cielos”. Terence McKenna rasuró el lirismo de entrar al Ahora: “La física alternativa es una física de la luz. La luz está compuesta por fotones, los cuales no tienen una antipartícula. Esto significa que no hay dualidad en el mundo de la luz. Las convenciones de la relatividad nos dicen que el tiempo se desacelera mientras uno se acerca a la velocidad de la luz, pero si uno trata de imaginarse la perspectiva de algo hecho de luz, uno debe darse cuenta que lo que nunca se menciona es que si alguien se mueve a la velocidad de la luz entonces no existe el tiempo.Hay una experiencia de tiempo cero [...] la única experiencia de tiempo que alguien puede tener es de un tiempo subjetivo que es creado por sus propios procesos mentales, pero en relación al universo newtoniano no existe el tiempo. Uno existe en la eternidad, uno se ha convertido en algo eterno, el universo esta envejeciendo a un ritmo vertiginoso alrededor de uno en esta situación, pero eso es percibido como un hecho de este universo —la manera en la que percibimos la física Newtoniana como un hecho de este universo. Uno ha transitado hacia el modo eterno. Entonces uno está separado de la imagen en movimiento; uno existe en la plenitud de la eternidad”, “New Maps of Hyperspace,” Magical Blend magazine.

 [3] Crowley sobre cruzar el Abyss: “Entonces todo fenómeno que se le presenta aparecerá como sinsentido y desconectado, y su propio Ego se romperá en una serie de impresiones que no tendrán relación entre sí, ni con alguna otra cosa". Liber OS Abysmi vel Daath.

[4] [“especially the liver, which is what we are until we die: livers”, escribe Kephas haciendo un juego de palabras con la similitud fonética entre "hígado” y “vivir”. Nota del traductor]

[5] “Creo que la excrecencia en mi cabeza, esta cabeza, esta aquí. Creo que no es realmente un tumor… no un pedazo de carne borboteante, incontrolado y sin dirección… pero de hecho es un nuevo órgano… una nueva parte del cerebro” Brian O’Blivion, Videodrome, escrito por David Cronenberg.