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La Promesa de la Serpiente (o la Perturbadora Verdad sobre los Psicodélicos II/II)

Psiconáutica

Por: Jasun Horsley - 10/23/2011

Presentamos la segunda parte de este penetrante ensayo en el que Aeolus Kephas nos convida reflexiones en torno a los psicotrópicos, tocando asuntos como el de la iluminación, los diálogos neuronales, el intra-cosmos y la muerte.

 

 

*Leer primera parte

 La iluminación: ¿Qué es?

 “Las proteínas son seres inteligentes. Han evolucionado para operar en el torbellino metabólico de un turbulento entorno celular”.

—Christopher Miller, Nature magazine

 

Durante uno de mis más memorables encuentros con la salvia divinorum, me experimenté a mí mismo como conciencia interactuando con las moléculas de mis párpados. Cada una de estas moléculas era un ser individual y juntas formaban un colectivo (mis párpados) caracterizado por una combinación de fiera atención, una cierta picardía y una poderosa e inconfundible expresión de amor o afecto por mí o por lo que sea que me quedaba de auto-conciencia en ese momento, mientras era engullido en una eléctrica congregación de moléculas. Menciono esto como una contra-perspectiva de algo que describí anteriormente, en lo que, de la misma forma en que los enteógenos consumen nuestras neuronas, los espíritus (aquellos que residen en la planta o el humo de la planta) navegan al interior de nuestra conciencia en una ola de “destrucción”. Una manera alternativa de verlo —no necesariamente opuesta a lo primero— es que los “espíritus” (siendo seres cuánticos y no-locales) también residen en las células de nuestros cuerpos (en la experiencia anterior, mis párpados captaron mi atención porque estaba tratando de concentrarme en no abrir mis ojos una vez que hubiese fumado). Cuando los enteógenos llegan a nuestro sistema nervioso, estos “espíritus” son liberados (como la energía nuclear de un átomo) de esa fuerza que mantiene nuestros cuerpos y todo lo demás bajo una forma fija —el yugo de la materia. Tal vez, mientras mis moléculas "morían" bajo la influencia de la salvia, sus almas-de-moléculas estaban volando libres, danzando alegremente en dirección opuesta y llevando mi conciencia (temporalmente) con ellas.    

Los átomos (y moléculas, células, neuronas y proteínas) son entidades. Llevan una carga de información que es esencialmente indistinta a la manera en que nosotros, como átomos más grandes, llevamos la memoria de nuestras vidas, creando a la vez nuestro propio “giro” o carga de información. Y como nuestro sentido de identidad proviene primordialmente, incluso exclusivamente, de nuestro propio inventario de memorias, entonces a un átomo que lleva su carga de información también le podemos atribuir una identidad. Esto implica una nueva área de exploración más allá del enfoque de este artículo: ¿Hasta qué grado usar psicodélicos permite a nuestra conciencia ser poseída por entidades foráneas que no son “empáticas” (tanto en el sentido común como en el mágico de la palabra) con nuestros cuerpos y nuestras psiques? Puede asumirse que, ya que los enteógenos provienen de la Tierra, entonces deben ser benevolentes (compatibles con nuestra evolución). Pero asumir esto sería precipitado, pues hay múltiples especies terrestres que no están “de nuestro lado”. Los espíritus de las plantas promueven la dependencia y la forma en la que interactúan con nosotros puede depender de cómo nos relacionamos consciente y concienzudamente con ellos, tal como sucede con cualquier otra cosa en la vida. En un medio ambiente predatorio, todo es alimento para alguien más, entonces, ¿por qué asumir que esto no se aplica en el campo de la conciencia o a nuestra interacción con esos “espíritus” que residen en los enteógenos que consumimos, deseosos de ser poseídos por Dios? Incluso puede ser que cualquier forma de conciencia que radica en moléculas más allá de aquellas de nuestros propios cuerpos es ajena a nosotros y por lo tanto potencialmente dañina; en pocas palabras, la verdadera individuación o despertar depende el acceso a la conciencia divina que no se encuentra fuera de nosotros (en plantas o gurús) sino al interior [1].

Ahora me gustaría hablar sobre el tema de la vida después de la muerte. Despojado de todo ornamento religioso esta es simplemente una idea de la continuación de la identidad—conciencia individual— tras la muerte del cuerpo. Si tomamos el concepto fuera del reino del mito y la creencia religiosa y lo insertamos en el campo de la (casi) ciencia, qué tan grande es el salto de sugerir que nuestra existencia, al otro lado de la muerte, pudiese, factiblemente, depender de nuestras acciones y logros mientras estamos vivos. Esta no sería una cuestión moral —ya que la moralidad es meramente una invención humana— sino pragmática. Podría depender, por ejemplo, de un individuo que tenga completamente activado (conectado) el sistema neural en el momento de su muerte, un sistema que entonces podría servir como vehículo para la conciencia inorgánica una vez que la carne y el conducto sanguíneo ya no fuesen funcionales.

¿Probablemente la vida del cuerpo es un medio para que la conciencia indiferenciada (energía pura, antes que la forma) se experimente a sí misma como una entidad separada, al sumergirse (o tejiéndose para existir) en un “paquete” que la contenga? La conciencia entonces tendría la posibilidad de integrarse completamente en este paquete para que, como el barro dentro de un molde, cuando la forma haya destruido la energía que la in-formó —permitiéndose a sí misma también ser formada por ella— podría retener la forma única —la individualidad— que la experiencia física le otorgó. Esta idea es dramáticamente representada una vez más por Alan Moore, en el comic Watchmen, cuando Jon Osterman se evapora dentro de una bóveda nuclear y su conciencia milagrosamente logra tejerse a sí misma una nueva forma física hecha a partir de energía pura, utilizando las memorias de su antigua identidad como una matriz. Alan Moore también creó una historia completa de origen para Swamp Thing, la cual básicamente trata del mismo modelo: Alex Holland atraviesa una crisis existencial cuando se da cuenta que no es quien (o que) pensaba que era, sino la inteligencia de una planta que ha heredado las memorias de Holland.

 “Por un beso entonces serías tú capaz de darlo todo; pero quien cede una partícula de polvo lo perderá todo en ese momento”

—Aleister Crowley, The Book of the Law

En muchos de sus últimos libros, Castaneda describe algo que llama la Recapitulación. Esta es probablemente una interpretación demasiado literal del proceso de integración de la conciencia indiferenciada con su experiencia de encarnación física e individualidad. Como lo describe Castaneda, la tarea de un brujo es recapitular su vida entera —incluido cada pensamiento y cada sueño jamás soñado— creando un estado de alerta substituto que puede entonces ser ofrecido a “el Águila” (la fuerza rectora del Universo). En respuesta a este ofrecimiento, al brujo se le permite mantener su estado de alerta individual (el Don del Águila). Esta no es una metáfora que yo tome con demasiada literalidad, no más de lo que intento dolorosamente recapitular cada pensamiento que jamás haya tenido para conseguir la inmortalidad (aparentemente no funcionó muy bien para Castaneda, quien supuestamente se volvió loco antes de morir). Cito ahora esto solo por los paralelismos que presenta con nuestro actual modelo. También son relevantes las múltiples experiencias “cercanas a la muerte” que han sido detectadas (NDEs, ver El Universo Holográfico de Michael Talbot) en las que individuos atraviesan una revisión completa de vida y re-experimentan cada momento de su existencia hasta el punto en que estuvieron cerca de la muerte. En el modelo de Castaneda, en el momento de muerte —o incluso como una alternativa al morir— un brujo completamente recapitulado “se quema desde su propio fuego interno” y cada célula de su cuerpo se torna consciente de sí misma y de la totalidad del cuerpo. Bajo un estado de alerta celular completamente activado, el brujo “se desliza hacia la infinidad”, disolviéndose en el sinfín y reteniendo, simultáneamente, un misterioso remanente de su individualidad.    

Una descripción así de épica se lee mejor como un mito moderno que como un hecho fáctico; sin embargo, puede relacionarse a una ocurrencia verdaderamente práctica, el encendido de redes neuronales (en los tres niveles) dentro de nuestros cuerpos mientras aún seguimos vivos. Esto, hasta donde puedo afirmarlo, es lo que se conoce en los círculos espirituales como la “iluminación”, mientras que a la vez es simplemente nuestro estado natural como seres humanos. En términos existenciales, ello implicaría integrar nuestra conciencia individual, el ego o el ser personal, con nuestro inconsciente (la suma total de nuestras experiencias de vida, las memorias de nuestro cuerpo) para así poder acceder totalmente al “Ahora”, trayendo todos esos momentos pasados fuera del pasado hacia el presente. La iluminación conlleva vivir en un eterno presente en el que la conciencia divina o transpersonal también está presente, tanto a través de nosotros como siendo nosotros mismos. Cuando una persona muere en un estado completamente “activado” —con todas las células individuales unidas para formar un circuito— la red completa se puede transformar en un vehículo para ser poseído por el “Espíritu”, una “Merkaba” para que la conciencia divina se deslice hacia la eternidad —fundiéndose con el infinito y conservando a la vez con el remanentes de su auto-conciencia. Alternativamente, y tal vez más precisamente, si esta activación ocurre en la vida, entonces la muerte del cuerpo no seguirá portando un cambio significativo para la conciencia habitante, pues ya estaría enlazada y en comunión continua con los reinos más allá de la muerte.[2]

Por esto “cada momento es precioso”: porque cada momento de nuestras vidas es un enlace en el circuito de conciencia individuada. Sin la totalidad de esos enlaces funcionando (lo cual depende de que todos los momentos de nuestra vida sean integrados en la conciencia), el sistema no puede funcionar como un sistema sino solo como una colección de partes desconectadas. En la muerte, la totalidad del individuo o no logra encenderse o hace corto circuito y explota en el primer instante de la “iluminación”. Podríamos imaginar los momentos de nuestra vida como “moléculas temporales” que juntas forman nuestras almas “cuatridimensionales”, cuya construcción es necesaria si es que nos vamos a fundir con y fluir hacia el continuum del espacio-tiempo de la eternidad. En terminología oculta, esto es “atravesar el Abismo”.[3]   

El lector podrá haber notado cómo la recapitulación de los brujos, como forma de burlar al Águila y acceder a la libertad, es muy similar a la noción religiosa de entregar cuentas de todas nuestras vidas a San Pedro antes de colarse por las puertas perladas.  La diferencia es que, en el modelo no-religioso, el Universo no exige penitencia, solo exige cuentas. Dar un recuento total de nuestras vidas requiere conciencia total mientras todavía estamos viviendo (en términos religiosos, arrepentimiento y expiación). De otra forma, si entramos hacia la totalidad de nosotros mismos sin la necesaria preparación, la sobrecogedora presión de todos esos momentos no reconocidos, no integrados y sin registro provocarán que hagamos corto circuito como conciencia y nos desplomemos de regreso a “la matriz” para otra vuelta dentro del oscuro aserradero satánico de Blake.  En la famosa frase de Sócrates, “una vida no examinada no vale la pena vivirse” porque no lleva a ninguna parte. Tomado demasiado literalmente, un juicio tan implacable contiene sin embargo semillas de elitismo (como ocurre con la obra de Castaneda, en ese sentido y de cualquier otra doctrina espiritual, religiosa y ocultista que podamos mencionar). Tomada demasiado literalmente, la idea de que una vida sin examinarse no tiene valor es también fundamentalmente incorrecta. Al final del día no hay vidas individuales y todo pertenece a Dios. Pero Sócrates estaba refiriéndose a la posibilidad de que, sin el elemento esencial de conciencia dentro de cada uno de nuestros actos, no hay posibilidad de cohesión o unidad en los incontables momentos que constituyen nuestras vidas. En el momento de la muerte, esos momentos se disipan hacia el infinito y regresan a la energía indiferenciada para ser reciclados como materia en bruto en el movimiento perenne del Espíritu hacia la individuación. Esta es probablemente la fuente de la idea popular de la reencarnación, aunque la idea de la reencarnación ignora convenientemente el hecho de que, una vez que la energía ha regresado al estado indiferenciado, no retendría, por definición, ninguna identidad. En tal caso, la única cosa que “reencarna” es Dios/el Universo. Los momentos de una vida no examinada permanecen como parte de la tela de la eternidad, que es el cuerpo de Dios, y nada se pierde, mucho menos resulta “condenado”. Pero la historia de la que fueron parte se disuelve y se pierde, como si nunca hubiera existido –ya que como narrativa no fue a ningún lugar en particular (o a ningún lugar nuevo).

La digresión anterior, un tanto especulativa, hacia un nivel medio de metafísica, ha sido parte de mi intento de entender el verdadero propósito y los verdaderos daños de los enteógenos. Es mi opinión que en el fondo los psicodélicos, en el proceso de expandir la conciencia, perjudican la memoria y hacen “incontables daños al cuerpo” (especialmente al hígado, que es lo que somos hasta que morimos[4]). Creo que cuando “secuestran” y “hackean” los átomos, moléculas, células y neuronas, lo hacen para sus propios fines.  Las plantas no son solo sensitivas, también tienen volición, así que asumir que no tienen otro propósito que servirnos es probablemente una muestra más de la arrogancia humana. Es verdad que, cualquiera que sea la agenda de las plantas, ingerirlas nos proporciona acceso temporal a un espectro mayor de conciencia molecular que es nuestro derecho de nacimiento.  Sin embargo, como todo psiconauta sabe, esta visión aumentada solo es temporal, mientras que los cambios que producen en nuestras redes neurales, sistema nervioso e incluso nuestro ADN seguramente durarán más y posiblemente sean permanentes. Si Mckenna murió de un tumor cerebral, ¿tal vez estaba mutando demasiado rápido? Tal vez estaba creciendo un nuevo órgano, como en la película Videodromo, un órgano  cuyo sentido era percibir la naturaleza verdadera de las cosas, pero que acabó matándolo en vez de convertirlo en el übermensch [5].

En su libro Initiation, Elizabeth Haich relata sus supuestas memorias del antiguo Egipto. Haich describe cómo el iniciado era preparado físicamente por un largo periodo con ciertas hierbas medicinales que tenían el fin de fortalecer su sistema nervioso para la elevación de la conciencia que traería consigo el procedimiento de iniciación. En términos orientales, esto es equivalente al despertar del kundalini, que es generalmente considerado como dañino, fatal incluso, si ocurre prematuramente. Los psicodélicos inducen una conciencia elevada artificialmente, sin ninguna preparación para el sistema nervioso. Si, como dije antes, la iluminación es meramente nuestro estado natural como humanos, los psicodélicos nos llevan en la dirección opuesta, catapultándonos a un estado innatural que al mismo tiempo simula cercanamente el estado natural y  por lo tanto ofrece una sensación de obtener una “realidad superior”. También llevan al correspondiente bajón y, en términos generales, al deseo de recrear ese estado. Hablando personalmente, de nuevo, todavía estoy pagando impuestos retroactivos de mis viajes ilícitos, no solo en una salud vacilante, sino en mi lucha diaria por estar contento con la conciencia mundana ordinaria. Lo que causa el daño, estrictamente, no es el químico que se ingiere, sino la conciencia energética a la que se permite acceso a nuestro sistema nervioso o lo que se desprende de ella, a saber, la fuerza del kundalini. Probablemente sea una mezcla de ambas.

Cada esperma es sagrado y cada célula es vital para el funcionamiento del todo. Esas células secuestradas, receptores mutados o células fragmentadas —si no mutaron y simplemente fueron quemadas como sacrificios en el altar de “la conciencia expandida”— deben regenerarse.  Sin ellas nuestro campo electromagnético puede acabar como una serie de luces navideñas con focos faltantes: una falla, todas fallan. Todas las células de nuestro cuerpo almacenan información de nuestro pasado y cada momento de nuestras vidas va a ser llamado a la mesa en el día del ajuste de cuentas. En términos simples, las ganancias de los enteógenos son gravadas con severos impuestos. La mayoría de los experimentadores, sin conciencia de esto, continúan disfrutando de sus ganancias sin ninguna pista de cuántos impuestos están acumulando. Pero eventualmente se paga la estafa y solo hay una cosa más segura que los impuestos.

* Aelous Kephas es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into OccultismUfology and Paranoid Awareness y Homo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon. En Pijama Surf publicó la serie de literatura chamánica, neuronas espejo e individuación Escritores del Cielo en Hades.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

 


[1] Como Don Juan dijo alguna vez a Castaneda: “Todas las facultades, posibilidades y logros de la brujería, desde los más simples hasta los más increíbles, se encuentran en el propio cuerpo humano” (El Don del Águila).

[2] En una nota al pie Castaneda describe la utilización de plantas de poder por última vez como un detonante por el cual entrar hasta el fondo del camino “al nagual”, el cual uno de sus grupos equipara con el “reino de los cielos”. Terence McKenna rasuró el lirismo de entrar al Ahora: “La física alternativa es una física de la luz. La luz está compuesta por fotones, los cuales no tienen una antipartícula. Esto significa que no hay dualidad en el mundo de la luz. Las convenciones de la relatividad nos dicen que el tiempo se desacelera mientras uno se acerca a la velocidad de la luz, pero si uno trata de imaginarse la perspectiva de algo hecho de luz, uno debe darse cuenta que lo que nunca se menciona es que si alguien se mueve a la velocidad de la luz entonces no existe el tiempo.Hay una experiencia de tiempo cero [...] la única experiencia de tiempo que alguien puede tener es de un tiempo subjetivo que es creado por sus propios procesos mentales, pero en relación al universo newtoniano no existe el tiempo. Uno existe en la eternidad, uno se ha convertido en algo eterno, el universo esta envejeciendo a un ritmo vertiginoso alrededor de uno en esta situación, pero eso es percibido como un hecho de este universo —la manera en la que percibimos la física Newtoniana como un hecho de este universo. Uno ha transitado hacia el modo eterno. Entonces uno está separado de la imagen en movimiento; uno existe en la plenitud de la eternidad”, “New Maps of Hyperspace,” Magical Blend magazine.

 [3] Crowley sobre cruzar el Abyss: “Entonces todo fenómeno que se le presenta aparecerá como sinsentido y desconectado, y su propio Ego se romperá en una serie de impresiones que no tendrán relación entre sí, ni con alguna otra cosa". Liber OS Abysmi vel Daath.

[4] [“especially the liver, which is what we are until we die: livers”, escribe Kephas haciendo un juego de palabras con la similitud fonética entre "hígado” y “vivir”. Nota del traductor]

[5] “Creo que la excrecencia en mi cabeza, esta cabeza, esta aquí. Creo que no es realmente un tumor… no un pedazo de carne borboteante, incontrolado y sin dirección… pero de hecho es un nuevo órgano… una nueva parte del cerebro” Brian O’Blivion, Videodrome, escrito por David Cronenberg.

El implacable escritor estadounidense, Charles Bukowski, explica que es lo que hay detrás de un malviaje de LSD y en general de la psique colectiva

Aunque a veces podamos demonizar una sustancia, la realidad es que somos nosotros (y nuestra red de relaciones) los que generalmente las programamos para que sean de tal o cierta forma. Las drogas, como la tecnología, son herramientas que pueden lo mismo ser usadas para ver a dios o ver al diablo (ambos son trazos mentales en el espejo). Con drogas o sin drogas, no lo dudes, de todas maneras estás en un viaje.

Por otro lado nuestra existencia es coexistencia: somos juntos y vivimos entrelazados no sólo a las demás personas sino también al plano de la información (o memoria): la conciencia inmaterial colectiva que flota sobre nosotros como una mermelada cuántica celeste . "Lo que pasó sigue pasando", dijo Octavio Paz. Lo que ha pasado antes tiene mayor posibilidad de volver a pasar, explica siempre Rupert Sheldrake. 

He aquí algunas pistas para entender por qué a veces nos malviajamos cuando fumamos un porro o tomamos un ácido, pero también por qué nos podemos malviajar cuando veemos a ciertas personas y por qué caemos en patrones conductuales recurrentes. Lo demás, con más violencia y claridad, siempre conectando la pelota en la nariz, nos lo dice Charles Bukowski en su texto "A Bad Trip" (leer en inglés): 

¿Te habías dado cuenta que el LSD y la TV de colores arribaron para nuestro consumo más o menos al mismo tiempo? Aquí se deja venir todo este color explorativo pulsando, ¿y qué hacemos? Prohibimos uno y echamos a perder al otro. la TV, por supuesto, es inútil en sus actuales manos; no hay un gran argumento en esto, que digamos. Y leí que recientemente en una redada se dijo que un agente recibió un contenedor de ácido en plena cara, cuando se lo aventó el supuesto fabricante de una droga alucinógena. Esto también es un tipo de desperdicio. Hay ciertos fundamentos para poner fuera de la ley al LSD, DMT o al STP –puede enloquecer permanentemente a un hombre–, pero también puede ocurrir eso recogiendo remolachas o enroscando tornillos para General Motors, o al lavar platos o enseñar Inglés I en una universidad local, si pusiéramos fuera de la ley todo lo que enloquece al hombre, toda la estructura social se desplomaría –el matrimonio, la guerra, el servicio de transporte público, los mataderos, criar abejas, las cirugías, todo cuanto puedas nombrar. Todo puede enloquecer al hombre porque la sociedad está construida sobre falsos cimientos. Hasta que saquemos todo el fondo y lo reconstruyamos, los manicomios permanecerán saturados. Y los recortes de presupuesto ordenados por nuestros gobernantes me parecen como que indirectamente implican que aquellos enloquecidos por la sociedad no deben ser mantenidos y curados por la sociedad, especialmente en una era inflacionaria y loca-por-los-impuestos. Dicho dinero puede ser mejor usado para construir carreteras o para regarlo ligeramente sobre los negros para evitar que quemen nuestras ciudades. Y tengo una estupenda idea, ¿por qué no asesinar a los dementes? Pensemos en todo el dinero que podríamos ahorrar. Incluso un loco come demasiado y requiere un sitio para dormir, y los bastardos son feos –la manera en que gritan y embarran su mierda en las paredes, y todo eso. Todo lo que necesitamos es una pequeña junta médica para que tome las decisiones y un par de empleados de enfermería atractivos (mujeres u hombres) para mantener satisfechas las actividades sexuales de los psiquiátras.

Así que regresemos, más o menos, al LSD. tal como es verdad que entre menos tienes menos apuestas –digamos recogiendo remolachas– también es verdad que entre más tengas más apuestas. Cualquier complejidad explorativa –pintar, escribir poesía, robar bancos, ser un dictador y así por el estilo– te lleva a aquel lugar donde el peligro y el milagro son más bien siameses. Raramente vas de cuerda a cuerda, pero mientras vas la vida es ocasionalmente interesante. Es bueno acostarse con la esposa de otro hombre pero sabes que algún día te van a sorprender con los pantalones abajo. Esto sólo hace al acto más placentero. Nuestros pecados están manufacturados en el cielo para que creamos nuestro propio infierno, que evidentemente necesitamos. Logra ser lo suficientemente bueno en algo y crearás tus propios enemigos. Los campeones son abucheados; el público se muere por verlos derrotados para así poderlos llevar a su propio tazón de mierda. No muchos malditos tontos son asesinados; un ganador puede ser derrumbado por un rifle comprado por correo (como dice la fábula) o por su pistola en un pueblito como Ketchum. O como Hitler y su puta cuando Berlín se abrió en dos en la última página de la historia

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El LSD te puede joder ya que no es una arena para leales empleados de envíos, se sabe, el mal ácido como la mala puta te puede perder. El ginebra casero, el licor ilegal también tuvo su día. La ley crea también su propia enfermedad en los venenosos mercados negros. pero, básicamente, la mayoría de los malos viajes se deben a que el individuo ha sido entrenado y envenenado de antemano por la misma sociedad. Si un hombre se preocupa de la renta, el pago del auto, los relojes, una educación universitaria para sus hijos, una comida de 12 dólares para su novia, la opinión de su vecino, ponerse de pie cuando alzan la bandera o lo que le sucederá a Brenda Starr, una tableta de LSD muy probablemente lo enloquecerá porque, en cierto modo, ya está loco y sólo permanece a bordo de las mareas sociales debido a las celdas externas y los martillazos imbéciles que lo insensibilizan a cualquier pensamiento individualista. Un viaje es para alguien que no ha sido aún enjaulado, alguien que no ha sido cogido aún por el gran Miedo que hace que toda la sociedad funcione. Desafortunadamente, la mayoría de los hombres sobreestiman su valor como algo elemental y su carácter de individuos libres, y es el error de la generación hippie no confiar en nadie por encima de los 30. 30 no significa absolutamente una maldita cosa. la mayoría de los seres son capturados y entrenados, totalmente a la edad de 7 u 8. Muchos de los jóvenes SE VEN libres pero esto es sólo algo químico del cuerpo y la energía y no algo real del espíritu. He conocido hombres libres en los lugares más extraños y de TODAS las edades –como limpiadores, ladrones de autos– y también a algunas mujeres libres –generalmente como enfermeras o meseras, y de TODAS las edades. El alma libre es rara, pero la reconoces cuando la ves –básicamente porque te sientes bien, muy bien, cuando estás cerca o con ella.

Un viaje de LSD te mostrará cosas ignoradas por toda ley. Te mostrará cosas que no aparecen en los libros de texto y de las cuales no puedes presentar protesta ante tu regidor municipal. La marihuana sólo hace que la sociedad sea más soportable; el LSD es otra sociedad por sí solo. Si estás socialmente orientado, probablemente puedes desechar el LSD como una “droga alucinógena”, lo cual es una manera fácil de deshacerse de ella y olvidarse de todo el asunto. Pero la alucinación, su definición, depende de en cuál polo estés. Cualquier cosa que te suceda cuando está sucediendo se convierte en realidad –puede ser una película, una penetración sexual, un asesinato, ser asesinado o comer una nieve. Las mentiras vienen después; lo que sucede, sucede. La alucinación es tan sólo una palabra del diccionario y un cimiento social. Cuando un hombre está muriendo, para él esto es muy real; para otros, se trata de mala suerte o algo de lo cual hay que deshacerse. El césped de bosque se hace cargo de todo. Cuando el mundo comienza a aceptar que TODAS las partes encajan en el todo, entonces puede que tengamos alguna oportunidad. Cualquier cosa que un hombre ve es real. No fue llevada por una fuerza externa, estaba ahí desde antes que naciera. No se le culpe porque lo ve ahora, y no se le culpe por enloquecer porque las fuerzas educativas y espirituales de la sociedad no fueron lo suficientemente sabias como para decirle que la exploración nunca termina, y que todos nosotros no debemos ser pequeñas mierdas encajonadas en nuestro abc y nada más. No es el LSD lo que causa el mal viaje –fue tu madre, el presidente, la niña de al lado, el nevero con manos sucias, un curso de álgebra o de español yuxtapuesto, fue la hediondez de una letrina en 1926, fue un hombre con una nariz demasiado grande cuando te dijeron que las narices grandes eran feas; fue el laxante, la Brigada Abraham Lincoln, los dulces tootsie rolls y Toots y Caspar, fue la cara de Franklin Delano Roosevelt, fueron las gotas de limón, fue trabajar durante diez años en una fábrica y luego ser despedido por llegar cinco minutos tarde, fue la vieja bruja que te enseñó Historia Americana en sexto grado, fue el atropello de tu perro y que luego nadie pudo trazar el mapa correctamente, fue una lista de 30 páginas de largo y tres millas de alto.

¿Un mal viaje? Todo este país, todo este mundo está en un mal viaje, amigo. Pero te arrestarían por meterte una pastilla.

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