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Sobre la sombra (su naturaleza arquetípica, su simbolismo, y su relación con la luz)

Por: Javier Barros Del Villar - 07/22/2012

Algún día todos tendremos que acudir a una cita con nuestra sombra; de nosotros depende que ella sea un aliado evolutivo o una asfixiante compañera.

encuentro entre la luz y la sombra

El equilibrio ontológico

"La sombra le debe su nacimiento a la luz"

John Gay

En ese gran teatro cósmico al cual en la escuela nos enseñaron a referirnos  como realidad, la sombra es sin duda uno de los personajes más intrigantes y, por momentos, seductores. Debatiéndose entre la elegancia del eclipse y la crudeza del sinsentido, su presencia resulta un tanto ambigua. Por un lado representa la ausencia de la luz –si le asumimos como sinónimo de oscuridad–, mientras que también podríamos considerarle como un punto de balance entre los dos extremos primarios de nuestra existencia –si contemplamos que su naturaleza requiere tanto de la luz como de la oscuridad.

Continuando con la anterior premisa podríamos afirmar que la sombra guarda una relación tan íntima, como bidireccional, con los dos extremos arquetípicos: para existir necesita forzosamente de la presencia simultánea de la luz y la oscuridad. Si hay solo luz, sin ningún cuerpo o elemento que la obstaculice, entonces la sombra jamás emergerá, y si solo está presente la oscuridad, entonces tampoco dispondrá de los elementos necesarios para tomar vida. En este sentido la sombra nos remite a la cosmovisión oriental del equilibrio (el estado de perfección accesible), el cual emana a partir de la armónica convivencia entre fuerzas opuestas.

Sobre sombra y psique

"El ser humano no es más que respiración y sombra"

Sófocles 

Una vez enfatizado en esta perspectiva “holística” de la sombra, procedamos a sumergirnos en su lado más representativo, es decir la oscuridad. En términos jungianos, la sombra representa esa especie de universo paralelo que conocemos como el inconsciente, ese cúmulo de información sensible que yace sepultado en nuestro interior mientras ejerce la habilidad de eludir la luz de la conciencia, a la que dicta múltiples rasgos de nuestra personalidad. A diferencia del análisis que la psicología tradicional hacía de esta figura, en donde la sombra se asociaba esencialmente con un aspecto “negativo” de la personalidad –exclusivamente ligado a miedos, complejos, traumas, etc.–, Jung la concebía como una manifestación dual, cuya naturaleza emanaba cualidades tanto negativas como positivas.    

“Todos cargamos una sombra. Y entre menos se encuentre fusionada con la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.”[1]

Es importante aclarar que esta perspectiva negativa sobre la sombra es una herencia cultural culturalmente heredada, en buena medida debido a que esta entidad representa nuestra faceta irracional e instintiva, los destellos primitivos de nuestra biología humana –lo cual al ser casi sinónimo de delito dentro de la realidad cartesiana, se nos enseña desde niños a suprimir por medio de la mente consciente.

La sombra aparece como el anti-héroe (y a la vez el soñador). Representa una amenaza para el ego, que al alimentarse de las expectativas sociales, se traduce en un potencial peligro para el funcionamiento sistemático (el sistema se nutre de nuestra auto-censura). Pero si tomamos en cuenta que la realidad social puede ser bastante cuestionable, entonces la sombra se revalúa y adquiere también cualidades positivas.  

Pero en la defensa de la sombra hay que tener cuidado. A pesar de que muchos de nosotros nos sentimos tangiblemente atraídos a su poética elegancia, no podemos negar que su esencia psico-subterránea esta conectada también con bajas frecuencias del ser, con temores, y limitantes. Al igual que sucede con los secretos, en muchas ocasiones la sombra simplemente disfraza turbulencias de nuestro pasado –que por lo tanto actúan en nuestro presente y, de no enfrentarlas, en nuestro futuro. Y aquí desfilan, como bien apunta la trinchera tradicional de la psicología, miedos, complejos, traumas, deseos ‘prohibidos’, o sentimientos éticamente inviables.

Dicho esto, y regresando a cultivar nuestra empatía por ella, también podemos afirmar que la sombra actúa como un eufórico jardín secreto dentro del cual se gesta una de las vetas divinas del ser humano, la creatividad. En este punto encontramos una deliciosa paradoja (prístina herramienta de liberación mental): si bien la sombra representa lo oculto, lo sometido, es simultáneamente una expresión de lo más genuino y natural a lo que podemos acceder, me refiero al indomable espíritu de la vida, un pulso que jamás será sometido bajo el yugo de la razón y la cultura, una especie de ombligo holográfico del cual surgimos y hacia el cual nos dirigimos (si, somos un péndulo que viaja entre el caos y el cosmos).

En este sentido Jung advertía que “no obstante su función como un archivo de la oscuridad humana, o tal vez debido a esto mismo, la sombra es el asiento de la creatividad”.[2] Y aquí me permito preguntar ¿qué habría sido de la humanidad si no hubiésemos tenido acceso a ese caudal de perfeccionamiento energético que conocemos como arte? ¿qué potencial tendría nuestra conciencia si no pudiéramos desdoblarla bajo la guía de la creatividad? ¿qué seríamos sin nuestra sombra?

Para terminar este breve repaso psicológico vale la pena mencionar que la sombra actúa también como enlazador entre el inconciente individual y el colectivo, habitando esa región que separa uno del otro y que aloja buena parte de las inercias conductuales reprimidas (y también de las potenciales transformaciones compartidas). Aquí surge otro fenómeno interesante, la proyección de la sombra. Básicamente consiste en adjudicar a otra persona aquellas características que nosotros condenamos, o que nos repelen, pero precisamente debido a que son parte de nuestra propia personalidad (solo que se encuentran inmersas en esa región que intentamos suprimir). A lo anterior alude esa teoría popular que advierte que cuando algo te molesta de otra persona en realidad es por que está reflejando algo de tu propia identidad que no te place (la intensa psico-danza de los espejos). 

El arquetipo y su desdoblamiento en la cultura popular

"La poesía es un eco, pidiéndole a la sombra

que le conceda una pieza en la pista de baile"

Carl Sandburg

 

Arquetípicamente la sombra se muestra como un personaje elusivo que generalmente vibra en una frecuencia inferior. Una entidad oscura, amenazante, cuya presencia por momentos nos desagrada y nos invita a la negación. Un extranjero, un sirviente, una prostituta o un criminal. También encarna, en términos ocultistas, al Guardián del Umbral, una figura con la cual eventualmente, durante nuestro proceso evolutivo, tendremos que sentarnos a departir, a reflejarnos en la mirada mutua (sus ojos como la superficie donde debemos de hacer consciente nuestra consagración como seres de luz).  

En la cultura popular, particularmente en la literatura, el eco arquetípico de la sombra ha sido ampliamente ejercido. Dr Jekyll y Mr Hide, El Retrato de Dorian Gray, el Lobo Estepario, William Wilson (de E.A. Poe) e incluso La Cenicienta, son todos muestra de esta dualidad que actúa como pulso simultáneo en la naturaleza humana. Otro caso particularmente interesante es Batman, en donde el ‘doble sombrío’ de Bruce Wayne es la heroica antítesis del héroe –es decir, sus actos son apreciados al vibrar en sintonía con la justicia y el bien común, pero a la vez es un ser de oscuridad, oculto, prohibido.

En el plano musical personalmente destacaría tanto al genial scratchero, Dj Shadow, quien orquesta trepidantes tours al reino sin sol, como al dueto británico Future Sound Of London. FSOL no solo me parece el más lúcido proyecto musical de las últimas dos décadas, sino que a lo largo de su carrera han manifestado el patrón pendular que caracteriza la relación de opuestos, entretejiendo producciones musicales que van de la luz sónica propia de las auroras boreales, hasta la implacable frialdad de los espejos de obsidiana.  

Finalmente mencionaría un fenómeno paranormal pop que se conoce como ‘los seres de sombra’. En pocas palabras se trata de “elusivas entidades que se perciben como siluetas oscuras con forma humana, generalmente masculinas, y que gustan de observarnos de manera silenciosa y estática. Al parecer, solo reaccionan fugazmente cuando son detectadas al filo de la mirada por una persona, momento en el cual desaparecen […] Mientras que algunos aseguran que estos seres son la expresión última de la oscuridad, en cambio otras personas  les atribuyen una naturaleza más bien lúdica, sigilosa, como una especie de observadores neutrales que en su afán por no ser percibido juguetean con el tiempo, y el espacio en relación a la percepción humana.” (Más información sobre estos seres)

La integración (matrimonio entre luz y oscuridad)

"Una persona siempre terminará por evocar su sombra"

Rudyard Kipling

Si asumimos que el origen y destino de nuestra travesía evolutiva es la unidad, entonces resulta evidente que debemos apuntar hacia la integración y no hacia la lucha de opuestos –mucho menos cuando nuestra propia mente es la arena donde se desarrolla tal interacción. En este sentido supongo que el primer paso es hacer conciencia sobre tu propia sombra, percibirla, observarla, jugar con sus ojos y con su aroma inexistente. Hay que sentir la sombra, abrazarla, desnudarse junto con ella, coquetearle y, sobretodo, intercambiar información sensible. Una vez consumado este ritual terapéutico, que aunque se dice fácil implica una epifánica sesión de honestidad con uno mismo, entonces, supongo, podemos proceder a comulgar con ese ser con quien compartimos una perfecta simetría y así fundirnos de acuerdo a nuestra naturaleza original: la indivisibilidad.

Solo mediante la integración con la sombra podemos garantizar que no terminaremos por volvernos cautivos de nuestro propio caos. En cambio, al unificarnos con ella,  alojaremos una fusión entre el caos y el cosmos, enarbolando eventualmente la piedra filosofal que coronara nuestro rol de ‘caminantes’ (Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem). El punto es que si logramos asumir nuestra región sombría, concertando una épica cópula con nuestro alter-ego, entonces esta entidad (que a la vez somos nosotros mismos observándonos en el espejo del camino) podría convertirse en nuestro más valioso aliado.

El encuentro con nuestra sombra es un requisito ineludible en el proceso de alcanzar la plenitud. No hay que olvidar que un porcentaje considerable de nuestra energía está guardada en sus entrañas, y sin esa porción jamás lograremos la auto-fusión. Una vez que aceptemos la totalidad de los ingredientes que nos conforman, entonces realmente podremos purificar la formula y re-programarla hacia una existencia plena. Jung afirmaba que a partir del momento en que nos encontremos de frente con nuestra sombra, entonces seremos inmunes a cualquier sentimiento de culpa, miedo o vergüenza. Atravesar ese velo es la misión fundamental de todo personaje protagónico (y recordemos que todos somos héroes de nuestra propia narrativa).

Conclusión

Para concluir solo me resta advertir que en cierto momento de nuestras vidas tendremos una cita con nuestras respectivas sombras. Y que solo si logramos estar a la altura de dicho encuentro, sentarnos a tomar té con ella mientras cruzamos miradas e intercambiamos saludos a la porción de divinidad que nos une, seremos capaces de reunirnos con nosotros mismos, de religar la grieta (solve) para transformarnos en una sola pieza (coagula). La unidad nos espera. Ojalá ninguno  todos nosotros acudamos puntuales a su encuentro.

Aljhamdulilah 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

 

Bibliografía recomendada: Meeting the shadow : the hidden power of the dark side of human nature (1991) / editado por Jeremiah Abrams and Connie Zweig. 


[1] ^ Jung, C.G. (1938). "Psychology and Religion." In CW 11: Psychology and Religion: West and East. P.131

[2] Kaufman, C. Three-Dimensional Villains: Finding Your Character's Shadow

 

Sobre la influencia de las tormentas solares en la psicobiología humana, los neurotransmisores que secreta la glándula pineal, el simbolismo del tercer ojo, su relación con el Sol y el misterio del Ojo en la Pirámide

La relación entre la glándula pineal y el Sol es un emblema de la relación entre el hombre y el cosmos. Probablemente uno de los ejemplos más estimulantes y significativos del principio hermético más citado en el ámbito de la esoteria: “cómo arriba, es abajo” (la holofrástica de la existencia). Un principio de correspondencia que pese a ser el fundamento cognitivo de la “ciencia” antes de la ciencia, es decir de los padres de la ciencia (de personajes como Paracelso, Giordano Bruno y el mismo Isaac Newton, quien hizo una traducción de la Tabla Esmeralda), ha sido relegado al terreno de la superstición o del pensamiento mágico; relumbrando herejía en la estructura racional de la mente científica. Sin embargo, hoy en día tenemos evidencia “científica” que sugiere convincentemente que el cosmos –"el mundo de las esferas"—tiene una influencia en la psicobiología humana.  Y la clave para entender esta “influencia”, no ya sólo desde el plano simbólico de la astrología, es la glándula pineal, ese gran misterio de la psique.

Este acercamiento a este enigmático tema –sin duda una de las vetas centrales del misticismo humano—viene a colación de las recientes tormentas solares que han estado arribando al planeta con renovada intensidad, como generalmente ocurre en julio, pero marcando esta vez una especie de despertar dentro del ciclo de 11 años de nuestra estrella central. La posibilidad de que nuestro estado de ánimo e incluso nuestro estado de salud general se vea afectado por una emanación de partículas energéticas en el Sol hace algunos años les habría parecido como una aberración o un anatema a la mayoría de los científicos; hace cientos de años, les habría parecido como algo completamente natural e ineludible. Hoy en día algunos estudios, y sobre todo un entedimiento del funcionamiento de los campos magnéticos y de la glándula pineal, muestran claramente que las llamadas tormentas solares inciden en nuestro estado de ánimo y en nuestro comportamiento.

El efecto de las tormentas solares en tu cerebro

El prestigioso sitio de divulgación científica New Scientist publicó hace 4 años un artículo en el que se citan una serie de estudios que investigan la relación entre las tormentas solares, el geomagnetismo y el comportamiento humano. Particularmente interesante es el trabajo del científico ruso Oleg Shumilov, quien, partiendo de la premisa de que muchos de los animales son sensibles a los campos magnéticos (¿y por qué no el ser humano?), investigó la afectación del geomagnetismo en la psique humana. Shumilov correlacionó datos de la actividad geomagnética de 1948 a 1997 y descubrió que durante los picos de actividad, de marzo a mayo, en julio y en octubre –detonados por tormentas solares-- había un incremento paralelo en el número de suicidios en la ciudad de Kirovsk (un estudio en Australia y otro en Sudáfrica replicó el hallazgo de Shumilov).

Otro estudio, realizado por Michael Rycroft, ex director de la Sociedad Europea de Geociencias, encontró una correlación entre perturbaciones cardiovasculares y perturbaciones geomagnéticas. Según Rycroft, problemas de salud geomagnéticos afectan hasta al 15% de las personas (así que tal vez tú seas una de ellos, por si querías descubrir el algoritmo de causas y efectos que determinan tu estado de salud  actual).

Tal vez no sea la Luna (o por lo menos no sólo ella), también magnética, la que nos altera las hormonas y desquicia. Un estudio publicado en el British Journal of Psychiatry (todos estos estudios pueden ser consultados en el link a New Scientist) muestra un incremento del 36.5% en hombres admitidos a un hospital por depresión en la semana posterior a una tormenta geomagnética.

¿Cómo es que estas llamaradas solares, también responsables de los sublimes fuegos de plasma de las auroras, nos afectan tanto?  Al parecer se debe a que alteran nuestra producción de melatonina, un neurotransmisor que se produce en la glándula pineal, responsable de regular nuestro patrones de sueño y biorritmos. Según la psiquiatra de la Universidad de Columbia, Kelly Posenr, la actividad geomagnética puede “desincronizar los ritmos circadianos y la producción de melatonina”.

La  glándula pineal es una glándula endócrina que yace entre los dos hemisferios cerebrales, a la altura del entrecejo. Aunque no se conoce bien a bien su funcionamiento --hasta hace poco más de 50 años se pensaba que era un excedente de la evolución sin una función determinada, acaso solamente el centro de numerosas especulaciones. Hoy sabemos que  por lo menos produce melatonina, una hormona cuya producción se ve afectada por la luz. La oscuridad, por ejemplo, hace que se secrete melatonina –y es por esto que nos es más fácil dormir en la oscuridad (pero en realidad diferentes longitudes de onda de luz hacen que se secrete melatonina en diferentes frecuencias). Esta hormona juega un papel también en el  trastorno afectivo estacional (“la depresión invernal”); interactúa con el sistema inmunológico, tiene propiedades de antienvejecimiento y sirve como antioxidante.

Si bien es importante recalcar que para la ciencia actual la glándula pineal es todavía una región relativamente inexplorada, sabemos que contiene vestigios de una retina y parece operar como transductor magnético. Las células pinealocitas en muchos vertebrados no-mamíferos son similares a las células de la retina (algunos reptiles cuentan con un tercer ojo parietal fotosensible que les permite usar al Sol como compás; las aves son capaces de “ver” el campo magnético a través de fotorecpetores que se encuentran en la glándula pineal ). Algunos científicos creen que las células pineales en todos los vertebrados comparten un ancestro  evolutivo en común con las células retinales (no es quizás casualidad que la glándula pineal históricamente sea identificada con “el tercer ojo” o con un ojo dormido, literalmente parece que es un tercer ojo dormido).

Aunque las producción de melatonina en la glándula pineal podría estar determinada por una conexión con los nervios ópticos, es interesante explorar la posibilidad de que esta pequeña glándula en forma de cono de pino tenga, en sí misma, una cierta capacidad fotoreceptora y magnetorecpetora. Recientemente se ha descubierto la presencia de minerales ferromagnéticos (es decir que pueden actuar como magnetos) en la glándula pineal. Un estudio realizado en la Universidad de Ben Gurion, en Israel, encontró la presencia de microcristales de calcita en la glándula pineal. Los autores del estudio señalan que “estos cristales podrían ser responsables de una transducción biológica electromagnética”, lo que es sugerido por su “estructura y propiedades piezoeléctricas”. ¿Son estos minerales los que interactúan con los campos geomagnéticos producidos por la lluvia de fotones del Sol que choca con la atmósfera de la Tierra?

Por otro lado, el Dr. Andrew Nichols ha determinado una correlación entre la actividad geomagnética y la perececpión de fenómenos paranormales.

La percepción del Sol Invisible

Hasta ahora hemos visto, desde una perspectiva científica, que la glándula pineal, a través de una sensibilidad –no del todo entendida-- a los campos magnéticos, convierte la luz del sol en un determinado estado mental. Aquello que se genera a millones de kilómetros de distancia en la corona de una estrella acaba siendo parte de nuestra modulación psíquica (el Sol se convierte en tus pensamientos). Esto, a grandes rasgos, parece ser un razonamiento científicamente intachable. Esto de manera más sutil, es justamente lo que la filosofía mística (o ciencia oculta) lleva diciendo miles de años.

Si bien el descubrimiento de la afetación psicobiológica a los fenómenos astronómicos es una incipiente, y aún controversial, línea de estudio en la ciencia moderna, antiguamente incluso se tenía una disciplina específicamente dedicada a estudiar la patología humana y su relación con eventos astronómicos y movimientos planetarios (más allá de la astrología): las iatromatemáticas

Que la glándula pineal podía ser un órgano para percibir una luz invisible (un campo magnético, por ejemplo) fue claramente atisbado por el pensamiento védico. En los Upanishads se habla del ser humano como una entidad compuesta por 10 puertas. Nueve de ellas (los ojos, las fosas nasales, los oídos, la boca, la uretra, y el ano) llevan hacia fuera, a la percepción del mundo exterior. La décima puerta, el tercer ojo (ubicado en el  ajna chakra, en el entrecejo, en el caso de Shiva, entre una guirnalda de serpientes) es el puerto de acceso a los mundos interiores (al decir interiores la referencia es a las habitaciones interiores de la mansión de la mente de Dios, donde yacen los mundos superiores, las dimensiones astrales). El tercer ojo es siempre, a través de diversas culturas, la apertura divina --la visión holográfica--  dentro del ser humano.

En el Bhagavad Gita se habla de la apertura de esta puerta en el momento cúlmen:

Aquel que en el momento de la partida no distrae su mente y su amor, estando en el Yoga (en fusión con Ishvara [el Sol detrás de la oscuridad], con el Dios Creador, la Conciencia Primordial), quien abre el pasaje de energía entre los ojos – aquel obtiene el más Alto Espíritu Divino.

Según la filosofía vedántica advaita, el ser humano proyecta sus propios atributos en el Brahman, el supremo espíritu cósmico, de suyo inconmensurable. La aparición del infinito Brahman en la finita mente humana es conocida como Ishvara, también representado en el Bhagavad Gita como el Sol. De aquí  es posible extrapolar una relación intrínseca en la recurrente representación de la divinidad como el Sol en la mente humana, de la luz como lo divino.

La evolución religiosa de esta relación entre la glándula pineal y el Sol (una relación del hombre como imagen de Dios) tiene un claro hito en Egipto. Aquí tenemos una serie de repersentaciones que parecen indicar que los egipcios tenían conocimientos de la glándula pineal asociados con un tercer ojo, u ojo espiritual. Por una parte tenemos la representación como un ojo único de Horus, el dios del Sol, hijo de Osiris e Isis (“el hijo del nuevo eón”) y como tal símbolo de la fusión de los opuestos –al igual que la glándula pineal yace en el centro del cerebro, entre los hemisferios y entre los dos ojos. Este símbolo parece haber evolucionado en el símbolo cristiano del Ojo de la Providencia (recordemos que Cristo es un avatar arquetípico de Osiris) y en el masónico del Ojo en la pirámide destruncada (el Ojo que Todo lo Ve). Ahí mismo tenemos el báculo de mando de Osiris, en el cual aparece un cono de pino con dos serpientes entrelazadas. Sin duda uno de los símbolos más poderosos de la historia, evocando el conocimiento, la medicina y  la alquimia –quizás en un preclaro atisbo, justamente a través de la visión interna, del ADN—y posiblemente también a la serpiente kundalini (una conexión entre Shiva y Osiris), la energía vital que se eleva desde los genitales hasta el trecer ojo y la coronilla, a su paso encendiendo y depurando los centros energéticos.

El cono de pino al parecer es un símbolo de la glándula pineal, activada a través del encauzamiento de la energía kundalini. La forma conífera de esta glándula hizo que se le llamara “pineal” o relativa al pino, según fue acuñado por el médico griego Galeno. La presencia del cono de pino puede observarse en el  báculo del Papa y en la misma Plaza de San Pedro, donde una inmensa estatua de cono de pino está rodeada de unos pavorreales (aves relacionadas con la divinidad en Egipto). Estos dos símbolos, el cono de pino y el ojo en un triángulo, aparecen en numerosas iglesias y templos alrededor del mundo. Por ejemplo, en la Catedral de la Ciudad de México puede observarse el Ojo de la Providencia en más de un altar y en los motivos pineales, que para el observador incauto podrían confundirse como meras decoraciones, en la estructura de la nave. Aunque también habría que decir que en la espiral que forman los conos de pino se ha observado la secuencia Fibonacci y la proporción del número áureo, así que además de esta connotación esotérica, tiene una armonía estética que podría atraer sin la necesidad de una significación oculta.

Es curioso que el padre del racionalismo --esa filosofía eminentemente atomista y dualista--, Rene Descartes, haya entrevisto, en lo que para sus críticos fue un delirio, un centro unitario espiritual en el cerebro humano. Descartes famosamente designó la glándula pineal como el asiento del alma. La paradoja es doble, el hombre que concibió el racionalismo (después de un revelador sueño) usó lo que a la postre parece ser más la intuición que el pensamiento racional para ubicar el tercer ojo. En todos los demás sitios Descartes encontraba la dualidad, menos en esta glándula pineal, la cual describió como una flama pura que era llenada por espíritus animales y la cual integraba la percepción humana. Este “gran error” de la anatomía filosófica de Descartes hoy en día parece como un destello de genio.

No pretendemos aquí comprobar la existencia del alma humana o que ésta se encuentra en la glándula pineal; sí buscamos formar conexiones significativas que inspiren a la exploración del simbolismo y del sentido de nuestra vida dentro del misterio. En este espíritu es interesante traer a colación el trabajo del Dr. Rick Strassman, una de las pocas personas que ha podido realizar estudios con dimetiltriptamina (DMT), una poderosa molécula de acción psicodélica que, según este médico de la Universidad de Nuevo Mexico, podría ser secretada por la glándula pineal y podría ser responsable de detonar lo que se conoce como experiencias cercanas a la muerte. Hay que enfatizar en que, pese a lo que a veces se dice, Strassman no ha probado que la glándula pineal genere DMT o que el ser humano lo secrete, muy similar en su composición a la serotonina, en el momento de su muerte. Sin embargo, Strassman sugiere que la glándula pineal cuenta con todos los precursores necesarios para generar DMT y es el asiento lógico de esta sustancia que por otro lado, como la melatonina, parece tener una relación con la generación de vívidas imágenes oníricas, parafraseando a Shakespeare, parece ser la "sustancia de la que están hechos los sueños". 

Curiosamente la ayahuasca, “la viña de los espíritus”, está compuesta de dos plantas que parecen tener alcaloides que son secretados de manera natural en la glándula pineal. Por una parte la chacruna, la planta que contiene DMT, y por otro lado la liana Banisteriopsis caapi, que contiene alcaloides conocidos como beta-carbolinas, los cuales actúan como inhibidores de la monamina oxidada y hacen activo el DMT vía oral. Alcaloides beta-carbolinas como la pinolina y la triptolina se forman en la glándula pineal de manera natural. Chamanes y sanadores que utilizan ayahuasca sostienen que sus visiones no son alucinaciones, ¿acaso esto se debe a que químicamente se consigue activar el tercer ojo en la glándula pineal?

Esta relación entre los espíritus y la glándula pineal tiene otra conexión, que para algunos podría ser solo una casualidad, pero que para otros apunta a que lo que decía Descartes podría ser una inesperada verdad metafísica. En los textos del Bardo Thodol (o Libro Tibetano de las Muerte) se dice que el alma reside en el mundo intermedio (en el bardo) por 48 días y en el día 49 reencarna en el feto humano. Aparentemente la glándula pineal puede ser detectada el día 49 en el feto humano,  más o menos el mismo tiempo al que se puede observar por primera vez los genitales de un bebé. Esto ha sido tomado, de manera especulativa y sin base científica, como una especie de guiño de que es a través de la glándula pineal que el alma –o aquella porción divina que posee al cuerpo—entra al mundo.  De cualquier manera merece una investigación más profunda.

Buena parte de las prácticas de meditación que conocemos, inundadas sin duda de la filosofía new age que transforma las viejas tradiciones en cómodas versiones pop que se ajustan a nuestra idiosincracia moderna occidental, se centran en la activación o al menos en la concientización de la glándula pineal (tercer ojo). Proliferan dietas, audiocassettes, canalizaciones, aparatos cuánticos y demás parafernalia ritualística dedicada a este "santo grial"  (o micro star gate) de la conciencia humana (algunos incluso aseguran activar tu glándula pineal por solo $9.99). Se habla al mismo tiempo de una supuesta conspiración mundial para mantener esta glándula en un estado de sopor masivo. Y ciertamente la mayoría de las personas adultas tienen la glándula pineal calcificada –algo que ha sido observado tempranamente en niños de hasta 2 años. Dentro de la teoría de la conspiración se cree que esto se debe al flúor que se utiliza en las pastas de dientes y que se ingiere en el agua potable de las ciudades –algo que aparentemente sería hecho de manera intencional por los Iluminati (¿quién más?) dueños  celosos del secreto del Ojo que Todo lo Ve,  para negar a las masas el poder de una glándula pineal sana (percibiendo el rostro verdadero) y activa en un mundo fantasmagórico, más allá de la ilusión de Maia-Matrix. No ahondaremos sobre este tema, harto complejo y pantanoso, que suele caer en la más obtusa paranoia; el lector puede aventurarse por su cuenta.

La pregunta fundamental es si el  tercer ojo, ubicado en la glándula pineal, esa puerta solar secreta en el cerebro humano, es solamente una metáfora de la iluminación (y de la aniquilación de la dualidad) o verdaderamente un órgano en estado de duermevela que puede activarse a través de ciertas técnicas arcanas y de una correcta interacción con la energía electromagnética que proviene del cosmos en la forma de fotones (la partícula que no tiene antipartícula, unidad cuántica de la información en su estado puro e indeterminado). Muchos de los grandes místicos de la historia de la humanidad han hablado metafóricamente de la iluminación haciendo referencia a un ojo que percibe lo que yace velado y que desencadena un cambio sustancial en la conciencia orgánica.

En el evangelio de Mateo (6:22) se dice  “La luz del cuerpo es el ojo; de esta forma a si tu ojo es uno, todo tu cuerpo estará lleno de luz”.

Se le atribuye a Buda haber dicho “Oh hombre de nobleza,  recuerda el cielo puro abierto de tu naturaleza verdadera. Regresa a él. Confía en él. Es tu hogar”, lo que se interpreta como una metáfora de la (re)apertura del tercer ojo –también simbolizado como una perla de luz azul.

William Blake en su poema Augurios de Inocencia, donde también describe un fractal (un mundo en un grano de arena) también habla sobre este misterioso ojo: “We are led to believe in a lie, when we see not though the Eye”. Una mentira nos guía cuando no percibimos con el Ojo, el Ojo que nació “cuando el alma dormía en rayos de luz”. ¿El Ojo que ha sido secuestrado por fuerzas oscuras?

Sir Thomas Browne lo evoca tangencialmente en una frase que siempre me ha parecido hermosa y enigmática: “Life is a pure flame and we live by an invisible sun within us” ("la vida es una flama pura y vivimos como por un sol invisible dentro de nosotros"). Ese sol invisible, en una interpretación libre, debe de ser el ojo secreto que participa en la luz divina.

Una última pincelada de esta relación entre el ojo y el Sol, según los Brahma Sutras, cuando un hombre es llevado más allá de la muerte “la palabra se convierte en fuego e ilumina, la respiración se convierte en viento y purifica, y el ojo se convierte en el Sol y arde”.

El misterio está cifrado en el lenguaje de los símbolos. La trinidad entre el Ojo, el Sol, y Dios es uno de los andamios simbólicos más profundos y enigmáticos.  Podemos hablar mucho sobre esta relación y hasta encontrar destellos poéticos de iluminación verbal, pero  no estaríamos más que rodeando una representación, sembrando un laberinto. Si queremos comprender el secreto de este misterio, tendremos que probar con nuestro propio cuerpo abrir ese ojo interno. Todo lo demás será solamente reciclaje metafísico en torno a un espejo, donde hay un ojo atrapado que no puede mirarse a sí mismo. O donde alguien cuenta una historia sobre una supuesta sociedad secreta que se hace llamar "los Iluminados".

Twitter del autor: @alepholo