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Sobre la sombra (su naturaleza arquetípica, su simbolismo, y su relación con la luz)

Por: Javier Barros Del Villar - 07/22/2012

Algún día todos tendremos que acudir a una cita con nuestra sombra; de nosotros depende que ella sea un aliado evolutivo o una asfixiante compañera.

encuentro entre la luz y la sombra

El equilibrio ontológico

"La sombra le debe su nacimiento a la luz"

John Gay

En ese gran teatro cósmico al cual en la escuela nos enseñaron a referirnos  como realidad, la sombra es sin duda uno de los personajes más intrigantes y, por momentos, seductores. Debatiéndose entre la elegancia del eclipse y la crudeza del sinsentido, su presencia resulta un tanto ambigua. Por un lado representa la ausencia de la luz –si le asumimos como sinónimo de oscuridad–, mientras que también podríamos considerarle como un punto de balance entre los dos extremos primarios de nuestra existencia –si contemplamos que su naturaleza requiere tanto de la luz como de la oscuridad.

Continuando con la anterior premisa podríamos afirmar que la sombra guarda una relación tan íntima, como bidireccional, con los dos extremos arquetípicos: para existir necesita forzosamente de la presencia simultánea de la luz y la oscuridad. Si hay solo luz, sin ningún cuerpo o elemento que la obstaculice, entonces la sombra jamás emergerá, y si solo está presente la oscuridad, entonces tampoco dispondrá de los elementos necesarios para tomar vida. En este sentido la sombra nos remite a la cosmovisión oriental del equilibrio (el estado de perfección accesible), el cual emana a partir de la armónica convivencia entre fuerzas opuestas.

Sobre sombra y psique

"El ser humano no es más que respiración y sombra"

Sófocles 

Una vez enfatizado en esta perspectiva “holística” de la sombra, procedamos a sumergirnos en su lado más representativo, es decir la oscuridad. En términos jungianos, la sombra representa esa especie de universo paralelo que conocemos como el inconsciente, ese cúmulo de información sensible que yace sepultado en nuestro interior mientras ejerce la habilidad de eludir la luz de la conciencia, a la que dicta múltiples rasgos de nuestra personalidad. A diferencia del análisis que la psicología tradicional hacía de esta figura, en donde la sombra se asociaba esencialmente con un aspecto “negativo” de la personalidad –exclusivamente ligado a miedos, complejos, traumas, etc.–, Jung la concebía como una manifestación dual, cuya naturaleza emanaba cualidades tanto negativas como positivas.    

“Todos cargamos una sombra. Y entre menos se encuentre fusionada con la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.”[1]

Es importante aclarar que esta perspectiva negativa sobre la sombra es una herencia cultural culturalmente heredada, en buena medida debido a que esta entidad representa nuestra faceta irracional e instintiva, los destellos primitivos de nuestra biología humana –lo cual al ser casi sinónimo de delito dentro de la realidad cartesiana, se nos enseña desde niños a suprimir por medio de la mente consciente.

La sombra aparece como el anti-héroe (y a la vez el soñador). Representa una amenaza para el ego, que al alimentarse de las expectativas sociales, se traduce en un potencial peligro para el funcionamiento sistemático (el sistema se nutre de nuestra auto-censura). Pero si tomamos en cuenta que la realidad social puede ser bastante cuestionable, entonces la sombra se revalúa y adquiere también cualidades positivas.  

Pero en la defensa de la sombra hay que tener cuidado. A pesar de que muchos de nosotros nos sentimos tangiblemente atraídos a su poética elegancia, no podemos negar que su esencia psico-subterránea esta conectada también con bajas frecuencias del ser, con temores, y limitantes. Al igual que sucede con los secretos, en muchas ocasiones la sombra simplemente disfraza turbulencias de nuestro pasado –que por lo tanto actúan en nuestro presente y, de no enfrentarlas, en nuestro futuro. Y aquí desfilan, como bien apunta la trinchera tradicional de la psicología, miedos, complejos, traumas, deseos ‘prohibidos’, o sentimientos éticamente inviables.

Dicho esto, y regresando a cultivar nuestra empatía por ella, también podemos afirmar que la sombra actúa como un eufórico jardín secreto dentro del cual se gesta una de las vetas divinas del ser humano, la creatividad. En este punto encontramos una deliciosa paradoja (prístina herramienta de liberación mental): si bien la sombra representa lo oculto, lo sometido, es simultáneamente una expresión de lo más genuino y natural a lo que podemos acceder, me refiero al indomable espíritu de la vida, un pulso que jamás será sometido bajo el yugo de la razón y la cultura, una especie de ombligo holográfico del cual surgimos y hacia el cual nos dirigimos (si, somos un péndulo que viaja entre el caos y el cosmos).

En este sentido Jung advertía que “no obstante su función como un archivo de la oscuridad humana, o tal vez debido a esto mismo, la sombra es el asiento de la creatividad”.[2] Y aquí me permito preguntar ¿qué habría sido de la humanidad si no hubiésemos tenido acceso a ese caudal de perfeccionamiento energético que conocemos como arte? ¿qué potencial tendría nuestra conciencia si no pudiéramos desdoblarla bajo la guía de la creatividad? ¿qué seríamos sin nuestra sombra?

Para terminar este breve repaso psicológico vale la pena mencionar que la sombra actúa también como enlazador entre el inconciente individual y el colectivo, habitando esa región que separa uno del otro y que aloja buena parte de las inercias conductuales reprimidas (y también de las potenciales transformaciones compartidas). Aquí surge otro fenómeno interesante, la proyección de la sombra. Básicamente consiste en adjudicar a otra persona aquellas características que nosotros condenamos, o que nos repelen, pero precisamente debido a que son parte de nuestra propia personalidad (solo que se encuentran inmersas en esa región que intentamos suprimir). A lo anterior alude esa teoría popular que advierte que cuando algo te molesta de otra persona en realidad es por que está reflejando algo de tu propia identidad que no te place (la intensa psico-danza de los espejos). 

El arquetipo y su desdoblamiento en la cultura popular

"La poesía es un eco, pidiéndole a la sombra

que le conceda una pieza en la pista de baile"

Carl Sandburg

 

Arquetípicamente la sombra se muestra como un personaje elusivo que generalmente vibra en una frecuencia inferior. Una entidad oscura, amenazante, cuya presencia por momentos nos desagrada y nos invita a la negación. Un extranjero, un sirviente, una prostituta o un criminal. También encarna, en términos ocultistas, al Guardián del Umbral, una figura con la cual eventualmente, durante nuestro proceso evolutivo, tendremos que sentarnos a departir, a reflejarnos en la mirada mutua (sus ojos como la superficie donde debemos de hacer consciente nuestra consagración como seres de luz).  

En la cultura popular, particularmente en la literatura, el eco arquetípico de la sombra ha sido ampliamente ejercido. Dr Jekyll y Mr Hide, El Retrato de Dorian Gray, el Lobo Estepario, William Wilson (de E.A. Poe) e incluso La Cenicienta, son todos muestra de esta dualidad que actúa como pulso simultáneo en la naturaleza humana. Otro caso particularmente interesante es Batman, en donde el ‘doble sombrío’ de Bruce Wayne es la heroica antítesis del héroe –es decir, sus actos son apreciados al vibrar en sintonía con la justicia y el bien común, pero a la vez es un ser de oscuridad, oculto, prohibido.

En el plano musical personalmente destacaría tanto al genial scratchero, Dj Shadow, quien orquesta trepidantes tours al reino sin sol, como al dueto británico Future Sound Of London. FSOL no solo me parece el más lúcido proyecto musical de las últimas dos décadas, sino que a lo largo de su carrera han manifestado el patrón pendular que caracteriza la relación de opuestos, entretejiendo producciones musicales que van de la luz sónica propia de las auroras boreales, hasta la implacable frialdad de los espejos de obsidiana.  

Finalmente mencionaría un fenómeno paranormal pop que se conoce como ‘los seres de sombra’. En pocas palabras se trata de “elusivas entidades que se perciben como siluetas oscuras con forma humana, generalmente masculinas, y que gustan de observarnos de manera silenciosa y estática. Al parecer, solo reaccionan fugazmente cuando son detectadas al filo de la mirada por una persona, momento en el cual desaparecen […] Mientras que algunos aseguran que estos seres son la expresión última de la oscuridad, en cambio otras personas  les atribuyen una naturaleza más bien lúdica, sigilosa, como una especie de observadores neutrales que en su afán por no ser percibido juguetean con el tiempo, y el espacio en relación a la percepción humana.” (Más información sobre estos seres)

La integración (matrimonio entre luz y oscuridad)

"Una persona siempre terminará por evocar su sombra"

Rudyard Kipling

Si asumimos que el origen y destino de nuestra travesía evolutiva es la unidad, entonces resulta evidente que debemos apuntar hacia la integración y no hacia la lucha de opuestos –mucho menos cuando nuestra propia mente es la arena donde se desarrolla tal interacción. En este sentido supongo que el primer paso es hacer conciencia sobre tu propia sombra, percibirla, observarla, jugar con sus ojos y con su aroma inexistente. Hay que sentir la sombra, abrazarla, desnudarse junto con ella, coquetearle y, sobretodo, intercambiar información sensible. Una vez consumado este ritual terapéutico, que aunque se dice fácil implica una epifánica sesión de honestidad con uno mismo, entonces, supongo, podemos proceder a comulgar con ese ser con quien compartimos una perfecta simetría y así fundirnos de acuerdo a nuestra naturaleza original: la indivisibilidad.

Solo mediante la integración con la sombra podemos garantizar que no terminaremos por volvernos cautivos de nuestro propio caos. En cambio, al unificarnos con ella,  alojaremos una fusión entre el caos y el cosmos, enarbolando eventualmente la piedra filosofal que coronara nuestro rol de ‘caminantes’ (Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem). El punto es que si logramos asumir nuestra región sombría, concertando una épica cópula con nuestro alter-ego, entonces esta entidad (que a la vez somos nosotros mismos observándonos en el espejo del camino) podría convertirse en nuestro más valioso aliado.

El encuentro con nuestra sombra es un requisito ineludible en el proceso de alcanzar la plenitud. No hay que olvidar que un porcentaje considerable de nuestra energía está guardada en sus entrañas, y sin esa porción jamás lograremos la auto-fusión. Una vez que aceptemos la totalidad de los ingredientes que nos conforman, entonces realmente podremos purificar la formula y re-programarla hacia una existencia plena. Jung afirmaba que a partir del momento en que nos encontremos de frente con nuestra sombra, entonces seremos inmunes a cualquier sentimiento de culpa, miedo o vergüenza. Atravesar ese velo es la misión fundamental de todo personaje protagónico (y recordemos que todos somos héroes de nuestra propia narrativa).

Conclusión

Para concluir solo me resta advertir que en cierto momento de nuestras vidas tendremos una cita con nuestras respectivas sombras. Y que solo si logramos estar a la altura de dicho encuentro, sentarnos a tomar té con ella mientras cruzamos miradas e intercambiamos saludos a la porción de divinidad que nos une, seremos capaces de reunirnos con nosotros mismos, de religar la grieta (solve) para transformarnos en una sola pieza (coagula). La unidad nos espera. Ojalá ninguno  todos nosotros acudamos puntuales a su encuentro.

Aljhamdulilah 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

 

Bibliografía recomendada: Meeting the shadow : the hidden power of the dark side of human nature (1991) / editado por Jeremiah Abrams and Connie Zweig. 


[1] ^ Jung, C.G. (1938). "Psychology and Religion." In CW 11: Psychology and Religion: West and East. P.131

[2] Kaufman, C. Three-Dimensional Villains: Finding Your Character's Shadow

 

Día Fuera del Tiempo y año nuevo maya 2012 (25 y 26 de julio)

Por: pijamasurf - 07/22/2012

Este 25 de julio se celebra el día fuera del tiempo "maya", espejo rítmico blanco, por los seguidores del Dreamspell, el 26 es el año nuevo: tormenta azul resonante.

Miles de personas en el mundo se sincronizarán hoy para celebrar el día fuera del tiempo y el año nuevo maya. Este año, según la versión (reinterpretada y canalizada) del  fallecido José Argüelles de un calendario maya de 13 lunas, el día fuera del tiempo, ese limbo metafísico, será caminante del espejo rítmico blanco y el año nuevo será tormenta azul resonante.

Según el sitio de la red planetaria del movimiento del Encantamiento del Sueño (Dreamspell), el espejo rítmico es el signo  del reflejo cósmico y el equilibrio: "soy un portal galáctico de activación, penétrame" reza su respectiva oración. 

El nuevo año, de la tormenta, estará regido, según el código de Argüelles, por el pulso de la transformación, la renovación, y el cambio, sellando la salida hacia una nueva era. 

Existe cierta confusión sobre la fecha del año nuevo maya y por qué esta se celebra el 26 de julio cada año por una comunidad incipiente (el 25 de julio es el día fuera del tiempo). Por una parte esta fecha coincide, aunque no exactamente, con la conjunción del ascenso de la estrella más brillante del firmamento, Sirio, con el Sol. Estos son los llamados dog days, días caniculares, fecha que era celebrada también por los egipcios relacionada a las inundaciones del río Nilo y que marca un nuevo ciclo. Los mayas llevaban dos calendarios principales, el Tzolkin, el calendario 13:20, el calendario ritual y el más importante, y el Haab, de 18 meses de 20 días con 5 días al final del último mes o uayebs. Al parecer de estos cinco días se extrapola el concepto del día fuera del tiempo. El calendario de Argüelles se basa en la idea de que los mayas llevaban un calendario lunar (Tun Uc) de 13 meses de 28 días: 364, lo que otorga un día extra para completar el ciclo solar, que es entendido como un día de meditación ante el nuevo año; también una especie de día agujero negro o portal dimensional.

El calendario de las trece lunas —o dreamspell— de Argüelles ha servido como una versión pop, con nombres muy atractivos, del tzolkin maya, el calendario de la frecuencia 13:20, otorgando a cada quien un kin o signo solar con una firma galáctica (como caminante del cielo, espejo cósmico, mago galáctico, nombres que apelan al vuelo de la imaginación). Sin embrago, algunos académicos mayas señalan que la versión de Argüelles no refleja el calendario maya tradicional, más bien podríamos decir que es una obra de arte. Como el mismo Argüelles, quien decía ser avatar de Pakal Votan, sostiene: el tiempo es arte. Argüelles podría tener la sensibilidad esotérica para acceder (y entender) a información velada para arqueólogos y etnólogos, penetrar en los misterios de los mayas galácticos, acaso con una resonancia mórfica activada en su linaje espiritual. O Argüelles podría haber simplemente creado un nuevo mito, un sofisticado juego de rol, que en ocasiones juega con las creencias y el fanatismo y raya en la desinformación, pero que también propone un nuevo e importante entendimiento de los ciclos del tiempo en armonía con el ser humano.

“Él y sus numerosos seguidores afirman sin sustento histórico que los mayas utilizaron un Calendario Lunar compuesto por 13 meses de 28 días; y cuando multiplican 13 x 28 les da como resultado 364 días de un calendario Lunar y como les falta un día para el ciclo Solar, decidieron llamarlo Día Fuera del Tiempo”, dice el mayista mexicano Claudio Obregón Marín.

En este contexto es importante realizar un breve repaso de los calendarios mayas, cultura que utilizaba al menos tres modelos calendáricos. Por un lado el Tzolkin, sistema utilizado con fines rituales y de adivinación y el cual estaba compuesto por 13 meses o uinales de 20 kines cada uno (días), resultando en un equivalente a 260 días del calendario gregoriano. También se encontraba la Cuenta Larga, que inició alrededor del año 3113 A.C. Y finalmente el calendario civil o Haab, que regía las ceremonias comunitarias, así como el trabajo de la tierra y los ciclos de cultivo. Este duraba 365 días, con 18 meses de 20 días, y cinco días “fuera del tiempo”, conocidos como Uayeb. El Uayeb era destinado por la comunidad para refugiarse y reflexionar sobre los acontecimientos sucedidos durante el año que recién terminaba, momentos ideales para limpiarse colectiva e individualmente, para los rituales introspectivos y para los intercambios amorosos.

Vale la pena hacer énfasis en dos aclaraciones puntuales. Por un lado el Dreamspell o Encantamiento del Sueño no es estrictamente en sí un calendario maya, como muchos de sus seguidores creen, sino que se trata de una especie de juego psicomágico que supuestamente representa una decodificación de la filosofía calendárica de los mayas, o al menos toma en cuenta ciertos antecedente matemáticos utilizados por esta cultura. Un juego que propone una guía de entendimiento frente a nosotros mismos, a nuestra relación con el prójimo y también frente a los acontecimientos “externos” que por momentos pueden resultar desconcertantes. En este sentido el Dreamspell es un mapa relativamente nuevo que fue creado alrededor de finales de los 80s, tal vez con el fin de ayudarnos a entablar una relación más armónica con el universo y algunos de sus protagonistas: el tiempo, el espacio y la conciencia. El día fuera del tiempo se celebra desde 1992.

La segunda aclaración consiste en una reflexión en torno al poder colectivo de la mente. Es decir, si una fecha es arbitrariamente designada como un día especial, y existen millones de personas considerándola como tal, es innegable que este día sera impreso con una “fuerza especial” resultante del valor agregado que teje una conciencia colectiva sincronizada en torno a un mismo pensamiento o creencia. De hecho, ¿cuántas de las fechas etiquetadas como históricas no son más que una marca arbitraria que a través de la convención masiva transmutan en ejes de una ideología popular, en designios para realizar rituales compartidos, o en estandartes que fomentan un sentido comunitario? ¿Existe alguna fecha importante per se, de acuerdo al sentido de un calendario como mapa cronológico, o más bien es la creencia sincronizada en este carácter “especial” lo que dota de fuerza a un día cualquiera?

José Argüelles falleció el año pasado , antes de llegar a la mítica fecha de 2012 en el que veía la conclusión de un ciclo y la llegada de un cambio planetario que elevaría la conciencia de la humanidad a un nivel superior de comunión espiritual con la noósfera. Este controversial personaje era también músico y artista gráfico, sin duda una mente brillante que para algunos era parte de una especie de conspiración New Age y para otros (incluyendo él mismo) un profeta.

Tomando en cuenta la información que hemos compartido en esta nota, queda en el lector, en cada uno de nosotros, decidir si celebrar o no este 25 de julio como el “día fuera del tiempo” y el 26 como un año nuevo como una fecha con alto valor simbólico, también recordando que cualquier pretexto es bueno para dar una visita al espejo de la conciencia, dedicarle unos momentos de reflexión a nuestra vida, a sus ciclos, y por qué no, saludar a la estrella Sirio -- que simboliza el tercer ojo, "el Ojo que Todo lo Ve", "el sol secreto"-- desde nuestra mundana existencia.