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Problemas para conciliar el sueño, menor confianza en los propios logros cuando se comparan con los de los demás, conflictos que pasan del mundo virtual al mundo real, son solo algunas de las maneras en que Facebook y Twitter están modificando nuestro comportamiento.

La manera en que Internet ha impactado en nuestro comportamiento de todos los días todavía esta por estudiarse para comprenderse cabalmente. De momento, sin embargo, numerosos estudios han contribuido a expresar siquiera parcialmente algunos de estos cambios.

Entre estos destaca uno reciente elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad de Salford, en el Reino Unido, según el cual el uso de las redes sociales, específicamente Facebook y Twitter, experimentan un incremento significativo en sus niveles de ansiedad.

Esto se expresa en hechos tan variados como que muchos de los encuestados dijeron sentir menos confianza en sí mismos al comparar sus logros con los de sus amigos en las redes sociales, o que 2 de cada 3 aceptaron tener problemas para dormir inmediatamente después de haber estado en estos sitios; y 1 de cada 4 tuvieron dificultades en sus relaciones sociales como consecuencia de un conflicto sostenido en Internet.

Por otro lado, de los 298 entrevistados por académicos de la mencionada escuela, poco más de la mitad, 53%, dijo que efectivamente su comportamiento había cambiado a causa de las redes sociales, negativamente según el 51%.

En otro aspecto más conocido, el estudio también confirmó la “preocupación o incomodidad” que muchos sienten cuando no pueden conectarse a Facebook o a sus cuentas de correo electrónico.

[Telegraph]

Aunque el grado de terror que causan no es distinto, los terroristas reciben un trato diferente en los medios en función del color de su piel y su origen étnico.

El terrorismo, ese fantasma contemporáneo que asola las pesadillas de Occidente, posee un solo rostro: el que los medios mainstream conforman día a día con las noticias que difunden y, en especial, con las sutiles inflexiones con que tratan el tema.

Juan Cole, profesor de historia en la Universidad de Michigan, ha elaborado un interesante recuento de 10 diferencias que existen solo en el ámbito de los medios cuando se tiene que hablar de un terrorista, diferencias que, por elemental o sorprendente que parezca, están basadas únicamente en el color de la piel del presunto criminal y, en última instancia, en su origen étnico, creando dos grandes grupos al momento de juzgarlos mediáticamente: los blancos y los no-blancos.

Así, según Cole están son dichas distinciones:

A los terroristas blancos se les llama “pistoleros” [gunmen]. ¿Qué significa eso? ¿Una persona con una pistola? ¿No sería eso cualquiera en los Estados Unidos? A otros terroristas se les llama “terroristas”.

Los terroristas blancos son “solitarios con problemas” [troubled loners]. Otros terroristas son siempre parte de un complot global, incluso cuando son evidentemente solitarios con problemas.

Hacer un estudio sobre el peligro de terroristas blancos en el Departamento de Seguridad Interior te valdrá la marginación de enojados congresistas blancos. Hacer estudios sobre otros tipos de terroristas te garantiza una promoción.

La familia de un terrorista blanco es entrevistada, lloriqueando mientras se preguntan dónde se equivocó. Las familias de otros terroristas casi nunca son entrevistadas.

Los terroristas blancos son parte de una “excepción” [fringe]. Otros terroristas son aparentemente la regla [mainstream].

Los terroristas blancos son eventos azarosos, como los tornados. Otros terroristas son conspiradores de largo aliento.

A los terroristas blancos nunca se les llama “blancos”. Pero a otros terroristas se les dan afiliaciones étnicas.

Nadie piensa que los terroristas blancos son personas blancas típicas. Pero otros terroristas son considerados parangones en sus sociedades.

Los terroristas blancos son alcohólicos, adictos o enfermos mentales. Otros terroristas aparentemente llevan una vida limpia y perfectamente sana.

No hay nada que puedas hacer con los terroristas blancos. El control de armas no los detendría. Ninguna política que puedas diseñar, ningún programa gubernamental, podría tener un impacto sobre ellos. Pero cientos de miles de millones de dólares deben gastarse en políticas y en el Departamento de la Defensa, en el TSA [Adminstración de Seguridad del Transporte], que desnuda virtualmente a 60 millones de personas por año, para lidiar con otros terroristas.

[Alternet]