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La conspiración interbancaria Libor, posiblemente la más grande estafa financiera de la historia

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 07/18/2012

Investigación revela que los bancos más poderosos del mundo han estado manipulando las tasas de interés de derivados financieros, préstamos estudiantiles, hipotecas, tarjetas de crédito, etc., enriqueciéndose masivamente a cuestas de los consumidores. Algo que no es noticia, pero quizás nunca había sido probado tan calaramente.

Tal vez no hayas escuchado del escándalo Libor –es un tanto complejo y los bancos no huelgan poca influencia en el contenido que ves todos los días en los medios de comunicación--, pero probablemente sea la estafa financiera más grande la historia y la prueba más clara de cómo los bancos manipulan los índices financieros para el beneficio de una élite de insiders ("el 1%" les llama el movimiento Occupy). El resultado de esta manipulación fraudulenta de las tasas de interés Libor, que explicaremos en los siguientes párrafos, me hace pensar, como paréntesis introductorio, en la irónica pregunta que se hacía Bertol Brecht, ¿cuál es entre estos un mayor delito, robar un banco o fundar un banco?  Y en aquella frase recurrente entre los aficionados a la teoría de la conspiración, de dudosa procedencia, pero muy reveladora, atribuida a Mayer Amschel Rothschild: "Déjenme imprimir y controlar la moneda de una nación y no me importa quien haga las leyes". 

Vamos por partes. El Libor (London InterBank Offered Rate) es una tasa de interés que es fijada diariamente en Londres por los bancos más importantes del mundo y que determina la tasa efectiva bajo la cual los bancos se prestan dinero entre ellos. Pero el Libor también es el punto de referencia para fijar las tasas de interés de contratos de derivados financieros (más de 350 billones de dólares), hipotecas, préstamos estudiantiles y otros productos financieros.  La forma en la que se emite es considerada un diagnóstico general del estado de salud de la economía. Sobra decir que manipular esta tasa de interés puede tener un profundo impacto en los mercados de todo el mundo y, sobre todo, en los bolsillos de miles de millones de consumidores.

Sin ninguna verdadera regulación externa, más que los mismos bancos, el Libor supone que los bancos deben de emitir las tasas de interés que realmente están pagando o esperarían pagar –la redacción de su funcionamiento toma como garante la honestidad de estas instituciones, pero no requiere (o no requería) de alguien que compruebe el mínimo “fair play”. Son 18 bancos los que  fijan esta tasa de interés –regulados por la British Banker’s Association, un organismo que está compuesto por ellos mismos, juez y parte. Aunque se habían advertido irregularidades desde el 2008 –según un reporte del Wall Street Journal—una reciente investigación del FBI conluyó que el Libor había estado siendo manipulado por los bancos dolosamente. La investigación apunta principalmente hacia el banco Barclays, que ha aceptado pagar 450 millones de dólares como multa, para así dar por concluida la investigación –una cantidad que para este banco debe de ser como reglarale a un vagabundo las monedas que lleva sueltas en los bolsillos.

Ahora bien, pensar que solo Barclays manipuló el Libor es como creerse un cuento de hadas (en la bondad absoluta del lobo feroz), es más, es prácticamente imposible que lo haya hecho sin la participación de otros bancos.  El Libor es un promedio de las tasas de interés de 18 bancos en la que se descartan las 4 más altas y las 4 más bajas.

 Raúl Ilargi Meijer escribe en el popular sitio Buisiness Insider:

De  hecho es peor que eso: toda la evidencia de la última semana, si no antes, sugiere que el Libor fue montado así, porque la idea era hacerlo susceptible a la manipulación. Fue una conspiración criminal desde un inicio, y un grupo de politicos y reguladores fueron parte de ella. Y todavía lo son. Se les dejó a los banqueros, legal y libremente, que se llamaran todas las mañanas para acordar los índices del Libor a su conveniencia. No había control externo. Ninguno.

Entre los bancos investigados, a la luz del escándalo, están Bank of America, JPMorgan Chase, Citigroup, Morgan Stanley, Deutsche Bank, Societe Generale, Barclays, Credit Suisse, Lloyds, Rabobank, UBS,HSBC, RBS. No debe de ser sorpresa que la mayoría de estos bancos aparezca también en una lista de 147 compañías, estrechamente vinculadas, que forman una red de control financiero global, según la investigación de una firma suiza. En primera lugar en este ranking de control global aparece Barclays. Como colofón habría que señalar que recientemente se dio a conocer que HSBC-México desde el año 2002 tiene conocimiento de operaciones de lavado de dinero a través de su banco. Quizás no se equivocan las personas que se refieren a esta red de bancos como “el cártel bancario”.

Ante la petición del congresista estadounidense Randy Neugebauer, la Reserva Federal de Estados Unidos fue forzada a revelar documentos que muestran que al menos desde el 2007 tiene conocimiento de que el Libor estaba siendo manipulado –y por supuesto no hizo nada al respecto. Los mismos documentos muestran que en el 2008 el entonces director de la Reserva Federal, Timothy Geithner, escribió un memo al director del Banco de Inglaterra, Melvin King, en el que se menciona la posibilidad de “arreglar” el Libror –con arreglar no se refieren precisamente a corregir algo que no funciona, sino a arreglar en el sentido en el que se arreglan las apuestas.

Sobre el caso de Geithner, quein ha ocupado los puestos más importantes en el gabinete financiero de Estados Unidos, Naomi Wolf escibe en The Guardian:

Es muy difícil, viendo el elaborado edificio de fraude que emerge a lo largo del sistema financiero ignorar la posibilidad  de que este tipo de silencio –la disposición para “no agitar las aguas”—es simplemente recompensada con promociones aún más altas, autoridad más elevada. Si descubres que el arreglo de las tasas y las fallas en la regulación son sistémicas, pero te mantienes callado, entonces, posiblemente has mostrado que eres genuinamente confiable para obtener tu membresía de este club .

Con el cinismo que les caracteriza, ante las acusaciones, la Asociación de Banqueros Británicos ha respondido que el Libor sigue siendo un indicador confiable para determinar el estado de la economía en tiempos de crisis.

El actual director del Banco de Inglaterra, Paul Tucker, en un testimonio ante el Parlamento, dijo "pensamos que era un mercado que no funcionaba bien, no un mercado deshonesto", porque la posibilidad de actuar deshonestamente, obvio, no es algo que se cruce por la mente de un banquero. 

Más allá de mostrar que la regla dentro de los bancos y sus ejecutivos es la corrupción y la ignominia --una soberbia casi luciferina, que considera al pueblo como una masa informe, ignorante y  totalmente explotable-- el escándalo Libor apunta su sombrío dedo sobre la faz del sistema financiero capitalista actual, una castillo de naipes, construido espectral y abritrariamente --y no un reflejo en ninguna medida de la realidad de los valores y productos. (Según Matt Taibbi es como despertar y "descubur que todo el mundo está construido sobre arena movediza"). La sofisticación de las finanzas: el más grande hechizo de la época moderna.

Pero tal vez algún día el público despierte de este sueño brutal de siglos subyugado por los bancos. Tal vez.

Twitter del autor: alepholo

La gran fantasía de la comida "orgánica" (el mejor negocio de las mega-corporaciones)

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 07/18/2012

Las mismas mega-corporaciones de las cuales rehuyen los consumidores de productos orgánicos en realidad controlan esta multimillonaria industria y determinan que ingredientes son admitidos dentro de la todopodersosa etiqueta de "orgánico"

La etiqueta de "orgánico" en un producto, especialmente un alimento, se ha convertido en una fórmula mágica que nos hace sentirnos bien al tiempo que gastamos dinero extra para obtener un bienestar prometido. Sin embargo esta industria, la de la comida orgánica, al menos en su versión de supermercado, se ha convertido en una enorme fantasía cooptada por las grandes corporaciones de las cuales supuestamente huyen las personas que compran productos orgánicos.

En una lógica perversa el negocio parece ser redondo. Primero grandes corporaciones, del llamado Big Food, llenan los alimentos de aditivos, conservadores y demás "químicos" que contaminan la salud de los consumidores; se crea un movimiento de conciencia en torno a estos alimentos y se genera una industria que busca salvaguardar el bienestar del consumidor produciendo alimentos a la vieja usanza, manteniendo un estándar de calidad. Se populariza el término orgánico, un tanto difuso, para significar aquellos productos que no involucran métodos de producción moderna tipificados en el uso de pesticidas, fertilizantes químicos y modificación genética--en general que no dañan a los animales y al entorno en el que lo producen. Una especie de purismo ideológico que alimenta. Los químicos son los enemigos --aunque por supuesto todo organismo es químico naturalmente.

Buscar alimentarse sanamente y romper con la cadena alimenticia que controlan las grandes corporaciones, regresar a los pequeños productores y otorgarle ese valioso coeficiente, perdido en el proceso industrial, de hacer los alimentos con una intención de nutrir ("hecho con amor" es el slogán favorito), parece algo no solamente positivo sino incluso parte de la evolución humana. Sin embargo, ya sea por los invasivos y malignos tentáculos de las grandes corporaciones o por la ingenuidad del consumidor que lo que compra generalmente son ilusiones que satisfacen su producción de dopamina y reafirman cómodamente lo que quiere que sea la realidad, en muchos casos esta moda de alimentarnos de productos orgánicos no es más que un plácido y frívolo (aunque sea bienintencionado) autoengaño. Y ahora son las mismas compañías,  que producen  o producían alimentos casi venenosos, las que promueven los alimentos orgánicos, enarbolando un nuevo mito de comunión edénica a partir del poder inmaculado de la comida no alterada por los procesos industriales de la modernidad: un regreso a natura.

El New York Times publica un interesante artículo sobre la realidad detrás de la gran industria de los alimentos orgánicos, con un valor anual de hasta 30 mil millones de dólares en ese país. El hecho de que los consumidores estén dispuestos a pagar más dinero por un producto orgánico no ha pasado desapercibido para las grandes corporaciones de alimentos que, recurriendo a su varita mágica, el marketing, han logrado --sin que el consumidor lo perciba-- tomar control del mercado e influir en cómo y en qué se etiqueta "orgánico".

Muchas de los grandes nombres de los alimentos orgánicos han sido adquiridos por las grandes corporaciones de alimentos sin que esto llegue al conocimiento del consumidor. Bear Naked, Wholesome & Hearty y Kashi, pertenencen al gigante de los cereales Kellog; Naked Juice es parte de PepsiCo; y detrás de Walnut Acres, Healthy Valley y Spectrum Organics está Heinz, la marca de ketchup cuyo CEO participa en la reuniones Bilderberg. Esto no es todo, Coca-Cola, General Mills, Nestle, Kraft y otras megacorporaciones han "devorado la mayoría de la industria de la comida orgánica en Estados Unidos. Ingredientes puros, producidos localmente en pequeñas granjas familiares, no mucho, que digamos", escribe Stephanie Storm en el New York Times. ¿Comprarías ese jugo de arándano orgánico si supieras que es producido a fin de cuentas por Coca-Cola? ¿Te sabría igual?

 

La junta directiva del National Organic Standards Board ha permitido el uso de ingredientes como el carragenano, un polisacárido derivado de las algas que incluso ha sido vinculado al cáncer, o del inositol sintético, que, como su nombre lo indica, se manufactura usando procesos químicos.

Michael J. Potter, fundador de la compañía pionera de alimentos orgánicos Eden Foods, se niega a poner la etiqueta de orgánico en sus productos, ya que la considera un "fraude".

En la medida en la que las grandes corporaciones han empezado a dominar la junta directiva, que decide los estándares de los alimentos orgánicos, han crecido los ingredientes aprobados por dicha industria. Actualmente existen 250 sustancias "no-orgánica" en la lista; en el 2002 habían solo 77.

En diciembre se estuvo apunto de aprobar la utilización de amonio nonanoate, un herbicida --votaron a favor General Mills, Campvell's Soup, Organic Valley, Whole Foods Market y Earthbound Farms (sólo falta que Monsanto coloque algunos de sus pesticidas en la lista o que sea admitido a la junta directiva y no sería del todo raro que tenga presencia en el mercado bajo una empresa fantasma).

Alexis Baden Mayer, director de la Asociación de Consumidores Orgánicos, advierte: "Entiendo que quedan muy pocas compañías 100% orgánicas. Pero ¿en realidad es necesario añadir a una compañía como General Mills que tiene tanto interés en promover la ingeniería genética, promover la nanotecnología y varias otras cosas que son la antítesis de los principios orgánicos para supuestamente garantizar la diversidad?".

Así las cosas en Estados Unidos, pero seguramente también en muchas partes del mundo en las que se adopta el modelo comercial de este país. Especialmente en los grandes supermercados, donde a veces el mismo producto, sólo con la etiqueta mágica de "orgánico", cuesta casi el doble. Si quieres comer "orgánico" lo mejor que puedes hacer es crecer tu propio alimento o comprarlo a personas conocidas que tengan huertos cerca de donde vives. Aunque claro que puedes seguir comprando comida orgánica en el supermercado y seguramente te sabrá mejor y hará mejor a la salud, bajo el efecto placebo --siempre y cuando esto le gane a la parte de tu cerebro que te dice que estás cayendo en un truco de marketing y acabas de desperdiciar tu dinero.  ¿Qué eliges? y ¿en realidad importa?

Twitter del autor: @alepholo