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Basta un cambio de perspectiva para descubrir un mundo totalmente nuevo ahí donde solo veíamos tedio y aburrición. El fotógrafo Suren Manvelyan amplifica hasta la sorpresa ojos de animales que, sin este artificio, creeríamos conocer de sobra.

Ojo de un gato siamés

Es sorprendente cómo un cambio de perspectiva puede alterar tanto nuestra percepción del mundo. Creemos que este es el mismo que nos hacen ver nuestras limitaciones. Pero quizá no sea así. Con toda probabilidad, si tuviéramos cuatro brazos o la agudeza visual de un águila, si la misma capacidad olfativa que un perro, entonces nuestro mundo sería completamente distinto.

Un breve atisbo a esa posibilidad lo tenemos en estas fotografías realizadas por Suren Manvelyan, quien tomó increíbles close-ups a los ojos de distintos animales, mostrándonos el vasto universo que se esconde aun en los rincones más inaccesibles.

Como si se tratasen de panoramas extraterrestres, superficies planetarias de sistemas desconocidos, los globos oculares de estos animales despiertan la fabulación de cualquiera, la sorpresa, el asombro de reconocer que en algo que creemos aburrido, soso, banal, por suponer que lo conocemos de sobra, en realidad esconde un elemento que linda con lo incomprensible.

 

Ojo de un Husky

 

Un pitón tigre

 

Un caimán

 

Un pez

 

Una hiena

 

Un pez disco

 

Guacamayo azul-amarillo

 

Un chimpancé

[io9]

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Por: pijamasurf - 06/05/2012

La araña Nephilengys malabarensis posee el curioso mecanismo de perder su pene mientras copula, con lo cual puede inseminar a la hembra mientras pelea a la distancia con otros machos.

La Nephilengys malabarensis es una especie de arácnido cuyo macho desarrolló un curioso comportamiento de consecuencias no menos sorprendentes: tiene la capacidad de desprenderse de su pene y dejarlo dentro de la hembra cuando se encuentran copulando.

Asimismo, esta misma pérdida le permite defender con mayor fiereza a su pareja de otros machos que intentan ganársela: además de que su cuerpo es más ligero, la auto-mutilación provoca una intensificación en la secreción de químicos corporales que proveen de fuerza y resistencia durante la lucha.

Entretanto, el pene sigue por su cuenta inseminando a la hembra y al mismo tiempo impide la entrada de otros.

Pero las peculiaridades de esta especie no terminan aquí, pues en 3 de cada 4 encuentros sexuales, la hembra termina devorando al macho antes de que este termine de vaciar su semen. De ahí también el curioso mecanismo de desprendimiento implementado: sacrificando el pene, conserva la vida.

[Discovery Magazine]