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¿Qué tanto se masturban en realidad hombres y mujeres?

Por: pijamasurf - 05/09/2012

Estudio estadístico realizado en Estados Unidos intenta disipar el tabú y el pudor que frecuentemente rodean las prácticas sexuales y ofrece una estimación fehaciente sobre la frecuencia de masturbación entre hombres y mujeres,

El confinamiento de la sexualidad manifiesta al secreto y la intimidad es una de las imposiciones más características de la modernidad occidental, una que obliga a que el sexo y sus actividades se realicen únicamente en la oscuridad de la alcoba personal.

Paralelamente a esta medida disciplinaria tácita, fluye otras corriente que se encargan o de fortalecerla o de minarla. Una, por ejemplo, haciendo del comportamiento sexual un objeto de estudio científico. Otra, un objeto de chistes y bromas que carcoman el pudor hipócrita en torno a la sexualidad.

De la primera tenemos como ejemplo un estudio estadístico realizado en Estados Unidos para conocer la incidencia real que la práctica de la masturbación tiene en dicho país. Esto confiando en la veracidad de la respuesta de quienes participaron en la investigación.

Así, según los sociólogos de la Universidad de Chicago que coordinaron el estudio, únicamente 4 de cada 10 mujeres (38%) se masturbaron durante el año anterior a las entrevistas, mientras que en los hombres la proporción fue de 6 de cada 10 (61%).

La muestra comprendió a 3,116 estadounidenses de entre 18 y 60 años de edad, 1,769 mujeres y 1,347 hombres, quienes respondieron a la pregunta específica “En promedio, ¿con qué frecuencia se masturbó usted durante los pasados 12 meses?”. Y si bien estos datos se recogieron en entrevistas cara a cara, lo cual pudo intimidar a los entrevistas y sesgar la información obtenida, los números se corresponden con otros estudios previos similares.

Entre estos, por cierto, alguno afirma que los hombres se masturban sobre todo entre la adolescencia y la edad adulta, y difícilmente se detienen hasta los 50 años; en las mujeres, este llamado placer solitario es más frecuente entre los 20 y los 39 años, siendo mínimo entre los 18 y los 20 y después de los 40.

* A propósito, mayo es el Mes de la Masturbación, así que esta podría ser buena razón para proyectar un incremento en los niveles de recurrencia en esta práctica. Pero si la moral es lo tuyo, entonces mejor te recomendamos revisar este Manual para Evitar la Tentación de Masturbarse.

[Psychology Today]

El libro Electric Jesus forma parte de un nuevo pulso contracultural regido por la conciencia evolutiva; el estandarte de una generación comprometida con una misión concreta: rediseñar el escenario.

Hace un mes terminé de leer Electric Jesus: The Healing Journey of a Contemporary Gnostic, un libro que ha sido recurrentemente reseñado en decenas de medios digitales y al cual incluso se asocia con la consolidación de un nuevo movimiento: la espiritualidad contracultural.

Escrito por Jonathan Talat Phillips, uno de los fundadores de la red de activismo evolutivo Evolver.net y del sitio Reality Sandwich (por cierto uno de los más estimulantes de la Red), Electric Jesus es una especie de recorrido autobiográfico que narra el proceso de ‘despertar’ de su autor –un suceso que si bien es poco preciso en términos de una definición acertada, parece responder a un sentimiento compartido por miles de personas en los últimos años.

Tras formar parte de diversos grupos de protesta, entre ellos Greene Dragon, el camino de Jonathan le llevó a encontrarse con experiencias específicas que terminarían por redirigir su intención de contribuir al bien común. Estos episodios, protagonizados por alucinaciones fractales, el consumo casual de psicoactivos, didácticos diálogos extraterrestres, y prometedoras sincronías metafísicas, trasformarían radicalmente las herramientas con la que él intentaba cambiar el escenario: la denuncia se transformó en mantra, la parodia en expansión de conciencia, y la protesta en sanación.

Decodificando sus vivencias a partir de un contexto cultural bastante tradicional, asociado con la clásica familia católica, Jonathan se irá dando cuenta de que la vieja postura contracultural a la cual su sensibilidad, traducida en inconformidad, le había llevado era un recurso insuficiente para hacer frente a los retos generacionales que tenemos delante de nosotros. Así, gradualmente va abandonando sus viejos credos, sus buenas intenciones atrapadas en formatos ideológicos, para abrazar un nuevo formato de activismo.

Y es que tras décadas de discursos revolucionarios, de reacciones ante la represión, de manifestaciones que buscan hacer evidentes los múltiples defectos del diseño de realidad en el cual nos encontramos insertos, parece que estamos en una disyuntiva inédita, la oportunidad de rediseñar el sistema (pero para lograrlo es necesario abandonar también nuestras prácticas anti-sistémicas, transformarlas).

El lado b, aquel que tradicionalmente distinguió a los disidentes del mainstream y el establishement ya no es suficiente, necesitamos llevarlo un paso más allá, a la construcción una trinchera que, lejos de la épica revolucionaria, se materialice casi inmediatamente (un veloz flujo alquímico entre la intención y la realidad). Postular una conciencia colectiva orientada a la evolución accesible obliga al nuevo movimiento contracultural a abandonar la mayoría de sus recursos para adoptar nuevos modelos pro-transformación. Ya no se trata de acusar sino de bendecir, ya la venganza o el contraataque son obsoletos, debemos reconocer que el aspirar a ser parte de un nuevo escenario nos compromete a reinventar nuestro propio discurso.

Electric Jesus es de algún modo el resultado de las experiencias recavadas durante la última década por una cada vez mayor comunidad de personas que han decidido abrir la puerta a una nueva perspectiva. Es el resultado de experimentos sensoriales, de travesías psiconaúticas, y de proceso meta-terapéuticos a los que muchos nos hemos expuesto voluntaria o involuntariamente. Con una crónica que tiene en la honestidad a su principal virtud técnica, este libro nos recuerda que estamos diseñados para sanarnos, que somos aptos a la reprogramación consciente y que quizá nuestra misión compartida consiste en narrar la historia de una realidad distinta. Y a pesar de que para muchos disidentes la perspectiva que promueve Jonathan podrá parecer un tanto empalagosa, lo cierto es que hoy debemos estar dispuestos a abandonar nuestra zona de confort contracultural, sacrificar nuestro esquema de rebeldía neurótica, y experimentar con esta nueva mirada (si es que genuinamente buscamos un cambio).   

Todos somos narradores (arquitectos de realidades) y Electric Jesus puede bien concebirse como una invitación explícita a colaborar con el enriquecimiento de una nueva narrativa. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune