Que la historia –de la humanidad y del universo– influye en nosotros puede comprobarse con tan sólo mirar, y se dice más fácil de lo que se hace, la profundiad de la mente humana. Existe en nuestro inconsciente un substrato in-formativo estructural que transmite en nosotros una serie de patrones que trascienden nuestra experiencia personal. Estos son los arquetipos, remanentes arcaicos que Carl Jung describió como “imágenes primordiales”. No entramos al mundo con una tabula rasa; de igual manera que nuestra biología conserva las huellas instintivas de nuestra evolución –coexiste todo el reino animal dentro de nosotros– también nuestra psique conserva los rasgos de nuestra evolución mental. Así en nosotros se repiten ancestrales imágenes: el héroe, la diosa madre, el viejo sabio, etc., y motivos como el Apocalipsis, el Diluvio, la Creación, etc.
“El arquetipo es una tendencia a formar tales representaciones de un motivo –representaciones que pueden variar mucho en el detalle sin perder un patrón básico… Son de hecho una tendencia instintiva”, escribe Jung en El hombre y sus símbolos. “Es esencial insistir que no son meros conceptos filosóficos. Son pedazos de la vida misma –imágenes que están integralmente conectadas al individuo a través del puente de las emociones”.
La importancia de explorar el mar casi infinito del inconsciente no es menor. Seamos conscientes o no de los arquetipos, de cualquier forma los vivimos –como si fueramos avatares de una tendencia psíquica meta-histórica que se representa en símbolos encarnados–; pero el no ser conscientes hace que los padezcamos y que no logremos madurar nuestra personalidad para así individuarnos: la plenitud de lo que somos. Los arquetipos cumplen la función de una iniciación, un rito de paso en nuestra psique hacia un nuevo estadio que quizás permitiría resolver una cuita que nos persigue desde el albor de la humanidad.
“Sólo es posible vivir la vida a su máxima expresión cuando estamos en armonía con estos símbolos; la sabiduría es un retorno a ellos. Esto connota que cuando una persona logra hacer las paces con los arquetipos que yacen dentro de ella puede empezar a vivir una vida más pacífica”, reitera Jung. ” Todas las ideas más poderosas de la historia regresan a los arquetipos. Esto es particularmente cierto de las ideas religiosas, pero los conceptos centrales de la ciencia, filosofía y ética no son excepciones a esta regla. En su forma presente son variantes de ideas creadas adaptando y aplicando conscientemente estas ideas a la realidad. Puesto que es la función de la conciencia, no sólo reconocer y asimilar el mundo externo a través del umbral de los sentidos, sino traducir a la realidad visible el mundo que yace en nuestro interior”.
La comprensión arquetípica también nos permite entrar en contacto con una dimensión universal, conectarse con la fuente, por así decirlo. Una especie de proyector holográfico en el útero del mundo: “Para los alquimistas [los arquetipos] eran semillas de luz transmitidas en el caos.. el proyecto germinal de un mundo por venir… Uno tendría que concluir a partir de estas visiones alquímicas que estos arquetipos tienen cierto resplandor, o cuasi-conciencia, y esa numinosidad contiene luminosidad”, dice Jung, entre cuyas aportaciones yace el ligar los mismos procesos de transmutación de la materia encontrados en la alquimia a procesos psíquicos.
Podemos pasar buena parte de nuestra existencia enfrascados viviendo un arquetipo –como si fueramos una carta del Tarot– y no seguir el curso de nuestra evolución psíquica, arribando a los “arcanos mayores”. Si queremos acceder a estas dimensiones superiores, al héroe solar, al amor de la Diosa, a la sublimación del mago, debemos de atravesar también la oscuridad, la sombra psíquica del pasado colectivo. Debemos de mirar hacia abajo como el hombre colgado, como el loco debemos de atrevesar el bosque solitario y morir simbólicamente, para renacer en el mar pulsante cuya potencia es ilimitada. Estamos dentro de una rueda de la fortuna, pero si somos conscientes de los arquetipos –los motores que hacen girar la rueda, el software de fábrica– tendremos al Hado de nuestro lado.
Twitter del autor: @alepholo









Yo creo que esos Arquetipos son las funciones del universo. Me refiero a las a las funciones de causa y efecto. “La sombra psíquica del pasado colectivo”. Si de acuerdo a mi causas pasadas yo determine mi vida actual, yo determinare mi vida en el futuro. de acuerdo a la idea de los Arquetipos deberíamos saber bien interpretar estos pensamientos y saber que si una persona se la pasa girando dentro de una rueda de la fortuna es importante aclarar que completamente todos somos capas de seguir un camino recto de aprendizaje de la “Travesía de la vida” porque estos Arquetipos los tenemos para aprender de ellos no para estancarnos y moldearnos su antojo. ¿la única manera de acceder a estas dimensiones superiores es interactuar con ella o saber de ellas? es la única forma de avanzar en la vida. Aprovechar de estas funciones sino seriamos necios.
El tema me parece muy interesante, sin embargo seria bueno que ampliaran la información y que esta fuera sustentada en datos científicos.
¿A qué llamas científico? Te recomiendo en cualquier caso que busques libros de Carl Jung y que los leas.
En el mundo complejo de lo subjetivo, lo científico muchas veces queda relamente corto Jesús. Verás, la ciencia aún hace tiempo que está logrando reales avances, sin embargo la estructura mental no ha llegado a ser exacta, por lo que se pierden múltiples de factores que podrían determinar variables cambiantes y moldeables. De echo, en el mundo de la psicología, ya se han comprobado, que después de una teoría psicoanalítica, los psicólogos sociales encuentran que es posible que en investigaciones mixtas, se pueda confirmar que la investigación cualitativa no está tan perdida. Pero eso sí, no hay peor siego que el que no quiera ver. Por que para que tú quedes convencido, tal vez tendrías que comenzar a unirte a la investigación de campo.