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Transformando una antigua iglesia barroca en un instrumento musical interactivo

Por: Javier Barros Del Villar - 04/05/2012

Por medio del videomapping, el Macula Project logró una transmutación cuasimágica de una capilla barroca ubicada en República Checa; el resultado de Archifon I es una especie de acto de voyeurismo psicotrónico

instalacion con videomapping de project macula: archifon

Everything becomes an illusion...

Project Macula

Coqueteando con la premisa de que todo es una ilusión, o al menos puede serlo, y remitiéndonos a la idea de maya que manejan ciertas tradiciones de la India, el Macula Project explora la relación dialéctica entre la imagen, el sonido, y el observador. Entre sus objetivos explícitos se incluye "el combatir los límites establecidos y empujar las fronteras en busca de acercamientos alternativos" en torno a esta relación. 

Y de acuerdo con esta loable misión auto-asignada, la instalación Archifon transformaron el interior de una vieja iglesia barroca, ubicada en el pueblo de Olomuc, dentro de la República Checa, en un altar psicodélico que a la vez funge como un gigantesco instrumento musical:

"Los objetos arquitectónicos son re-interpretados por visuales virtuales utilizando proyección y sonido. Es posible al mapear la superficie virtual del interior de la capilla. Hasta diez visitantes pueden interactuar con el Archifon utilizando señaladores laser. Al enfocar el laser en cualquiera de los cien distintos elementos audiovisuales, se detonan ciertas acciones."  

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Básicamente la instalación consiste en recubrir el interior del inmueble con superficies virtuales, entretejidas con proyecciones de luz y ambientadas, complementariamente, con audio sincronizado. Este desdoblamiento virtual es está diseñado para reaccionar, liberando ciertas acciones sonoras, mediante estímulos de laser. Los visitantes son equpiados con señaladores laser y durante su recorrido van entablando una especie de diálogo multisensorial con el entorno. 

El resultado, como podrás comprobar en el siguiente video, es un manifiesto de alquimia tecnoestética, impregnado en el espacio, lo cual hasta cierto punto recuerda los grandes textos herméticos inscritos en la piedra labrada del interior de las catedrales góticas. Y acorde a esta interpretación, el visitante transmuta, consciente o inconscientemente, en un peregrino que habrá de probar su capacidad para decodificar, tal vez guiado por un espíritu lúdico, la inscripción que se le presenta a su alrededor, y de conseguirlo, podrá absorber la información contenida en dicho discurso para bien de su evolución personal –peregrinaje que, por cierto, nos recuerda al tercer episodio de la secuencia Cremaster de Matthew Barney–.

Pero más allá de dilucidaciones en torno al potencial épico de esta pieza, y con ganas de aligerar la perspectiva, podríamos afirmar sin titubeos que Archifon, así como otras instalaciones de Project Macula, se encuentra entre los más dignos embajadores de una cautivante tendencia que cada día toma mayor fuerza: la aplicación de tecnologías experimentales para explorar regiones estéticas del arte multisensorial. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

Visita TheMacula.com

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¿Está el alma en los ojos? Mirada, autorreferencia e ilusión del yo

Por: pijamasurf - 04/05/2012

¿Es cierta la conocida frase de que "el alma reside en los ojos"? ¿Es la mirada ese lenguaje personal que expresa nuestro yo más íntimo, nuestra subjetividad más propia?

La Sagrada Familia con el  niño San Juan el Bautista, Caravaggio (Óleo sobre tela, Detalle)

La capacidad racional del ser humano, la posibilidad que tenemos para el llamado pensamiento complejo, se encuentra en el origen de la transnaturalización: la diferencia tajante entre el mundo natural y el mundo humano, entre el animal y el hombre. Una escisión traumática que intentamos subsanar o reprimir, paradójicamente, con este mismo recurso que nos separó definitivamente de ese jardín edénico.

Dentro de estos, mención especial merece la noción de alma, de espíritu, de yo: ese núcleo personalísimo que creemos irrepetible y que ha tenido nombres tan distintos a lo largo de la historia según se le considere bajo una perspectiva religiosa, filosófica, psicológica, estrictamente racional o según los descubrimientos de la neurociencia contemporánea.

Sin embargo, pese a todos estos cambios de nombre y de paradigma, la mayoría de nosotros sigue creyendo en la existencia del alma —y, además, como asegura la consabida frase, que la mirada es la ventana de esta.

Prueba de ello es un experimento llevado a cabo por psicólogos de la Universidad de Yale en el que los participantes intuyeron que si en algún lugar de su cuerpo era posible constatar la existencia del yo, del alma, este sería cerca de los ojos o en su interior mismo.

En los experimentos, los investigadores mostraron personajes de caricatura a los participantes, con un pequeño objeto (una mosca, un copo de nieve, etc.) cerca de alguna parte de su cuerpo (el rostro, los pies, etc.). La idea era que esos pequeños objetos simularan ser el alma de los personajes, solo que quien lo interpretara así debía hacerlo en función de la parte del cuerpo más cercana: ¿qué parece más coherente? ¿que el alma resida en los pies o en el torso? ¿en las manos o en la zona genital?

Casi todos los participantes —que iban de niños de 4 años a adultos— identificaron el lugar del alma con una zona cercana a los ojos del personaje de caricatura, sin importar lo fantasioso que fuera este.

Para Christina Starmans, la investigadora responsable del estudio, parece ser que es “es una intuición compartida universalmente”. Starmans y sus colegas se adelantan además a quienes podrían argüir que esta se trata de una noción culturalmente adquirida, una idea que reproducimos involuntariamente por tenerla sumamente interiorizada:

La naturaleza indirecta de nuestro método y el hecho de que estos juicios sean compartidos por adultos y prescolares, sugiere que nuestros resultados no reflejan un entendimiento culturalmente aprendido […], pero, en cambio, tal vez se encuentre enraizado en un sentido más intuitivo o fenomenológico de dónde residimos en nuestro cuerpo.

Y si bien estas conclusiones podrían ser disputadas —como de hecho lo han sido— al menos son estimulantes para pensar un poco en este que es uno de los pocos rasgos que podríamos llamar verdaderamente humanos.

En efecto: si existe algo que sea netamente nuestro, a un tiempo característico de nuestra especie y expresión individual, ¿qué mejor que pensar en la mirada? La mirada como una especie de “lenguaje personal” (a la manera de Wittgenstein) que una persona utiliza a partir de su esencia misma: de esa colección de vivencias, aprendizajes, recuerdos, aspiraciones y pensamientos que se agolpan y se atropellan en la expresión que dirigimos por medio de nuestros ojos: de amor, de miedo, de reprobación, de aliento, de impotencia, de gozo, de tristeza. Y, además, a diferencia de lo que planteaba el filósofo austriaco, un lenguaje que aunque emana de una fuente profundamente subjetiva, encuentra comprensión en el otro, en alguien que lo entiende y sinestéticamente lo “escucha”, lo descifra y lo vuelve asequible.

Es posible, como aventura el célebre Douglas R. Hofstadter, que el alma, el yo, la identidad, solo sean un asunto de autorreferencia, una ficción creada por la capacidad que tiene nuestro cerebro de pensarse a sí mismo. Pero, aun si esto es cierto, si es una mentira en un mundo que de por sí es posible que sea una suma de ilusiones, es también uno de los pocos asideros en el que podemos confiar nuestro germen de humanidad, la razón que justificaría encarar la realidad con estricta joie de vivre.

A propósito del alma y la mirada, compartimos el documental Janela da alma, de João Jardim y Walter Carvalho, en el que a través de entrevistas a personajes como José Saramago, Oliver Sacks, Wim Wenders y otros, se explora la misma idea. 

 

Con información de Live Science