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Mujeres en el “triángulo de la muerte” italiano están envejeciendo prematuramente

Por: pijamasurf - 04/27/2012

Miles de basureros clandestinos en una región de Nápoles han creado lo que se conce ya como "el "triángulo de la muerte", una zona donde sus habitantes, además de desarrollar cáncer o nacer con malformaciones, están envejeciendo prematuramente.

En Italia existe una región conocida como el “triángulo de la muerte” porque además de estar limitada por tres puntos específicos —las localidades napolitanas de Acerra, Nola y Marigliano—, recibe tan fatídico nombre porque en años recientes se han incrementado notablemente las malformaciones en recién nacidos y las muertes por cáncer.

Esto se debe en buena medida a que la zona se ha convertido desde hace varios años en un depósito ilegal de desperdicios, contándose hasta 1230 basureros clandestinos, la mayoría de los cuales podrían haber sido abiertos por miembros de la mafia local, la conocida “Camorra”.

Para saber si, en efecto, es la contaminación del entorno la que ha provocado tan nefastos efectos, un grupo de investigadores de la Universidad de Nápoles Federico II y de la Segunda Universidad de Nápoles, recolectó muestras de sangre de mujeres sanas que habían acudido a una clínica ginecológica para abortar.

Examinando las secuencias genéticas conocidas como telómeros de las células sanguíneas, Carmine Nappi y Bruna De Felice encontraron que los telómeros se mostraban más cortos en comparación a los de otras mujeres de una población vecina (y mucho más en aquellas que residían a pie de algún basurero). Hasta ahora dicho acortamiento solo observado como efecto de la edad o de reaccionas dañinas del metabolismo.

De acuerdo con Nappi, esto sugiere que las células “estuvieron expuestas a estrés oxidativo”, por lo cual las mujeres se encuentran un proceso de envejecimiento prematuro bastante severo. “Las mujeres están sanas, pero la reducida extensión de los telómeros significa que su envejecimiento celular es mayor al de su edad biológica”, abundó la ginécologa.

Entre la reacción en cadena que suscita esta cortedad en los telómeros se cuentan las malformaciones de los recién nacidos, sobre todo en mujeres que los conciben a una edad más o menos avanzada. Según Nappi, la dioxina podría ser una de las sustancias más presentes entre los desperdicios que podría estar afectando el desarrollo de los fetos humanos.

La región napolitana de Campania destaca en Europa por la manera en que se manejan sus desperdicios, políticas y hábitos que Nappi califica como “de tercer mundo” en contraste con lo que se realiza en el resto de Europa.

[New Scientist]

Además de corromper, el poder es tan adictivo como la cocaína, asegura investigador

Por: pijamasurf - 04/27/2012

Ian Robertson, neurocientífico del Trinity College de Dublín, asegura que el poder despierta en las zonas de recompensa del cerebro efectos similares a los de la cocaína: un placer inmediato que se vuelve adicción en el largo plazo.

La capacidad corruptora del poder es legendaria, una especie de veneno que se infiltra en la mente de quienes lo ejercen y termina por modificar sus pensamientos, sus valores, su manera de comportarse frente a los demás y también frente a sí mismos.

Hace un par de días Ian Robertson, profesor de psicología en el Trinity College de Dublín y director del Instituto de Neurociencia de la misma universidad, publicó una interesante editorial en la que glosa algunos de los descubrimientos en dichos campos que apuntan a una adicción manifiesta y desarrollada a nivel neurona y hormonal que el poder despierta en aquellos que se exponen a su ejercicio.

De entrada Robertson nos recuerda que el poder incrementa los niveles de testosterona tanto en hombre como en mujeres, de la cual se sabe que tanto esta hormona como uno de sus derivados, el androstanediol-3, un esteroide, son altamente adictivos porque a su vez generan un aumento de dopamina en la zona de recompensas del cerebro, el núcleo accumbens. Este efecto, nos dice el científico, guarda enorme semejanza con los que provoca la cocaína: un placer inmediato que deviene adicción en el largo plazo.

En los babuinos, por ejemplo, se ha comprobado que los individuos que se encuentran en los niveles más inferiores de la jerarquía grupal también son los que tienen menos presencia de dopamina en las áreas del cerebro correspondiente y, por el contrario, cuando estos eran “promocionados” a posiciones superiores, la dopamina también ascendía.

Con dichos primates el ser humano comparte al menos una similitud de comportamiento: mayor poder (i. e. más dopamina) lleva a más agresividad y más actividad sexual. Además en nuestra especie, nos dice Robertson, el poder también hace más inteligentes a las personas porque la dopamina mejora las funciones del cerebro en el lóbulo frontal. Pero un descenso en la jerarquía, que se traduce en menores niveles de dopamina, incrementa el estrés y reduce las habilidades cognitivas. Robertson abunda:

Pero mucho poder ―y por lo tanto mucha dopamina― puede perturbar la normalidad de la cognición y la emoción, llevando a grandes errores de juicio y reticente al sentido de riesgo, sin mencionar un enorme egocentrismo y falta de empatía hacia los otros.

[Telegraph]