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Con el apoyo de Rusia, China y otros gobiernos nacionales, la ONU podría arrogarse pronto el control de Internet, acabando con esa isla de libertad que cada vez se ve más asediada.

Los intentos de acotar los amplios márgenes de libertad que Internet permite tienen en la Organización de Naciones Unidas (ONU) un nuevo perpetrador. Según publicó The Wall Street Journal hace unos días, el 27 de febrero se puso en marcha en Ginebra un proceso diplomático que podría concluir en el otorgamiento a dicho organismo internacional de poderes inéditos sobre Internet.

Impulsada por el entonces primer ministro ruso y actual presidente electo Vladimir Putin, la iniciativa tiene como objetivo principal renegociar el acuerdo de 1988 según el cual Internet permanecería en una especie de aislamiento de libertad ajeno al control de los gobiernos nacionales. Ahora Rusia, China y otros aliados buscan implementar medidas censoras y regulatorias como las siguientes:

Sujetar la ciudad cibernética y la privacidad de datos al control internacional

Permitir a compañías extranjeras cargar costos por tráfico de Internet “internacional”, incluso tomando como base cada clic dado para ciertos destinos Web, esto con la intención de generar ganancias para las compañías propiedad del Estado y las finanzas gubernamentales

Someter al control gubernamental importantes entidades no lucrativas de administración de la Red, tales como Internet Engineering Task Force o Internet Society, las cuales se encargan de los aspectos técnicos que permiten el funcionamiento del sistema.

Se pretende que estos puntos se conviertan en ley aplicable en todos los países adscritos a la ONU en diciembre próximo, cuando la organización celebre una conferencia en la ciudad de Dubai.

Por otra parte no deja de ser contradictoriamente paradójico, como bien señala Robert M. Mcdowell en el susodicho artículo, que las burocracias gubernamentales, caracterizadas por su lentitud y su anquilosamiento al actuar, intenten regular un medio cuyo signo es el instante y la inmediatez.

[WSJ]

La sabiduría de Samuel Johnson, uno de los escritores ingleses más eminentes de todos los tiempos, alcanza también este siglo y da forma a una sencilla guía para sobrevivir sin nunca haber pertenecido a ese otro mundo que se desarrolla en Facebook y amenaza con engullir este.

En nuestra época la presencia de Facebook en el mundo que todavía llamamos real es apabullante, al grado de poco a poco y parcialmente esta red social, por mucho la más popular del planeta, ha ido tomando el lugar de un sucedáneo de la existencia cotidiana, una especie de identidad alterna que por casualidad o poca imaginación empata en casi todas sus aristas con la propia.

Pero no es menos cierto que, por fortuna, no toda la población del planeta se encuentra plegada a este sistema. Algunos por circunstancias obvias como el carecer de acceso a Internet y otros por un genuino sentido de resistencia ante este mecanismo de la normalización y la exposición de la privacidad.

Para ellos Matt Simon, en el sitio Wired, ha elaborado un curioso manual elaborado nada menos que a partir de la erudición del gran Samuel Johnson, uno de los nombres más insignes de la literatura inglesa que por su notable vocación literaria recibió el venerable apelativo de “The Good Doctor”. Entre otros méritos, el Dr. Johnson es reconocido por haber elaborado uno de los primeros diccionarios de la lengua inglesa, compilando las definiciones de 42,000 palabras por sí mismo, además de ser también uno de los primeros editores y exégetas de la obra de Shakespeare.

¿Y qué tiene que decir un literato inglés del siglo XVIII sobre el ostracismo voluntario de ese páramo llamado Facebook? De entrada, el Dr. Johnson nos invita a reflexionar sobre el verdadero sentido de la amistad, uno de los conceptos fundamentales sobre los que está erigida la red social de Mark Zuckerberg y el cual en ocasiones se ve pervertido por cierta reducción utilitaria de los vínculos sociales entablados cotidiana y sostenidamente. "La vida no conoce placer mayor ni más noble que la amistad", escribió el Dr. Johnson, y en otro momento: "En el abatimiento gradual de la amabilidad entre los amigos, a menudo sus inicios son apenas perceptibles por ellos mismos, y el proceso se continúa con provocaciones de poca monta e incivilidades a veces malhumoradamente correspondidas, otras desdeñosamente pasadas por alto, lo cual escaparía a cualquier otra atención pero no a la del orgullo, y abandonaría toda memoria pero no la del resentimiento".

En este sentido, el célebre aunque polémico protagonista del estudio biográfico más elogiado de las letras inglesas, realizado por James Boswell, también nos conmina a fortalecer nuestros lazos sociales, a renovarlos, a no dejar morir nunca esa parte indispensable de nuestra existencia que es el contacto con nuestros semejantes —pero, preferentemente, más allá de dos o tres líneas dejadas en el "muro" de otra persona y rematadas con un gracioso pero insulso emoticón. Nos dice Johnson: "Si un hombre no entabla nuevas relaciones conforme pasa su vida, pronto se dará cuenta de que se ha quedado solo. Un hombre, Señor, debería mantener su amistad en constante reparación".

Finalmente, el Dr. Johnson, en su fantasía narrativa The History of Rasselas, Prince of Abissinia, brinda un consejo a todos aquellos que al final cedieron a la tentación y, recayendo, se enlistaron de nuevo en las filas facebookeras. Escribe Johnson, en su faceta de novelista: "No sufras la vida hasta que esta se estanque: se formará lodo por la necesidad de movimiento; vuélvete de nuevo hacia la corriente del mundo".

[Wired]