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Equinoccio de primavera 2012: interacción armónica entre la luz y la oscuridad

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/21/2012

La temprana llegada de la primavera renueva los horizontes compartidos; el diálogo entre la sombra y la luz, nos muestra la posibilidad de acceder a un pulso perfecto: el equilibrio.

mandala floral celebrando primavera

Entre el paganismo floral y el erotismo orgánico, en el hemisferio norte celebramos, una vez más, el agro-cósmico parteaguas llamado equinoccio vernal. Este suceso, de enorme relevancia para los ritmos naturales, marca el instante en que el invierno, con su característico repliegue de animo, es relevado por la estación de las flores, la primavera; momento que encarna una de las tradiciones más antiguas dentro de la historia ritual del ser humano. 

llama la atención la gran cantidad de culturas, ya sea en la católica, en la escandinava, en el ocultismo egipcio, en la astronomía religiosa de los mayas y los celtas, o en el milenario misticismo chinos, entre las que el renacimiento de la primavera era efusivamente conmemorado sin excepción.Y tal vez su ancestral celebración se debe a que este evento tiene un impacto significativo en múltiples planos, los cuales atraviesan la cultura, la naturaleza terrestre, y el cosmos. Esta fecha no solo es trascendental para actividades ligadas al cultivo de la tierra, o al diálogo entre la Tierra y el Sol –y por lo tanto entre el día y la noche–, sino que históricamente también ha sido fundamental en las tradiciones místicas de diversas culturas.  

 

(Aquí la información del Equinoccio de otoño y primavera de septiembre 22 del 2016)

Etimológicamente el término equinoccio deriva del latín,  aequus (igual) y nox (noche), aludiendo a una relativa igualdad entre el día y la noche. Y si bien popularmente se considera al equinoccio vernal como el instante preciso en que el día y la noche igualan, simétricamente, sus fuerzas, lo cierto es que en realidad ello no siempre sucede en perfecta sintonía con este fenómeno, de hecho suele ocurrir unos días antes o días después (y a esos días, para distinguirlos, se les ha denominado los equiluxios). Pero de cualquier forma, en un plano simbólico, el primer día de la primavera marca un momento especial en el que la luz y la oscuridad conviven armónicamente, y a partir de este momento, cada día incrementará unos segundos sobre el terreno coturno, hasta llegar al solsticio de verano, el día más largo del año.

Técnicamente, el fenómeno se refiere al momento en el que el centro del Sol se sincroniza, compartiendo planos exactos, con el ecuador terrestre, es decir, los dos polos de la Tierra se encuentran a igual distancia del Sol. Este año el equinoccio entró justo a las 23:14 (05:14 UTC) del día 19 de marzo, aunque generalmente sucede entre el 20 y el 21, siendo este último día la fecha en la que popularmente se celebra la transición. Por cierto, desde 1896 la primavera no entraba tan tempranamente como ocurrió en este año.    

En un plano práctico, particularmente el agricultural, este momento indica que pronto los cultivos volverán a crecer y que, remitiéndonos a la memoria cíclica del planeta, a través de la cual el futuro puede recordarse, la venidera cosecha ya se perfila en el horizonte. Por otro lado, desde un plano especificamente simbólico, la primavera proyecta uno de los más dinámicos arquetipos, la renovación. Si, esta temporada sugiere renacimiento y renovación, es el momento en que la transmutación cultivada comienza a desdoblarse en la flor de cristal (la estética materialización de la intención) y la franca presencia del sol revitaliza las fuerzas activas de nuestro planeta como detonante de nuevos escenarios. Tributando esta idea de florecimiento, el famoso ocultista británico, Aleister Crowley, aprovechaba los equinoccios para develar periódicamente sus compilaciones de libros de magia.

En cuanto a las estepas astrológicas, el equinoccio vernal marca una fecha crucial para el ciclo zodiacal, aspecto en el que enfatizamos el año pasado, en una nota que celebraba este mismo acontecimiento: "El equinoccio vernal, como heraldo de la primavera en el hemisferio norte, dicta el inició del año zodiacal, marcando el paso del sol en Aries, el carnero, primer signo del zodiaco. A diferencia del equinoccio de otoño, en el hemisferio norte, el equinoccio de primavera antiguamente es un día de efusiva celebración, en el ascenso de la luz hacia el esplendor del verano donde las semillas físicas y metafísicas serán cultivadas. Cada año el sol da una vuelta completa alrededor del disco zodiacal, aunque cada año su punto de inicio se va anticipando y por ello en realidad cruza el ecuador ligeramente separado de la marca en donde se encuentra el signo del zodiaco. Cada signo consta de 30 grados y el sol pierde un grado aproximadamente cada 72 años y retrocede una constelación completa cada 2,160 años. Lo anterior resulta en que la procesión equinoccial que transita el sol en retroceso toma 25,920 años y esto significa que durante este periodo, conocido como Gran año solar o año platónico, cada signo del zodiaco ocupara durante 2,160 años la posición del equinoccio vernal, y posteriormente legará su ubicación al signo que le antecede en la rueda zodiacal (esto es lo que define la era en la que nos encontramos, de acuerdo con algunos aún seguimos en la era de piscis aunque otros aseguran que esta terminó en 1984 y en realidad ya estamos inmersos en el turno acuariano)."

En síntesis, podríamos afirmar que una vez más el engranaje forjado por la naturaleza de la Tierra y el cosmos, y por la perfección que le caracteriza, pone a nuestra disposición una franca oportunidad de renovarnos. Y de algún modo, a estas alturas del desarrollo tanto individual como colectivo, resulta cada vez más difícil –por fortuna– no atender a este llamado, en el que básicamente se nos invita a resonar con los ecos del equilibrio natural, lo cual, inevitablemente, se traducirá en un inmejorable resultado: el florecer. 

* Imagen principal: Anthony Rego  

 

 

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Vivimos en una época en la que se nos invita a definir nuestra identidad a partir de los productos que elegimos consumir. Lo que ridiculamente nos venden como un ejercicio existencial de libre albedrío, dentro del cual tenemos la radiante autonomía para decidir si vamos a lavar nuestro cabello con un producto de L'Oreal o con uno de Pantene, si vamos a comenzar nuestro día alimentándonos con unas hojuelas azucaradas de Nestle o con un Corn Pops de Kelloggs, o incluso para elegir si celebraremos nuestra decadencia gastronómica asistiendo al KFC o al Pizza Hut, lo cierto es que esta virtual libertad está acotada a la colosal gama de productos que derraman en el mercado solo diez grandes compañías. 

De acuerdo a lo anterior hay dos fenómenos particularmente significativos en la construcción de la sociedad contemporánea. Por un lado el hecho de que el mercado, o mejor dicho la mercadotecnia, ha logrado penetrar el grado más íntimo de nuestra existencia, la auto-percepción. El que la mayoría de personas, ya sea consciente o inconscientemente, asuma como principal diferenciador el grupo de objetos de los cuales se rodea, y en consecuencia de las marcas que respaldan a estos productos, nos indica que al momento de concebirnos, de percibir nuestra propia identidad, dificilmente desasociamos nuestra escénica de nuestros hábitos de consumo. El siguiente fenómeno se refiere a esta libertad simulada que nos sugieren las grandes corporaciones, un escenario repleto de logos, paletas de colores, slogans, y construcciones colectivas en torno a las marcas. Y si lo analizamos objetivamente, no solo no estamos gozando de una libertad –pues el margen de una identidad social más allá de lo que consumimos es mínimo– sino que ni siquiera es que exista una diversidad real, pues aquellas pequeñas marcas que pretendían ofrecer 'algo diferente', fueron ya absorbidas por los grandes conglomerados comerciales.

Este infográfico que ilustra esta nota, y el cual se puede consultar en un formato mucho mayor dentro de este enlace o dando clic sobre la imagen, nos sugiere que Coca Cola, Pepsico, Kelloggs, Nestle, Johnson & Johnson, P&G, Mars, Unilever y General Mills, poseen decenas de marcas que impregnan la cotidianidad de millones de personas alrededor del mundo. 

Curiosamente este mismo fenómeno, el acaparamiento de prácticamente todas las 'opciones' dentro del mercado por parte de monumentales corporaciones, se replica en otros rubros, por ejemplo el de los medios de comunicación, o en el caso de los bancos, un sector que en los últimos treinta años ha visto reducirse en un 30% las empresas que los controlan tras múltiples fusiones en las que las mayores entidades corporativas terminan por absorber a los más pequeños.

Espero que tras analizar este infográfico la próxima ocasión que vayas al supermercado no te rindas ante el espectacular despliegue de marcas y productos que buscan consagrarte como un ser pseudolibre. Pero que sobre todo recuerdes que tu identidad no está definida por las bifurcaciones virtuales que protagonizan Mac-Microsoft, CocaCola-Pepsi, o Colgate-Crest, sino que esta va configurándose por la manera en que recibes, procesas y compartes información que resulta de tus experiencias personales. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis