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El derecho a vender basura a los niños: bombardeo de publicidad y comida chatarra

Por: pijamasurf - 03/30/2012

Amparada en un legalismo, la industria de la comida chatarra bombardea con publicidad la mente de los infantes, sujetándolos desde edades tempranas al consumo de sus nocivos productos.

Como es sabido, Estados Unidos encabeza las listas de consumo de alimentos chatarra, sobre todo cuando este se remite a la población infantil. Aunque otros países como India o México lo siguen de cerca, hasta ahora la Unión Americana es uno de los campeones indiscutibles en este rubro.

Para desgracia de su población, las grandes y en varios casos millonarias corporaciones que se encargan de producir y distribuir este tipo de alimentos han conseguido amparar su cuestionable labor en las leyes más elementales de la Constitución estadounidense, específicamente en la Primera enmienda que garantiza las libertades básicas de un régimen democrático: las de religión, prensa, expresión, asociación y otras.

Según reseña Mark Bittman en The New York Times, la industria de la llamada comida chatarra en Estados Unidos tiene un largo historial de pleitos legales en los que ha intentando siempre frenar la que desde su perspectiva se considera la intromisión del gobierno en los intentos de este por regular su relación con los consumidores.

El ejemplo más elocuente de esto se tiene en el bombardeo inhumano de publicidad alusiva a sus productos que recae sobre todo en la población menor de edad, niños de hasta 12 años que no poseen todavía los recursos necesarios para dilucidar el comportamiento que una empresa intenta inducir en ellos. 

Pero a pesar de que en esta situación hay una alevosía manifiesta hacia los menores, una serie de decisiones legales estableció en la década de los 70 que los discursos comerciales también merecían la libertad de expresión por tratarse de información valiosa para los consumidores, como el precio y las características del producto.

La contradicción surge cuando se advierte que esta concesión de las cortes estadounidenses se fundamenta en un beneficio recibido por los consumidores solo en lo que respecta a la información de lo que adquieren. Idealmente bastaría estar informados con suficiencia sobre las propiedades de un producto para decidir si este se consume o no, pero en una época en que las estrategias de la comunicación comercial son sumamente refinadas y sutiles, además de masivas e insistentes, ¿la información en una etiqueta no parece apenas un elemento disminuido e ínfimo en el proceso de decisión?

[NYT]

Investigador codifica algoritmo para afinar instrumentos musicales

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/30/2012

Investigador alemán encuentra en el concepto de "entropía de Shannon" el fundamento para el algoritmo que quizá reemplace al ser humano por una máquina en una habilidad que creía talento exclusivo: la afinación de instrumentos musicales.

Si algo nos ha enseñado la computación y la informática es que todo es susceptible de reducirse a un algoritmo, una serie ordenada de pasos que al completarse deviene un resultado conocido: un comportamiento, una decisión, una respuesta, cualquier cosa.

En este sentido había hasta ahora una habilidad que parecía inasequible aun para las más avanzadas máquinas de procesamiento de datos, una en apariencia bastante sencilla que sin embargo los dispositivos computacionales habían encontrado indescifrable: la afinación de un instrumento musical.

La sensibilidad auditiva y el entrenamiento adecuado se han conjugado casi desde el descubrimiento mismo de la música (actividad humana donde las haya) para dictaminar el tono adecuado en que un instrumento musical sonaría bien afinado.

Ahora dicho cálculo que parecería manado de un talento especial (como en parte lo es), parece que ha sido decodificado por una secuencia que remplaza la habilidad auditiva para determinar lo adecuado de un sonido con un algoritmo que minimiza la “entropía de Shannon” que el sonido de un instrumento emite (la “entropía de Shannon” se refiere a la cantidad de información que se pierde antes de la recepción). Para llegar a esto Haye Hinrichsen, de la Universidad Wurzburg en Alemania, encontró que la energía es mayor cuando las notas están desentonadas y, por el contrario, se reduce cuando entran en tono. El algoritmo aplica pequeños cambios azarosos a la frecuencia de una nota hasta que llega al nivel mínimo de entropía que es, en otras palabras, la frecuencia óptima de la nota.

En esta gráfica se comparan una persona con una máquina en su habilidad para afinar un instrumento. Y si bien el ser humano todavía sale avante de la prueba, quizá pronto no podrá decir lo mismo.

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