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“Títulos en busca de un guión”: frases circunstanciales en las que Stanley Kubrick vio películas

Arte

Por: pijamasurf - 02/21/2012

El genial Stanley Kubrick, que como buen artista poseía una mente siempre inquieta, registró algunas frases oídas al paso en las que vio películas enteras, títulos que solo aguardaban la constancia de un guionista para volverse realidades cinematográficas.

Los cuadernos de notas de un artista son uno de los atisbos más acabados a su cotidianeidad, una muestra amplia de su vida diaria en los que a pesar de la disparidad de disciplinas y temperamentos, tienen en común por lo menos una cosa: en todos ellos es posible comprobar que la mente del artista es por definición inquieta, atenta a los motivos que disparen un acto creador.

En este sentido, el reconocida cineasta Stanley Kubrick reunió una buena cantidad de frases que él consideraba “títulos en busca de un guión”: palabras oídas al paso en las que no sin humor vio condensada una posible película.

El asistente personal de Kubrick, Tony Frewin, fue quien dio a conocer estos títulos, añadiendo las circunstancias en que el director tomó nota de estos filmes potenciales.

Me casé con un armenio: Dicho con naturalidad por una mujer publicista. Stanley creía que este era un buen título para un musical estilo 1940 de la Warner Bros.

¡Si tan solo el Führer lo supiera!: Un dicho común en la Alemania de los años 30 siempre que alguien se equivocaba o hacía algo malo. Se usaba burlonamente con los ojos mirando hacia arriba.

Solo los ministros del Tercer Reich pueden usar tinta verde: Stanley leyó en alguna parte que esto era cierto. Pensaba que haría un buen programa doble con la película de 1971 de Wim Wenders, La ansiedad del goleador en el tiro penal.

Ataúd no incluido: Un thriller negro de los 40s. Cuando estaba buscando accesorios para la escena de la morgue en Ojos bien cerrados, obtuve un catálogo de una compañía que ofrecía salas y equipo para funerales. Una de las ilustraciones mostraba un funeral con un ataúd en el él. El pie de foto decía: “El Funeral Excelsior (ataúd no incluido)”.

En la colonia penetenciaria: No penitenciaria… ¿Kafka se encuentra con Marilyn Chambers?

Clubes nocturnos, morgues, hospital: Una comedia con Steve Martin.

El mago de Auschwitz: Una película sobre un campo de concentración con final feliz.

Kira, la chica del karaoke: Una película artística de bajo presupuesto en algún lugar de los Balcanes. Ríos de lágrimas. Final deprimente.

Dr Strangle-Glove: El título de Stanley malentendido por un técnico de los Estudios Shepperton mientras realizba la película [podría traducirse como Dr. Guante de Estrangulación]

Más “títulos en busca de guión” en este enlace.

220 años de Gioachino Rossini, el compositor cuya música resuena en la memoria de muchos

Arte

Por: pijamasurf - 02/21/2012

Este 29 de febrero se conmemora el 220° (o el 53°, como se le quiera ver) cumpleaños del compositor italiano Gioachino Rossini, cuya música fue empleada sin empacho durante cierta época por las grandes productoras de dibujos animados.

Este día se conmemora el 220° aniversario Gioachino Rossini, uno de los compositores más prolíficos de la llamada música culta, quien, además, tuvo la fortuna de nacer un 29 de febrero, por lo cual, desde 1792, estrictamente solo han pasado únicamente 53 cumpleaños suyos.

Muchos nos enteramos de esta conmemoración por el diseño con que Google sustituyó su logo habitual, el llamado “doodle” que en esta ocasión se vistió de ranas (por aquello de los saltos bisiestos) participando alegremente en una puesta en escena de El barbero de Sevilla

 

Junto con Mozart, Beethoven y alguno otro, pero no muchos, quizá Rossini sea uno de los compositores más conocidos por el público general, así sea solo en fragmentos, en buena medida por el uso que se le dio a su música durante cierta época de los productos de entretenimiento de consumo masivo, sobre todo las caricaturas dirigidas al público infantil. En la primera mitad del siglo XX los principales exportadores de dibujos animados, todos desde Estados Unidos, ocuparon sin empacho la música del italiano para ambientar sus historietas, de ahí que cuando uno escuche, por ejemplo, las oberturas de Guillaume Tell o del mencionado Barbero, casi de inmediato se active un resorte de nuestra memoria que libera recuerdos de infancia, no siempre precisos y claramente identificables, pero indeleblemente registrados.

 

 

 

Sirva esta breve nota no tanto para recordar melancólicamente el supuesto paraíso perdido de la infancia, sino, mejor, para escuchar las amables tonadas de Rossini —tal y como antaño dichos dibujos animados sirvieron a muchos como amable puerta de entrada a la música clásica.