*

X
Las plantas acceden a un increíble espectro de biocomunicación que incluye diversos procesos psíquicos como telepatía, inferencia informativa a distancia y empatía a nivel celular por otros seres vivos.

 la telepatía entre plantas parece haber sido comprobada

 Guardamos una mayor conexión con lo invisible que con lo visible

Novalis

En caso de que no lo hayas podido constatar, al menos seguramente habrás escuchado alguna historia sobre la sensibilidad de las plantas. Por ejemplo sobre su respuesta a estímulos como la música o el color, el hecho de que al hablarles suavemente crecerán más rápido y más sanas o que si las expones a situaciones estresantes ello repercutirá negativamente en su desarrollo. Sin embargo, y a pesar de que existen estudios al respecto desde hace medio siglo, no muchas personas están familiarizadas con la percepción extrasensorial que manifiestan estos seres.

A mediados de los sesentas, específicamente en 1966, no todo era psicodelia y guerras; también estaba por ocurrir algo increíble en una oscura oficina situada en la 5ª avenida de Nueva York. Este era el espacio de trabajo de Cleve Backster, el más prestigiado detector de mentiras de todo el país. Una noche como cualquier otra algo le llevó a colocar los electrodos de su polígrafo a una planta, una Dracaena massangeana, y lo que sucedería a continuación desataría un intrigante abanico de líneas de investigación: notó que al verter agua sobre la planta el galvanómetro registraba una reacción similar a la de una persona experimentando emociones. Backster sabía que el más intenso estímulo para generar una reacción emocional en una persona es la noción de sentirse amenazada, así que pensó en exponer la hoja al fuego, y con mayor sorpresa constató que la planta había reaccionado bruscamente ante la sola idea de ser quemada. Tras un par de pruebas más, intentó visualizar nuevamente la flama quemando la hoja, pero ahora no hubo reacción alguna, como si la planta pudiese diferenciar entre una intención real y una fingida.

A partir de esa noche la carrera de Backster experimentaría un giro radical, ya que dedicaría la mayor parte de su tiempo a profundizar en la biocomunicación y eventualmente abandonaría las labores que realizaba para agencias gubernamentales, entre ellas la CIA. Tras esta decisión, participaría en decenas de experimentos, obteniendo resultados por demás intrigantes –algunos se pueden consultar en el International Journal of Parapsychology,  por ejemplo "Evidence of a Primary Perception in Plant Life" (Vol. 10, No. 4, 1968, pp. 329-348), 

  • Vínculos telepáticos

En una ocasión Backster se percató de que las plantas establecían un lazo especialmente fuerte con la persona que cuidaba de ellas, y que este vínculo no dependía del espacio físico que les separaba. Cuando se encontraba fuera de su oficina y le ocurrían eventos excitantes, fuesen positivos o negativos, sus plantas registraban los cambios bruscos en su estado de ánimo o sus ritmos biológicos. Incluso, en alguna ocasión, estando en otra ciudad, Backster tropezó en la calle, lastimándose. Al llegar a su hotel llamó a uno de sus asistentes para corroborar si a la hora de su accidente se había registrado alguna reacción en las plantas, y la respuesta fue positiva: justo a la hora en que él cayó, las plantas manifestaron estrés.  

  • Empatía celular

En otro experimento que realizó, ya instalado en la fase en donde monitoreaba sus plantas las 24 horas del día, Backster notó reacciones en situaciones amenazantes para un ser vivo que estuviese cerca de ellas. Por ejemplo, cuando una araña que estaba en el mismo cuarto fue amenazada por una persona, o cuando frente a una planta alguien arrojó unos cangrejos vivos a un recipiente con agua hirviendo. Con el tiempo Backster detectaría un patrón: la planta reaccionaba cada vez que atestiguaba la muerte de tejido vivo, lo cual lo llevó a teorizar sobre una especie de empatía telepática, a nivel celular, que manifiestan las plantas.

Para explorar esta hipótesis encontró una manera de adherir electrodos a diversas infusiones celulares, tales como amibas, sangre, y esperma. Tras los experimentos se encontró con que estas infusiones también reaccionaban: el esperma, por ejemplo, manifestaba una reacción cuando su donante se colocaba junto al tubo que lo contenía. Esta comunicación, escribió Backster, “parece que no se detiene en el plano celular. Puede ser que atraviese al molecular, el atómico o incluso el subatómico. Todas aquellas cosas que han sido consideradas, convencionalmente, como inanimadas, podrían tener que ser revaluadas”. Eventualmente el investigador llamaría a este fenómeno "percepción primaria".  

 

  • Desciframiento emocional de información

Otra de las pruebas consistió en adherir los electrodos a una planta y colocar a un colega junto a ella. A continuación le preguntó su año de nacimiento al tiempo que Backster enumeraba diez fechas distintas, instruyendo a su colega que respondiera, invariablemente, con un "no" aunque una de ellas fuese la correcta.  Luego, al observar el galvanómetro, Backster supo cuando su interlocutor había mentido, pues la planta se lo había indicado, reaccionando justo en el instante en que una de las respuestas faltaba a la verdad.

Los anteriores son solo algunas de las líneas de investigación que Backster desarrolló. Por cierto, el trabajo de este estadounidense nos remite a la loable labor que el bioquímico y filósofo de la Universidad de Cambridge, Rupert Sheldrake, ha realizado en las últimas tres décadas, y la cual derivó, entre otras cosas, en la teoría de los "campos morfogenéticos". Se trata de una red invisible de hebras a través de la cual individuos de la misma especie intercambian permanentemente información. Por otro lado, al leer los sucesivos "descubrimientos" que Backster anunciaba, podríamos remitirnos a las entidades metafísicas que, de acuerdo con el gran Paracelso, habitan en los distintos planos naturales, me refiero a los elementales. 

Tras haber sido un profesionista exitoso, internacionalmente reconocido como examinador de mentiras, tras volcarse al estudio de las facultades extrasensoriales en las plantas, Backster fue descalificado en innumerables ocasiones (como suele suceder con cualquier investigación que amenaza las fronteras tradicionales de la ciencia). Su carrera con las plantas, y su credibilidad en general, tuvieron múltiples altibajos. Hubo ocasiones en que logró demostraciones exitosas de sus teorías, en público, participando lo mismo en  programas de televisión que en prestigiados recintos académicos como la Universidad de Yale. En otras ocasiones, sin embargo, aparentemente fracasó ante la nula reacción de las plantas, lo cual fue aprovechado por sus críticos.

La cultura occidental ha descuidado su relación con un personaje que invariablemente catalizó, a lo largo de la historia, la relación del ser humano con la “realidad”: la naturaleza. Ello a pesar de que prácticamente todas las tradiciones místicas, las religiones y los pilares en sí del desarrollo de nuestra especie, postularon la resonancia con el entorno natural como la máxima premisa evolutiva. Y tal vez por esta razón es que actualmente sufrimos una especie de amnesia ante las grandes lecciones de la natura, aquellas que emulaban grandes personajes como Paracelso, Novalis, Goethe o los antiguos alquimistas. Y si recordamos que nuestro concepto de magia emerge a partir de una interacción armónica con las leyes naturales, catalizada a través de una intensión precisa, resulta fácil concebir la desbordante sabiduría frente a la cual nos hemos, culturalmente, auto-marginado.

Pero más allá de cuestionar o de entregarnos efusivamente a los experimentos de Backster, aclarando que en lo personal me parecen estimulantes y que inclusive, tras conocerlos, me es difícil interactuar con las plantas de la misma manera en que lo hacía antes, consideró que su valor fundamental es, precisamente el servir como recordatorio ineludible: debemos rediseñar, o mejor dicho recordar el diseño que originalmente regía nuestra interacción con esas fuerzas. Tengamos pues presente la enseñanza de Dogen Zenji, el impecable maestro Zen del siglo XIII: “Aquellos que trabajan con plantas y con árboles, si lo hacen con sinceridad, alcanzarán la iluminación”.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

* Si te interesó este tema te recomiendo que leas The Secret Language of Plants

La opinión de una celebridad despierta un debate, inconscientemente ontológico, en México: dilucidaciones sobre la carta, que deriva en un manifiesto, publicada recientemente por la actriz Kate del Castillo.

 Generar polémica requiere poco más que una exageración. Pero para cada polémica en ebullición suele haber algo encubierto; algo para lo cual la fascinación que genera la controversia resulta ser solo una coartada. Además de facilitar que se ventile cierto malestar, cada polémica contiene en su trama una serie de factores angustiantes. Esta angustia es su motor. Kate del Castillo no tiene intenciones de legislar en nuestra nación, como tampoco necesita más ratings ni dinero. Tampoco pretende ser una académica, historiadora o analista política. Sus opiniones son solo eso, opiniones, y merecen ser leídas como tal. El pasado 10 de enero, la afamada actriz publicó en su cuenta de twitter una carta que es una especie de manifiesto personal (http://twextra.com/a4t17t). Con más de 400,000 seguidores y sus provocadores comentarios, la carta no tardó en convertirse en el trending topic del día, para luego proliferar en periódicos y cadenas de televisión. Aún no deja de ser comentada; alguna fibra logró tocar. La viralidad de la información permite observar los patrones de diseminación de la ideas. Aunque tantos de estos oleajes informáticos resultan efímeros, por instantes exhiben aquello que los mueve: las pulsiones humanas.

De tales pulsiones está atravesada la carta de Kate, que comienza diciendo “Hoy quiero decir lo que pienso y pues al que le acomode bien”. Nada más: su personal y subjetiva percepción en un desplante. Sí bien es ingenua en tanto de lo que formula —¿quién no lo es?—, su sinceridad y audacia han sido refrescantes. Lo curioso es la reacción que ha causado por lo mismo, por quienes ella dice “me juzgan y señalan pero también me exigen y me aplauden”. En respuesta a su carta pública resulta mucho más común quien la desprecia y alaba en automático que encontrar un buen análisis de sus declaraciones, o acaso la indiferencia. Se asume tan prontamente que siendo una mujer atractiva y exitosa, entonces debe ser tonta. Puede que lo sea, pero no por ser atractiva y no por la amenaza velada que esto presente para el lector. Así las discusiones han resultado infértiles, tratando con su redacción, la autenticidad de sus sentimientos, y su nivel de “cultura”. De nuevo topamos con esa versión de la cultura que es poco más que el magro territorialismo de algunos intelectuales. Si bien no son lo mismo en sus contenidos y desarrollo, la cultura es por igual una obra maestra del siglo XIX como el refrito de una telenovela en Univisión. Tanto remite este desacierto cultural, donde aún se sitúa lo abstracto por encima de lo palpable, a aquella frase de Oscar Wilde: “La gente dice que la Belleza es superficial. Puede que lo sea. Pero al menos no es tan superficial cómo lo es el Pensamiento. […] El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”.

En dicha carta pública, la actriz anuncia su incredulidad ante la religión, la política y la monogamia. En los mejores fragmentos se muestra empiricista, en un intento respetable por confiar en su propia experiencia más que en alguna autoridad.  Dice “Creo en lo que siento y es por eso que creo en el miedo, me mantiene alerta, todo lo que experimente con mis 5 sentidos es lo que importa, lo que es real”. En otros tramos suena más bien solipsista: “Creo en mi y en mi única verdad, porque soy con quien tengo que lidiar cada segundo, aparte de mi, creo que no creo…". ¿Pero quién puede negar ser un poco solipsista? Si bien hay un cierto anacronismo en su liberación sexual y religiosa, el modo en que busca romper con la doble moral es, creo yo, parte de lo que tanta angustia provoca en su carta. Veamos: “Adoro la primera vez de todo. Por eso creo que no importa cuánto ame a mi pareja necesito sentir eso que se siente las primeras veces […] necesito esa sensación a la cual soy adicta.”

La carta no propone certezas más allá de las que ella articula para sí misma desde sus vivencias. Sin embargo, sí plantea preguntas sobre temas relevantes, mientras admite con frecuencia sus desaciertos y la posibilidad de cambiar de opinión. Es un texto si bien no basado en una investigación rigurosa (que no pretende), sí uno con congruencia dentro de sus propios planteamientos. Es un credo romántico: “Nací desnuda sin leyes ni religión, esas las crea el hombre, como la Biblia y tengo la ligera sospecha de que se la inventaron solo para seguir la manipulación y lucrar a favor de unos cuantos.” Esta es una de las concepciones que me parecen menos atinadas de Kate, porque al nacer ya hay instituciones sociales que duran más de lo que nosotros, tal como hay un lenguaje que al nacer tiene ya nombre para los objetos que nos rodean y para nosotros. Es una común lectura fallida de la obra clásica de Freud: El Malestar en la Cultura. En tal malinterpretación se cree que nuestras pulsiones son puras y el mundo que las regula es maldito (o viceversa). Freud es certero: las leyes que reprimen nuestras pulsiones son creación de estas mismas pulsiones.

Otro de los puntos extraños es cuando menciona, con aires de teoría de conspiración: “No creo en las enfermedades porque he aprendido como sus curas me han sido negadas, escondidas”. Un planteamiento común tanto en los Expedientes Secretos X como en las recientes declaraciones que hace Hugo Chavez sobre su cáncer como parte de un complot. Pero de nuevo, la actriz ofrece cada una de estas autoafirmaciones, como lo que ella ‘cree’ o ‘no cree’ y nada más. Sin embargo la reacción de censura por gran parte de sus lectores muestra no solo una sobre-interpretación de la carta, pero también el modo en que confunden a la actriz con sus personajes en telenovelas, películas y más recientemente con su papel en la serie La Reina del Sur. Que a ratos parece confundir ella también.

La carta es además una declaración pragmática, donde se entrevé un espíritu Nietzscheano y Maquiavélico: “La vida es un negocio, lo único que cambia es la mercancía, ¿qué no?” Alude así a una economía libidinal, a la serie de motivaciones humanas que mueven al mercado y se enmarañan en éste. Se lee una voz que no surge de la misma indignación que tanto se oye a diario y tan ineficiente resulta; sino que habla desde un sitio donde la praxis, y no la moral, sirve de guía. Aunque resulta contradictorio que tras descartar tantas instituciones y deidades falsas, erija al Chapo Guzmán como un Santo que intervenga, su lógica es consecuente: si vivimos bajo el flujo del capital, pues vayamos con los gerentes del negocio más redituable del mundo, a ver si se animan. ¿Acaso difiere tanto su llamado a la intervención generosa de aquel aclamado discurso de Denise Dresser en el foro “México ante la crisis”?   

Ambos casos reminiscentes de aquella obra teatral El Diablo Tentado de Giovanni Papini, donde Virgia instiga al diablo para que haga sus tretas por una causa benévola. Así, la protagonista de Muchachitas busca persuadir al narcotraficante: “¿SR. CHAPO, NO ESTARIA PADRE QUE EMPEZARA A TRAFICAR CON EL BIEN?”, mientras lo exhorta a incinerar prostíbulos y (una muy bizarra) a hacer algo porque los ancianos puedan echarse unos tragos en los asilos. Kate, después de tanto descartar todas las normas va en busca de una Ley y alguien que la encarne. Es paradójico.

La actriz no está obligada a mostrar una retórica impecable, tanto como no tiene por qué exponer un sentido de responsabilidad social. Ni siquiera tiene por qué ser congruente. Su argumentación es consistente, y además su texto fue placentero de leer, que es más de lo que puedo decir de tanto de lo que circula en los oleajes informáticos que deambulan por nuestra cultura.

Blog del autor: Fausto Alzati Fernández / Ataraxia Múltiple