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El transhumanista psicodélico y filósofo performer Jason Silva habló con uno de nuestros editores: una memorable charla en la que discutimos la llegada del estado postbiológico, la materialización de la conciencia a través de la tecnología, el hombre como extensión del universo, el Big Data y la experiencia psicodélica de la informática.

Jason Silva es heredero de filósofos-performers como Terence Mckenna y Tim Leary que usaron los medios audiovisuales para inseminar un meme psicodélico en la mente planetaria. Siempre cazando la novedad y devorando ideas como si fueran enteógenos, su obsesión es la tecnología en su intersección con la evolución humana y la posibilidad de que nos propulsemos hacia un estado postbiológico en el que, de autotrascender nuestro propio código, habremos bebido del soma (aunque este sea digital y esté compuesto solamente de información).

Nacido en Venezuela pero fincado en Estados Unidos, Jason Silva ha realizado una serie de videos que han seducido a la (b)logósfera por su interpretación poética de la experiencia psicodélica y su subeversiva exploración del paisaje tecnomental en el que habitamos. Estos buscan, en sus propias palabras, crear "una experiencia microspicodélica pero hecha a través de la electrónica y no de la química", para de alguna manera asomarnos, aunque sea en un fractal de segundo, a "la experiencia de la totalidad de la existencia sin los filtros que utiliza nuestro sistema nervioso para diluir lo que podemos percibir y trazar una analogía entre la tecnología y la psicodelia".

En esta entrevista, que inaugura nuestra sesiones conversando con mavericks de la altercultura contemporánea, pudimos sentarnos a distancia (tecnotelepáticamente) y discutir una serie de temas fascinantes para cualquiera que se interese por la relación entre el hombre, la tecnología y la información. Recomendamos escuchar todo el audio de esta sesión —que va in crescendo, con algunos momentos rapsódicos a la Mckenna.  Resaltamos lo más destacado de nuestra plática después del brinco.

Con su característico tecno-optimismo, Jason Silva nos contó sobre su afinidad con la teoría de Ray Kurwzeil sobre la aceleración exponencial tecnológica, a través de la cual pronto llegaremos "a un punto en el que no podremos distinguir entre la tecnología y nosotros", incrustándonos así en una especie de idilio cibermetafísico, sin división entre el programador y lo programado, entre la materia y la mente. Una división que de todas formas no existe: "como dice Richard Dawkins del fenotipo extendido, cualquier cosa que nosotros creamos es parte de nuestro tejido".

"Buckminister Fuller decía: 'empieza con el universo', si tú empiezas con el universo luego te das cuenta de que el planeta Tierra es un sistema... y eso que nosotros decimos que es la diferencia entre lo real y lo virtual y entre lo mecánico y lo natural o entre lo natural y lo artificial es una división creada por nosotros, el ecosistema que creó una flor o los rizomas de los árboles es el mismo sistema ecológico que creó el microprocesador o que ahora está creando la red fractal del Internet y que muestra las conexiones y los patrones que están funcionando en la evolución... lo que crea el hombre también es natural, la diferencia es que está siendo creado por diseño, a través de la conciencia".

El hecho actual de que en muchos casos la tecnología opere como un mecanismo de enajenación, de que paradójicamente mientras vivimos las mieles de la hiperconexión planetaria a través de la tecnología también vivimos una desconexión en el ser individual y con nuestro entorno más inmediato, puede explicarse, según Silva, como un proceso traumático, un rito de paso, que se ve violentado ante la velocidad y la aceleración de la tecnología. Una vez que asimilemos la tecnología y que esta se vuelva menos primitiva y más sutil, podremos madurar hacia una etapa de plenitud en la que la tecnología nos entregue su promesa de reingeniar el paraíso. La tecnología necesariamente reflejerá el impulso del ser humano, por lo cual será necesario una evolución paralela de la conciencia del "programador" para que lo que progremos logre realizar el  viejo sueño de materializar el espíritu —quizás en una versión más actualizada: espiritualizar (eterrealizar) la materia.

"Como dice William Gibson en Neuromancer, la información quiere ser espacial, pronto podremos habitar infoespacios y entrar al ciberspacio; este no-espacio que es todavía espacio, y es más, nos liberará porque seremos mentes postgeográficas fuera de los límites del tiempo y la distancia, pensamiento eléctrico viajando a la velocidad de la luz más allá de la entropía".

Llegamos aquí a la dimensión de la información como realidad fundamental de la cual se desdobla el mundo material que percibimos. "Hasta la materia es información, it from bit, hasta los niveles más pequeños son información, la biología es información que es programable... apenas estamos aprendiendo los lenguajes". Esta es la visión psicodélica-lingüística que heredamos de Mckenna y de Wittgenstein: la realidad esta hecha de información, de código y si conoces el código entonces puedes hackearla y puedes hacer con ella lo que que quieras.

"El Big Data nos hace ver —con nuestra capacidad de medir, de mapear y visualizar tanta información— patrones a gran escala, metapatrones de ciudades enteras que son iguales al comportamiento de las células bajo el micrsoscopio ... lo que nos dice Juan Enriquez es que el Big Data nos permite ver todo esto y reprogramarlo, la realidad entonces se vuelve programable porque la podemos mapear, el mapa se convierte en el territorio" y "no hay separación entre las cosas, solo la forma en la que están organizadas, el Sol y nuestros átomos son lo mismo bajo otro patrón".

En el éxtasis tecnológico, el hombre se convierte en la punta de lanza de la evolución cósmica, algo que nos recuerda a la aparición de la noósfera de Teilhard de Chardin, a través de lo que llamó "un calentamiento psíquico" y en comunión con el planeta:

"Una sensación de que somos una forma para que el cosmos se conozca a sí mismo. Como dijera Harold Bloom, 'Somos los lóbulos frontales del universo'. El cerebro humano sigue siendo el objeto más complejo que hemos encontrado en todo el universo. Creo que tenemos un papel clave, el rol de la mente de comprender, recrear, aumentar y mejorar los procesos por los cuales el universo se gobierna".

Y entonces cabe preguntarnos si no somos nosotros —en un feedback loop— la tecnología que usa la divinidad para extenderse por el universo y conocerse a sí misma. Y si, como sugiere Silva, llegará un punto en el que el hombre se volverá indistinguible de la tecnología. ¿Nos volveremos indistinguibles de la divinidad, de la totalidad, del Gran Holograma y el universo entero estará contenido (mas danzante) en un solo bit? 

To Understand Is to Percieve Patterns from jason silva on Vimeo.

Lecturas adicionales discutidas en la entrevista:

Marshall Mcluhan Playboy Interview 

A Computer, a Universe, Erik Davis 

The Glory of Big Data, Juan Enriquez

Jason Silva Wired Interview

Twitter del autor: Aleph de Pourtales /@alepholo 

Sexo, sake y zen: la disipada (pero poética) vida del monje Ikkyu Sojun

Arte

Por: pijamasurf - 01/10/2012

Alejado de los patrones habituales de la vida monástica o poética, el monje Ikkyu Sojun encontró en el sexo y las tabernas la inspiración poética necesaria para celebrar los dones y las ofrendas de la vida.

La variante zen del budismo ha sido una de las más interesantes para el pensamiento occidental, especialmente porque parece representar una antítesis, una suerte de complemento, a la lógica aristotélica-cartesiana que domina nuestros procesos mentales.

Pero esto puede verse también como un lugar común, una simplificación de una realidad y una tradición mucho más vastas y quizá incluso inabarcables en las que no faltan, por supuesto, los ejemplos que puedan dar al traste con nuestras reducciones conceptuales, contradecirlas y socavarlas para, felizmente, hacernos ver desde una renovada perspectiva eso que creíamos haber comprendido.

Este es el caso de Ikkyu Sojun, un monje y poeta que al llevar al extremo las enseñanzas del zen consiguió subvertirlas y mostrarlas en su faceta más carnal, más humana, para algunos una “paradoja dogmática” de los principios originales.

Uno de los pocos traductores de Ikkyu al español, el también poeta Aurelio Asiain, describe así al monje:

Hijo ilegítimo del Emperador Go-Komatsu, el monje Ikkyu (1394–1481) es una de las figuras más interesantes del budismo zen. Célebre por haberse opuesto a la burocracia clerical y su materialismo, pero sobre todo por sus excentricidades, sus excesos y sus escándalos (fue un bebedor heroico, que invitaba a sus correligionarios a dirimir las diferencias teológicas en las tabernas y los burdeles, y predicaba que la iluminación podía alcanzarse a través de la práctica ritual del sexo) es también apreciado como calígrafo mayor de Japón, legendario flautista itinerante, artífice de la ceremonia del Té y poeta originalísimo. Como la mayor parte de los monjes zen, escribió la mayor parte de su obra poética en chino, pero sus tanka y haiku no son escasos.

En cuanto a su poesía, puede encontrarse en ella un ánimo irreverente, ansioso por carcajearse de quienes se toman demasiado en serio cosas tan fútiles como la trascendencia, nunca suficientemente ahíta de celebrar ese recinto inigualable de la sensualidad del mundo que es la mujer y el disfrute que su cuerpo puede otorgar (siempre que el practicante no esté más interesado en descifrar un koan), sin dejar de lado las paradojas existenciales que tanto fascinaron a Borges cuando este se acercó al budismo zen.

Aquí algunos cuantos poemas de Ikkyu, en versión de Aurelio Asiain y tomados de esta publicación electrónica en la que pueden leerse otros más.

 

El sexo de una mujer

Es la primera boca, y no dice palabra.
La rodea un espléndido montículo de pelo.
Allí puede perderse cualquier hombre sensible.
Es la cuna de todos los Budas de mil mundos.

 

Vine a nacer
en un mundo de sueños,
igual que un sueño.
Qué descanso, extinguirse
lo mismo que el rocío.

 

¿Qué es el Buda?
Como el tapiz de musgo
entre las rocas,
pura benevolencia,
se extienden sus palabras.

 

Al carajo la gloria, los triunfos, el dinero.
Tirado cara al cielo, saborear mi pulgar.

 

Altas, muy altas,
las nubes, qué calladas,
hasta allá arriba
llegaron sin decir
una sola palabra.

 

La poesía
es ridícula: escríbela,
enorgullécete,
ufánate al espejo
y créete que sabes.

 

Tanto koan
te enseñará el camino,
pero no al rico
coñito de muchacha
al que yo me dirijo.

 

Vía Disinfo y Margen del yodo.