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Investigadores logran inferir habilidad orgásmica de las mujeres con solo verlas caminar

Por: pijamasurf - 01/06/2012

La forma en la que caminas dice mucho, tanto que podrías revelar si eres o no capaz de tener orgasmos vaginales.

Un estudio realizado por Stuart Brody de la Universidad del Oeste de Escocia en colaboración con científicos belgas, mostró que la capacidad orgásmica (vaginal) es altamente predecible al observar la forma en la que una mujer camina: una zancada grácil y acompasada es el sabor distante del orgasmo femenino.

En el estudio se grabó en video a una serie de mujeres a las que se les pidió que caminaran pensando en un clima cálido y luego en un hombre con el que tenían o habían tenido una relación erótica. Los investigadores luego observaron el video y tuvieron que decidir cuáles de las mujeres tenían una mayor habilidad orgásmica. Las mismas mujeres que participaron en la caminata de evocación erótica respondieron un cuestionario sobre sus relaciones sexuales y su frecuencia orgásmica.

Los resultados mostraron que los investigadores, sexólogos expertos, atinaron en más del 80% la capacidad de obtener orgasmo vaginal de las mujeres que participaron en el experimento.

El análisis mostró que la suma del largo de la zancada y la rotación vertebral, así como la "ausencia de músculos tanto flácidos como hipertensos" significan una mayor capacidad de orgasmo vaginal en una mujer. "Esto podría reflejar el flujo energético libre, sin bloqueos, de las piernas hacia lo largo del pelvis y de la espina", señalaron los autores, en una descripción que hace pensar más en el misticismo oriental y en el paso de la serpiente kundalini que en los postulados de la ciencia.

Se especula si los resultados tienen que ver con una predisposición anatómica a una mayor o menor tendencia para experimentar orgasmos vaginales o si las mujeres que tienen orgasmos vaginales desarrollan más confianza y reflejan esto en su forma de caminar (los investigadores hacen referencia a que el orgasmo vaginal ha sido ligado a una mayor salud mental).

No hay duda que la forma en la que camina una mujer dice mucho, tanto que tal vez sea una de las formas sutiles con las que la biología parece promover que ocurra el santo grial de la evolución entre animales complejos: la transmisión de genes a través de la cópula. Ese enigma popular que está enfrascado en la frase "la forma en la que se mueve/the way she moves" cobra una dimensión científica, añadiendo a la dimensión del deseo inefable y cuya explicación trasciende la racionalidad. El movimiento pélvico propio de lo "orgásmico" es leído consciente e inconscientemente por el hombre: no solo tiene una relación con el paradigma de lo sexy, también con la fertilidad: recordemos que las mujeres reportan una mayor frecuencia de orgasmos vaginales en periodos de mayor fertilidad y que una de las posibles funciones evolutivas del orgasmo es retener mayor cantidad de esperma y por lo tanto aumentar la posibilidad del embarazo.

Pero más allá de esta transparencia orgásmica del caminar femenino, es posible que todos nuestros movimientos y cada parte de nuestra anatomía revele nuestra historia —como bio-hologramas—, nuestras debilidades y fortalezas, al menos para alguien con la sensibilidad o los aparatos necesarios para medirlo. Seguramente  algunas mujeres sabrán leer en la forma de caminar de un hombre señales sexuales  —quizás auscultar la fuerza de su sistema inmunológico, su capacidad de llevarlas al orgasmo, su cantidad de parejas sexuales, etc.  Pese a la fascinante sofisticación del ser humano moderno, seguimos siendo "monos desnudos", siguiendo los patrones y las improntas de la biología evolucionista y quizás de una manera más profunda repitiendo las mismas historias —narrativas electoquímicas y mitopoéticas— que se escribieron en el origen, en las estrellas y que de alguna forma "nos deletrean".  

[MSNBC]

Guillaume Duchenne y su búsqueda de la sonrisa auténtica con electroshocks (FOTOS)

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/06/2012

En un extravagante caso de investigación científica, el francés Guillaume Duchenne aplicó descargas eléctricas a voluntarios pobres para descubrir la fisiología de la sonrisa auténtica.

El siglo XIX es uno de los períodos más interesantes en la historia de la investigación médica. Los científicos de la época se caracterizan por cierto ánimo inquisitorial prácticamente ilimitado, racional hasta el exceso y la impiedad, quienes al momento de indagar sobre el cuerpo humano poco sabían de escrúpulos o impedimentos morales con tal de obtener conocimiento científico. Además, con la invención de la fotografía hacia el final del siglo y antes con los grabados que se realizaban, el período se cubre también con un aura especial por los documentos gráficos conservados, una especie de constancia que cubre de solemnidad, de pavoroso respeto, a los médicos de la época.

Esos mismos años destacan por el renovado interés de los médicos por los llamados trastornos mentales, reinventados bajo la forma de las “enfermedades de los nervios” que tantas personas decían padecer. Otros diagnósticos como la histeria o la neurastenia también comenzaron a encontrar en la época su definición y su supuesto lugar de origen, de la mano de los procedimientos que la recién conformada psiquiatría ponía en marcha para tal efecto.

Uno de estos médicos destacados del siglo XIX fue Guillaume Duchenne, a quien se le considera precursor en la investigación de los procesos neurológicos del ser humano y también uno de los primeros introductores de la fotografía con fines médicos y científicos.

Duchenne pasó a la historia por sus estudios sobre el efecto de la electricidad en el cuerpo humano, investigaciones que emprendió para conocer la relación entre los músculos (particularmente los faciales, los que se usan para transmitir una emoción) y lo que entonces todavía se entendía como “alma”. El médico quería saber, por ejemplo, en qué consistía una sonrisa genuina, cómo se le obtenía, qué mecanismos de la fisiología humana se ponían en funcionamiento para lograrla.

Para saber esto Duchenne no dudó en aplicar descargas eléctricas en personas vivas —a veces sobre voluntarios pobres convencidos quizá con promesas miserables—, fotografiando el efecto que dichas corrientes tenían sobre sus músculos y sus expresiones, trazando un mapa del recorrido que seguía la electricidad a lo largo del cuerpo. Fue así como descubrió que los músculos más complejos en el ser humano son los faciales —y procedió entonces a trabajar sobre ellos.

Modificando las variables de los experimentos —aplicando las descargas, por ejemplo, solo en una mitad del rostro, o en un grupo específico de músculos— Duchenne fue observando que la sonrisa genuina dependía de la ejecución coordinada de varias acciones musculares. Por una parte, las mejillas debían llevar los labios hacia arriba. Solo que, aseguraba Duchenne, este movimiento podía fingirse, realizarse sin que se tratara de una sonrisa auténtica. En contraste, había otro que no obedece a la voluntad y es más bien espontáneo: este consiste en que los músculos debajo de los ojos arrugan la piel a su alrededor. Según el científico, solo la combinación de ambos movimientos produce una sonrisa realmente genuina, de felicidad y que inspira simpatía. En caso contrario, la expresión puede confundirse con una falsificada o, en el peor de los casos, con una mueca de terror.

Gracias a estos estudios, a las descargas eléctricas aplicadas sobre personas anónimas y en cierto sentido desprotegidas, sabemos qué es una sonrisa genuina, cómo se forma y la estructura fisiológica que la explica. Esta expresión, por cierto, fue bautizada en honor al médico como “sonrisa de Duchenne”.

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