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Sexo seguro para la élite: el nuevo condón de Louis Vuitton cuesta 68 dólares

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/12/2011

Pensado inicialmente para apoyar la investigación científica en torno al SIDA, Louis Vuitton da a conocer un preservativo cuyo precio rondará los 68 dólares.

 

Sin duda las grandes casas diseñadoras siempre intentan transformar, a su modo, el mundo al cual pertenecen, tratando de dejar una impronta indeleble en ese ámbito que muchos considerarán frívolo y superficial que es el mundo de la moda.

De esa ambigüedad participa este objeto que presentamos ahora, un condón auspiciado por la firma francesa Louis Vuitton y diseñado por Irakli Kiziria, arquitecto de la República de Georgia que si bien no trabaja para la firma, pensó que sería un buen detalle lanzarlo el Día Mundial del SIDA y ayudar así a la fundación estadounidense amfAr, dedicada a la investigación de dicho padecimiento.

Pero más allá de los fines altruistas del producto (cuyo precio, se dice, será de casi 70 dólares), este preservativo nos mueve en Pijama Surf a preguntarnos por las características únicas que lo distinguirían de uno común y corriente adquirido en la farmacia de la esquina, si acaso esas marcas que se ven en su textura, el sello de autenticidad de la firma, marcarán una diferencia en el momento de necesidad, o si solo se trata de un símbolo más del oneroso vacío que rodea a muchos de los productos del lujo contemporáneo.

[Louis Vuitton]

La de por sí increíble travesía a bordo del Tren Transiberiano mostrada en la lente del fotógrafo James Morgan, un testimonio que en los panoramas generales encuentra el detalle íntimo y personalísimo que hace de este viaje un renovador del espíritu.

Sin duda el Tren Transiberiano es una de las travesías más increíbles que puedan realizarse en el planeta, un recorrido por una buena parte del planeta que además de ofrecer a quien puede realizar el viaje la oportunidad de conocer varias culturas en su camino y ampliar sus horizontes culturales, sin duda termina transformando su espíritu de una manera inigualable, como solo pueden hacerlo los paisajes siberianos.

Hace un par de años el fotógrafo James Morgan tomó su asiento dentro del célebre ferrocarril y, adiestrado en su sensibilidad, quiso captar los distintos signos que caracterizan indeleblemente las muchas regiones que atraviesa el transporte:

Dirigido más por un deseo de ver y sentir las tierras salvajes congeladas, tenía una noción de que quería fotografiar las caras y los lugares a lo largo de la vía transiberiana.

Los resultados son, por decir lo menos, sugerentes, pues aunque parecen ofrecer un panorama general sobre la aventura siberiana, cuando menos lo espera el espectador salta una toma personalísima del fotógrafo, dando lugar a un atisbo de esas pequeñas cosas que también viven en un recorrido de semejante magnitud.

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