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Los cuervos son capaces de entender principios físicos elementales (como el de Arquímedes) siempre que estos les provean un beneficio para su supervivencia.

La inteligencia de los cuervos, legendaria desde tiempos remotos, nunca dejará de sorprendernos —y no sin razón.

En esta ocasión el motivo de asombro proviene de un estudio llevado a cabo por el psicólogo neozelandés Alex Taylor, quien experimentó con el comportamiento de 5 cuervos de New Caledonian (Corvus moneduloides), especie que se caracteriza por utilizar herramientas en su accionar cotidiano.

Taylor situó a los cuervos frente a tubos altos parcialmente llenos de agua, dentro un trozo de carne pegada a un pedazo de madera, todo flotando más allá de su alcance. Al lado, pequeñas piedras.

A diferencia de lo que sucede en la fábula de Esopo, en la que el cuervo idea por sí mismo apilar las piedras hasta conseguir su objetivo, en esta prueba el investigador tuvo que darle una pista de cómo resolver el problema, acercándole una pequeña plataforma con unos cuantos guijarros ahí también. Los cuervos se acercaron y accidentalmente echaron unas de estas piedras al tubo, con lo cual descubrieron que su peso elevaba el nivel del agua y con esto la gracia del asunto. Las aves comenzaron entonces a arrojar piedras dentro del recipiente hasta que el trozo de madera se elevó junto con el agua desplazada, consiguiendo eventualmente su trozo de carne.

En una variación de este experimento se les proporcionó a los cuervos piedras de diferentes tamaños: por supuesto, los cuervos ignoraron las pequeñas y se decidieron por las grandes, con lo cual el nivel del agua se elevaba mucho más rápido. En otra les dieron pedazos de goma y de poliestireno, que si bien tienen aspecto similar, varían notablemente en su peso: la goma es más pesada que el poliestireno. Previsiblemente, los cuervos advirtieron esta diferencia y echaban pedazos de goma al agua.

¿Qué nos dice esto? Por lo menos una cosa: que los cuervos tienen inteligencia suficiente para entender principios físicos elementales (o no tanto, dado que Arquímedes necesitó sumergirse en una tina para comprenderlo) en relación con un uso práctico y necesario para su supervivencia. Y esto no es poca cosa.

La producción de alimentos orgánicos comienza a dañar el planeta

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 12/20/2011

Aunque parezca increíble (o quizá no tanto) los alimentos orgánicos amenazan con convertirse en un peligro ecológico para el bienestar del planeta.

El entusiasmo por los alimentos producidos de manera orgánica amenaza con degenerar en un peligro para el bienestar del planeta. Esto luego de que se diera a conocer que la fuerte demanda por estos artículos, marcadamente por consumidores en Estados Unidos, está provocando que en los lugares donde se cultivan se tomen medidas que poco tienen de orgánico o de benéficas para el medio ambiente.

Un ejemplo: la Cooperativa del Cabo, con sede en México, provee diariamente 7 toneladas y medio de tomates y albahaca que entrega a la estadounidense Trader Joe’s and Fairway, número a todas luces alto que está sumiendo a empresas como esta en serios problemas comerciales que intentan resolver con medidas que dañan su entorno.

Los pozos de agua los acaparan estos productores y provocan que el recurso escasee para los pequeños agricultores; los alimentos producidos se entregan a grandes cadenas de distribución global que los llevan de países americanos como Chile o Argentina a lugares remotos como Nueva York o Dubai, proceso que, al final, implica altísimas emisiones de gases nocivos que contribuyen al calentamiento global; en algunos casos se ha documentado incluso que el espíritu de lo orgánico —alimentos libres de pesticidas cultivados en pequeñas granjas atentas de su impacto ecológico— ha comenzado a perderse para dar paso a la forma usual de agricultura.

Sin embargo, para ser justos valdría la pena advertir que el problema no radica en los alimentos orgánicos en sí, sino que obedece a una multitud de causas entre las que pueden contarse la voracidad del consumismo (presente incluso en esta forma alternativa de vida), el espíritu de ganancia también insaciable que el sistema actual favorece, la poca rentabilidad que tienen los cultivos orgánicos en comparación con la agricultura usual, entre otras razones que van convirtiendo poco a poco esta opción saludable de alimentación en un mal del que pronto podríamos abominar.

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