La última frontera del planeta no debe convertirse en una mina
Sociedad
Por: Irving García y Viridiana Lázaro - 07/24/2026
Por: Irving García y Viridiana Lázaro - 07/24/2026
Estamos en un momento crucial para evitar una de las mayores amenazas que han enfrentado nuestros océanos: la minería submarina. Una industria evitable, que beneficia a unos cuantos y que no sabemos todos los efectos que va a causar en nuestros ecosistemas marinos, pero sabemos que esos efectos serán dañinos y sin una posibilidad real de reparación. Empresas multimillonarias planean poner en riesgo los fondos marinos para generar ganancias privadas. Las mismas empresas que ya han demostrado ser un riesgo para los ecosistemas y las personas que dependen de ellos.
Los océanos no son solamente un recursos, son una parte importante de la cosmovisión de pueblos originarios y parte importante de sus modos de vida. Perder la biodiversidad que existe en ellos atenta contra la biculturalidad relacionada con ellos, de formas que no son medibles mediante el dinero.
Los fondos marinos son de los lugares menos explorados de nuestro planeta. Existe una vasta biodiversidad por ser descubierta aún y las condiciones tan especiales en estas profundidades crean adaptaciones fascinantes para quienes viven allí. La línea base sobre las formas de vida seguirá aumentando en medida de que se exploren, por ello todo lo que podríamos perder con la minería submarina, es más de lo que podemos imaginar y solo podemos asegurar que es mucho y muy valioso. Hay especies que solamente pueden vivir en estas zonas, no hay posibilidad ni tecnología para reubicarlas, ni técnicas de restauración para cuando el daño ya esté hecho. Por ello, la única acción real que puede proteger y conservar la biodiversidad de los fondos marinos es evitar la minería submarina, en este momento que aún no ha comenzado.

La Zona Clarion Clipperton (ZCC) forma parte de un hermoso corredor biológico marino, esencial para la migración de organismos como delfines, ballenas, tortugas, etc. Se encuentra entre México y Hawai y es administrada por la ISA, por sus siglas en inglés, que es la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. A su cargo están las decisiones sobre la operación y actividades de esta zona. Dentro de ella existen nódulos polimetálicos, formaciones circulares del tamaño de una papa que son la casa de organismos en profundidades que van de los 6,000 a 6,500 metros, sin la existencia de estos nódulos las especies no podrían vivir ahí, es decir, son dependientes de su presencia. Actualmente no existe ningún permiso para que estos nódulos sean extraídos con miras a su comercialización y es importante que esto no cambie.
Los nódulos han tomado importancia debido a que están formados por metales con importantes aplicaciones industriales actualmente, dentro de estos metales están: manganeso, hierro, níquel, cobre y cobalto. Todos ellos están presentes en la superficie terrestre y la demanda de ellos se puede cubrir en su totalidad con la oferta que ya existe. En conclusión: no es necesario crear nuevas fuentes de provisión de estos metales.
Sin embargo, empresas como la filial de The Metals Company de Estados Unidos, impulsadas bajo las políticas del gobierno de Donald Trump, se preparan para minar el fondo marino de la ZCC. La jurisdicción de esta zona está fuera de las manos del gobierno de los Estados Unidos. Incluso la posición internacional ha sido clara al no permitir la explotación de los fondos marinos, en cuidar el patrimonio común de la humanidad que son los océanos y los invaluables y desconocidos elementos que permiten que la vida prospere en ellos. Del 13 al 31 de julio la ISA tendrá sesiones, donde deberá ser responsable y poner un alto a estos deseos, unilaterales, de poner en riesgo los océanos. Si no se actúa en este momento, los daños potenciales mantendrán un impacto por décadas.

La única posición responsable es actuar bajo el principio precautorio. Esto significa que cuando no se conoce totalmente o se tiene una sospecha razonable de que una actividad puede provocar serios daños al medio ambiente, la actividad no se realiza. El consenso científico está lejos de alcanzarse, pero el conocimiento científico existente respalda que la minería submarina es un grave peligro, que debe ser prevenido. La delegación mexicana ante la ISA debe respaldar la posición tomada con anterioridad: apoyar una moratoria para la minería submarina, esta es una suspensión basada en el principio de precaución, además de reiterar su rechazo hacia licencias de explotación unilaterales de Estados Unidos.
Extraer nódulos polimetálicos del fondo marino implica destruir el hábitat de especies que viven, literalmente, sobre y dentro de ellos. Durante el proceso de extracción, los sedimentos son removidos y devueltos al océano, generando extensas plumas que pueden dispersarse a grandes distancias y liberar sustancias acumuladas durante miles de años, con consecuencias potencialmente irreversibles para la biodiversidad marina.
Los impactos de esta actividad no se detendrían en las zonas de explotación. En la Zona Clarion-Clipperton (ZCC), la minería en aguas profundas podría generar efectos transfronterizos que alcanzarían a México, comprometiendo especies migratorias, la conectividad ecológica y áreas protegidas de enorme valor, como el Parque Nacional Revillagigedo, la Reserva de la Biosfera de las Islas del Pacífico y el Atolón de Clipperton.
Frente a estos riesgos, resulta claro que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos aún no cuenta con la información científica ni con un marco regulatorio que permita autorizar de manera responsable la explotación comercial en aguas profundas. Cuando están en juego ecosistemas únicos e irremplazables, el principio de precaución debe prevalecer. Proteger el océano profundo significa reconocer que hay límites que no debemos cruzar si queremos garantizar un futuro verdaderamente sostenible.