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Invisibilidad conseguida con nanotecnología (VIDEO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/14/2011

Utilizando nanotubos de carbón, científico de la Universidad de Texas hace que una superficie se vuelva invisible por unos instantes; una vez perfeccionada, su primera aplicación sería como tecnología de guerra.

La invisibilidad ha sido uno de los deseos más constantes no solo en la historia secreta de las fantasías colectivas, sino quizá también en la historia personal: ¿quién, siendo niño, no quiso alguna vez ser invisible —sin importar con qué propósitos?

Y quizá esto podría alcanzarse ahora por la vía de la ciencia, en particular la investigación física y la nanotecnología. Utilizando nanotubos de carbón, Ali Aliev, investigador de la Universidad de Texas, consiguió volver invisible una superficie sólida, como si repentinamente cayera sobre esta una de esas míticas prendas presentes en el folclor universal que ocultaban a quien la llevaba puesta. 

 

“Realmente podemos ocultar objetos. Podemos cambiarlo por un momento y hacerlo desaparecer”, declaró Aliev, agregando que esta “capa de invisibilidad” funciona a partir del fenómeno conocido como “efecto espejismo”, el mismo que se advierte en lugares de altas temperaturas, como los desiertos, donde el calor genera los famosos espejismos.

Sin embargo, con todo lo que esta tecnología pueda tener de sorprendente, es un poco triste saber que el primer uso que se le planea dar cuando se perfeccione y pueda ocultar objetos de mayor tamaño, será cubrir tanques de guerra con este material para que resulten invisibles para misiles termodirigidos.

[Disinfo]

Crónica de un extravío: la cabeza perdida del androide Philip K. Dick

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/14/2011

El azaroso destino del androide construido a imitación del genial Philip K. Dick se convierte ahora en tema de un libro.

Hace algunos años, en 2005, se dio a conocer un androide inspirado en Philip K. Dick, un robot capaz de hablar, platicar y parcialmente convivir, con la forma y el background del genial autor de Do Androids Dream of Electric Sheep?, A Scanner Darkly y otras obras no menos importantes y admirables de la ciencia ficción. Y, por cierto, el equipo encargado de diseñarlo —pertenecientes al Fedex Institute of Technology y a Art Graesser— no pudo escoger un ejemplo más ad hoc para sintetizar en una persona su proyecto.

Sin embargo, el destino de este androide fue un tanto accidentado: luego de que su cabeza fuera presentada en el NextFest de 2005, celebrado en Chicago, David Hanson, el responsable del equipo que la construyó, la dejó olvidada en un avión luego de haberla llevado a una conferencia de prensa en San Francisco de la adaptación fílmica de A Scanner Darkly. Curiosamente el último avión donde fue vista llevaba rumbo a Orange County, en California, el último hogar de K. Dick (¿azar? ¿fortuna? ¿secreta inteligencia artificial). Después de esta pérdida el robot se construyó de nuevo, dotándolo de mayor naturalidad en su trato, pero la cabeza extraviada siempre se echó de menos por parte sus creadores.

Al menos hasta 2010, cuando la Interpol la descubrió entre las pertenencias de un grupo ruso dedicado al tráfico de software llamado “Pequeño oso”. Entre ellos la cabeza de K. Dick servía sobre todo como medio de almacenaje: “Usaban la cabeza básicamente como un disco duro portátil para transportar libros electrónicos piratas, películas, juegos e información entre Rusia y Sudamérica. Supongo que pensaban que era gracioso”, declaró entonces el agente de la Interpol Andrei Supernov.

Ahora toda esta historia, que siquiera superficialmente —en los personajes, las situaciones, las atmósferas— algo tiene del espíritu narrativo de K. Dick, ha sido reunida y recontada por David Dufty en un libro al que tituló Losing the Head of Philip K Dick-A Bizarre but True Tale of Androids, Kill Switches, and Left Luggage [Perder la cabeza de Philip K Dick-Una extraña pero verdadera historia de androides, interruptores muertos y equipaje perdido].

Narrativa que replica a la realidad que replica a la ficción. Quizá una primera muestra de por qué las novelas de K. Dick pronto podrán leerse como crónicas anticipadas de nuestro presente.

[io9]