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Los pantanos ofrecen una singular muestra de húmeda belleza; aparentemente lúgubres y tristes, funestos acaso, guardan una inesperada luminosidad entre las sombras de su melancólica flora.

Pantanal Matogrossense, Brasil

Sabemos bien que cada ecosistema posee características propias que lo hacen inigualable, mismas que se traducen en formas de vida únicas y en muchos casos imposibles de trasladar de un ecosistema a otro, mucho menos en aquellos diametralmente opuestos. Pero además de todo esto, rico en sí mismo, es posible encontrar un espíritu propio de cada ecosistema, una especie de aura que rodea cada uno de estos ambientes y que expresa —sin palabras de por medio, con la fuerza de su sola existencia— su raison d'être. De ahí que, cifrando en una sola cualidad esa esencia profunda, podamos hablar de la exuberancia de la selva, la templanza del bosque, la radicalidad y recíproca inversión —magno espejo terrenal— del desierto y los círculos polares.

En esta ocasión nos ocuparemos de un hábitat acaso menos popular pero no por ello menos agraciado: el pantano. Algo tienen los pantanos que se han vuelto, en el imaginario colectivo, escenarios apto para el misterio y acaso el horror, residencia de criaturas lodosas y escurridizas de las que basta figurarse el acuoso contacto de su cuerpo cubierto de liquen para estremecernos.

Sin embargo, la singular belleza de los pantanos excede por mucho estas imaginerías. Para muestra, diez imágenes de pantanos alrededor del mundo, de Brasil a Zambia, reveladoras del discreto encanto que se genera en un ambiente que es todo humedad.

Lago Drummond, en el Great Dismal Swamp de Virginia, Estados Unidos [dismal: lúgubre]

Great Dismal Swamp, entre Virginia y Carolina del Norte, Estados Unidos

Great Dismal Swamp

Pantano Okavango, Botswana (también el delta más grande del mundo)

Pantanos del Bangweulu , Zambia

Cuenca del Atchafalaya, Louisiana, Estados Unidos

Pantano de Atchafalaya

Pantano Okefenokee, entre Georgia y Florida, Estados Unidos

Pantano Okefenokee

[Environmental Graffiti]

Investigador japonés descubre que los cuervos pueden distinguir símbolos numéricos, capacidad que se creía exclusiva del ser humano.

Tal parece que los cuervos están empeñados en sorprendernos con su inteligencia, antes por medio de leyendas y narraciones y ahora por descubrimientos científicos de sus habilidades que, cada vez que una nueva se revela, podrían conmover al más incrédulo.

En esta ocasión es Shoei Sugita quien nos invita a añadir un elemento más de admiración a los de por sí fascinantes cuervos. Sugita, profesor de morfología animal en la Universidad de Utsunomiya, en Japón, lleva buena parte de su vida profesional y académica dedicado al estudio de estas aves, tanto que se le ha impuesto el mote de Karasu Hakase, “Profesor cuervo”, y por su descubrimiento más reciente asegura que los cuervos pueden distinguir símbolos numéricos, esto es, que tiene algún tipo de cognición numérica, capacidad que se creía exclusiva del ser humano.

La prueba mediante la cual Sugita llegó a esta conclusión consistió en marcar dos cajas con los símbolos “2” y “5”, mismas que metieron en las jaulas donde se encontraban ocho cuervos salvajes. De ambas cajas únicamente la que estaba marcada con el número 5 contenía comida en su interior. En esta primera prueba los cuervos acertaron en un 70% al elegir la caja con comida.

El experimento continuó cambiando el símbolo en la tapa de la caja, utilizando distintas formas geométricas en distintos tamaños y también los guarismos que van del 2 al 8. Estas variaciones, sin embargo, no alteraron la asertividad de las aves, que eligieron el contenedor correcto en un 70%-90% de ocasiones.

Los resultados sugieren que los cuervos consideran cognitivamente los símbolos numéricos en una categoría especial, aparte de otros objetos o cosas más simples. Quizá el siguiente paso sea investigar sobre el nivel de abstracción mental de que son capaces estas aves.

“Queremos revelar más sobre la ignorada inteligencia de los cuervos”, dijo el profesor Sugita.

[Telegraph]