Dicen que jamás se llega temprano o tarde a la muerte, el último respiro se tiene sólo en el momento preciso. James Boole es un videdocumentalista aéreo que luego de 12 años de experiencia y 2500 saltos, documentaba una secuencia de sky diving, algo cotidiano en su trabajo hasta el momento en que confirmó que se encontraba a 3 segundos de tocar el suelo y aún no había activado su paracaídas. La sesión se realizaba sobre la región de volcanes en Kamchatka, Rusia, y las condiciones climáticas, entre la nieve y el humo que exhalaban los volcanes, dificultaba mucho la visibilidad, y por lo tanto el calcular tu distancia con el suelo. James cayó desde una altura de casi 1,900 metros, pero ese no era su momento: sobrevivió.
"Estaba muy concentrado en filmar y para medir distancias necesitas de ambos ojos, la blancura de la nieve en el volcán era tal que hacía prácticamente imposible calcular cuánto me separaba del piso, todo lo que podía ver era blanco. De pronto percibí la textura del hielo y la nieve, eso indicaba que me encontraba a escasos dos o tres segundos de la superficie. El terror se apoderó de mí corazón y de mi estomago. la más obscura de las obscuridades. Luego pensé claramente en mi esposa y mi hija de tres meses, y sentí tristeza mientras notaba que mi paracaídas se desplegaba. Lo abrí inconscientemente. como cuando oprimes espontáneamente el freno en tu coche y sientes una sensación de esperanza frente a lo que viene. Apenas se abría el paracaídas cuando me impacte contra el suelo y sentí el golpe en la espalda con la fuerza de un camión. El impacto me dejo inconsciente por unos segundos, luego abrí los ojos y mientras los abría me sentí invadido por dos emociones, la primera era el alivio de haber sobrevivido, la segunda un profundamente obscuro miedo".