Simp-ático, sexual y problemático: I Want Your Sex

Quizá algunos de los lectores de mayor edad recuerden aquella época, a finales de los noventa y principios de los dosmiles, en la que Hollywood parecía obsesionado con encontrar a la próxima Matrix. Pero la ciencia ficción no era el único género que dominaba las salas. Por aquellos años también hubo una oleada de comedias adolescentes que intentaban repetir la fórmula que había convertido a American Pie en uno de los grandes fenómenos de la época: desnudos, adolescentes obsesionados con el sexo, situaciones cada vez más absurdas y, debajo de todo ello, una idea bastante clara sobre la masculinidad.

En buena parte de estas películas, el sexo funcionaba como una especie de moneda social. Los grandes amantes ascendían en la jerarquía adolescente mientras los inexpertos quedaban relegados a observar, aprender o convertirse en el blanco de las bromas. American Pie, estrenada en 1999, se convirtió en uno de los ejemplos más representativos de esa tradición de comedia sexual adolescente que mezclaba vulgaridad, iniciación sexual y coming-of-age.

Han pasado 27 años desde entonces. El coming-of-age cambió, la representación de la sexualidad también y aquel modelo de comedia adolescente perdió buena parte de la presencia que tuvo durante los primeros años del nuevo milenio. Sin embargo, Gregg Araki parece decidido a recuperar algo de ese espíritu con I Want Your Sex, una comedia sexual que reúne a Olivia Wilde y Cooper Hoffman para hablar de deseo, poder, fetiches y, sobre todo, de la relación entre una generación que creció con una idea muy distinta sobre la sexualidad y otra que parece menos dispuesta a aceptar determinadas reglas del juego.

La película sigue a Elliot, un joven de 23 años apasionado por el arte, aunque bastante frustrado con el rumbo que ha tomado su vida. Su oportunidad de salir de esa monotonía llega cuando comienza a trabajar en el estudio de Erika Tracy, una reconocida artista y provocadora del mundo del arte interpretada por Wilde. Elliot admira su trabajo, pero muy pronto esa admiración adquiere una dimensión sexual que termina llevándolo a un terreno para el que claramente no está preparado.

Araki juega desde el principio con una inversión de varios arquetipos. Erika puede parecer, en un primer momento, una especie de Manic Pixie Dream Girl: excéntrica, desinhibida, sexualmente libre y capaz de sacar al protagonista de una existencia gris. Pero el personaje no existe simplemente para enseñarle a Elliot a disfrutar de la vida. Por el contrario, ella conserva el control de la relación y convierte al joven en su objeto de deseo, subordinándolo a sus propias reglas.

Es una inversión interesante porque modifica una fórmula que durante años puso a mujeres excéntricas al servicio del crecimiento emocional de protagonistas masculinos. El término Manic Pixie Dream Girl, acuñado por el crítico Nathan Rabin en 2007, precisamente señalaba a esos personajes femeninos cuya función principal era transformar al hombre que protagonizaba la historia.

En I Want Your Sex, Araki cambia las posiciones de poder. Elliot es el joven inseguro que necesita una experiencia que transforme su vida; Erika es quien llega con las reglas, la experiencia y el control. La diferencia de edad, posición económica y autoridad artística hace que la relación funcione también como un juego de poder que va mucho más allá de la atracción sexual.

Ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la película: Elliot puede leerse como una representación de esa masculinidad que internet ha bautizado como "simp". El término puede resultar simplista para describir una realidad mucho más compleja, pero sirve para entender al personaje como alguien dispuesto a colocar a otra persona en un pedestal hasta perder buena parte de su capacidad para establecer límites. La película lleva esa dinámica al extremo para convertirla en comedia, aunque debajo de las bromas existe una pregunta bastante menos divertida: ¿en qué momento la admiración, el deseo o la devoción terminan convirtiéndose en una forma de sometimiento?

La película también tiene interés cuando aborda los fetiches y aquellos deseos sexuales que muchas personas prefieren mantener en privado. Araki no parece particularmente interesado en juzgarlos. Su aproximación podría resumirse en una idea sencilla: si existe consentimiento y nadie resulta perjudicado, ¿por qué debería existir vergüenza alrededor del deseo?

Ese planteamiento encaja además con la trayectoria del propio Araki. Desde sus primeras películas, el director ha construido una filmografía marcada por la sexualidad, la transgresión, la cultura queer y personajes que difícilmente encajan en las convenciones del cine comercial. I Want Your Sex supone su regreso al largometraje después de más de una década, retomando parte de la estética colorida, exagerada y provocadora que caracterizó buena parte de su cine.

El problema aparece precisamente cuando la película intenta conciliar esa libertad sexual con la relación de poder que plantea.
Porque una cosa es presentar el deseo como algo que no debería producir vergüenza y otra muy distinta es mostrar las consecuencias de una relación desigual sin detenerse demasiado en ellas.

Erika es la jefa de Elliot, tiene mayor experiencia, posee una posición de poder dentro del mundo artístico y establece las condiciones bajo las cuales se desarrolla la relación. El juego sexual, por lo tanto, también es un juego laboral, económico y simbólico.

La película es consciente de ello, pero muchas veces prefiere convertirlo en un chiste antes que profundizar en sus consecuencias. Ahí es donde I Want Your Sex puede resultar divisoria: por un lado, propone una sexualidad más abierta y menos moralista; por otro, utiliza esa misma libertad para construir una fantasía alrededor de una mujer poderosa, dominante y sexualmente disponible que puede terminar reducida a otro objeto de deseo.

Esto no significa que la película simplemente reproduzca los mismos arquetipos que intenta cuestionar. De hecho, su inversión de roles es probablemente una de sus ideas más interesantes. El problema está en que la película parece quedarse a medio camino entre la sátira y la fantasía. Algunos críticos han señalado precisamente esa tensión: Araki plantea las desigualdades de poder y una relación dominador-subordinado, pero el tono ligero de la comedia hace que sus consecuencias tengan poco espacio para desarrollarse.

También hay una clara intención de dialogar con otras tradiciones del cine sexual. La propia película juega con códigos del thriller erótico, el noir y personajes femeninos construidos alrededor de la figura de la femme fatale. Algunas lecturas críticas incluso han relacionado la presencia de Wilde con estrellas clásicas como Barbara Stanwyck, Greta Garbo o Gloria Swanson.

Y quizá ahí está la contradicción que hace interesante a I Want Your Sex: es una película que quiere hablar de la libertad sexual en un momento en que buena parte del cine comercial parece mucho más cauteloso al representar el deseo, pero para hacerlo recurre deliberadamente a fantasías, arquetipos y relaciones de poder que pertenecen a otra época.

Vista únicamente como una comedia sexual, puede ofrecer un rato bastante divertido gracias a la química, la extravagancia visual y la interpretación de Olivia Wilde. Pero si se observa con mayor atención, aparecen preguntas más incómodas sobre la manera en que el cine representa el deseo, la masculinidad y a las mujeres que ocupan posiciones de poder.

Araki no parece interesado en ofrecer respuestas sencillas. Su película funciona mejor cuando deja abiertas esas contradicciones, aunque también es ahí donde se encuentra su principal debilidad: plantea más interrogantes de los que realmente se atreve a desarrollar.

I Want Your Sex puede parecer, entonces, un regreso nostálgico a la comedia sexual de los dosmiles. Pero debajo de sus bromas, fetiches y excesos hay algo más interesante: el intento de descubrir qué ocurre cuando las fantasías sexuales del viejo Hollywood se encuentran con una generación que aprendió a hablar de consentimiento, límites y poder de una manera completamente distinta.


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Imagen de portada: Magnolia Pictures

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