San Juan, la noche más poderosa del año

Cada año, la noche del 23 al 24 de junio, millones de personas en Europa y América Latina encienden hogueras, escriben papeles, saltan llamas o se meten al mar a medianoche. Y aunque popular, pocas personas saben que esos actos repiten, casi sin modificaciones, rituales que tienen al menos dos mil años de antigüedad.

El origen de la Noche de San Juan se vincula a ritos anteriores al cristianismo, donde hace miles de años se festejaba la llegada del solsticio de verano —entre el 20 y el 23 de junio en el hemisferio norte—. El rito principal era un culto al sol y al alargamiento del día. Se encendía una hoguera con el propósito de darle fuerza al sol, que a partir de ese momento iría acortando los días hasta el solsticio de invierno. 

Las culturas que habitaban Europa antes de la cristianización creían que en esa fecha los poderes de la naturaleza estaban en su punto máximo, y encendían hogueras para ahuyentar a los malos espíritus y atraer la buena fortuna. 
Cabe decir que, este tipo de celebración no era exclusiva de un pueblo o una región. La festividad existe bajo distintos nombres en Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia, Irlanda y el Reino Unido: Midsummer, Juhannus, Sankthans, Jonsok o Jaanipäev. El rito del fuego en el solsticio fue, durante siglos, una constante en prácticamente toda la cultura indoeuropea. 

Por qué se considera una noche poderosa

En términos astronómicos, durante el solsticio de verano la Tierra alcanza su máxima inclinación hacia el sol, los días llegan a su mayor duración posible y todo cambia a partir de ahí. Ese umbral —el instante preciso en que algo llega a su cima antes de comenzar a descender— ha sido, en prácticamente todas las culturas, un momento de atención ritual.

En términos simbólicos, el fuego y el agua son los dos elementos centrales de esta festividad. Desde tiempos remotos, ambos han representado la purificación, la protección y el renacimiento. Quemar un papel con lo que se desea dejar atrás, saltar una hoguera, bañarse en el mar a medianoche: todos esos gestos comparten una misma estructura. Son actos de tránsito, rituales de paso donde se entra a la noche siendo una cosa y se intenta salir siendo otra. 

Las plantas y hierbas medicinales también tienen un lugar destacado en esta celebración. Desde la Edad Media se cree que ciertas especies, como el hipérico o hierba de San Juan, alcanzan sus máximas propiedades durante esta noche. Esta idea —que la naturaleza concentra su potencia en el solsticio— es coherente con la lógica agraria de las culturas que originaron el rito. 

La Noche de San Juan en América Latina

En Sudamérica, donde el 24 de junio corresponde al solsticio de invierno austral, la festividad se celebra especialmente en. En territorios de América Latina como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela, la noche de San Juan está relacionada con antiguas tradiciones y leyendas españolas, y en algunos casos también con la festividad mapuche del We Tripantu, el año nuevo indígena. 

En estos casos entonces, la hoguera no celebra el día más largo sino el más corto. La misma noche funciona como umbral en ambos hemisferios, aunque en sentidos opuestos. El fuego en el solsticio no conmemora el verano ni el invierno. Conmemora el cambio.

Algunos rituales habituales incluyen: escribir en un papel lo que se desea liberar y quemarlo; plantar una semilla o trasplantar una planta mientras se introduce un propósito escrito en la maceta; frotarse el cuerpo con una rama de laurel como gesto de limpieza energética; preparar una bolsita con monedas, un cascabel y un imán para guardarla en casa; o bañarse a medianoche —en el mar, un río o una tina con sal— como acto de renovación.

Ninguno de esos gestos requiere una explicación sobrenatural para tener sentido. Son, en el fondo, formas de hacer una pausa en el año, revisar lo vivido y nombrar lo que se espera. El solsticio lleva milenios invitando a eso.


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Imagen de portada: Mónica Irago / La voz de Galicia

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