El próximo 11 de junio será la inauguración de la Copa del Mundo 2026, y en medio de controversias, movilizaciones sociales, ajolotes y maquillaje urbano, quiero hablar de una película animada que muestra las diferentes caras del fútbol: Metegol.
Una producción argentina que nos cuenta la historia de Amadeo, un niño inseguro pero muy talentoso para el metegol (futbolito) y una rivalidad que trasciende a la adultez con Ezequiel Rebacho "El Grosso”; una película que integra la imaginación, el egoísmo, la amistad, el desplazamiento forzado y la valentía en un relato que, a simple vista, parece sólo dibujitos.
Lo irónico de lo casi inofensivo
Discursivamente, la FIFA nos presenta el futbol como un espectáculo global que une a las naciones a pesar de sus diferencias, pero como escribe George Orwell en Rebelión en la Granja: «todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros».
Esta irónica frase sirve como metáfora para exponer a una industria que usa al deporte para la colonización y desplazamiento social de comunidades vulnerables, porque, aunque los “fifas” me digan que quiero politizar todo, ¡bienvenidas y bienvenidos! LA HUMANIDAD ES POLÍTICA.
La película inicia con un papá que le dice a su hijo, "te contaré la verdad y para eso tienes que usar tu imaginación", (vuelve a leer esa frase con detenimiento y continúa); el filósofo canadiense Charles Taylor afirma que la imaginación en una sociedad «dibuja su identidad, regula su funcionamiento en la medida que define lugares, modelos, expectativas», y el futbol tiene un papel protagónico en esa construcción identitaria, colectiva e individualmente.
Lo que imaginamos es a lo que aspiramos, la industria del futbol empaqueta esas expectativas y se las vende a gobiernos e instituciones bajo diferentes slogans; como dice "El Grosso”: «Un emprendimiento mono deportivo que atraerá turistas a esta tierras y dinero a vuestros bolsillos”. Pero bueno, ¿qué podemos esperar de un deporte que premia la trampa y se aprovecha de las aspiraciones colectivas?
FIFA en sus discursos y publicidad utiliza personas sectorizadas y racializadas para afirmar que todas y todos cabemos en el futbol, pero la realidad es que para este mundial los precios fueron inaccesibles para la clase trabajadora. Entonces, ¿para quién es el futbol? ¿cuál es su función política en un contexto capitalista expansionista?
El ideal masculino más allá del balón
La película dirigida por Juan José Campanella retrata cómo el futbol influye en la construcción de la identidad, sobre todo la identidad masculina; el balompié es un deporte asociado históricamente a los hombres, una actividad que se disfruta entre hombres para hombres: los jugadores, los aficionados, las barras, las porras y cánticos, la misoginia y los símbolos como la fuerza, la victoria, el sexapil, la pasión, la rivalidad, el dinero y el poder son parte del imaginario futbolístico.
Como dice el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski, «El fútbol es mucho más que un juego; es un espejo de la sociedad», es un ejercicio dialéctico, ¡y político! En una sociedad (patriarcal) que aspira a ser como los futbolistas, y los futbolistas reflejan lo que los aficionados cualifican como ideal. No me pueden negar que todos conocemos a más de un hombre que dice que él pudo haber sido mejor que Messi pero se chingó la rodilla.
“El Grosso” es el cliché del futbolista exitoso, el ideal del deporte del hombre, un personaje que busca la victoria a como dé lugar, egoísta, vanidoso, competitivo sin medida, adinerado y violento; y haciendo alusión a Kapuscinski, “El Grosso” es un espejo de la FIFA y sus aliados, que promueven un modelo de poder individualista y extractivo, basado en el deportivismo aspiracionista.
Pero como escribí al inicio, el futbol tiene muchas caras, y una de ellas es el compañerismo, la camaradería, la lealtad, el esfuerzo y el amor; en Metegol, estos ideales ofrecen a los protagonistas las herramientas para hacerle frente al villano.
Jugar no es competir
Metegol está protagonizada por Amadeo, un niño virtuoso en el futbolito, él personaliza a los equipos del juego de mesa y usa su imaginación para crear la identidad a cada uno; al paso de los años no hay quien pueda vencer a Amadeo, hasta que llega la vida adulta y las exigencias crecen: llegó el momento de ser un hombre.
Su rival de infancia reaparece siendo un exitoso jugador, un extractivista que quiere construir un estadio gigante que traerá progreso y derrama económica al pueblo; y en venganza por haber sido derrotado por Amadeo cuando eran niños, destruye el bar donde estaba el metegol.
En su intento por salvar lo que era parte esencial de su identidad, Amadeo salva a su jugador favorito del futbolito, quien cobra vida, y junto con el resto del equipo, le acompañan a rescatar a su amada, al pueblo y a sí mismo. Porque eso también simboliza el futbol: el trabajo en equipo y la determinación; simbólicamente ahí también está la victoria.
El futbol crea cercanía, no sólo dentro de la cancha, sino a través de la televisión con las familias y los amigos, en las calles y andadores, bastan un par de piedras o mochilas para jugarlo, ¡hasta con un Frutsi en lugar de balón! Y por supuesto en un juego de mesa como es el futbolito, o metegol para Sudamérica.
La película basada en el cuento Memorias de un Wing Derecho, de Roberto Fontarrosa, aprovecha la solidaridad y vida comunitaria que rodea el futbol, ese que se juega y se disfruta en las canchas llaneras o el deportivo de la colonia, como contrapunto al neocolonialismo que "El Grosso” y su representante promueven.
Los jugadores del metegol le enseñan a Amadeo a construir una comunidad y trabajo en equipo; así, el protagonista encuentra que la fortaleza no está en lo individual, sino en lo colectivo, que la diversidad puede aprovecharse si hay liderazgo, que la valentía no está en el abuso, sino en la búsqueda de justicia y que alcanzar y cambiar algo, primer hay que imaginarlo.
El futbol es un mito compartido, un deporte que unifica aficionados, pero como dice el escritor uruguayo, Eduardo Galeano: «La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber: a medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».
Esa es la mayor lección de Metegol, restituir el placer por jugar, el goce de pasar un rato jugando con mi hermano y mi papá, la satisfacción de gritar un gol frente a la televisión, el masoquismo de sufrir hasta los penales y reír jugando futbolito con mis compañeros de la universidad.
El fin último del futbol, de la vida y de esta película es jugar e imaginar porque sí, sin la instrumentalización de un deporte y la masculinidad, eso simboliza la escena final, ahí es donde recae el logro de los fundadores de un pueblo que priorizó su vida comunitaria y familiar sobre el individualismo y el mercado. Una búsqueda constante que se practica cuestionando las aspiraciones impuestas que benefician a una industria.